domingo, 28 de septiembre de 2014

De este lado esta semana.





Los amigos tironean suave de los hilos y yo voy cediendo. Grata cena con la prima Elisa y sus amigas, que tan bien conocían a mi madre. Parece que limpias lentejas cuando hablas con ella. Contagia el minucioso placer, casi olvidado, de la gente que conversaba con las manos ocupadas. Comida, exposición de poesía visual y paseazo con Inés, con Inés y Luis, y con Inés otra vez, antes de que se vayan a Londrés y de ahí salgan disparados hacia algún sitio más real. Y lo más sorprendente: ayer Miguel me llevó a vendimiar, a las ocho de la mañana, y luego preparó una gran comida, también convocada para que mis amigos de Torres me pudieran dar ,con tiempo, palabras y abrazos más exactos.

Puri dice que se convirtió en la chica más obediente de la tierra cuando se murió su madre.

-¡La que te espera!

Yo me pregunto qué cosas me decía la Arse que hiciera y, lo primero que me viene a la memoria, es que hace unos tres meses dijo:

-Yo cierro la puerta que tú montas mucho estruendo.

Esa era la excusa para decir la última frase. Cerró, volvió a abrir y me dijo:

-Y date crema hidratante en la cara, Marta.

Volvió a cerrar, volvió a abrir y apostilló.

-Y en el cuerpo.

Ahora también sé lo que me diría.

Alguien me recomendó que dejara de mostrar dolor, de estar necrológica, pero es que con frecuencia están reñidos mostrar y tener con ser. Como dice Concha.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Días de silencio y fotos.



Los letraheridos solemos saber el momento exacto en el que enfermamos. Es frecuente que esta dolencia venga precedida por otra, que la enmascara. En mi caso fue algo que mi madre siempre llamó, y resultaba poético, “una sombra en un pulmón”, y que me tuvo aislada en esa habitación unos meses.

Entonces los cabeza de chorlito de mis padres me trajeron: La Iliada, La Eneida, El Paraíso Perdido y El Quijote. Con letra grande y dibujos, pero aún así, ¡me podían haber matado! También cayó por allí Cumbres Borrascosas.

Pero lo más me impresionó entonces no fueron las lecturas, fue el mercurio del termómetro disolviendo un anillo. La alquimia.

No sólo las fotos traen el pasado. Me he reencontrado con mi amiga de la infancia. La muerte de mi madre me la ha devuelto. ¡Ya estamos pensando en hacer otro herbario juntas Mercedes y yo! Yo ya he empezado, paseo mucho por el parque y a eso me dedico, a elegir hojas.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Situaciones: momentos de una vida




 


Otro de los motivos por los que me gustaría ser libro es para recorrer discretamente muchas casas, claro, existe el riesgo de ser uno de esos que no salen de la estantería, con los lomos pegados a otros dos que están igual, condenados a un plano fijo y a que, de cuando en cuando, les haga cosquillas un plumero.

Ayer me devolvió Inés “El Refugio” de Eduardo Haro Tecglen, que era de mi madre. Hace unos años tuvimos uno de esos proyectos que no terminamos pero de los que tanto aprendemos ,y queríamos empezar por entrevistar a Vazquez-Montalban, pero se murió. El siguiente era don Eduardo y nosotras nos pusimos un poquito supersticiosas. Pero no hubo escapatoria, vino a dar una conferencia a Zaragoza y fui con mi madre. ¿Por qué estuvimos los tres solos en el inmensa sala tanto rato? No sé. Pero me dijo:

-Te impone ¡a que sí! eres una cobarde, acércate ahora mismo.

Y allí fuimos, yo le tenía guardado el recado de un Salvadoreño y no hizo mucho caso,pero se entusiasmó cuando le conté lo que queríamos hacer y dijo que la entrevista cuando quisiera. Nos quedamos  los tres sentados en un banco, charrando un rato.

Después de la conferencia encontramos a Almenara y a un par más de respetables y nos fuimos de vinos.Luego, por supuesto antes de la entrevista, murió Don Eduardo, y ahí nomasito suspendimos el proyecto.

Quién iba a tener ese libro sino Inés, si los libros que se van una temporada a otras casas es porque viajan en el torrente de una conversación de mucha gente. Por eso, esta tarde, me lo voy a volver a leer.



jueves, 18 de septiembre de 2014

Reincidencia Paradisiaca



Cuando le conté a Ester que estaba leyendo Paradiso puso el grito en el cielo ¡pero otra vez! Y me mandó “Pacífico” de José Antonio Garriga Vela, que me ha gustado, que está bien escrita, aunque le pasan sus cosas, y que mi madre clasificaría enseguida en el género de “novela de personajes tristes” que la irritaba.

-Para qué me voy a pasar la tarde con un pusilánime desconocido, con los que tengo alrededor.

Decía. Se dejó pendiente una conversación sobre el tema con Landero.

