No se parecen en nada los sueños de un animista en el campo y de la misma persona en un apartamento. A un animista que vive entre manglares no lo visitan individuos, lo visitan ejércitos. Si se traslada a un hogar aséptico y tiene visita sólo puede ser su madre reclamándole una llamada.
La IA y la España vaciada
-
Alfredo, con sus medias palabras habituales, me ha estado contando los
rumores que corren en el Centro de la tercera edad. Hasta ahora siempre se
refe...
Hace 6 días
