miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Qué tal de resonancias?


Dicen que con esa pregunta saludaba Lezama Lima a sus amigos, ¡buena pregunta!, la cita José Miguel Ullán en su libro póstumo Esencia y Hermosura, una antología de María Zambrano con la que, después de una noche de sueños felices, me ha despertado el cartero.

La imagen es de Ebon-Heath


martes, 9 de marzo de 2010

Programa en espiral


Para conocer bien una ciudad es recomendable coger un autobús que la tronche por el eje, de punta a punta. Mirados de punta a punta hasta los hospitales son un territorio interesante, pero nunca completamos su recorrido vertical. Aunque, yo ayer, casi.

Fui a comprar agua y bajé de la sexta, urología, a la cuarta, pediatría, allí un médico me aseguró que el agua siempre había estado en la quinta, cardiología, pero ni rastro de la dichosa maquinita expendedora. Media hora después, una enfermera, a la que le debí dar pena, me invitó a bajar con ella en el ascensor de personal, allí también viajaba una cirujana, con un pañuelo de calaveras en la cabeza, que se quejaba porque tenía una cesarea. Las dos me aseguraron que había agua al lado de los quirófanos, pero yo sólo vi a una señora, que estaba fatal, en una camilla, y a tres futuros padres nerviosos delante del paritorio, imposible adivinar cuál era el de la cesarea ni preguntarle por el agua a ninguno de los cuatro. A esas alturas y en el sótano segundo ya estaba convencida de que todo el mundo me engañaba, no podría calcular cuántos me habían mandado a otra planta, o al fondo del pasillo; al laberinto. Aquel montón de brazos certeros parecían señalar mi auténtico destino, la octava, psiquiatría, en el trayecto vi: cabreados,nonagenarios, risueños, desesperados, recién nacidos, aburridos, sociables, felices... ¡y todos sabían dónde estaba el agua! ¡menos yo!

Al final la encontré, pero eran botellas pequeñas.

viernes, 5 de marzo de 2010

Fidelidad a la felicidad denegada


Leí en algún sitio:

Siempre habrá una frase de Pindaro en la que nadie antes había reparado.

Ignoro cuándo, no estoy segura de que fuera así y no tengo ni idea de a quién pertenece pero, desde entonces, me dedico a intentar encontrar alguna de esas frases, suelo terminar confusa y renqueando, y sé que, como consecuencia de ese vicio, emitó un murmullo monótono que, sólo a veces, se parece al pensamiento.

En todo caso, no lo puedo evitar, hoy he subrayado lo que decía Theodor W Adorno de Walter Benjamin, y he anotado todas las frases como si estuvieran recién escritas y lo aclararan todo:

Su insistencia resolvía lo irresoluble: se adueñaba de la esencia precisamente allá donde el muro de la mera objetividad defendía implacablemente todo lo falazmente esencial. Dicho de manera sumaria, le impulsaba salir de una lógica que recubre lo particular con lo general o abstrae lo general meramente de lo particular.

No está más lejanamente emparentado con Kafka que con Proust. Que hay infinita esperanza, pero no para nosotros, hubiera podido ser el lema de su metafísica si se hubiera prestado a escribir una.

Todo lo que Benjamin decía y escribía sonaba como si el pensamiento, en vez de apartarlas de sí con elegante madurez, tomara las promesas de los libros infantiles y las leyendas tan al pie de la letra que su cumplimiento real se desprendiera del conocimiento mismo

El título también es un saqueo del libro de T.Adorno Sobre Walter Benjamin. Son las palabras, pocas palabras, con las que resume la gran determinación de su discípulo, una determinación que mantuvo:

como si lo convencional no tuviera poder sobre él

Después de tanto subrayar ameritaba una perdidita y me he ido a programar un palimsepsto de aromáticas con Miguel, que es jardinero, a Vinos Chueca, ese lugar acogedor que suena tan bien como se puede comprobar más arriba.

martes, 2 de marzo de 2010

La primavera vuelve, vuelve y se irá.


Estaba todo más quieto hoy, me ha parecido un anochecer de primavera. Juraría que he intuido el cambio de estación, o será que la voy a adelantar: me tocan las dos o tres semanas de traslados higiénicos, de visitar a los cheros, de paseos largos, de cambios continuos, sin prisa, pero sin pausa, promenade avec Blach de Vero, le bon cadeau.

Y como estoy contenta me he puesto a leer a Vallejo. No siempre leo a Vallejo impunemente, y también a él llego haciendo círculos.


Los anillos fatigados

Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,
y hay ganas de morir, combatido por dos
aguas encontradas que jamás han de istmarse.


Hay ganas: de un gran beso que amortaje a la Vida,
que acaba en el áfrica de una agonía ardiente,
suicida!


