sábado, 17 de junio de 2017

Eugenio de Andrade




Reclinas la cara en la melancolía...

Reclinas la cara en la melancolía y ni siquiera
oyes el ruiseñor. ¿O es la totovía?
Soportas mal el aire, dividido
entre la fidelidad que debes
a la tierra de tu madre y al casi blanco
azul donde el ave se pierde.
La música, digámoslo así,
fue siempre tu herida, mas también
sobre las dunas fue la exaltación
No oigas el ruiseñor. O la totovía.
Dentro de ti es
donde toda la música es ave.


Eugénio de Andrade

Versión de 
Aníbal Núñez

martes, 30 de mayo de 2017

In lak´ech/Hala ken





Inés Gimenez

"La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidubre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real" . Dice Edgar Morin.

Ayer, Inés y yo nos fuimos a un temazcal. Pocos describen esa experiencia de retorno al seno materno, porque no se puede palabrear lo sagrado, así que yo haré lo mismo. Allí descubrí que los Mayas decían que la vida empieza a los 52 años, porque los ciclos se regían por esa cifra, de modo que tu verdadero cumpleaños, el día que se repite exactamente tu nacimiento es la hora exacta a la que cumples 52. Me quedan pocos días para hacer el balance y reencarnarme. La meta de la sabiduría en esta cosmogonía tiene que ver con haber logrado que sea del todo cierto el saludo "In Lak´ech", que significa "yo soy otro tú" y su respuesta "Hala ken", que significa: "tú eres otro yo".



domingo, 28 de mayo de 2017

La poesia es un atentado celeste



Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años

Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco
Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas veces me he ido convirtiendo en
otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio.

Vicente Huidobro 
De Últimos Poemas, 1948

lunes, 15 de mayo de 2017

Doña María Zambrano decía:



La primavera es más verdad que la pobreza.

martes, 9 de mayo de 2017

¿Te basta el aire que va picando el aire?


Brillando oscura la más secreta piel conforme...

Brillando oscura la más secreta piel conforme
a las prolijas plumas descaradas en ruido
lento o en playa informe, mustio su oído
doblado al viento que le crea deforme.

Perfilada de acentos que le burlan movedizos
el inútil acierto en sobria gruta confundido grita,
jocosa llamarada -nácar, piel, cabellos- extralimita
el borde lloviznado en que nadan soñolientos rizos.


¿Te basta el aire que va picando el aire? 
El aire por parado, ya por frío, destrenza tus miradas
por el aire en cintas muertas, pasan encaramadas
porfías soplando la punta de los dedos al desgaire.

El tumulto dorado -recelosa su voz- recorre por la nieve
el dulce morir despierto que emblanquece al sujeto cognoscente.
Su agria confesión redorada dobla o estalla el más breve
marfil; ondulante de párpados rociados al dulzor de la frente.

Ceñido arco, cejijunto olvido, recelosa fuente halago.
Luz sin diamante detiene al ciervo en la pupila,
que vuela como papel de nieve entre el peine y el lago.
Entre verdes estambres su dardo el oído destila.

Cazadora ceñida que despierta sin voz, más dormidos metales,
más doblados los ecos. Se arrastra leve escarcha olvidada
en la líquida noche en que acampan sus dormidos cristales,
luz sin diamante al cielo del destierro y la ofrenda deseada.

El piano vuelve a sonar para los fantasmas sentados
al borde del espacio dejado por una ola entre doble sonrisa.
La hoja electrizada o lo que muere como flamencos pinchados
sobre un pie de amatista en la siesta se desdobla o se irisa.

No hay más que párpados suaves o entre nubes su agonía desnuda

Desnudo el mármol su memoria confiesa o deslíe la flor de los timbres,
mármol heridor, flor de la garganta en su sed ya
despunta o se rinde en acabado estilo de volante dolor.

