miércoles, 4 de marzo de 2015

La poética meteorológica del valle del Ebro





 
Y ¿Cómo vamos a ser, pues, si hemos alcanzado los 270 kilómetros/hora y pasamos días sin bajar de 120? ¿Cómo no van a repetirse las expresiones “está aventado” o “no se lo lleva una volada de aire”? El miércoles fuí a comprar y, cuando volví con el viento a favor, fue el carro el que me trajo a casa corriendo, ¡casi no podemos doblar la esquina!

Entonces me acordé de Baudelaire y del soñador de espacios, el que sabe que el calor aumenta con el frío de fuera:

“Él pide anualmente al cielo tanta nieve, granizo y heladas cuantas puede contener. Necesita un invierno canadiense, un invierno ruso...con ello su nido será más cálido, más dulce, más amado...”

Cuando amainó se puso a crecer el río. ¡Nada me imagino más peligroso que ser ecologísta en la ribera del Ebro esta semana! Que el Nilo al desbordarse fertiliza lo sabemos desde la escuela, pero acordarse de eso cuando ves venir el agua cuesta. Y el agua llegaba por donde podía, cuando la pararon en la autopista manó por las alcantarillas. Y además llegaba con un estilo distinto a cada pueblo, fue entrañable el seguimiento telefónico de Torres, Miguel es hasta mejor narrador cuando le llega el agua al morro de la puerta.

-Y ahora me voy a dormir, que estoy muerto, si sube más ya flotaré o me avisarán estos. Está la cosa muy jodida pero ¡ya sabes lo bonito que es lo de ir todos a una!

(la foto no sé de quién es, la he pillado por ahí, la casa con el agua al morro sí)

jueves, 26 de febrero de 2015

+Benito del Pliego








I.

El vuelo detenido sobre el río y el lento girar de la montaña.

2.

La mirada haciendo al río fluir y a la montaña girar y del volar del ave ansiedad estancada

3.

Entonces piensa, y el agua se detiene, y la montaña se agranda, y la proa rebasa el ave, que por fin avanza.

de Indice




El gato


-La pupila que vio la sombra en la noche refleja en su galaxia el brillo de otros astros; la que atrapa un bosque desde la ventana y sueña el gorjeo de un pájaro.
No parpadea la efigie esmaltada de un gato.
¿De qué sirve ladrar a la luna? Hace falta no inmutarse para alcanzarla.
 de Fábula.
Imagenes Pedro Núñez.


domingo, 22 de febrero de 2015

+William Faulkner, sus ovejas nadadoras.







Contaba William Faulkner cuando le preguntaban que cómo empezó a escribir, que lo hizo caminando con el novelista Sherwood Anderson, su vecino. Parece que daban un paseo todos los días hasta que Faulkner empezó también una novela y desapareció durante tres semanas. Su amigo, preocupado, le preguntó si se había enfadado. Él le contó el asunto. Unos meses después Faulkner encontró en su puerta a la mujer de Anderson que le dijo:

-Sherwood se presta a decirle a su editor que publique tu novela pero con una condición, que a él no se la hagas leer.

Me acordé ayer de esa anécdota que no me extraña. Faulkner es muy absorvente, al menos conmigo, se me traga, y no sólo eso, me lleva a situaciones casi incómodas cuando, como el viernes, se me escapa una carcajada en el tren o sueño toda la noche con ovejas nadadoras.

