miércoles, 15 de junio de 2011

La repetición y los aniversarios




Aunque Canetti dice que los aniversarios son los puntos de enlace del malentendido, los ritos tranquilizan, la repeticiones reconfortan, las íntimas y las colectivas:

Un collar tiene el cochino
calvo se queda el faisán
con los molinos del vino
los titanes se hundirán
Navaja de la tonsura
es el cero en la negrura
del relieve de la mar
Naipes en la arenera
Fija la noche entera
La eternidad
Y a fumar

José Lezama Lima

lunes, 13 de junio de 2011

Syngue Sabour, piedra de la paciencia








Con todos los proyectos ocurre lo mismo, pegan un estirón, se quedan dormidos, y el día menos pensado se desperezan.

¿Quién no se moriría de ganas de hacer radio con todas esas voces alrededor?

Ahí va ¡esa Tatiana! dándole forma a otras reseñas.


domingo, 12 de junio de 2011

Los autos de choque y la negación del viaje


He vuelto a acordarme, después de treinta y algún año, de aquella pista de autos de choque que durante el invierno metían en un pajar al que había que ir por obligación los domingos por la tarde, después del cine.

Había goteras y ahora me parece que siempre llovía, o por lo menos siguen nítidos en mi memoria los charcos de la pista, que me daban miedo porque imaginaba que nos íbamos a electrocutar. Daba tiempo para imaginarlo todo en aquel pajar animado, allí descubrí el aburrimiento, por eso no me extraña que esta imagen de la eternidad vuelva con tanta contundencia.

Me sigue dando pena casi todo lo que recuerdo de aquellas tardes; toda aquella gente con guantes y bufanda dando vueltas alrededor de la pista para no quedarse helada, las pollitas ateridas esperando que un príncipe azul las invitara a subir en su coche, que la primera certeza de que a un chico le gustabas fuera que te daba más de un golpe, que a mis primas no las dejaran hablar con chicos y a mí sí, y las fichas, gordas, a cinco pesetas, que de tanto uso ya no eran ni amarillas.

Pero ahí no terminaban mis desasosiegos, además me empeñé en que los dueños de los autos de choque sufrían mucho y eran muy pobres, tan pobres que no podían emprender el viaje. Pasé la infancia imaginando que dormían en la diminuta caravana desde la que vendían las fichas y sufría un montón cuando veía a la madre con el pelo desteñido, y la imaginaba desesperada por aquel sedentarismo tan anormal.

En mayo salían del pajar, el día del traslado todo eran ruidos de hierro. Yo aprovechaba el verano para mirar el pajar vacío.

Pasaron los años y seguían aquí. A los diecisiete o dieciocho me resultaban intolerables los ricardin. Todos aquellos decibelios enfrente de casa y la misma canción cien veces. No solo no se habían ido, no solo tenían casa de campo y mercedes, además no me dejaban ni oír el tren.

viernes, 10 de junio de 2011

La confesión



Me he hecho twittera, empecé de mirona, con la cuenta de la escuela, pero luego abrí una cuenta con cualquier seudónimo y empecé a saborear las mieles del anonimato ¡cuánto libera la máscara!

El twitter es como tener puesta la radio sin hacerle mucho caso hasta que algo te llama la atención. Se comentan las tertulias patéticas de la tele, enlaza emisiones desde las protestas, dice dónde se retransmiten asambleas, los enlaces interesantes se prodigan por doquier y además, hay días muy graciosos.

Hoy en #cupulasinexistentes hemos tenido durante un par de horas la fiesta del ingenio y la policía española ha sido declarada la policía más graciosa del mundo (hasta han explicado con todo lujo de detalles como entrar en anonymus para quien esté despistado)

Unos poquitos enlaces diversos:

Hacia donde dispara tu comunidad, transparencia informativa
La jerga, para manejarse

Otra buena frase de Javier de la Cueva :

Decir "es muy complejo" cada día es más sinónimo de "no tengo ni idea"

Y la última declaración de Anonymus




claro que cada cual se hace su twitter y tiene su internet.

jueves, 9 de junio de 2011

Elegir, irse, quedarse, mirar como crecen los frutales, y un soneto ecológico

Walter Benjamin dice que es tiempo de plantar árboles hasta que se muere tu madre.

Contando con que la esperanza de vida en la época de Benjamin era más corta a veces tengo la impresión de llegar tarde. En todo caso me toca elegir, y aunque elegir siempre me pone nerviosa, cuando dudo decido enseguida que todas las propuestas me son indiferentes, en este caso es un placer cada titubeo.

Laurel

Sauce llorón

Castaño

Abedules

Jacaranda

Kiwis

Alcaparra

Algunos pinos

Tamarindos

-¿Y te vas a quedar aquí viendo crecer los arbolitos?

-Creo que sí

-Pues yo creo que yo no

-Ándate pues, alguien se tiene que quedar mirando como crece este tutti-fruti, complementarse es la vaina. En aquel rincón voy a poner árboles de fuego para que leamos con una sombra roja cuando seamos viejas.

