lunes, 13 de octubre de 2008

sábado, 11 de octubre de 2008

Un viaje para hacer más planos de la casa sin dejar fuera el barranco, ni las estrellas, ni a la salamandra, ni al buho



Otra vuelta a casa, la sorpresa de que sea así tu casa, la que querías y no atinabas a imaginar, aunque todavía no esté siempre ni del todo, por fin existe y es un lugar dadivoso: además de los cuatro elementos hay sonetos, palimpsestos, adivinanzas, enumeraciones, y leña, y mangos y aguacates que se arriman a un almendro, y cuatro o cinco olivos.

Me acordé mientras paseaba de aquel amante, del pleistoceno, intentaba convencerme de que te puedes orientar si aprendiste en Barrio Sésamo qué significaba dentro, fuera, arriba, abajo, cerca y lejos.

Tuve la certeza de que tenía y no tenía razón el amante aquel. Hay una razón contaminada: menuda y perecedera, la de las monedas sueltas, la que marca lindes, siempre nerviosa y urgente, la que no impregna, y también se llama razón.

Escribo casi sin darme cuenta, como cuando paseo y luego rememoro algunas piedras, con los ojos cerrados.

Gran asombro, el asombro de volver a casa y encender un fuego. Llueve.

(p. d. hemos tenido nuestra primera naranja, son dulcísimas)

sábado, 4 de octubre de 2008

El outlook vomita diamantes.




Hace un par de semanas llegó uno de Enrique Mercado, la nota decía:

No quiero que llegue la medianoche sin que hayáis recibido un poema. Dulces sueños a todos:


EL GLOBO AMARILLO


"Todo límite comporta precisión,

y la precisión como tarea de lo ilimitado"


En la avenida principal

de un barrio todavía por construir.

En la tarde sin estridencia en el cielo,

calado de bruma de aurora a noche cerrada,

y observador de fenómenos parciales.


Esa ráfaga que acarició el ángulo del aluminio,

si se detuvo o qué en el flequillo de los toldos,

si transportó variaciones

hasta los lacrimales de solución aterida.

El viento mercenario persigue un globo amarillo.


Gracias Enrique


El cuadro es de
Janis Kounellis

jueves, 2 de octubre de 2008

El nerviosismo que heredé de los insectos




Esta noche he soñado que tenía que escribir un texto titulado “Literatura y geometría”. En el sueño tenía la sensación de dominar el tema perfectamente, anotaba de memoria autores, textos y páginas que necesitaba y me movía de biblioteca en biblioteca como una libélula, ¿cómo una libélula?, no sé qué pintaba en el sueño esa libélula, aquí desde luego no pinta nada. La cuestión es que yo seguía escribiendo:

la membrana egoica no debe ser muy dura, habrá movimientos ondulatorios y movimientos vibratorios y es recomendable reconocerlos…

acababa de anotar, y ahí me he quedado. El despertador y sus trinos. Ese asesino de mis ensayos: lo voy a tirar a un árbol.

Más sobre el calamar:

El calamar es el tintorero para los lutos de los peces

Decía Gómez de la Serna.


Habitar una estricta rutina es lo que más se parece a no estar en ningún sitio. Flotar en la rutina se debería llamar. Hoy ni sé de quién es el cuadro.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Amanda



Ella, Amandita, la niña, que se está haciendo grande, ha decidido que va a estudiar hispánicas. Lejos queda aquella pizpireta que quería ser dentista para no ser pobre como nosotros. Bueno pues también tiene blog.

No se va a librar la mona de su madrastra este invierno, me toca, es hora de seguirle la pista, es mi turno.

Su madre se queja, nos pregunta de vez en cuando porque nos tratamos así, de madrastra e hijastra.


Nosotras sabemos: ¡qué placer darle la vuelta a algo!, a lo que sea.

sábado, 27 de septiembre de 2008

La cordura del invierno



Sonia Antón me decía un día que los viajes en autobús no son para leer, son para cambiar mirando el paisaje, estoy totalmente de acuerdo, oigo y obedezco.

Durante el camino intento aislar lo diferente, lo importante.

Este año le ha tocado dejarme los calcetines a Elena, ya los ha visto. Las hermanitas de los hermanitos, esa otra estela, son amigas entre sí y de todos nosotros, nos vamos cruzando por el mundo y convivimos unos días, luego siempre tenemos mucha información y muchas versiones los unos sobre las vidas de los otros, conocemos detalles de trabajo, de amores, de progenitores y descendientes; son muy importantes los sobrinos (Antoñito parece un Lord Byron de siete años en esas fotos de la selva con camisa blanca, veo sus fotos y ya lo estoy oyendo hablar. Emilio es precioso y se parece a Moni) En fin otra novela. Sobre todo porque nos influimos sin pudor.

Llegó Carmela, hacía once años que no nos veíamos, desde El Salvador. Llegó y como la peluquería es su vocación frustrada me cortó el pelo, esta creando un estilo nuevo, nos lo corta a casi todas en distintas esquinas del mundo. Esta semana casi seguro que se lo corta a Mónica en Ecuador. Y Mónica y yo pensaremos la una en la otra desde el mismo corte de pelo.

Los cuadernos de José. Los precedentes de los blogs pero de otra manera. La intimidad. La continuidad. La otra conversación apuntalada con citas, con iluminaciones, con sueños, con presentimientos y también con borrascas.

Las notas como estas, para que no se nos olviden los detalles importantes. Ese señalar continuo, siempre diciendo: mira donde ví, dónde me fijé. Como ir dejando miguitas en un camino, sin ninguna garantía pero con afán.

