miércoles, 1 de septiembre de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
Semanas en el jardín

Hago lo que hacían los que tenían casa en el pueblo, dedicar las vacaciones a limpiarla, a enjalbegar, a investigar por donde se coló el ratón e intentar desterrar a las hormigas. Si fuera un poco más animista tendría el ego inflamado, desde que me he quedado sola y en silencio, bandadas y bandadas de pájaros se arriman al anochecer. Además: un gorrión entró mientras estrenaba la bañera y logró salir de ese bunker sin tropezar, dos perras de Julio, el vecino, se han venido a vivir conmigo, y lo último que vi ayer fue una rana diminuta, en la cocina, dándome las buenas noches.
Del mismo modo que otros no conciben los proyectos colectivos, yo no concibo los individuales ¡me moriría de angustia si esto tan grande fuera sólo mío! Además no tendría sorpresas a la vuelta, por aquí sucede que cada socio se obsesiona con un rincón y no para hasta conquistarlo. Coincidí con Martín una noche, hablamos de obras, de alarmas y de su trabajo, pero sobre todo de flores, llegó el momento de las flores y no pensamos en macetitas ni en arrietes, calculamos lomas enteras y barrancos, detrás de la casa Jazmín, en el rincón recién descubierto Jazmín y Glicina, blanca y azul, y desde la Glicina, Parsiflora, en la cuesta de arriba la Buganvilla, que es una planta con buena fama pero muy marrana y atrae a todo tipo de bichos, tiene que estar lejos. Aún no sé que hacer con la Hiedra roja que José se niega a poner en la fachada de atrás...
En los proyectos colectivos hay inteligencia colectiva, María Jesús que tiene desde hace treinta años una casa en el campo dijo tres cosas:
-Si el hombre que cuida el huerto decide que algo se va a morir, se morirá. Todos los hombres que cuidan huertos y jardines tienen siempre razón y si no la tienen la provocan.
-En esta casa necesitáis urgentemente una aspiradora, mañana vamos a comprarla, yo os la regalo.
Luego exclamó en Frigiliana:
-¡Si no veo un barranco de jazmín no lo creo! ¡Vamos rápidamente a un vivero! ¡Y yo que creía que exagerabas!
Lo de la fachada traía cola, durante ocho años yo he dicho muchas veces: - ¿Y si pintamos la fachada? A lo que mi interlocutor, fuera quién fuera, siempre respondía levantándose de la silla, golpeando la pared por abajo con los nudillos y, cómo si con aquel sonido a hueco la casa hubiera respondido que no, que no quería que la pintaran aún, el intérprete negaba con la cabeza y aseguraba enérgico: ¡Antes hay que sanearla! Al final todo quedó en que después de un rato de rasqueta aparecieron rojos y verdes pompeyanos. Luego, con el primer brochazo blanco me desdoblé: ¿pero cómo iba a imaginarme yo el futuro encalando fachadas y oyendo flamenco y a la chicharra en Andalucía?
Se me chupó un buen trozo de vestido la aspiradora y por eso soñé que se me tragaba entera, terminé en una bolsa, rodeada de cadáveres de insecto y un amasijo de telas de araña. Las pesadillas son menos si al despertarse sigue ahí la yuca o izote.
Grandes avances hacia el pasado, no sólo hago cada vez más ordenado el fuego, ahora también fabrico hielo en cacerolas y me aseguro todo el día agua helada.
(y tal es mi obsesión con que todo lo bebestible esté helado, en invierno y en verano, que la otra noche me desperté, rellené una botella de tónica y la metí a la nevera ¡a qué tipo de persona se le puede ocurrir semejante desatino a las cinco de la mañana! Al día siguiente Gonzalo nos preparó ocho gin tonics, dos sin agua)
II
Lola, la perra tuerta por agresión de pato, se ha vuelto loca por Curro, el perro de Ana, y ha pasado la noche rondándole la ventana, eso sí, se ha puesto una almohada para estar cómoda. Mientras el otro lloraba en el alfeizar y despertaba a Ana o a Marisa para que le abrieran. En el desayuno ha ganado la sensatez campestre y su protectora ha cedido. Se han ido a la playa pero me han dejado con la algarabía descontrolada del reencuentro canino en el porche. La perra es de Julio, que baja a buscarla con su corte de animales, pero la Lola nada, ni los dogos, ni los caballos, ni las águilas la arredran. Supongo que hay otro motivo para que prefiera ésta casa: aquí no hay patos.
Durante unos días hemos convivido representantes de todas las décadas, desde los veinte hasta la de los cincuenta, por pelos se fue la de sesenta. Las de a partir de cincuenta se quejaban porque las de veinte les decían mamas, se quejaban pero no dejaban de partir pollo, preparar ensaladas, y estar en todo. Sin la presión del parentesco suelen fluir bien las relaciones, luego iban comentando largo y tendido de dos en dos. Hasta oí a esas maduritas reírse a carcajadas cuando Ana dijo: pero ¿por qué nos molesta? Es verdad, podríamos ser sus madres y además actuamos como tales.
Como en Paradiso: “toda la casa se puso al servicio de la abuela Munda”, aquí todos nos pusimos a preguntarle cosas a Marisa. Mama china pasa la semana respondiendo a cuestiones tan dispares como: ¿Están listas las brasas? ¿Cómo se cierra el candado? ¿Cuándo se ponen las plantas? ¿Me tomo hoy alguna pastilla? ¿Han comprado vinagre? ¿Cómo saco la bombilla? ¿Me recomiendas yoga o tai-chi? ¿Le habéis echado sal? ¿Queda vino ecológico? ¿Has visto el carretillo? ¿En que va a terminar la crisis? ¿Por qué no se traga el suavizante? ¿Cuántos años tiene tu hija? ¿Es inmoral tener bañera? ¿Cuáles son las urgencias más frecuentes en tu centro de salud? ¿De qué es esta picada del pié? ¿Cómo se llama esa estrella? ¿Tú qué harías si fuera tu perro? ¿Pero podrán?
Escarpa, el único hombre de la casa, esta perpetuamente desaparecido.
-Sanuy, nos reuniremos al atardecer
Me dice ceremoniosamente, durante la comida
Pero llega el atardecer y no lo encuentro. Empezaba a preocuparme que se hubiera aislado en la habitación, pero no, lo suyo es intuir y se nota, está domesticando el rincón, la parte recién conquistada, y nos reunimos allí. Claro. Pudiendo inaugurar se inaugura.
Mientras Marisa ha liberado un carretillo y puesto en marcha un operativo de limpieza: en pocos minutos el porche queda impoluto.
Martín quiere unas campanillas azules en la fachada, lleva años hablando de esas campanillas azules, también quería salamandras y han llegado, parece que no son recomendables más trepadoras porque competirían con la parra, no se puede hacer nada que perjudique a la parra, son imponentes estos 130 metros verdes desde abajo y desde arriba (acabo de saber cuanto mide para elegir el terrazo). Buscando alternativas se nos ocurrió que Paloma pinte las campanillas en la cerámica del lavadero, ya está todo listo, y tenemos un pájaro precioso para el grifo.
Estuvimos viendo estrellas fugaces, ya no puedo dejar de bromear:
-me pido un microondas
Les miento cuando cae una gorda.
Las noches de gran estrellada no vimos ninguna, estaba nublado, parece que este año no tocan deseos chiquitos.
viernes, 30 de julio de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Gazpacho de memoria, sin libreta