- Acuérdate, se murieron los mandarinos y no tenemos lima.

la foto es del Soneto Ecológico, Gonzalo lo cuenta en Articulaciones

martes, 7 de junio de 2011

+Julio Reija


La enjuta soledad del pararrayos
acaba fulminada
por la pasión eléctrica del cielo

jueves, 2 de junio de 2011

Un poema de Javier Barreiro



Vuelvo mucho a Lobotomía

El mago de Lobosán

Provisto de sus atributos
pero algo triste
recorre la noche estrellada.
Sabe que un mago sin gorro
es un pobre mago
y acaso ese emblema
no logre jamás
Pues ¿desde cuando entre los lobos
viéronse capirotes, chisteras o tiaras?

Todo deseo confunde, desordena...
y el de Lobosán no sabe
si utilizar fiereza, magia o astucia
para obtenerlo.
O seguir como hasta ahora
sin esa pauta de unión
entre la tierra y el cielo.

El chillido de la lechuza
le arranca de su desvío:
un brujo debe caer,
mas no debe dejarse llevar por el arrebato.

Sucumbe la noche

Nada hay completo.

Lobotomía Javier Barreiro, Editorial Renacimiento.


Lo que más me gusta de esa foto es que la tituló Regresando de la cascada del limón

miércoles, 1 de junio de 2011

La E-coli o de como aprovechar una alerta sanitaria.


Tuve problemas intestinales el miércoles, el jueves por la mañana mi madre llamó temprano y dijo en este orden:

-No te asustes, no quiero decir que te vayas a morir, pero ya se han muerto tres de lo tuyo en Alemania

-¿Y qué es lo mío?

-Pues un atracón de pepino.

Y puede ser grave la hipocondría, pero también es precoz, folclórica, imaginativa, y hay que considerar que el entorno me ayuda. Tres horas después llegó un correo de Ester:

“¿qué haces?”

Y le contesté más o menos:

“aquí estoy, ocupadísima esperando una parálisis renal, tengo lo de los pepinos”

Ella a esas horas no tenía ni idea de qué se trataba, así que se quedó patidifusa.

Luego hablé con Inma, le estoy dando clase de lengua a Javi ¡pobres, qué abstractas torturas! No es que sea una profe chivata, pero tenía que contarle a la madre que por la mañana el niño, que tiene diecisiete años, me había dicho que no se quería aprender los acentos porque había oído que los iban a quitar.

Aproveché para contarle mi muerte inminente y la conversación discurrió como sigue:

-¡Porque matarte comiéndote un chuletón! pase ¡pero matarte comiéndote un pepino!

-¿Y cómo te lo comiste?

-Sopa de pepino, con yogourt, pimienta, menta, ajo y cebolla. El pepino rallado, que batido se queda muy líquido

-Te lo pregunto por cambiar de receta, que solo hago gazpacho, precisamente me apetecía gazpacho pero algo en mi cabeza me avisaba: ¡déjalo, Inma! Y concretamente sentí aversión hacia los pepinos. ¡Nunca os vais a creer que adivino el futuro!

-Lo tuyo son chollos de narcoléptica, que no estás ni despierta ni dormida y después todo te cuadra

-Por cierto ¡a mi madre le encantan los pepinos! ¿Se lo digo o no se lo digo?

Yo ya estaba como una rosa al día siguiente, pero hoy parece que me quiere doler la cabeza.

¡Qué belleza de bacterias! no sabía cuál elegir, ni sé:



Esta ¿Es de Escher?

sábado, 28 de mayo de 2011

Ángel y Mari Cruz



Mari Cruz:

La historia comienza para mi cuando salté un bordillo con el Diane 6, a los dieciocho años ¡fue una catástrofe! ¡era muy alto!¡no podría salir de allí! Entonces una señora joven, de quien nunca hubiera esperado semejante gesto, se pone los dedos en la boca, pega el silbido más fuerte que he oído en mi vida y no me da tiempo ni a quedarme perpleja, porque acuden todos los chicos de la calle ipso facto y cuando me he dado cuenta ya me han sacado del atolladero.

Ese día Marí Cruz, la que silbó, me dijo con su tono autoritario.

-Ya está, vuela

Por supuesto me quedé un rato hablando con aquella madre de familia, sino no hubiéramos tenido una historia que contar, solo esa anecdotilla.

Siempre me ha seguido diciendo Mari Cruz: ¡vuela! y casi siempre le he hecho caso.


Ángel

El martes encontré a Ángel en Mercadona, entró por el pasillo de mi izquierda y salió deprisa por el de mi derecha, iba hablando con la cajera de algún error que le permitió pasar el primero. Lo perseguí con la mirada, y yo sé que aunque se hiciera el sueco hablamos:

-Y ahora tú, que nunca tienes prisa
-Espera Angelito que ya te pillaré sentado

Creo que nos dijimos. Me quedé satisfecha porque no me precipité, ni extendí la mano, ni me puse a llamarlo.


