No se parecen en nada los sueños de un animista en el campo y de la misma persona en un apartamento. A un animista que vive entre manglares no lo visitan individuos, lo visitan ejércitos. Si se traslada a un hogar aséptico y tiene visita sólo puede ser su madre reclamándole una llamada.
BAJO EL SIGNO DE LA PERPLEJIDAD: «EL VERDUGO AFABLE» DE RAMÓN J. SENDER
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(Artículo publicado en revista Alazet, 4. Monográfico dedicado a Ramón J.
Sender. Huesca, 1992, pp. 59-68). Verdadero retablo de las obsesiones
senderianas...
Hace 2 días

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