viernes, 23 de septiembre de 2011
Cesarea Evora
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Entrada 1001, sobre el presente, el pasado y el futuro, para inaugurar el otoño.

Estaba buscando cuentos del pasado en los que se preludie el futuro, nuestro presente, y he encontrado uno de Ambrose Bierce, El amo de Moxon, en el que el narrador describe, perplejo, a un hombre jugando al ajedrez con un robot.
El único error de su premonición es el tamaño, sucede; la aparición de la electrónica provocó un repentino envejecimiento de los robots: ¿quién va a querer que un robot le abra la puerta si puede abrirla con una célula fotoeléctrica?
Hay cuentos que crecen alrededor de una sola frase:
La conciencia es hija del ritmo
Es desde la que se gestó éste.
Es lo primero que he leído por la mañana y la afirmación me ha dejado feliz y pensativa:
La poesía también es hija del ritmo, según Larrea.
Por lo tanto la conciencia y la poesía son hermanas, y no paran.
sábado, 17 de septiembre de 2011
De los regresos y sus fractales.

La vuelta
Mi subconsciente no sabía bien donde se iba a despertar esta semana. Un día soñé que mi cabeza era tan grande como el barranco y me peiné las raíces. Otra noche pasé una revisión de hogueras simbólicas, algunas guardaban vivo el rescoldo después de muchos años y otras eran sólo un montón de ceniza mojada, como si hubieran sido apagadas con urgencia y demasiada agua. También en sueños recordé a Begoña, cuando éramos muy pequeñas, en el patio de la escuela, convenciéndome que los sueños dependen de donde apoyas la cabeza. Si con el lado izquierdo has tenido una pesadilla media vuelta es suficiente para soñar algo feliz, me decía cuando teníamos ocho años.
Ya entonces sabía que era mentira, pero sigo probando, como todos.
Pequeños matices.
Esta vuelta me ha hecho pensar que no tengo vida social, solo amigos. Ahora bien, no hay que contarles que eres noctámbula porque son capaces de llamar a las dos de la mañana para ponerte al día de sus regresos.
Pesadillas
Me encontré con JM, hablamos durante hora y media al sol.
-Tenemos que quedar para cenar
-Pronto tendremos tiempo para todo, ya vas a ver
Y me contó que las grandes empresas del transporte contratan a camioneros del Este por sueldos de ochocientos a mil euros al mes, y que les cobran por dormir en la cabina del camión.
Atmósferas amables
Cené con Inés y con Luis, me gustan mucho las parejas felices y enamoradas, tengo la suerte de tener muchas alrededor y emanan bienestar.
Mi accidente cromático
Siempre, desde que recuerdo, cuando cierro los ojos veo círculos amarillos que se alejan, como rodajas de piña rellenas de algo lila.
Yo creía que nos pasaba a todos, y nunca lo mencioné. Un día, hace tiempo, se lo conté a Miguel y aún oigo sus carcajadas
¿Ven los demás otros colores?
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Sobre preferencias y fantasmas

Teníamos la puerta abierta. A mí me gustaba cerrarla con llave por la noche, porque prefería que hubiese un fantasma dentro de la habitación en vez de pensar que pudiera entrar. A Jack, en cambio, le gustaba dejarla abierta. Nos lo echamos a cara o cruz y ganó él. Oímos un ruido en la puerta de entrada y unos pasos por el pasillo de la cocina
Dylan Thomas Relatos completos
Imagen Vlad Artazov
viernes, 9 de septiembre de 2011
Para la despedida de una odisea vegetal
Letra traducida
Aquí Base llamando a mayor Tom
Aquí Base llamando a mayor Tom
Tómese sus proteínas y póngase el casco
Aquí Base llamando a mayor Tom
Comienza la cuenta atrás, motores en marcha
Compruebe el encendido y que Dios le acompañe
Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco,
cuatro, tres, dos, uno, despegando
Aquí Base llamando a mayor Tom
Has conseguido dar el gran salto
y la prensa quiere conocer
qué marca de camiseta llevas
Ahora has de abandonar la cápsula,
si tienes valor
Aquí mayor Tom a Base
Estoy saliendo por la puerta
y flotando de un modo peculiar
Las estrellas parecen tan distintas hoy
Porque aquí
estoy sentado en un trasto de hojalata
muy por encima del mundo
La Tierra está triste
y no hay nada que pueda hacer
Aunque estoy a 160.000 kilómetros
me siento muy tranquilo
y creo que mi nave conoce el camino
Decidle a mi mujer que la quiero mucho,
como ya sabe
Aquí Base llamando a mayor Tom
Hemos perdido la conexión
Debe haber algún problema
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me re...
Estoy aquí, flotando alrededor de este trasto
Muy por encima de la Luna
La Tierra es azul
y no hay nada que pueda hacer...
La taberna del valle de río seco

