No se parecen en nada los sueños de un animista en el campo y de la misma persona en un apartamento. A un animista que vive entre manglares no lo visitan individuos, lo visitan ejércitos. Si se traslada a un hogar aséptico y tiene visita sólo puede ser su madre reclamándole una llamada.
LA LUCHA POR LA VIDA. PEDRO LUIS DE GÁLVEZ EN ZARAGOZA
-
En la muy aperreada vida de quien ha quedado como el más característico
ejemplar de la bohemia española, Pedro Luis de Gálvez, no sé de nadie que
haya repa...
Hace 3 días