Parece que a Jackson se le ocurrió finalmente la idea de criar ovejas en aquella ciénaga suya, en la creencia de que la lana crecía como cualquier otra cosa, y de que si las ovejas permanecían todo el tiempo en el agua, como árboles, el vellón habría de ser por fuerza más exuberante. Cuando se hubieron ahogado aproximadamente una docena, las equipó con unos cinturones salvavidas hechos de caña. Y entonces descubrió que los caimanes las estaban atrapando. Uno de sus chicos mayores (debió de tener alrededor de una docena) cayó en la cuenta de que los caimanes no se atreverían a importunar a una cabra con larga cornamenta, así que el viejo cogió las raíces y modeló unos cuernos de unos tres pies de largo y los ató sobre la testuz de sus ovejas. No las dotó a todas de cuernos, no fuera a ser que los caimanes descubrieran la estratagema. El viejo, según decía el piloto, contaba con perder anualmente una cantidad determinada de ovejas, pero de aquel modo lograba mantener bastante baja la tasa de mortalidad. Pronto descubrieron que las ovejas empezaban a gustar del agua, que nadaban de un lado a otro por los alrededores, y al cabo de unos seis meses constataron que no salían del agua para nada. Cuando llegó el momento de la esquila, el viejo tuvo que pedir prestada una motora a fin de perseguirlas y atraparlas, y cuando al fin pescaron una y la sacaron del agua vieron que no tenía patas. Se le habían atrofiado y habían desaparecido por completo. Y lo mismo sucedía con todas y cada una de las que conseguían atrapar. No sólo se les habían esfumado las patas, sino que en la parte del cuerpo que había estado tenían escamas en lugar de lana, y la cola se les había ensanchado y aplanado hasta adoptar una forma parecida a la de los castores. Al cabo de otros seis meses, los Jackson no lograban ponerles la mano encima ni con ayuda de la motora. De su observación de los peces, las ovejas habían aprendido a bucear. Y al año Jackson las veía únicamente cuando de tanto en tanto asomaban el hocico para tomar un buche de aire. Pronto pasaron los días sin que el agua se viera rota por un morro. En ocasiones sacaban algunas ovejas con ayuda de un anzuelo con cebo de maíz, pero sin rastro de lana en todo el cuerpo. El viejo Jackson-según contaba el piloto-empezó a sentirse como desalentado. Todo su capital nadando de un lado para otro bajo el agua...”




viernes, 20 de febrero de 2015

Albertico



Acabábamos de decidir, después de tres años esperándolo, qué queríamos que nos pintara en la fachada.¡Ranas comiendo mosquitos! Ese día lo bajamos,quería dormir en el muerto. Tiene encanto dormir en el muerto, que vengan Carmencita o Justo a arrebujarte antes de irse y te dejen soñando a la orilla de la playa. Yo también me bajo a dormir al muerto algunos días, aunque se madruga mucho, enseguida llegan los pescadores.Le habíamos encargado pescado a Alberto para hacerlo uno de esos días a la brasa. ¡Teníamos que celebrar la suerte de que Alberto Acinas nos pintara la fachada y Albereto nos cantara por las noches! Eso fue un lunes.

El domingo me dolieron las muelas, de paso que iba a la farmacia pasé la tarde en la playa con ellos. Justo hace paella los domingos por la noche, para quién se quiera quedar o lo necesite. ¡Eso es una cena buñueliana! El mar estaba loco perdido aquella tarde, nosotros dos nos pusimos a hacer planes. Íbamos a ser casi vecinos en México. Yo quería escribir tres crónicas, ya las tenía localizadas, una en Polochic, otra en el Bajo Lempa y otra donde dijeran las chavalas en Nicaragua, Alberto quería acompañarme para ilustrar esas crónicas con sus pinturas. ¡Estaba más claro que el agua! Tanto que nos pusimos a hablar de otra cosa, de Bruno Shulz, que lo tenía loco esos días y a mí siempre.

De eso hizo esta semana sólo seis meses. Desde entonces apenas he frecuentado los días de antes. Ni la música. Vuelvo pues por donde la dejé.




jueves, 19 de febrero de 2015

Dónde puede ser visto. Qué lugares frecuenta



 Christo Dagorov


Dónde puede ser visto.
Qué lugares frecuenta



Transcurres en todo lo que queda innombrado.
Sucedes en la arena que a la mano del tiempo se escapa.

Ocurre tu sexo mientras nadie lo mira,
florece y se licencia
en un triste salón
y nadie va a verle.

Tienes lugar en los ojos de tu madre,
en la boca de amigos, sastres y tenderos,
en el silencio de los contables,
en todas las palabras, comidas y siniestros
a los que renunció tu memoria.

