No se parecen en nada los sueños de un animista en el campo y de la misma persona en un apartamento. A un animista que vive entre manglares no lo visitan individuos, lo visitan ejércitos. Si se traslada a un hogar aséptico y tiene visita sólo puede ser su madre reclamándole una llamada.
La adolescencia y la mediana edad: Somos aquellos que otros ven
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*(Silvia Herreros de Tejada)*
Las redes sociales han terminado de pulimentar ese suelo descargando sobre
quienes participan de ellas una ideología asentad...
Hace 18 horas
