viernes, 15 de diciembre de 2017

Sueños y despertadores. Recuerdos y pesadillas.





Ahora tengo el despertador muy lejos. En la isla Reunión. En el  Océano Índico, al lado de Madagascar. Me despierta Isabel, estamos trabajando juntas. Isabel apareció en el 94, en San Salvador. Recuerdo con muchísima nitidez las tardes con Nora, Isabel y Blanca, la casa de Nora, un templo del buen periodismo con asientos de balancín, donde oí decir por primera vez “correo electrónico”.

Para tener salud mental es necesario mantener una relación de intimidad al menos con dos personas. Eso que leí en el periódico se ha convertido en un mandato. Antes de empezar el tajo Isabel me cuenta los sueños, y son tan potentes que buscamos fotos para ver si los paisajes se parecen. El otro día llegué a verla a su isla, fui con un niño que estaba enfermo pero no era una enfermedad evidente, nos preocupamos mucho por él y lo dejamos en un lugar para que lo sanaran. Estábamos de compras en San Denís, había alguien más, sería la Blanch de Vero, entramos en un comercio y salimos por la otra puerta  ¿A dónde? Al molino. Es hermoso que te vengan a la memoria los sueños de otro. De tanto oír los de Isabel yo también he empezado a soñar clarito. Vi a mi madre subida en una escalera con un pañuelo en la cabeza, pintando. Otro día mi padre hacía malabarismos conduciendo para sacarme de un camino intransitable. Ya decía Italo Calvino que los sueños son el mayor riesgo literario. Quizá porque son patrimonio de la oralidad, porque sólo pueden volver en voz alta.

Tantos años después y las mismas preocupaciones, antes de entrarle al tajo hay que hablar de lo Urgente…

-Y mira (….)

Honduras, La Ley de seguridad en México, los Mapuches, Argentina, El Salvador, Colombia, la vida no da para más. Este planeta es muy grande, nos pasamos unos cuantos artículos y nos sentimos pequeñitas.

Y pensar que creímos que esa postguerra salvadoreña era lo peor que podíamos vivir. Nadie podía imaginar entonces que en el laboratorio yankie estaban fabricando otra guerra, la de las maras, y que no les iban a dar una  tregua para respirar.

-Y mira (…)

Isabel con su acento guanaquito mezclado con palabras francesas que me abre otras espuertas del decir.

Y concluimos que sí, que vivimos en una época bien chida, mejor dicho enchida, de esperanza, en San Salvador, en Chalatenango, en Sisiguayo, en La Libertad. Y yo recuerdo que me pareció al principio una broma, una viñeta de comic ese nombre, Salvatrucha.


Están explorando diferentes técnicas de exterminio en cada país de América Latina. Todo es mucho peor que en los ochenta, y sobre todo mucho más difícil de imaginar. Esa es una de las armas más potentes, que la suma de atrocidades sea tan inabarcable, tan difícil de narrar, como una pesadilla, como el peor de los sueños.

A pesar de que en Reunión hace mucho calor Isabel no puede ir a nadar, la rodean tiburones. Me cuenta. Luego nos ponemos a escribir preguntas sobre la salud el dinero y el amor. 

martes, 12 de diciembre de 2017

Esperanza





Matt Wisniewski

Como quiero ser libre
me río de las nobles elegancias,
me remango la blusa,
La pasta de la poesía fermenta...
Qué tristeza
no poder cocer catedrales...
La altura de las formas:
diana de mis esfuerzos.
Hija de tu tiempo:
¿No tiene tu espíritu su propia corteza?
Antes de morir he de cocer
una catedral.


Edith Södergran


viernes, 8 de diciembre de 2017

De vuelta a la ribera.





Los jóvenes son tontos para recordarnos lo tontos que fuimos, el disfrute que nos proporcionaba cualquier obviedad.

Los viejos son obvios ininterrumpidamente, y sin embargo nada desvelan.

Los de mediana edad estamos perplejos entre esas dos insistencias.



P.d, El I-ching recomendó que siguiera a un sabio y me fui con Max Aub a jugar a la gallina ciega.
Nada nos unía salvo el trayecto México-España, pero el espacio, la dirección, acercan. Y las coincidencias también existen.


martes, 5 de diciembre de 2017

Apunte, de Instante.






APUNTE

Vida: única manera
de cubrirse de hojas,
tomar aliento en la arena,
alzar el vuelo con alas;

ser perro
o acariciar su cálido pelaje;

distinguir el dolor
de todo lo que no lo es;

tener lugar en los hechos,
meterse en las vistas,
buscar el menor de los errores.

Excepcional ocasión
para recordar por un momento
sobre qué se habló
con la lámpara apagada;

y para una vez al menos
tropezar con una piedra,
mojarse con alguna lluvia,
perder la llave en la hierba;

y dirigir la mirada tras una chispa en el viento;

y sin cesar no saber


algo importante.

Wislawa Szymborska

domingo, 3 de diciembre de 2017

¿Qué mueve un terremoto?




Escribí todo esto las semanas siguientes al terremoto, el único acierto es haberlo dejado abierto. Habrá que seguir averiguando y contando qué ocurre en México, cuánto lo  movió el terremoto. Me lo irán narrando entre otras Cristina y Paola, nosotras sí que nos conocimos gracias a un movimiento telúrico, sin metáforas.