Las casas del valle han ido creciendo adosando cuartos y cuartitos en las hondonadas de los bancales, son casas que no se dejan ver nunca de cuerpo entero, en esos laberintos vive mucha gente escondida entre sinuosos barrancos y sólo hay un modo de conocerlos, bajar al bar de doña Elena.
Doña Elena es una andaluza sosa, de eso no cabe duda, más que hablar musita, se mueve despacio y nos mira desde tan lejos como a los de la televisión, a la que no quita ojo. Otros días está habladora, y unos pocos al año, cantaora. Canta fandangos cortijeros que ella misma compone, todos llenos de odio hacia su marido que es “un taliban ajumao”.
Lo de que su marido era un taliban ajumao, en cortijero un borracho, nos lo contó hace años, el día que nos contó que el dueño del molino, que era el terrateniente de la zona, era muy bueno porque les dejaba coger las olivas cuando no tenían de otro con qué, el mismo día que nos contó como había sido el proceso de adosamiento en aquella casa y como decidió abrir un bar en medio de ninguna parte:
-Ya que tenía que aguantar a un borracho, por qué no a todos los del valle y me ganaba unas perrillas.
Lo que no imaginaba entonces era lo variada y políglota que iba a ser la clientela. Un domingo coincidimos Inma y yo con un alemán, dos ingleses, y dos chinos. La mayoría llevan años aislados por aquí y cuando hablan en español tienen acento cortijero. El domingo siguiente bajé a por tabaco y allí estaban el militar, la filósofa, Antonio, el otro vecino, con toda su familia, los alemanes, el inglés, los chinos y José, todos revueltos en el mismo corro. Ese día apareció una señora con pamela, muy divertida, santanderina, Pilar, que es la que vive en la casa del depósito rosa.
Desde que su nieta se ha ido a vivir con ella y le ayuda con el bar, Elena está bastante más despierta. Entre las dos cuidan un montón de bichos, se han convertido en las proveedoras de huevos de este lado del mundo, y preparan fiestas con grupos flamencos algunos sábados. Ha sido mi gran error de este verano no bajar a ninguna. Me lo recriminó Pilar.
-Yo no salgo de casa, pero tampoco me pierdo ni una de las fiestas de Elena. Este lugar es la asociación de vecinos del valle. Si quieres que nos tomemos algo mándame un correo. Aunque se ve a la legua que estás tomada por la garra de la soledad.
Me dijo.
Muy maja pero un poco exagerada. Al final tampoco hemos quedado.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Ole

Willi y la hormigonera del pisto

viernes, 2 de septiembre de 2011
Más acá de mí mismo y de mi par de yemas
Debajo de la parra ha sido otoño durante estos meses porque está enferma, en realidad ha bebido demasiado, no paró de llover en todo el invierno. Ahora también es otoño fuera de la parra, se acabo el desconcierto de dos estaciones superpuestas.
Viene a ser como un abrazo que ya no esperabas ponerte una chaqueta y unos calcetines.
La gran tarea de la literatura consiste en domeñar el tiempo, por eso es recomendable contar el presente al menos con una semana de retraso.
No vale hablar del otoño tan pronto.
Y el título se lo he robado a Cesar Vallejo.
lunes, 29 de agosto de 2011
+ Mapas vegetales.

Mapas vegetales.
La primera vez que fui a la oficina de Cooperativa Las Minas, en San Salvador, Mauricio, que siempre había vivido en Chalatenango, me dio por teléfono las indicaciones.
-Cuando esté en la plaza libertad verá en una esquina un palo de mango, siga esa calle hasta que se cruce con un condominio llenito de buganvillas, allí usted me tuerce a la derecha y se encontrará con tres árboles de fuego, siga rectito cinco o seis cuadras y dará con una ceiba, desde la ceiba a la derecha, ahí nomasito, estamos nosotros.
A mi me apetece dar así las indicaciones a los que vienen, pero terminarían tan perdidos como yo entonces. Este valle, estoy segura, se desgajó de Centroamérica.
Desde ayer aparcamos los coches entre una guayaba vieja y una papaya joven.
Sonidos
A la caída del sol sonaba la terraza de arriba como si cien personas se hubieran escondido detrás del Tamariz para comer pipas. Eran las semillas, que se contraían con el frío de la sombra.
Justo antes de que empiecen los pájaros, como dando la orden para que se calle la chicharra, se oyen rebaños de ovejas.
Actividades
Martín hace fotos y yo escribo notitas, no hay demasiada diferencia en lo que hacemos. Dejar mojones para la memoria.
La tranquilidad contagiosa de nuestro gentleman: es imprescindible tener el tiempo para trasladar un árbol de fuego a veinte por hora, para que no lo azote el aire.
Gonzalo dijo que teníamos muy buena cara los molineros y pensé que exageraba. Al día siguiente me encontré a Martín con la papaya en una mano y la madreselva en otra y tuve la tentación de buscar un espejo para ver si yo también pongo esa cara de potencialidad.
Cambios de orden
Con cada visita cambian muchos rituales y bastantes objetos de sitio, pero lo que más cambia son las sillas. Cuando alguien mueve una silla tenemos la impresión de que esos días es su silla y la prefiere allí, luego se van las visitas y a las sillas les cuesta un poco volver a la costumbre. Inma ordena cajones, Inge saca los ceniceros a la calle, el rubio saca barcas y motos, Mapi congela garrafas de agua, Wiep incorpora sus comidas espectaculares, Rhut y yo nos curamos las picaduras juntas y por la noche me cuenta historias africanas en francés. Martín trae otro proyector y hasta termino entendiendo una película en inglés subtitulada en holandés. También cambia el horario y el orden de las comidas, grandes cenas temprano, además los holandeses comen la ensalada de postre.
Familias.
La molinera, que se reunió casi al completo, sólo faltó la niña Blanch.
La familia molinera funciona sin fisuras, todos sus miembros tienen masters de convivencia, las reuniones son breves, casi todas las sugerencias durante ocho años han sido aprobadas por unanimidad. Cada cual pone la atención donde le da la gana. Mientras uno apuntala una viga, otro riega una lavanda y otros dos limpian “la porta” y puede ser que el quinto lea tranquilamente en la hamaca sin ninguna culpabilidad, y que las ganas de trabajar le vengan luego.
La Familia de Martín: un prodigio de sincronía. Hablan entre ellos en holandés, estupenda zambullida en un universo gestual.
Gonzalo
Articulamos, bebemos, trabajamos, nos quejamos, nos felicitamos, trabajamos, nos callamos, leemos, comemos rico.
Y hemos plantado dos laureles en una entrada, además de estar cargados de simbologías ahuyentan a las ratas. Y protegen del rayo.