Pero aconteces como nunca en las aceras
cuando libre de vigilias irrumpe
tu sola forma oceánica.


Tu sola forma oceánica,
los modos del mercurio.

Eres un exilio, un empeño en mil direcciones,
la fuerza del viento y su mal maridaje.
Parece que tus ramas brotaran alianzas,
que todo fueran signos de un íntimo
alzamiento.            Y caen
las hojas, y no hay estruendo,
sinfonía ni conclusión.


Aunque exactamente hermoso, un instante.


Nunca sabrás el rostro que llevas cuando nadie te mira.
Es un pez del abismo, es un cuento hecho carne,
lo que dicen los dioses cuando está amaneciendo,
lo que piensa un atlante cuando ve que le acechan.
Don del errante, gran dignidad y un lecho para la dulzura.

Pero tú nunca sabrás de ti en tesoro.


Los días cabalgan en los días,
porta un recuerdo de sí todo lo que se rompe,
la ciencia del collar rige a los mortales.

Pero tú nunca, unánime nunca, nunca cielo de ti.




Julieta Valero

lunes, 16 de febrero de 2015

La lentitud de los notarios








 
Esa frase es lo único que me ha sonado bien en toda la mañana. ¡Qué le puede pasar peor a alguien que está harta de ser todos los días Marta Sanuy qué que se lo recuerde una señora de su edad, pero tan circunspecta, a primera hora! Lo único que me ha gustado es que en profesión me hayan puesto “sus labores”, esa es el única escapatoria, dedicarme a mis labores.

Roberto siempre se ponía de profesión en el carnet cosas ambiguas: operador, controlador. Recuerdo a otro notario diciéndome seriamente:

-Hija mía, ¿de verdad te quieres casar con un controlador?

Ese ser tan sobrio de esta mañana nos ha hecho volver tres veces. ¡Si no llega a ser por el peluquero y la farmaceútica que eran nuestros testigos! ¡qué aburrimiento!

-Tengo un amigo notario que siempre me dice que están todos sonaos, ¡es jodido haberse pegado la juventud estudiando esas cosas tan tontas!

Ha dicho Luis Mi.

Al tercer viaje en comandita la chava ya estaba apurada. Me he sentido en la obligación de decirle:

-Anda tonta, que no es culpa tuya, que es que nosotros somos barrocos.

Y ha sonreído reconfortada, me ha recordado eso que dice María Jesús, "en este gremio no somos nada sin las puñetas".

domingo, 15 de febrero de 2015

De cuando está bien el sonido.






Otra trampa es pensar que estás en la cocina, rabiando. Que has visto a los emigrantes Centroamericanos en la bestia o a los Africanos saltando la valla y te ha dado uno de esos ataques tuyos.

-Ay, ay, ay, ayayayayaya.

Decías, haciendo aquellos ruiditos que sigo oyendo tan bien, y te estirabas en la silla, como si te hubieran dolido todos los dolores de todos los africanos y todos los centroamericanos juntos.

Puedo imaginarme que has cogido el plato y te has ido a comer a la cocina, no sin antes gritar por el pasillo

-¡Pero cómo puede ser tan miserable el ser humano! ¡Pero cómo pueden pasar estas cosas y qué sigamos cruzados de brazos!¡Algo se podrá hacer!¡al que no tiene se le quitará todo, al que tiene se le dará todo!¡esa parece la lógica de este asqueroso mundo!¡pero esos perros, habéis visto cómo se ensañan pegando por un sueldo miserable!¡mecagoenlaostia que asco!

Después de fregar-están estupefactos todos por la afición que le cogido a la fregadera, pero es que tú allí meditabas-habrás ido y venido mil veces de la cocina al salón ensimismada, cuando traigas el café y te fumes el cigarro en la silla de la esquina, volverás al tema sobre el que llevabas informada desde el punto de la mañana y preguntarás.

-A ver ¿qué han dicho estos peleles de la uno de lo que ha pasado con la gente que estaba en el Gurugú? ¡me da un miedo esa tía, con esos ojos tan claros! Yo he oído y he leído esta mañana....