Una semana después

Desde el martes 19 de septiembre miramos continuamente a nuestro alrededor para ver si algo se mueve, nos miramos a los ojos por la calle, vigilamos las cornisas, nos preguntamos por los familiares y, algunos, comprobamos cada tanto la actividad de los sismos con la esperanza de que bajen de cuatro puntos y la lista se ponga verde, no hace falta estar cerca para imaginarse los días que están pasando los que ven como sigue desmoronándose lo que queda, los que duermen hacinados en habitaciones rajadas que se cimbrean mientras no para de temblar y no deja de llover. Yo también checo con frecuencia la alerta dos naranja del Popocatepetl, “esa alerta ha estado igual desde que nací, me dijo ayer una amiga de treinta, si revienta don Goyo nos vamos a morir en décimas de segundo, no te preocupes, no es probable”.

Desde el martes este país se parece más a sí mismo, desborda potencialidad. Los mexicanos están reuniendo ideas para la reconstruirse, fuerza, bases de datos, agua, cemento. El terremoto los ha convencido de sus capacidades y, aún con el ánimo mohíno, los unos creen en los otros porque piensan y hacen juntos, no esperan que el gobierno los ayude, pero ahora no parece abstracta ni remota la palabra confianza. La sacudida telúrica convirtió en políticos, ciudadanos comprometidos con la polis, a la mayoría. La oxitocina, la hormona del apego, casi se puede oler en la ciudad.

La cercanía de los hechos impide dimensionarlos, pensarlos. El patio de la casa se convirtió en un seno materno seguro, enseguida nos contaron que había muertos en Condesa, en La Roma y en una fábrica textil entre Chimalpopoca y Bolívar, aquellos nombres no me sonaban de nada por próximos que estuviesen, pero el barrio de la textil colapsada se llama “La Obrera”, y eso tenía potencia simbólica. Yo era una recién llegada a CDMX, cuando salí a la calle todos seguíamos temiendo que volviera a temblar, nunca había oído una ciudad tan silenciosa. El parque se fue llenado y se empezó a repetir una cifra, el 85. ¡Cómo pudo ser el terremoto el mismo día, justo después del simulacro! Sabíamos que necesitábamos abrazos y nos abrazábamos, los que tenían línea en el teléfono lo prestaban. Sólo la radio de una verdulería daba noticias, allí me enteré de que el epicentro estaba en Puebla, lugar en el que vivo y viven mis amigos. 

Cuando tiembla la tierra el tiempo se trastorna. Todavía no había vuelto a su duración normal después del sismo del día 7 y los 59 segundos del martes volvieron a hacernos imaginar la eternidad. Uno nunca sabe cuándo ha terminado un terremoto o si va a empezar otro. En esa situación todavía impresiona más ver a toda la ciudad movilizada para ayudar asumiendo el riesgo. Un organismo de veinte millones de habitantes es difícil de organizar y pronto empezaron a sobrar comida y manos. Uno por uno nos dimos cuenta de lo importante y difícil que era hacer algo práctico: amigos, familias, compañeros de trabajo, crearon grupos con las personas en las que confiaban y luego los grupos se hicieron más grandes. Esa noche tan larga fueron llegando a nuestra casa y la de los vecinos aquellos a los que se les había caído la suya. Las necesidades iban cambiando, urgían equipos de iluminación silenciosos para poder oír a las personas enterradas, y herramientas, picos, palas, guantes y también compañía y abrazos para el estado colectivo de shock. Las redes sociales ardían y los rumores parecían verosímiles e inverosímiles simultáneamente.

 Contarnos es decisivo para intentar entender lo que ocurre y los impactos colectivos desatan tormentas narrativas. Desde ese día decimos, a modo de saludo, donde estábamos, hacia donde íbamos y qué pensamos. Es mejor oír a la señora que nos da de comer en el mercado hablar del terremoto que a muchos poetas de alto vuelo hablar de sus temblores. Hasta los pasos de cebra se han convertido en un espacio para contarse: nuestros relatos tienen la misma importancia. Los que estaban en la calle miraron hacia arriba: Ale descubrió que apenas quedaba cielo sin tachonar de cables, Ely vio llover piedras en el centro Histórico de Puebla, otros no pudieron ver nada porque el polvo de un edificio recién hundido los dejó en el centro de una nube de yeso. Los relatos en este caso dependen únicamente del espacio, estamos los que pudieron mirar al cielo y los que sólo pudimos ver la casa, el nido protector, convertida en una feroz amenaza. “Entonces fue allí donde me agarró el temblor ese que les digo y cuando la tierra se pandeaba todita como si por dentro la estuvieran rebullendo” Escribió Juan Rulfo unos terremotos antes.

Por cierto, que yo estaba poniéndome una bota aquel martes, me iba hacia el centro cuando empezó a moverse el salón: por segunda vez en quince días esa inexplicable maleabilidad de las paredes, de las ventanas, el mundo concentrado en una cerraja que no se abría. Llegaban los gritos desde el patio, sobre todo los Cristina, la madre de Paola, una nicaragüense de Managua que sabía de temblores. Mientras intentaba abrir la puerta recordé que escaleras no y que entre el frigorífico y la pared, pero no quedaba hueco. Me dio por hablarle bajito al terremoto: ¡venga! ¡ya estuvo suave!¡tranquilo, ya! le decía, y repitiendo ese mantra alcancé la calle, donde por fin había brazos humanos dispuestos.

