
Dejé de pensar deseos cuando habían caído doce o trece. Me di cuenta de que estaba repitiéndome, pero resultaba difícil esquivarlas, cayó otra y pedí una bagatela; para evitar repetirme o para que algo, aunque fuera diminuto, se cumpliera. Sin darme cuenta luego pedí otra cosa menuda, y otra, y otra, y seguí allí sentada hasta que, ofuscada por tanta quimera innecesaria, cuando habían caído treinta y cinco o treinta y seis estrellas, me fui a la cama.
La imagen es de Su Blackwell
4 comentarios:
Yo tengo muchos deseos, pero pediría, una visita, aunque fuese breve, a la España de la sangre.
Muy bueno.
¿Pediste que saliera un buen relato?
Te lo concedieron.
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