La foto en la fregadera, centro neurálgico de la casa, imagino que en medio de una argumentación política rabiosa con la Mocha. La tía Aurora, otra lúcida de la misma cuerda.

viernes, 13 de febrero de 2015

A-notando.







 A mi madre

no le gustaría nada que escribiera dirigiéndome a ella, lo encontraría dramático y exagerado. Y le gustaría mucho menos que escribiera, por ejemplo:

Otra vez es domingo y no sé por qué, pero los domingos es más difícil disimular tu ausencia.


Parodiando a Borges.

Que otros presuman de lo que han sido, yo presumo de las personas a las que he podido conocer.


José María Conget

Me gusta porque me parece un novelista poco novelero. También me gustan mucho las novelas en las que retrata Zaragoza. Me sugiere que el espacio necesita desdoblarse para ser habitado del todo. Y resulta que de su obra lo que más recuerdo es la conversación de una pareja por el paseo Echegaray.

lunes, 9 de febrero de 2015

Moi aussi

Cao Guimaraes


Hoy he leído:

Las gafas descansaban sobre la alacena.
Las lámparas yacian desvencijadas

-Pero ¿cómo van a yacer las lámparas desvencijadas? Anda, anda, explícame eso que no las veo
-Pero ¿cómo van a descansar las gafas? ¿de qué?¿de tanto mirar?

He anotado.

¡El oído! ¡Qué órgano! ¡Qué cosas nos hace escribir cuando queremos hacer literatura!

Los que escriben mejor se tronchan con más frecuencia de lo que han dicho.

(No sabía si leer a Gil de Biedma o escribir chorradas, me voy a leer a Gil de Biedma, que soy ritual y le tocan estos días, además hasta en las notas se me debe notar lo bien que me ha sentado comer con la tía Emma y el tío Jacinto huevos tontos con longaniza)

domingo, 8 de febrero de 2015

Para irse lejos están los viernes.




El viernes entendí cómo estallan los recuerdos, las paranoias, los dolores encapsulados, y la importancia de adquirir destreza en su manejo para que no me invadan. También identifique las potenciales relaciónes entre el ordenador y los programas como metáfora de mi cerebro, es decir, de mi vida, y también de la vuestra. Reconocí la utilización aberrante de la palabra autoestima, otra que sirve para un roto y un descosido. Nadie está libre de contagios. Erradicada.Y supe de cómo se comporta la herencia genética y cómo me comporto yo, y nada es la misma cosa. Recibí felicitaciones, tuvimos una coincidencia plena en que hay salud en lo que entiendo por amor, hasta en el caso más sospechoso. Recibí el certificado de adulta definitiva y el redito de la apuesta por la claridad.

Todo eso en dos horas. O en treinta años.

-Yo en dios no creo pero en tu padre sí, aunque no lo conozco, sólo lo he visto una vez.

Le dije a Pilar Sopesens que fue mi alumna.

-Los coches pasan la ITV con tranquilidad. ¡Qué más natural que la pases tú que trabajas con la cabeza!

Dijo Matías cuando me dejó en la puerta.

El Azaaaaar, Javier vive en la misma vereda, dos números antes. Y fue un gusto pasar ufana y entera, más yo, a presumir ante mi maestro de serenidad, por fin. Me invitó a comer nada menos que pulpo al a brasa. Y ahí viene otro gran descubriento. El dueño del restaurante es amigo de Javier, bueno, como todo su barrio, y nos contó que su plato preferido son las alcachofas al puñetazo. Las hice ayer para cenar ¡qué gusto que te enseñe el que sabe!

-Le quitas el rabo a la alcachofa, le das un puñetazo hasta que se abran todas las hojas. Sal, aceite ypimentón. Diez mitutos de microondas y si quieres jamón por encima.

-Esto más que un plato parece una metáfora, dijo mi padre, cuando después de un buen rato llegamos al corazón, donde termina la alcachofa y pierde lo amargo.