El primer auxilio son los brazos, salí a buscar Internet y todo el barrio se abrazaba, ya lo dije, eso lo repetimos mucho estos días. Nada sorprende más que los abrazos entre desconocidos cuando los necesitas, pero espero no volver a dar un paseo tan escalofriante como ese nunca. Íbamos buscando el cielo abierto y casi no había,  nos mirábamos a los ojos para sostenernos mientras llegaba el próximo temblor y no cabía más miedo ni más tristeza. Cuando oí que el epicentro estaba en Puebla me convertí en una niña que no quería ir de entierro, volví al patio con los vecinos mirando esas aceras resquebrajadas, leyendo por primera vez las cicatrices que dejan escritas en las banquetas los terremotos. Luego, luego, en el patio, ya sabían que mis amigas estaban bien y me buscaban y entraron dos mensajes milagrosos al FB gracias a la conexión que me prestaron, volaban las claves aquel día: mis poblanos también estaban bien.
  
Se prolongó la reunión hasta después de la cena y  nombraron la misma convicción de mil modos los variopintos vecinos: nos urge ser ciudadanos, cambiar este gobierno y este orden tan viejo y tan injusto de las cosas, decían, y se fue extendiendo la esperanza, el mandato de aprovechar el terremoto para recobrar las riendas, y esa noche hubo un pacto firme entre los mexicanos dentro y fuera de nuestro seno materno: unirse. Puestos a morir en un megasismo lo que nos sobra son ganas de resucitar. Decían aquella noche. Y el abuelo miró a su nieto Jero y le dijo: mira bien,  está sucediendo otra vez lo que te conté, esta cercanía con los demás también la vivimos en el 85. Había empezado algo más que la reconstrucción o la campaña electoral: de tanto susto el terremoto podía ser la terapia que quitara el miedo. “Democracia puede ser también, la importancia súbita de cada persona” decía Monsivais, y ese día cada persona, cada vida fue importante, por fin.  El aprendizaje se produce fácilmente en situaciones colectivas, el vehículo más rápido para llegar al aprendizaje es la emoción. Pensar es dimensionar, pensar es dimensionar, pensar es dimensionar: ese es el mantra que sustituyó a mi diálogo con la tierra cuando le pedía que se calmara. Luego pensé en una pregunta terminal para este mundo tan terminal: ¿Qué le ocurre a los humanos cuando tienen más miedo a otros humanos que a cualquier catástrofe: un terremoto, un ciclón o un tsunami?

El miércoles no nos vimos los del pasaje, cada cual andaba en lo suyo, en lo de todos, arrimando el hombro, intentándolo, porque, ya lo dije, son 20 millones y no es así nomasito organizarse. El gobierno se negaba a dar los nombres de las fábricas hundidas. Los dueños identificados de las fábricas hundidas también se negaban a dar los nombres de los trabajadores que estaban en el edificio de Chimalpopoca, en la Obrera. Todavía no sabemos el número de los muertos, lo poco que se conoce es por unos papeles sueltos vomitados por el sismo. Ni siquiera se sabía cuántas fábricas tenían sus cuevas de esclavas allí. Sólo era miércoles, el día siguiente, y ya se empezó a rumorear que el gobierno quería meter máquinas pesadas sin esperar a las 72 horas, sin respetar las labores de rescate, la gente se fue poniendo nerviosa en la fila de voluntarios. El asesinato por falta de medidas de seguridad en maquilas es un clásico, se repite mucho, en el terremoto del 85 también se hundió una allí cerca. Las más débiles: trabajadoras indocumentadas, inmigrantes ilegales, mexicanas pobres, son una y otra vez las víctimas.

Fueron afectados por la sacudida, además de un colegio,44 edificios, algunos nuevos, que carecían de medidas de seguridad. El desastre dejó a la vista, por si no nos habíamos dado cuenta, que la corrupción es el virus más mortal y que pocas cosas han cambiado desde el 85. El colapso de la fábrica textil no fue la única coincidencia, este terremoto ha sido un espejo del otro: resulta didáctico releer “No sin nosotros” la crónica que escribió Carlos Monsivais sobre aquel  septiembre, para comprobar cuántos problemas no se resolvieron, cómo volvió a fallar la racionalidad urbana, cuántas personas viven en edificios inseguros y que la colaboración de los voluntarios volvió a estar bajo sospecha y vigilada por policías armados, por citar los más evidentes.“Esto pasó en septiembre”, comienza diciendo Juan Rulfo en “El día del derrumbe”,  y nos cuenta la esperpéntica visita de un gobernador a la zona devastada. No sabemos a qué gobernador ni a qué terremoto se refiere, no menciona el año y de los derrumbes sísmicos que conoció ninguno sucedió en septiembre, ¡Rulfo siempre borrando pistas!  Es sustancioso releer ese cuento ahora, por aquí perduran los anacronismos, existen personajes tan siniestros como el que él describe y están haciendo visitas igual de breves a los que se han quedado sin nada. En México también se puede viajar del siglo XIX al XXI en muy poquitos kilómetros: los tiempos conviven tranquilamente. Pero en las grandes urbes y en las aldeas la  desconfianza del pueblo hacia quienes detentan el poder es más que desconfianza, es la certeza de que su afán de lucro y su desinterés por la ciudadanía son infinitos y nadie escapa de sus garras. Nos sorprendía, pero no leímos ninguna cifra, ni aproximada, de desaparecidos en el terremoto, la cifra de desaparecidos políticos en este país es dos al día, la de asesinados 73. ¿Quién iba a esperar una sensibilidad distinta a la habitual en este caso? ¿Qué probabilidades tienes de que tú o tu cadáver seáis rescatados si eres una persona “ilegal”?