Oh si ya entre relámpagos y lebreles tu lengua se acrecienta
y tu espada nueva con nervios de sal se humedece o se arroba.
Es posible que la lluvia me añore o entre nieves el dolor no se sienta
si el alcohol centellea y el canario sobre el mármol se dora.
El aire en el oído se muere sin recordar
el afán de enrojecer las conchas que tienen las hilanderas.
Al atravesar el río, el jazmín o el diamante, tenemos que llorar
para que los gusanos nieven o mueran en dos largas esperas.


José Lezama Lima

jueves, 6 de abril de 2017

domingo, 2 de abril de 2017

Los chicos de provincias somos así.


Estaba escarbando en la biografía ésta mañana y he enumerando los empujones vitales que me dan los amigos que tienen gallinas. Tengo bastantes, los dos de la foto, Miguel y Félix, y los anfitriones, la Mari y el Cacholas, sin ir más lejos. 

Yo encuentro muy tranquila a la gente que tiene gallinas, de veras.




Parece que nos hemos caído en una novela los de la ribera. Tenemos un montón de personajes y recuerdos en común, y cuando nos ponemos a narrar ¡menuda danza! 

Tenía muchas ganas de ver de día a los Trarutan. Cuándo volví en julio parece que me estaban esperando para enseñarme la ribera de mi pueblo, para decirme: mira, tonta, que no miras.

Y no se quedó ahí la cosa. Que luego nos bajaron una noche al submundo más salado.





Tanto mirar al tendido nos tiró el gin tonic la gallina. 

-Bueno, ¿qué me cuentas?
-¡y por qué nos vamos a contar nada!¡con la intimidad que tenemos!

Dijimos luego Miguel y yo, pero ni idea de quién dijo qué.

Cuando he terminado la enumeración de los empujones vitales que me ha dado la gente que tiene gallinas, me he acordado de esa canción.

jueves, 30 de marzo de 2017

¡Haz novillos, Rimbaud!


Silvia Camporesi


Una constelación lleva tu nombre
y Ofelia hace mil años que navega
a lo largo del Mosa: suficientes
motivos entre cientos de nenúfares
para no ir a clase esta mañana
ni viajar por los libros de aventuras
en esa biblioteca de carcomas.
Se dice igual espuma o musgo;
te es igual ir al río o ir al bosque:
(ver a los sirgadores en la orilla,
ver a los carpinteros en los claros).
Se bebe igual llanto o cerveza
por los caminos pedregosos:
(perdido en las hojarascas has visto a un fauno
que cree que has sido tú el que se ha perdido
................................................................
Cuando vuelvas a casa, ni tu madre materna
ni la ciudad asmática sabrán de dónde vienes,
ni que has ido-¡es un golfo!-a rezar tu plegaria
a la casta Cibeles entre las campanillas
para que a los obreros no les falte el aguardiente.
Aníbal Núñez

martes, 28 de marzo de 2017

TODA una Vía láctea de consideraciones





Ayer pasé la mañana con mi padre y la tarde con Georg Lichtengerg. 

Hoy voy a pasar el día con las plantitas: Los dos  son agotadores. 

Por lo menos mi progenitor me dio la razón, ¡lo aceptó por fin!

-Mira que te lo he dicho veces: papá, que no eres ni machista, que eres tonto perdido. 

Lichtengerg, que me puso a copiar, decía:


PARA buscar una cosa, la mayoría de los hombres necesita saber que tal cosa existe.

EN caso de que el destino considerara útil y necesario hacer una nueva edición de mi persona y de mi vida, yo me sentiría en condiciones de sugerirle algunas modificaciones dignas de tener en cuenta, particularmente en lo que se refiere al diseño de la figura y al plan total. 


NUEVAMENTE   recomiendo los sueños. Vivimos y experimentamos sensaciones tanto cuando soñamos como despiertos: sueño y vigilia son partes igualmente importantes de nuestra existencia. Es un gran privilegio del ser humano soñar y ser consciente de ello. Pero casi no sabemos aplicar a la facultad de soñar un uso conveniente. Los sueños son una porción de vida que forma con la otra eso que denominamos la vida humana. Pero se pierden poco a poco mientras estamos despiertos, y nadie puede decir dónde empieza uno, dónde se interrumpe el otro.
  

