martes, 15 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
El retrato de Joaquín Costa

La abuela decía que lo que más miedo le había hecho pasar en toda su vida era el retrato de Joaquín Costa y, aún de viejos, le recriminaba al abuelo que se hubiera empeñado en guardarlo durante toda la guerra. Luego contaba lo temprano y lo asustados que se iban a la cama, y que estaban muy quietos para oír mejor, pero que daban botes con cada paso y no podían descansar.
-Nunca vinieron a buscar a ese hombre que tanto se pronunciaba, el porqué no se sabe, pero lo que me daba miedo de verdad, la prueba, el peligro, era el retrato-decía siempre mi abuela.
Ayer se cumplían cien años de la muerte del jurista y me volvieron a contar la historia. Dicen que cuando alguien llamaba a la puerta lo primero era descolgar y esconder a Costa y que, pasado el peligro, el abuelo lo volvía a poner en su sitio. Mil veces los he imaginado subiendo las escaleras de granero para meterlo entre la paja, bajándolo con un cubo al pozo, o metiéndolo detrás de un espejo.
Y es un placer escuchar la misma historia con el mismo retrato, la misma lámina amarillenta que tantos tumbos dio, presidiendo.
viernes, 4 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
Del emplazamiento de las capitales y las grandes ciudades sobre el mapa del abismo.

martes, 1 de febrero de 2011
A la recherche del éxtasis de la razón
“Ambas contradicciones se dan siempre, formando un tiro de cuatro caballos: uno ama a alguien porque lo conoce y porque no lo conoce; y lo conoce porque lo ama, y no lo conoce porque lo ama. Y, en ocasiones, se acrecienta esto de manera que se hace sentir con fuerza. Son los conocidos momentos en los que Venus mira a través de Apolo y Apolo a través de Venus hacia una sombrerera vacía, sorprendiéndose sobremanera de haber visto allí antes otra cosa. Y si el amor sigue siendo más fuerte que la estupefacción, se llega a una lucha entre ambos, y, en ocasiones, sale triunfante el amor, si bien desesperado, agotado e incurablemente herido. Pero si no es tan fuerte, se desata una lucha entre las personas; vienen las injurias, las llamadas para reparar el haber sido uno tan ingenuo..., las terribles irrupciones de la realidad..., las infamias hasta el paroxismo.
Él había tomado parte en tales tempestades de amor con la suficiente frecuencia como para poderlas describir tranquilamente"
Robert Musil El hombre sin atributos Vol IV
viernes, 28 de enero de 2011
Es una canción árabe
jueves, 27 de enero de 2011
Los dos optimismos
miércoles, 26 de enero de 2011
Ensayando para ensayar

Una vez convencida me he acordado, inevitablemente, de una conversación de octubre, cuando el Rubio me dijo ¡con todo ese impulso nórdico!
-Asume tus responsabilidades, escribe
Y fue terminar su frase y levantarse un aire que hizo volar, no sólo los vasos, también la botella de Veterano que estaba llena. Y no supe qué pensar.
Luego mi cabeza en el exterior me sugirió en una conversación de chimenea.
-Sólo tienes que seguir, y contó largo y tendido: 1, 2, 3…
Antes de tomar la decisión del todo he leído un ensayo sobre el ensayo. Teodoro Adorno dice exactamente lo que quería oír en El ensayo como forma
Me ha convencido, puedo asumir el pensamiento como tanteo El ensayo como prueba. Sobre todo acompañada de un hombre sin atributos.
Y allá voy, si algo proporciona Musil es higiene mental, además, como decía el Chele: “hay que estar en algo”
Las manos son de M.C Escher
viernes, 21 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Y a veces somos una en algún sitio. Acabaremos juntas

O bien, convidando a la cinéfila.
Rescatar a la cinéfila no es fácil, la encontré tan encogida y amnésica como había encontrado a la melómana o a la que una vez se escapó, una buena temporada, a la filosofía. Era bulímica la cinéfila, la recuerdo perfectamente, y el entorno, ya lo dije, no la ayudaba.
No hay actitud más suicida que atiborrarse, de lo que sea, pero para convocarla tenía que preparar una suculenta sobredosis. Para primero cine francés, adoraba las películas en las que hablan sin parar (o la inocencia francesa). De segundo plato le puse a Lars Von Trier: Europa para hacer memoria, luego Dogville y Manderlay, que estimularon muchas de nuestras contradicciones. De postre, día y medio después y con gripe, íbamos a volver a ver Simón del Desierto, pero se cruzó El Apartamento de Willi Wilder en la tele.
Hemos pactado las dosis. Hay un día de música aquí, bien le puedo conceder un día de cine, ya le he explicado que no se trata de abrir cajoncitos con información, que eso ya no nos hace ninguna falta, es más bien la suma de poquitos de la que hablaba Lezama, la potencialidad de lo que se intenta ordenar para descubrir que la secuencia es siempre otra lo que busco.
Se portó bien, dejó dos notas breves para inaugurar esta sección:
-Dogville y Manderley: películas contra la caridad, contra la aspiración de santidad, contra la acción mal entendida. Como Viridiana. Necesarias.
-El Apartamento y Viridiana terminan igual, con la pareja protagonista jugando a las cartas, es inolvidable como dice Paco Rabal “primita, vamos a jugar al tute”.
¿Es posible que fuera sólo una metáfora sexual? Yo creo que no, hay más tomate simbólico en esas dos partidas, menudos eran Buñuel y Wilder.