Siempre nos hemos leído los cuadernos sin comentarlo explícitamente. ¡Cómo no hacerlo cuando vives tanto tiempo en la misma casa y te quedas solo ratos y ratos con los cuadernos de los otros! Pero uno de estos días dije (se me escapó)

-Todavía no he leído tu cuaderno, lo he visto encima de la mesa pero aún no…

Al día siguiente me dejó el otro y leí los dos.

Por la noche la conversación era exacta, concreta, fluía, era la conversación adecuada para ese vino perfecto que trajo José para la última cena: chuletón de la zona y calabacines del propio huerto rellenos.

Aún no he mencionado a Eva, la tercera de la casa.

-Estoy regular, no tienes más que mirar el huerto, mi cabeza suele estar como mi huerto,

Dijó Eva. Dijó eso y poco más y ya supe que estábamos donde teníamos que estar: juntas desayunando en un porche.

Fresnedilla es Sisely, el pueblo de Doctor en Alaska. Las casas tienen pasillos invisibles entre sí, todo el mundo tiene tiempo, el transporte es la bicicleta. Quedas con el carnicero a las siete y cuarto. A mitad de danza Blanca nos habla de Valente. En el Amador los sábados por la mañana se lee la prensa en comandita.

Alguien no quiere vino:

-Es que no me gusta regar ebria

dice tronchada de risa

Tienen algo triste las estaciones, las de ferrocarril, se obstinan en ensartar la memoria de muchas otras llegadas. Pero enseguida se me olvida, enseguida llama Inés y hablamos y hablamos mientras estreno, por fin, el flamante tren que me deposita en siete minutos en mi pueblo.

El pichi se vuelve a bañar a las once, Ana Pilar pasa por la plaza con Paula, su hija, tengo montones de sobrinos, y me pregunta si me sube el periódico: Anita conoce mi adicción a los pijamas y a las emboscaduras en el rincón de la terraza. Hoy iré a nadar. ¡Ya no recordaba lo acogedoras que son las prendas de abrigo y el invierno desde ese rayo absoluto de sol!


Los treboles son de Michal Bartory un tipo visionario

jueves, 25 de septiembre de 2008




Los calamares no me atemorizan. En señal de amistad trenzo y destrenzo sus tentáculos. Después de todo, soy casi una de ellos: yo también sé esconderme en nubes de tinta.

Ana María Shua


lunes, 22 de septiembre de 2008

y remacha y ajusta/tanta vida ambulante



Esta mañana, llevaba puesta una toquilla de Elena y había llovido; me he desdoblado y he tenido la certeza de que todo el camino me traía exactamente hasta ese momento y esa piedra: soledad, paseo, lluvia, piedra, alcornoque, toquilla.

Cogerse el ritmo, ir cambiando el ritmo, calmar a los otros miembros de nuestras respectivas cooperativas (todos tenemos un montón de personajillos dentro y cuando son buenos, cuando no riñen, trabajan como cooperativa, aún así) dejarles hablar entre ellos, y al pesado de tu portavoz y de mi portavoz, ese proceso largo, difícil, agotador, hasta que todos ellos callan.

Ir empezando conversaciones con silencios que duren muchos días, muchos meses, muchos años, buscar de qué otras corrientes mayores son afluentes algunas redundancias, algunas imágenes, algunos recuerdos; ir borrando cuidadosamente las palabras que sobran.

“Cada uno ha de volver a pensarlo todo desde el origen”. Y “hay que parar la cabeza para que al resto del ser le de tiempo a llegar a ser”. Algo así decía Elias Canetti, me recuerda José.

(y una imagen viva detrás de la conversación de anoche: el atracón de queso: ¡qué hambre dan los conceptos!. Hasta empezamos el turrón y dimos por celebrada la navidad)

Cuando me he despertado he buscado y encontrado la Oda a la Hospitalidad de Claudio Rodríguez. ¡Qué bueno es Claudio! y ¡cómo llueve!


La imagen es de Claude Cahun

sábado, 20 de septiembre de 2008

+Horizonte



Todos me reciben cuando llego de ocupa a sus casas con un par de kilos de patatas, una docena de huevos y alguna cebolla. Me gustan los rituales, nuestros hilos conductores, estemos donde estemos la certeza, y repetir los gestos por los que nos reconocimos cuando nos encontramos, in illo tempore.

En las casas de los nómadas tienen más responsabilidad y adquieren mayor complejidad los objetos, cada libro del niño José y el mismo calendario maya, que acabo de encontrar detrás del sofá, me hacen recorrer años, épocas, crisis, casas, euforias, lugares. Son solo objetos pero me ayudan a entenderme, como si señalaran un cauce.

Cuando vengo aquí sólo sé que voy a la Sierra, José cambia de casa casi cada año y nunca me pone en antecedentes. Este año toca otra vez Fresnedillas de la Oliva. Esta es una casa aérea, con huerto, con dos balcones enormes, desde el de delante Castilla parece el mar al atardecer. En el del otro lado hay pájaros, piedras y alcornoques.

Después de una semana estupenda y agotadora este es un buen lugar para hacer la digestión. Los Sánchez Miranda, José y su hermana Elena, dominan el cuerpo, y todo se contagia, se expresan con la intensidad de ser, entre otras cosas, buenos teatreros. El recibimiento no podía ser mejor, anoche nos dedicamos a bailar hasta alcanzar la catarsis varias veces y mientras preparaba la tortilla Joselín organizó el caos de mi omóplato. Se me estaba convirtiendo la espalda en una contradicción; el lado izquierdo aliviado, placentero, casi feliz, y el derecho tan dolorido.

Voy a ver con qué ensayos espesos adereza mis neurosis este año el hermanito. Empieza a atardecer y h
oy me apetecía Paul Klee

sábado, 13 de septiembre de 2008

La última cena



¿Siempre voy a tener esta angustia el último día de molino?. Creo que es un síntoma de que me debería quedar. Es tan saludable el fuego.