Chimalpopoca se fue convirtiendo con los días en una gran ceremonia de la desinformación, en una post-verdad confeccionada por guionistas sin experiencia. –Aquí no van a entrar ni grabadoras ni cámaras, que los periodistas tergiversan- Dijo una supuesta voluntaria convertida en dirigente en pocas horas. –Que entre uno a ver y luego se lo cuente a los demás, tú mismo-Dijo la misma ciudadana gritona. Ante las quejas de la gente salió un Topo que nos aseguró que todo estaba bien, que no iba a entrar maquinaria pesada que no fuese necesaria. A esas horas del jueves se sospechaba la existencia un sótano convertido en comedor y lleno de gente al que ya nunca se accederá. La existencia de ese sótano estaba guindada del testimonio de un señor: había hablado con su mujer minutos antes del sismo y ella le dijo que bajaba a comer al sótano. El topo nos describió un plano que nos dejó igual de ignorantes, mucho. Enseguida apareció otro voluntario con experiencia y autoridad que dijo algo sencillo: quienes quieran ayudar que se vayan a Puebla o a Morellos.

Esos días impresionaban aún más las armas, los granaderos amedrentando: ¿para qué hacen falta armas en un rescate? Había mucha gente: ríos de gente que, cómo un día normal en cualquier lugar del planeta, quieren hacer algo por sí mismos y por sus hermanos bípedos que sufren injustamente: pero no saben qué. Nos reunimos muchos periodistas al día siguiente, cada uno había hecho lo mejor que sabía su trabajo: buscar la verdad. No había protagonismos esa noche en el gremio, verdad posible tampoco, sólo relatos que se restaban, anécdotas contradictorias: hay verdades diametralmente opuestas que suceden simultáneamente a pocos metros de distancia. Simultáneamente se inventaba a una niña innecesaria en Televisa y Ale y sus compañeros decidían ir casa por casa para repartir el acopio de alimentos en los pueblitos de Atilixco, no se fiaban de las mujeres de los alcaldes que querían organizar la ayuda desde sus almacenes, y además querían dar algo más que comida o ropa. Así, casa por casa, conoció a dos viejitos que vivían en una escuela que se iba a hundir, y vivían con ese miedo desde mucho antes del terremoto, no logró que aceptaran más que lo justo: tenían una decencia sin límites, más de ochenta años y ganas de terminar con aquella vida de hambre y sustos, le dijeron. En otra casa le contaron que no querían más sardinas, que lo que querían era poder arreglar el horno para hacer tortillas. En otra le quedaron grandes los zapatos a una niña y se los tuvo que amarrar bien, pero le prometió que le llevaría otros y lo hará. Simultáneamente una señora rica se gastaba mil dólares en medicamentos y unos rateros aprovechaban para robar a los damnificados. También tuve noticias de delincuentes convertidos en samaritanos y de receptores de alimentos convertidos en una suerte de delincuentes porque venden las latas de sardinas a diez pesos. Nunca será lo mismo el crimen del amo que el crimen del esclavo. También al mismo tiempo el gobierno comenzó a re-etiquetar la ayuda como suya y grupos de arquitectos, periodistas y abogados se organizaron para documentar el estado de los edificios y buscar a los culpables. Y seguro que hay policías y militares que han trabajado mucho y otros que han entorpecido el rescate. Probablemente habrá mucha gente que haya visto por primera vez la pobreza real de este país tan rico y esté asombrada, pero también hay muchos empresarios que se frotan las manos calculando sus beneficios con la reconstrucción: algunos días parece que el terremoto lo encargaron ellos.

Tres semanas después

59 segundos han provocado relatos, cambios profundos e interesantes reflexiones. Estoy segura de que los que estuvimos aquí aprendimos mucho estas semanas. Este terremoto ha sido un master práctico en el que hemos descubierto  que pensando entre todos tenemos muchas posibilidades. Buena parte de la juventud mexicana está muy formada, aquí el orgullo de un padre no es que el hijo tenga un coche sino una carrera, y los que no accedieron al conocimiento oficial tienen otros y además se respetan. Internet, con sus pros y sus contras, es útil en los momentos de urgencia, y después. Organización ha sido la palabra clave y hubo otra que se resignificó: Logística.  Todos repiten: zapatero a tus zapatos, y se preguntan qué pueden aportar desde su conocimiento. Y eso es un buen comienzo. No quieren volver a tapar lo que dejo al descubierto el terremoto.

Pero los obstáculos son muchos. Hay que seguir comiendo y los salarios son tan bajos que obligan a tener dos y hasta tres empleos para mal vivir. No creo que haya bajado la oxitocina y se hayan olvidado de lo que vieron. No creo que se haya desinflado el afán de ayudar, y de ayudarse, y que volver a la normalidad  signifique volver a la indiferencia hacia el prójimo. Estoy segura de que el terremoto del día 19 provocó otro sismo, el de la conciencia colectiva, y en pocos días este país ha conseguido crear más tejido social del que imaginamos. Quiero creer que los que trabajaron por lo mismo desde la abogacía, la medicina, la educación, la cocina, el periodismo, la arquitectura, la informática, la albañilería y el pico y la pala han podido calcular en montos vitales mucho más importantes que el dinero lo rentable que es estar unidos.

Seguirá...











martes, 21 de noviembre de 2017

Para mi lado B



Y la nave al fin voló, que era lo que yo quería.

Gracias siempre compis.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Siempre, siempre, conviene tener un altarcito



Cada año se simplifica más el mío. La pluma la encontré en el jardín botánico de Chapultepec. Los pendientes fósiles me los regaló Silvia, una paleontóloga que nos explica el futuro. El Búho me lo regaló Claudia, en Teotihuacan. Las flores casi siempre crecen en casa de María Jesús. La bolsita misteriosa. Ay la bolsita misteriosa Samantha, eres la más querida de las vecinas de mi biografía. Gracias.