Preguntas pendientes para Amanda:
¿Qué es un retardador de cuerpo? ¿por qué una individua de 19 años necesita una crema que se llama retardador de cuerpo? ¿qué llega antes que el cuerpo si utilizas esa crema? y ¿a dónde?
Al hilo de la pregunta para Amanda:
Me corté el pelo siendo bien pequeña porque no soporto el dolor, y el pelo duele, al menos aquella mata desorganizada y tupida. Los tirones siguen siendo uno de los peores recuerdos de la infancia, ese dolor pequeño y repetido, obligatorio, desquiciante, pero aún así me dio tiempo para hacerme algún moño. Llevando uno descubrí unas orejas enormes en el espejo que no podían pertenecerme. Cómo una golosina metamorfosica, cómo un bebedizo, encontré entre los potingues de mi tía una crema para disimular las orejas y me las embadurné. Era para las ojeras y parece un chiste fácil, pero aún así no me he quitado la desconfianza, ni con semen de galápago virgen me persuaden.
Yo ya estaba superada por los recuperadores de rizo y ahora esto del retardador de cuerpo me tiene plipada.
Me cuenta mi madre:
Se ha despertado tu padre en décimas de segundo, no como siempre, me ha mirado con ojos de culebra y me ha dicho
-No sé como puedo tener una hija así, es igual que tú
-¿Cuál?
Le he contestado. Y parece que le he ganado la batalla, se ha dado la vuelta y se ha vuelto a dormir.
Un niño a otro en el parque después de un empujón:
Cuida que soy un ser vivo
Y los premios por otra semana tórrida en Madrid han sido
muchos y todos bien conversados, pero fue buenísima la cena con Gonzalo y Blanca, plática lúcida y sin embargo risueña, rica en matices, nada maniquea teniendo como reto al personaje y el país más conflictivo del momento. ¡Qué rico que te cuenten dos buenos observadores templados lo que ven mirando con atención Venezuela (desde allí) y qué fino el análisis sobre el poder narratológico de Chavez ! Luego hablamos sobre todo lo demás, y ya nos resultó hasta fácil.
También tuvimos una fiesta de celebración no-proyecto
Lewis Carrolliana y premolinera.
sábado, 24 de julio de 2010
Esencia y Hermosura