HABÍA pasado horas y horas tratando de tener una buena idea acerca de la Muralla China. Por último la proeza le había resultado imposible, física, moral y metafísicamente
 

NO trates de mostrarte excesivamente ingenioso para evitar que un hombre por naturaleza ingenioso perciba por casualidad que en realidad eres exactamente como quisieras que él fuera.


NO se busque un orden en este libro: el orden es producto de la reflexión. Mis enemigos emplean tan poca reflexión contra mí que, sinceramente, no veo por qué tendría yo que emplearla contra ellos.


HAY gente que cree que todo cuanto se expresa con rostro serio es razonable.


ESTA época nuestra, en la que los insectos coleccionan insectos, y en la que lasmariposas conversan acerca de mariposas .  


TAN copiosamente llovió, que todos los puercos quedaron limpios y todos los hombres,embarrados.


CUANDO hay que construir en el aire, más vale  hacer castillos que casuchas  


QUÉ distintas eran las cosas en esa época en que éramos seis meses más jóvenes.

viernes, 24 de marzo de 2017

Ganando manantiales al tumulto







Amigo Seféris:

                               Hablar es difícil
cuando restallan las palabras lejos
del taller avezado; nos caemos
a cada paso de cabeza
por querer escaldar la lengua franca.

Y es particularmente difícil
hablar de Grecia hoy,
desposeídos como nos sabemos,
cetrinos como vamos
en la tosca llanura del oprobio.
Ya no duerme Proteo debajo de las rocas
ni glosa la sirena consabida
la clara fatiga del caminante.

¡Qué lento, qué difícil todo,
                                                        amigo Seféris!
Y este dolor de Grecia
¡qué tozudo! Diríase
una proclama secular de duelo
por nuestra desmesura cotidiana.
Es fácil en cambio
dejarnos aturdir sin miramientos,
encoger los hombros
y guardarnos el ímpetu dentro de los bolsillos.
Nada tan inocente.
                                       ¿O nada tan culpable?
Porque bien sopesadas estas cosas
andamos en apuros los unos y los otros;
caiga quien caiga de cualquier manera
nadie puede lavarse
las manos en el mar Egeo.

He pensado mucho
                                      durante los últimos meses
en el sol trasvenado de Beocia,
en los asfódelos del Laurio
salpicados de plata por la brisa
y en los trabajos y los días
más frutales cuanto más amorosos
a lo largo y lo ancho de la Hélade,

pero también recuerdo la cerrazón vacía
que llegó profanando moradas y vendimias,
la turbia marcha sobre los almácigos.

¡Oh dioses idos! ¿Cómo silenciarla?
        Dormíamos; los gritos a granel
nos despertaron confundiéndose
con un ripio de sueños azarosos
y luego regresaron a la calle.

Amigo Seféris:
                              ya nunca sabré
dónde terminó la pesadilla, dónde
comenzó lo demás; aun ahora
descabezan mi noche mortecinos clamores,
historias turbulentas de reinados efímeros
y el asalto difuso de los bárbaros
prontos a sofocar
la madrugada con sus propios puños,
con el propio sudor de sus afrentas.

He pensado mucho
en los ritos más pálidos del hombre:
ese llamar a puertas evasivas
buscando soluciones al infierno,
ese nombrar la vida
con el mismo tonillo deslustrado,
ese dejar al prójimo que cargue media cruz
prometiéndole sólo completarla,
pero también hago recuento
de viejas esperanzas, treguas, naves
encaminadas a mejores días.
Tras el duelo vendrá

la hora de la luz;
                                   entonces
habrá pupilas para ver un mundo
sin ídolos de viento, sin tapujos
de sangre reseca, glorificado
por súbitos milenios de gracia general:
                                                                               Será la luz helena
que cosechamos una primavera
entre cantos homéricos
y meditaciones contemporáneas
al pie de los olivos;
                                        una luz
cuyo reflejo danza filtrando las memorias,
ganando manantiales al tumulto
mientras el orbe sigue su patética vía.
         Chispearán los afectos
   y vencerá la voz humana:
entonces nos diremos lo debido.


Jaime García Terrés