El gigante egoísta.





de la escuela primaria
esta misma
tarde pudimos apalabrar todos
un instinto veloz
para inventarnos
cualquier técnica de supervivencia
válida para la víspera
imprevista
ya en vías
de escape que reconstruir
entre el siguiente recreo
y su anterior escaparate

Daniel Aguirre Oteiza

Parece que tengo acciones en Transtierros.  ¡Menudo yacimiento! http://transtierros.blogspot.com.es/

lunes, 6 de noviembre de 2017

Despedidas, sonidos y colores




Los últimos días me fijo más en  la luz y en el verde, en este otoño entreverado con primavera. La estación dependía de la hora hasta que llego la fiesta de los muertos, entonces comenzó esta otra borrachera de colores que sucede dentro de un matraz naranja de cempasuchil del que no puedo salir. El azar me premia un chingo a poco que me fije porque ya sé que, si se combina con unas gotas de neurosis o altas dosis de atención, se convierte en un vehículo inteligente, el  único que lleva  a donde ni siquiera sabias, estando despierto, que querías llegar. 


No se puede conocer una ciudad sin escucharla. Después de muchos meses de vida cotidiana me toca hacer de turista, me guardo para el final esas tareas porque prefiero un turismo dislocado, el que se hace cuando las fachadas de los museos son tu paisaje pero nunca has entrado, quedaba mucho tiempo y preferías vagar hipnotizada por voces, pitidos y rancheras. Vivir otro lugar es sobre todo escucharlo hasta que te resuena el cantadito. Cobre, colchones viejos y alambre con la pantera rosa del vendedor de tamales remezclan ahora esta barriada. Luego, cuando sienta nostalgia ,les pediré a estos que me graben al del gas, me costó meses entenderlo cuando me despertaba todos los días a las siete.

Empiezan a confirmarme citas e invitados. Tiene muchas peculiaridades una semana dedicada a las despedidas.

viernes, 27 de octubre de 2017

Vayan a otra gama cromática, o a Portugal, por lo menos.




El rojo mezclado con el amarillo da naranja. Y ese es un buen color, revivifica inesperadamente. Voy a intentar contaminar barrancos y balcones de esa alegría ácida llamada por aquí cempasúchil.


Con los humanos y con las ciudades me da pena estar de visita. Es imposible ver una ciudad entera o a un humano completo, ni siquiera se puede habitar un barrio, apenas funciona la brújula unas cuantas manzanas sin desimantarse.  


En Santa María de la Ribera están estos días las calles  anaranjadas por el cempasúchil, ya conozco a muchos vecinos de todas las edades y eso me permite  imaginar que conozco México. Conocerlo, ¡eso es otro deseo imposible! Solo los imposibles son deseos importantes.

jueves, 26 de octubre de 2017

Ángel Cerviño




Contradanza de ida y vuelta / lagrimea el mar a paso de horda sobre los innumerables labios de la arena / se deja llevar la brisa a un punto ciego / atardece en braille
y entonces sí / todo callar (aquí un mohín) canto de sirena1

1 Latido subacuático de la madre, medusa que en la orilla se enfanga, bajío recesivo, pulsión líquida anterior a la atmósfera y la respiración: cómo quema la sequedad del primer aliento, la primera luz abrasa los párpados. Arrebatados a la ciénaga con el primer llanto, todavía cerramos los ojos cuando su música con más intensidad nos alcanza: aquella música de agua.

martes, 24 de octubre de 2017

Claribel Alegria


Pete Seaward




Alguien puede mirarme Yo le enseño mis dedos
Diez dedos ¿por qué diez? Manos son dos
Una escribe una carta a un niño triste
La otra
mano espera siempre espera


espera
debo ajustar mi cuerpo
hasta alcanzarte.


sábado, 21 de octubre de 2017

Algunos poetas muertos nos plagian...




Algunos poetas muertos nos plagian.

Su negro abrazo nos ciñe.

Afincan, abren las fauces.

Recobran el don que perdieron.

Mis minutisas poseen.

Poseen mis saetas el calicó y la gualdrapa.

Se apropian de mi padre el sastre.

Marcan con jaboncillo (rojo) la casa del judío.

A mi madre bordando junto a un brocal usurpan.

De su útero extirpan mi voz la destejen.

Sus letras negras exudo la carcoma de sus palabras.

De sus plagios, yo. De su continuidad, mi muerte.

Ante la puerta de bronce con el guardián de caftán.

Sombrero de castor (rapada, cabeza) otra puerta de bronce.

Entre paréntesis me plagian los poetas muertos.

Entre paréntesis revuelven mis estertores.

De mis cenizas, resplandecen.

Sus negros versos ( témpanos, de carbón).

Escoria este baile de máscaras los cubos de mis ideogramas (desbordados).

José Kozer

miércoles, 18 de octubre de 2017

Post terremotos con digresiones gansas sobre el territorio.







Puebla no deja que me escape, llevo intentando salir de aquí desde el sábado y no hay manera.

Estos días me ha dado posada una pareja madrileño-chiapaneca, a partir de ahora voy a intentar omitir las nacionalidades de la gente, yo no me siento muy española, no por manía, porque tanto trozo me viene grande. Me falta mucha capacidad de abstracción. Soy un poco aragonesa, eso lo sé porque cuando me alejé tomé perspectiva de mi tribu y al volver la vi como tribu, y desde entonces sé que parte de mí es tribu. La tribu chiapaneca no se parece a la poblana, Jeni y Juan son de allá. Pero luego vienen las mezclas, Gonzalo es extremeño y madrileño. En mi pueblo se alojó un pueblo entero de Extremadura, Fuente del Arco, y allí seguimos todos, encantados.  Joselin también es extremeño, hay un no sé qué de vehemencia tímida que me vuelve loca, cuando nos echan a un extremeño y a un aragonés a la misma conversación es mejor mezcla que un gin-tonic o que un lomo de rana.