Hay ganas de... no tener ganas. Señor;
a ti yo te señalo. con el dedo deicida:
hay ganas de no haber tenido corazón.


La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios,
curvado en tiempo, se repite, y pasa: pasa:
a cuestas con la espina dorsal del Universo.


Cuando, las sienes tocan su lúgubre tambor...
cuando me duele el sueño grabado en un puñal,
¡hay ganas de quedarse plantado en este verso!

Cesar Vallejo Los heraldos negros

El cuadro es de Rafols Casamada

sábado, 27 de febrero de 2010

Tormenta a las cinco


Mis padres son unos adictos a la información. Me ven dos veces a la semana y me mandan callar unas diez por visita ¡siempre están oyendo algo interesante! El mundo los tiene sobreexcitados. Y no son gente compulsiva, pero se sienten partícipes de todo: del terremoto en Chile, del referéndum para la reelección de Uribe, de todos los desmanes políticos; nacionales, regionales o interestelares, y de la tormenta de esta tarde.

Con diferente intensidad, pero ese es el debate potente de la cocina. Visto desde allí el salón no es más que el averno de lo actual.

Ha sido especialmente excitante el vermouth con mis progenitores hoy, hemos escuchado boquiabiertos a Rubalcba describiendo la tormenta de esta tarde. Luego he comprobado hasta que punto llega la compenetración de esos dos, la mutua y la que comparten con el universo informativo. Se han terminado las navajas y el chorizo y ya estaban con los chaquetones puestos nada más decir la Arse

-Matías, vámonos al hiper, que este hombre tiene una gran credibilidad y no quiero celebrar mi cumpleaños con huevos duros.

Yo me he quedado pensando que todo nos parece normal, pero que pocas veces le ha sucedido a la humanidad eso de que le avisen con tanta antelación de una tormenta. Que una tormenta avisada es como una tormenta espectáculo. En fin, cosas de mi mucho mirar hacia atrás.

Cuando discuto con mi madre en serio me dice que tendría que haber nacido hace cien años.

La imagen es de Evru

viernes, 26 de febrero de 2010

28 minutos de trance



Con el hipnótico Fela Kuti

jueves, 25 de febrero de 2010

¿Por qué son caros los libros en Kiev?


Es el título del primer trabajo impreso por Nikolai Leskov, un autor no tan conocido como sus coetáneos Dostoyevski, Gógol o Tolstoi, que fue profundamente admirado por Gorki y a quien Chejov consideraba un maestro.

Walter Benjamin, en su ensayo “El narrador”, convierte a Nikolai Leskov en el paradigma de éste, entre otras razones porque el ruso pensaba que la literatura no era un arte liberal. Gran admirador de Heródoto, se consideraba artesano, como él, y escribía en consecuencia. El narrador, se sostiene en este ensayo, está a punto de desaparecer porque está desapareciendo el valor de la experiencia, que es la que lo nutre. Después de la guerra mundial Benjamin exclama:

¿No se advirtió que la gente volvía enmudecida del campo de batalla? No más rica sino más pobre en experiencia comunicable.

El proceso de desaparición del narrador ha sido lento: han hecho falta muchos siglos para que fuera relevado por el novelista, en gran medida su contrario:

Destaca la novela frente a las demás formas de literatura en prosa -fábula, leyenda y novela corta, incluso- en no proceder de la tradición oral ni integrarse en ella. Pero sobre todo destaca frente al narrar. El narrador toma lo que narra de la experiencia: de la suya propia o de la referida. Y la convierte a su vez en experiencia de aquellos que escuchan su historia. El novelista se ha segregado. La cámara de nacimiento de la novela es el individuo en su soledad, que ya no puede expresarse de manera ejemplar sobre sus aspiraciones (…). Escribir una novela es llevar al ápice lo inconmensurable de la representación de la vida humana.

Pero el narrador ha sido desplazado por otros enemigos, sobre todo por la prensa, que nos instruye sobre las novedades del orbe en lugar de contárnoslas y lograr emocionarnos:

Y sin embargo somos pobres en historias dignas de nota. Esto se debe a que ya no nos alcanza ningún suceso que no se imponga con explicaciones. En otras palabras: ya casi nada de lo que acontece redunda en beneficio de la narración, y casi todo en beneficio de la información. Y es que ya la mitad del arte de narrar estriba en mantener una historia libre de explicaciones al paso que se relata.

Dan ganas de copiar muchos más párrafos de este libro, que además tiene efectos secundarios; abre el apetito de leer a Leskov, quien, después de ese estupendo título que le he robado, escribió cuentos sobre oficios, sobre el alcoholismo, sobre la clase obrera y también sátiras sobre reyes y relaciones internacionales. Lo que fue viendo, contó.