Yo de momento me vuelvo a Paradiso. Es el libro que le regalé a Leonardo cuando murió su madre, Sofía, el que le regalé a Dora cuando murieron sus hermanos, y a tantos, lo convertí en el libro para los duelos convencida de que contenía conjuros. Hasta que dejé de hacerlo.

Qué voy a leer ahora, a quién debo entender mejor que a este abuelo que dice:

“La muerte me ofrendó un nuevo concepto de vida, lo invisible empezó a trabajar sobre mí”

martes, 16 de septiembre de 2014

Sobre la gramática de cortinas y persianas y búhos.






 
Podría decir que el vecino me iluminó el insomnio al dejar la luz de su terraza encendida. Primero porque las hojas de la pared quedaron encajadas en las horizontales de luz como si hubieran entrado en un pentagrama y se propusieran empezar a sonar. Después porque recordé la importancia de persianas y cortinas, esas dos metáforas tan diferentes.

La persiana hace que nos veamos entrecortados, nos deja identificar los bultos y seguir los movimientos pero nos priva de cualquier certeza, azuza la intuición, como todas las visiones incompletas. Las cortinas no. Las cortinas exhiben y ocultan alternativamente, se contonean para insinuar, producen otro desasosiego, no paran de dialogar con lo de afuera y agitan el salón, mientras las persianas, rígidas, proyectan en el dormitorio lentas coordenadas de fuga.

Walter Benjamín en Hachís, Lezama en Paradiso, Cortázar: búhos persianas y tranvías, Flaubert también pone cortinas en el carruaje y que no se me olviden las persianas de la roulotte de Raymond Roussel...voy a seguir recordando y buscando: todo está en todo decía Spinoza y hay que estar en algo decía el Chele.

domingo, 14 de septiembre de 2014

+ Sobre mitología rural.


Ortega Muñoz

 

Del tanatorio recuerdo pocas cosas, a quien mejor recuerdo es a Luisita Bel, con el mismo diminutivo, pero muy mayor.

-Tu madre entró a servir en mi casa a los quince, y cuando tenía fiesta yo tenía que llevar a mis hijas pequeñas a casa de tu abuela para que les siguiera contando historias.

De aquellos ricos más cultos ella aprendió a hacer la cama como si hiciera papiroflexia, a ser una clasista, de clase baja, con rigor y elegancia, y a deleitarse, ya mayor, con la existencia de Gil Bel: se comportaba releyendo su biografía como si, por haber compartido el mismo espacio, le hubiese dejado un encargo que tenía que descifrar.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Hay que atravesar este pasillo entre la vigilia y el sueño.







Crecí pensando que este pueblo era una mina narrativa, pero un día descubrí que no era suficiente con el costumbrismo. Intuí el surrealismo cuando nos hicieron escribir en la escuela una postal para mi bisabuela porque cumplía ciento tres años. No recuerdo el texto de la pizarra, todas las postales eran de la torre de la iglesia, creo que Mosen Andrés  fue el director de la performance. Durante años fue divertidísimo encontrarse con setecientas tarjetas idénticas en la que sólo cambiaba la firma. Daban ganas de hacerse grafóloga.

Han abierto una página de Utebo estos días, qué coincidencia, como si fueran para mí todas esas imágenes del pasado, del que vi y del que oí. Además desde que se ha muerto mi madre ella tiene todas las edades, y yo también. No sólo me pasa a mí, Mapi dijo el otro día cenando:

-Yo quiero que venga mamá.

Y me gustó.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Tengo que dejar de estar necrológica






 

Lo sé. Pero esta mañana se me ocurría que en ese más allá de juguete que nos han enseñado a imaginar, mi madre bailaría una rumba con Peret y luego le diría cuatro cosas, entre ellas insulso, a Botín. Y casi nada si está el tío José María

martes, 9 de septiembre de 2014

La parte por el todo


                                                                  Vilhelm Hammershøi


Todas las casas se construyen con presencias y ausencias.
El ladrillo que se pone será un muro.
El ladrillo que no se pone será una puerta.

José María Cumbreño.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Un domingo con mi hermana



Ayer, después de comer, cuando Matías se fue a dormir, Mapi y yo bajamos las persianas, pusimos la refrigeración, bebimos cerveza y logramos un círculo imantado del que entraban y salían quienes nosotras queríamos. Llamó la Boti sin interrumpirnos, le hicimos mil preguntas, también llamámos a la tía Aurora ,y a Marí Cruz.

Un poco antes habíamos estado pensando en el reparto de sus cosas queridas entre quienes la querían. No llegan, claro. Ni mi padre puede creer hasta que punto nos enseñó a no desear nada material. Pero yo donde la encuentro con más rapidez es en su perla japonesa,esos mil matices del blanco son mi primer recuerdo. Sólo lo entendió bien Mapi, que se ha quedado con los pendientes.

Luego vino a visitarnos una prima lejana, la que relata las lavadoras que ha puesto y es como su abuela. Nos sustituyeron los mayores pronto. No podemos oír otra vez el relato chato de la muerte de la Arse, nos fuimos chutando a la cocina. Ella ya sabía que éramos unas asquerosas.