Debería haber consultado a mi anfitrión antes de decir estas pavadas, Gonzalo es mi alumno y es un antropólogo urbanista que me ha enseñado a ver Puebla, ¡ahora que me voy y está tan herida! Como escribía Ernesto las propiedades de dios en la tierra han quedado muy perjudicadas. Y da pena, pero no hay tiempo para prestarles emociones. Lo que les ocurre a los humanos no se deja enumerar. Ahora estamos viendo los daños aparentemente menudos que han trastocado todas las vidas. Se les han venido encima a los más cercanos proyectos que llevaban levantando muchos años. Los sitios que yo más quiero: cierra Zonica y hubo muchas grietas en Lado B. Como con el terruño, lo que se entiende mejor es lo más cercano y  mis más cercanos siempre han sido Mely y Juan. Me gusta estar aquí en las horas bajas porque como ya sé preferir, que es “levantar a uno del polvo que a todos nos compone”, tengo certezas que ellos aún no tienen.

Por si no lo entendiera hablo con Isabelita, una salvadoreña de toda la vida que me explica desde una colonia francesa, durante mis noches y sus mañanas, la energía que regalan las catástrofes ¡De eso los salvadoreños saben un chingo!


Ayer fue el último intento de irme la gran ciudad y me dejó tirada Blablacar. Hoy sí llego.

lunes, 16 de octubre de 2017

Te estaré viendo.





Sigo apostando por las buenas neurosis, las buenas neurosis acompañan mucho, son como los hilos con los que nos jala el mundo.

sábado, 7 de octubre de 2017

¿Cómo no volver a Vallejo estos días?





Considerando en frío, imparcialmente...

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

lunes, 2 de octubre de 2017

Después de tres terremotos escribir parece coser y cantar.








-No siempre se puede escribir, para poder escribir hay que permanecer mucho tiempo muy solo, muy ausente y muy quieto. Después de dos terremotos y las escenas de ayer en Cataluña, de más hago que no embisto.

-Tamaña está la cosa que tengo una amiga asustada de no tener miedo. Me gustaría que no sólo se independizara Cataluña, que lo hiciésemos todos, de muchas maneras, por una cuestión racional y sencilla: porque en un mundo absolutamente mercantilizado tenemos que volver al consumo local y a organizarnos en pequeñito, eso o nos vamos todos a la chingada rodeados de montañas de ropa que ha cosido una señora en una maquila que se va a hundir y la va a matar por menos de un dolar al día mientras nos comemos una aguacate que ha dado tres vueltas al mundo bien remojado en coca-cola. ¿Por qué se ponen tan agresivos los poderosos? ¿Por qué están matando y asustando y dividiendo a la población civil de mil maneras casi todos los lugares? Pues porque si todos hacemos algo al mismo tiempo los que se van a la chingada son ellos, y lo saben.

-Mientras tanto todo el mundo lee a su conveniencia los estragos del nacionalismo y no en todo se está pareciendo esta tercera guerra mundial a la anterior. ¿Va a haber guerra? Me preguntan los que no han oído hablar de ninguna que les roce y temen terminar viviendo en una película. Pues bien, sí, ya hay guerra, una guerra "distinta", en la que todo depende de los relatos. Ayer, gente a la que aprecio, que era racional, decía que la sangre de los heridos era falsa, ¿qué herramienta es esta que nos permite negar la evidencia en manada? ¿qué está pasando con nuestros cerebros¿cuándo fue la lobotomia colectiva? Lo dijo Julian Assange, con Cataluña ha empezado la guerra mundial también en Internet.  Una guerra fragmentada, por lo tanto casi invisible,  una guerra con cuyas batallas, como con los terremotos, no se sabe cuando empiezan y cuando terminan. Una guerra que en diferentes grados y con diferentes estrategias convierte 90% de la humanidad en su víctima.

-En una época de identidades uniformadas por el mercado la sensación de falta de identidad se nutre del modo más primario: primero la identidad sexual, la hipermasculinización y la hiperfeminización.
¡qué bien nos iría a los humanos si nos pudiésemos desnudar de lo femenino y lo masculino, que sólo es cultural, y sacásemos lo importante, lo común, lo que tenemos de personas! El otro yacimiento de identidad de mala calidad, de identidad urgente, es el nacionalismo.

-Ayer tuve la ocasión de contarle a Juan lo que está sucediendo en Cataluña . Él estudió política y como escuchador es un grande. Con tan buenos ejemplos a veces creo que yo también aprenderé a escuchar. El mejor método de aprendizaje es una vida bien conversada. Contar con los interrogantes de alguien que ve los datos y los relaciona desprejuiciado y presocrático, que tiene una mirada no viciada y te inaugura preguntas, eso es tener fortuna. Pude imaginar entonces muchos ángulos que no tenía previstos, ver, como desde un dron, que suceden cosas opuestas en lugares muy próximos simultáneamente y eso invalida los relatos. Saberlo es imprescindible para hacer bien los cálculos, pensar es dimensionar. Me da miedo volver a la tribu endogámica, autista, repetitiva, escuchar a la España que embiste y deposita su amor en dos trozos de tela china, los dos rojos y amarillos.