martes, 20 de julio de 2010
Sábado

Mi madre suele decir cuando la piropean:
-El que madrugue por verme ¡qué poco sueño tendrá!
Y a mi me encanta esa enérgica modestia, luego siempre me acuerdo de esa frase cuando quedo para
desayunar tempranito, una buena costumbre de adquisición salvadoreña.
Quedé a desayunar con Susi, o María Jesús (depende de qué etapa de su vida hablemos y con quién se
llama de una manera) y volví a comprobar que a esas horas de la mañana se mezclan las hondonadas
mentales de la noche anterior con hilachas de sueño, pero ya hay borbotones de oxigeno iluminando los
bajos fondos y aromatizándolos con salvia, menta, albahaca y otras hierbas de ese histórico jardín.
Cuando hicieron la casa era como una prótesis extraña que le había salido al campo, se perdía la
mirada, alrededor de aquella planicie sólo había dos topes: la torre y el castellar. María Jesús plantó
árboles: muchos chopos, manzanos, perales y ciruelos, pero los árboles no fueron lo único que creció en
estos 30 años, también crecieron los edificios alrededor ¡es una obsesión en este pueblo tapiar el
horizonte!
-Lo peor fue cuando subieron aquellos dos pisos más y dejé de ver la torre, me dí cuenta por el camino y
no paré de llorar en toda la tarde.
Me dice cuando damos un paseo para ver el huerto y recoger las ciruelas del desayuno.
-Te voy a contar cosas que igual sabes pero te las voy a contar hiladas, últimamente tengo una especie de
clarividencia sobre mi pasado, han empezado a tener sentido y contener explicaciones muchos hechos
que aislados no conseguía interpretar.
Y cuenta y cuenta, haciendo bolillo de semanas, eso fue en lunes, pero el miércoles, y cambiamos de año
y de mes, no hay prisa y no vamos a olvidarnos, ni ella ni yo, de nombrar con exactitud la conclusión de
aquel lejano viernes pendiente, no se nos lleva a nosotras una volada de aire digresivo.
María Jesús se viene conmigo de vacaciones, y no hay nadie que estimule más mis glándulas narrativas.
Luego nos fuimos a Pirineos Sur y bailé hasta de capirote, disfruté una barbaridad de la chaqueta y de los
gin tonics con hielo de gasolinera. Estuve mirando para ver si caían estrellas fugaces, pero nada, sólo
aviones vi, me tengo que preparar para las noches molineras de lluvia de estrellas y de desear hasta el
hartazgo, de irme a la cama aborrecida de deseo.
Rachid Taha, gran músico por encima de su leyenda de polémicas, dijo:
Si la musique est la chose unique qu'europa peut traverser sans des difficultés, Europa de l'époque et ses
pays sont une merde
Et je suis d´accord.
Ni te vas de pronto ni vuelves de golpe. Cuando me aburro en algún sitio siempre pienso que me estoy
aburriendo lo suficiente, el tiempo que parece de más aporta la dosis suplementaria, la que hace que
lugares, gestos, olores y gentes se anclen en la memoria. Se vuelve poco a poco y eso, que fue una
certeza durante el desayuno en casa de María Jesús, volvió a confirmarse luego, cuando terminó el concierto,
volví la cabeza y vi a Javier Losilla. La misma persona a la que veía al volverme en todos los conciertos desde los
19 años.
Hay días en los que es más agradable seguir volviendo.
jueves, 15 de julio de 2010
Rachid Taha

miércoles, 14 de julio de 2010
Abstracciones gansas de la libreta

viernes, 9 de julio de 2010
Trucos para atravesar la canícula
Alejandra, la sobrina de Inma, que tiene once años, ha sido el regalo inesperado. Se escucha con tanta atención a las tías que las tías, sabiéndose escuchadas, no pueden evitar abrir el cajón de los zapatos, subirse a tacones desde los que recuerdan los peores vértigos, bajarse a unas chancletas, comprobar las sandalias de cada fiesta, ascender a viejas plataformas y, sobre todo, llegar hasta las zapatillas de seda de una noche de boda que no merece ser adjetivada, muchísimo menos hoy que, gracias a la carcajada de tía y sobrina, irán por fin al basurero.