Lecturas relacionadas

Walter Benjamin. El narrador. Ediciones Metales Pesados.

Nikolai Leskov:

Lady Macbeth de Mtsensk. Traducción de Silvia Serra y Augusto Vidal. Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias.

Lady Macbeth de Mtsensk y otros relatos. Traducción de Fernando Otero Macías. Barcelona: Alba.

La pulga de acero. Traducción de Sara Gutiérrez. Madrid: Impedimenta.

El pavo real. Traducción de Jorge Segovia y Violetta Beck. Vigo: Maldoror.

El peregrino encantado. Madrid: Alba, 2009.

Enlaces

La tormenta en el vaso: Reseña de La pulga de Acero
http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2008/02/la-pulga-de-acero-nikoli-leskov.html

Editorial Impedimenta
http://www.impedimenta.es/ficha_pulga_acero.htm

Imagen: Nikolai Leskov, retrato de Walentin Serow, 1894.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Una tontería y una vanidad


Sigo aparcando con una facilidad pasmosa en los lugares más abarrotados de la ciudad.Soy una osada, cada vez dejo pasar más huecos. Sobre todo cuando tengo el tiempo justo, entonces parece que encargo la plaza de la puerta, que me sale a recibir el lugar. Puede ser una tontería, pero es poco habitual; ¡no hay tanta gente que vaya contando por ahí que tiene muy buena suerte para aparcar!

Por otro lado me apetece contar, para creerlo del todo, que hoy me ha felicitado el maestro por una reseña sobre Poe, por escrito, después de veinte y algún año. Largo periplo. Entonces me publicaban un billete de opinión una vez a la semana en El Periódico y al quinto o sexto me entró el ahogo. Es cierto que yo era una enana para semejante encargo, pero lo que me ahogó fue que, pasada la euforia de los dos primeros, cuando llegaba el martes me sentaba al lado del teléfono, muerta de miedo, esperando la llamada de Javier:

-Puntuales ¿qué es eso de los hechos puntuales? ¿los que suceden a la hora prevista? que yo sepa puntual sólo tiene que ver con el reloj.

Pero eso era pillarlo de buenas. Lo verdaderamente jodido era, es, cuando decía que no te entendía y empezabas a explicarte.

Dejé la columna aquella y nos pusimos a intercambiar manías y a pasear. Creo que es una de las decisiones más acertadas que he tomado.

Al menos lo creo hoy, que he sido piropeada.

La imagen es de Michel Batoty

lunes, 22 de febrero de 2010

Clase de Literatura



En la época de Homero, el ojo humano era sensible a los colores muy luminosos, pero no distinguía los matices del verde y el azul. Hacia los siglos finales del segundo milenio había desarrollado sensibilidad a todo el arco iris. Nosotros ya no percibimos el rojo y el amarillo como Homero pero vemos más allá del ultravioleta. También han evolucionado el olfato, el oído y el gusto. Nadie se extasía hoy con el nauseabundo olor de los jazmines, ni escucha arrobado la estridencia barroca del clavicordio, ni prueba el pan de levadura con que se alimentan los cerdos. Estos cambios en la percepción de las cosas provocan desde hace mucho la obsolescencia de muchas obras antiguas que hoy resultan desconcertantes. Sin embargo, no faltan escritores y críticos no realistas, que en nombre de una supuesta vanguardia reivindican el extrañamiento ante lo irreal que producen las minuciosas descripciones de Balzac y de Émile Zola

Raúl Brasca Escritos disconformes Ediciones Universidad Salamanca

viernes, 19 de febrero de 2010

Sufoco





Me gusta conducir porque me gusta gritar.

Gritar es buenísimo.

Pero ¿dónde gritas?

Sólo se puede en el coche.

Iba por debajo de las palmeras de la Plaza del Portillo cuando empezó a sonar el Sufoco, una canción que no oía ni gritaba ni recordaba desde la calle la Habana. No noté el trayecto y, con mi habitual fortuna para las tonterías, ya estaba aparcando en la Plaza San Lamberto. Esperé a que terminara la canción dispuesta a desgañitarme; lo hice agusto sin darme cuenta de que dos de mis alumnas me estaban mirando. Volví a tener tres años cuando me supe descubierta.

Con canciones como esta David Byrne inauguró Luaka Bop, el sello en el que sigue editando joyas. La primera fue en 1989, cuando yo era una librera recién casada y mi casa un paraíso musical, el primer disco, al que pertenece esta canción, se titula Beleza tropical, eso lo sé sin tener que preguntarle al Google, y sigue siendo recomendabilísima, sobre todo para los que hemos decidido aprender portugués cantando.

+ cosas

Los soperos estrenan página y me hace mucha ilusión.

Ha salido otra vez el Calidoscopio, ¡ese cofre siempre lleno!