-Una vida bien conversada. Pensar con muchas cabezas, así pasen cinco quinquenios, quererse, acompañarse, entenderse, comunicarse.  ¡Si supiésemos aprovechar las ventajas de estar sincronizados! Don Luis Alvarenga, alias Tiburónidas, ha mandado desde San Salvador las palabras exactas para el día después, las que deberíamos releer para no ser tan necios y volver al peor pasado.

Ya lo decía Antonio Machado en "El mañana efímero": 

La España de charanga y pandereta, 
cerrado y sacristía, 
devota de Frascuelo y de María, 
de espíritu burlón y de alma quieta, 
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Reprogramando la tarde.






El terremoto me despertó la pituitaria, era una nariz en el mercado y luego la calle olía a guayaba, a Inés le revolucionó lo onírico, me estoy haciendo adicta a sus sueños, están brillantes.

Ayer rugió el Popocatepetl, Don Goyo, Samantha se tuvo que encargar de tranquilizarme. Y es que cuesta mucho desasustarse y todos damos un bote cada vez que pasa un camión y reverbera. Pero quizá sean cierta esa esperanza tan compartida estos días, quizá de un susto tan gordo se desasusten del todo los Méxicanos. Ojalá que no baje la oxitocina y siga el apego. 

Estoy repartiendo las plantas. A Mely le va a tocar el jazmín. Para que cuando se haga muy grande y huela mucho se acuerde de mí la mamacita linda.

Llueve, hace frío, amerita comprar una botella de vino y compartir la tarde con Ely viendo una serie muy larga que nos lleve un rato a otro sitio. 

Luego leeré a Chantal Maillard, acabo de reencontrar este poema y me ha devuelto las ganas.

Intermedio

Entre una imagen tuya
y otra imagen de ti
el mundo queda detenido.
En suspenso. Y mi vida
es ese pájaro pegado al cable
de alta tensión,
después de la descarga.

De "Lógica borrosa" 2002

Y en eso estamos.





Ya he vuelto a Puebla, son fuertes como robles las compis, ayer era martes y los martes nosotras salimos. Aunque intentemos evitarlo vamos de la hora feliz a la terminal.

He comido en el mercado y me he llevado una buena ración de abrazos. ¡Cada vez me gusta más la gente mexicana! Es mejor oír a la señora que nos da de comer hablar del terremoto que a muchos poetas de alto vuelo hablar de sus temblores.

Siempre les digo a mis alumnos: evita la acumulación de partículas vacías de significado. Hoy me lo he dicho a mí misma.

También las malas fotos tienen su encanto.

lunes, 25 de septiembre de 2017

La ciudad más trepidante.



Poco me queda por contar de mi visita a Ciudad de México, lo han contado todo las redes y los periódicos.

En un terremoto los anfitriones se la juegan, y estar con Karla e Inés estos días ha sido un lujo ininterrumpido. ¡Esa suavidad con la que me tocó el pie Karla para despertarme cuando sonó la alarma el sábado!

Estaba poniéndome una bota  el martes, me iba hacia el centro, cuando empezó a cimbrearse el salón: por segunda vez en quince días esa inexplicable maleabilidad de las paredes, de la ventanas, ese minuto eterno delante de la cerraja que no se abría. Llegaban los gritos desde el patio, sobre todo los de la madre de Paola, una nicaragüense de Managua que sabía. Mientras intentaba abrir la puerta recordé que escaleras no y que entre el frigorífico y la pared, pero no quedaba hueco. Me dio por hablarle bajito al terremoto: ¡venga!¡ya estuvo suave!¡tranquilo ya! le decía, y repitiendo ese mantra alcancé la calle, donde por fin había abrazos humanos dispuestos.

El primer auxilio son los abrazos, salí a buscar Internet para saber de Inés y de Karla y todo el barrio se abrazaba. Espero no dar un paseo tan escalofriante como ese nunca más.  El parque se llenó de gente, todos íbamos buscando el cielo abierto y casi no había, todos nos mirábamos a los ojos para sostenernos mientras llegaba el próximo y no cabía más miedo ni más tristeza.  Para colmo, al pasar por un frutería oí en la radio que el epicentro estaba en Puebla. Entonces volví al patio, con los vecinos, y ya sabían que esas dos estaban bien y que me buscaban a mí. Y entraron dos mensajes milagrosos al FB, uno de Juan y otro de Malu: mis poblanos estaban bien. Y Paola saco vino, y el abuelo de Jero conoció a todos los anarquistas españoles de la FAI y trabajó con ellos. Y Jero es un melómanos imposible de 17 y Miguel librero, y Paola filósofa y Daniela dirige teatro, y Alejandra es una María Felix.

Al día siguiente no nos vimos, cada cual andaba en lo suyo, en lo de todos, arrimando el hombro, intentándolo porque son 20 millones y no es así nomasito organizarse.


Ayer volvimos a reunirnos para comer. Entre tanto ocurrieron muchas cosas. 
Samantha me ha dicho esta mañana:
-Escribe una crónica chida de tu experiencia.
Y se lo he prometido, lo haré.

El susto me trastornó el olfato. La casa de una amiga olía a anís, el perímetro de la maquila hundida a sandía, las calles a humo.


lunes, 18 de septiembre de 2017

Por fin en CDMEX









Maya Goded


Con mis chicas pasan estas cosas, nos metemos tan hondo en las conversaciones que luego no recordamos bien si  al salir del patio estará Zaragoza, Utebo, Amsterdam, Santander, París o la yuca. Para conocer Ciudad de México yo me esperé a que estuviera Inés, eso también es apropiacionismo: correr con la lengua afuera adosándose a la vida de otro durante unos días.