Mari Cruz

A Marí Cruz la atropelló una harley davidson cuando tenía cincuenta y pocos años. Desde entonces la han operado varias veces de las dos caderas, es majestuosa con bastón. De cara se da un aire a Chantall Maillard, aunque ella tiene el pelo blanco, muy corto. Es enérgica e irónica: es una chica cántabra.

Pero antes, antes, antes, tenía el pelo negro y una cocina que se comunicaba con el patio. Y nosotras hablábamos, hablábamos y hablábamos mientras sus hijos y diez o doce niños más descubrían lo reconfortante del círculo y atravesaban corriendo la cocina, el patio y la casa de al lado. Y también tenía unos primos santanderinos que iban a venir, y que ahora son Paz, Susana y Juan, y también tenía muy mala leche y mucha capacidad de intervención social, pero sobre todo tenía la extrañeza fresca de quién observa a otra tribu y aún sabe verbalizar meticulosamente las diferencias sin hacer juicios. ¡Vaya, una antropóloga natural!

Pero lo más raro es que tenía era un marido del que estaba enamoradísima y con el que no paraba de hablar.


Ángel

Ese edificio nervioso con apariencia de calma.

-Lo mejor y lo peor es que eres como la hipérbole de todos.

-¿Por qué tiene tanta prisa alguien que lleva veinte años jubilado y sabe que la prisa es su asesina?

-¡Pero a veces pienso que la prisa rejuvenece! Estás joven ¡no será tan malo correr! ¡Qué te voy a decir a estas alturas! ¡haz lo que quieras!

Y entonces venía la risa tranquila de Ángel.

Marí Cruz

Cuenta una historia que me da pudor contar porque la cuenta como un piropo. Ella dice que me vio la primera vez cuando tenía trece o catorce años. Dice que entré en los baños de la piscina y mi prima Miriam había abierto el grifo del agua caliente, salía el agua hirviendo, aquello se había convertido en una sauna y unas cuantas chicas le gritaban a la pobre Miriam, que se había encogido en un rincón. Mari Cruz dice que yo entré, miré, me envolví el brazo con una toalla, cerré el grifo, di la vuelta y me fui.

-¡A saber qué estaba leyendo! ¿Y tú qué hacías mientras?¿mirar?

-Tenía tiempo para observar antes de intervenir, era la mayor.

Esa imagen me parece hermosa por como la cuenta, y por sus conclusiones, y por la bronca que les echó luego a las chicas, y por el vapor, pero nunca la he recordado.

El insomnio y el vapor

Logré dormirme a las nueve de la mañana, a saber por qué ahora insomnio. A las diez sonó el teléfono, era mi madre, me acordé de aquella escena del vapor de la que no me había acordado nunca, me acordé como si siguiera soñando cuando supe que Ángel había muerto la noche anterior en la ducha. Lo primero que pensé es que tenía tanta prisa siempre porque lo que él quería era irse para seguir la conversación con Mari Cruz. Luego mi madre dijo ¡venga vamos, les tienes que dar un abrazo! y se enfadó cuando le dije que luego. Pero decidí que luego.

Y luego Mari Cruz dijó:

-No pude, Marta, ayer no pude

Lo había sacado de tres infartos

Dijó también: Ángel se ha ido, pero el amor no

Bea dijo ¡qué buen padre mi padre, verdad!

Y creo que, mientras temblábamos, las tres sonreímos muy adentro.

Luego nos fuimos todos a enterrar a Ángel, y me parecía oírle quejarse porque íbamos muy lentos y preguntar, cabreado, que a qué fin tantas flores.

Con esa sonrisa tranquila.

La foto es de un lugar en el que celebramos una fiesta estupenda y pasamos unos maravillosos días hace muchos años.

Atardecer con fondo de Chantall Maillard





-Y, sin embargo, como el deseo es al amor, como el verbo es a lo que oculta, así es la palabra a mi silencio.
Si me extraño, es al modo en que un tintero se extrañaría de la mancha que va formando la tinta al derramarse, cuando se vuelca


-Crees que tienes el destino en tus manos y el destino se pone a jugar contigo. Si esperas, te quita; si dejas de esperar, te da. Apenas crees dominar un párrafo de tu existencia, algo se divierte emborronando el texto y lo que queda, al final del día, es una pesada atmósfera que, ascendiendo desde tu estómago, se apresta a velarte la voz anudándose en la garganta. Tu voz, entonces, si logra pasar, será un balbuceo incomprensible, algo como un lamento. Si no eres capaz, a pesar de ello, de articular la palabra “confío”, sabrás que has sido vencida, una vez más.


-A veces pienso que vivo desasistida de mí y, entonces, me pregunto quién me estará viviendo.

-¿Y si no tuviese sentido la escritura? Nada más que un gesto compulsivo, una manera más de reafirmarse aquello que dice yo sin terminar nunca de creérselo del todo, ¿sería difícil asumirlo? Si todo, incluso las huellas que dejamos impresas, estuviese destinado a desaparecer como la carne, la carne que comprende tan bien nuestras emociones cuando no se lo impedimos.



Diarios 1996-1998