Es un gustazo salir de tan adentro y llegar tan afuera y volver tan adentro: yo no soy fetichista, ni admiro demasiado, pero ¡he jugado tantas veces a imaginarme esta ciudad! Siempre me ayudaron Luis Buñuel y Max Aub, así que tenía muchas ganas verlos de lejos sentados en una terraza de Coyoacan,  hablando de sus cosas. Fue Constantinopla ese barrio, pero no hicimos el recorrido turístico, nos fuimos a programar nuestras propias peripecias a casa de una vecina del lugar. Por el camino me encontré a Nicolas, acababa de encontrarme a dos amigas poblanas en la exposición, ¡para esto tantos millones de habitantes, me quedé pensando! Me encantó volver a ver al Cancino, casi no hablamos, de la sorpresa solo nos salían apapachos. Nicolas aún no es conocido pero lo será.  La última vez lo vi en "El abrazo de la serpiente" y aún en ese papel de malo tuve ganas de darle un abrazo a la serpiente.  El azar me sigue rodeando de gente a la que conozco de antes, el viernes estuve en una tertulia lúcida y al final de la noche me di cuenta de que Amador era Amador Fernández Savater, lo suelo leer con mucho gusto. Acabo de escribirle a Maya Goded, me quedé con un tronco de brasil suyo hace quince años, ha crecido un montón, entonces ya intuí que esa mujer aparecería en los escritos. Si alguien no ha visto todavía "Plaza Soledad" que intente hacerlo.

Y lo dicho, creo que doy buena suerte, no hay más que arrimarse. Y también que me gusta vivir en un mundo tan túpidito de amigos y amigos de amigos. A saber dónde me van a llevar hoy las botas y a quién me encontraré. ¡Me he dado una semana para caminar sola esta ciudad infinita mientras la niña estudia y trabaja!¡Soy una suertuda!






jueves, 14 de septiembre de 2017

Periodismo: oficio que reproduce el error o reproduce la verdad o bien ¡sin amigos ni una liebre!



Ya no estábamos hablando de trabajo, habíamos llegado a lo divino y lo humano cuando Samantha me dijo que ella necesitaba saber la verdad,  vivir en la realidad siempre. ¿Quizá es una deformación profesional? No lo averiguamos. Pero debo decir que también abundan los buenos vicios en este gremio tan denostado. 
Yo soy una nómada sedentaria, me interesan mucho más las gentes que los paisajes, con esa cuadrilla de buscadores de la verdad se confirma continuamente que solo entre todos podemos pensarlo todo y también que llegué al mejor de los lados, Lado B. ¡Qué mejor regalo que ese ramillete de cabezas pensando a una!
Ayer encontré esto de abajo y ahora iba a mandárselo a Sami.
VERDAD
Un niño aprende una lección de geografía para tener una buena nota, o por obediencia a las órdenes recibidas, o por dar gusto a sus padres, o porque siente una poesía en los países lejanos y en sus nombres. Si ninguno de estos móviles existe, no aprende su lección. Si en un momento dado ignora cuál es la capital de Brasil y al instante siguiente lo aprende, tiene un conocimiento más, pero no está más próximo de la verdad que momentos antes. La adquisición de un conocimiento en algunos casos nos acerca a la verdad y en otros casos no. ¿Cómo distinguir los casos? Si un hombre sorprende a la mujer que ama, y a quien había dado toda su confianza, en flagrante delito de infidelidad, entra en contacto brutal con la verdad. Si sabe de una mujer a la que no conoce, de la que oye hablar por primera vez, en una ciudad que no conoce, que ha engañado a su marido, esto no va a cambiar de ningún modo su relación con la verdad. Este ejemplo nos da la clave. La adquisición de conocimientos nos acerca a la verdad cuando se trata del conocimiento de algo que amamos, y en ningún otro caso.
·
“Amor a la verdad” es una expresión impropia. La verdad no es objeto de amor, no es un objeto. Lo que amamos es algo que existe, y que pensamos y por eso puede ser la ocasión de producir verdad o error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es el esplendor de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear la verdad es desear un contacto con una realidad, es amarla. No deseamos la verdad nada más que para amar en la verdad. Deseamos conocer la verdad de lo que amamos. En lugar de hablar de amor a la verdad, sería mejor hablar de un espíritu de veracidad en el amor. El amor real y puro desea siempre y por encima de todo mantenerse entero en la verdad, sea cual sea, incondicionalmente. Toda otra expectativa de amor desea sobre todo satisfacciones, y por ello es un principio de error y de mentira. Es el espíritu santo. La palabra griega que traducimos por espíritu significa literalmente soplo ígneo, soplo (aliento) mezclado con fuego, y designaba en la antigüedad, la noción que la ciencia designa hoy con la palabra energía. Lo que traducimos por “espíritu de veracidad” significa la energía de la verdad, la verdad como fuerza agente. El amor puro es esa fuerza activa, el amor que no quiere, a ningún precio, en ningún caso, ni la mentira ni el error.
Simone Weil.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Hay que...



Chema Madoz

Hay que alcanzar esa mirada
que mira a uno como si fuera dos.
Y después mira a dos
como si fuera uno.
Y luego todavía
mira a uno y a dos
como si fueran ninguno.

Es la mirada que escribe y borra al mismo tiempo,
que desdibuja y suspende las líneas,
que desvincula y une
simplemente mirando.
La mirada que no es diferente
afuera y adentro del sueño.
La mirada que se crea a sí misma al mirar.

Roberto Juarroz
Poesía Vertical.