lunes, 6 de agosto de 2012

Más semanas en el jardín






Me desperté pensando que todo había sido mentira.

Durante el café decidí dedicar el día a averiguar qué significaba todo y qué significaba mentira en esa frase.  Hay que poner a ralla esas agrupaciones recurrentes de términos que sólo pretenden cambiarme el estado de ánimo. El lenguaje, a estas alturas de nuestra relación, no debería intentar deprimirme con generalidades chocarreras.

El tamaño de tres U-topos

1000 metros
500 Manzanas
1.6 Hectáreas

Los mil metros de la ponderosa, las quinientas manzanas de tierra que David pago y puso a nombre de la comunidad, el molino.

Visitas

Después de días y días sola podando y podándome, (ya que lo hacía física aproveché y  también metafóricamente, si a las plantas les sobran ramas viejas no digo a mí), llegaron Zoe y Yeray. El niño tiene ocho años y es un colmo de delicadeza, yo diría que padece un exceso de educación. La madre le cambia adivinanzas y ratos de lectura por ratos de la maquineta esa. Me gusta oírlos de fondo, además sé que en cualquier momento puede saltar la chispa, y salta:

-Mamá, ¿cuándo salen los dientes de oro?

Lecturas

María José trajo la biografía de Kafka de Citati. Voy por la mitad. Paro cuando me dan ganas de irme a Praga y a principios de siglo para darle al mejor de los autores una colleja antidubitativa, aunque con eso privara a la humanidad de su gran obra.

También leo, pero muy despacio, a Svetislav Basara, eso fue recomendación de Jesús en su blog. Degusto lentito su capacidad para saltar de vacío en vacío con tanta gracia

Luego están los poetas, que se han quedado en mi mesa jardinera y me acompañan en los riegos.

La foto 

La hizo Gonzalo. Nos visitó después de cenar una mantis que posó tranquilísima para cuatro cámaras un buen rato.
  

viernes, 3 de agosto de 2012

Explorando el aire



En cada curva cambia la emisora de radio. El tiempo justo para captar cuatro o cinco frases o unos cuantos arpegios, y enseguida a otra curva y a otra cosa: a un concurso absurdo, en el que regalan un fin de semana en un hotel, lo invade una canción de The Clash, que rápidamente es sustituida por un informativo en el que sólo tienen tiempo para rezar dos sobresaltos porque cruzo un túnel de esos que tienen las autopistas en las patas, y salgo de allí oyendo a Karina.

 El alemán, Udo, sólo me ha dicho que siguiera hacia arriba desde mi casa, pero no me ha aclarado si desde el camino o  desde la carretera. Como sólo he subido tres o cuatro veces a Peña Escrita elijo el camino. En apenas cinco kilómetros se abandona el trópico, van apareciendo pinos y olivares y, casi al final, cuando ya se ve sierra nevada y el mar, se queda un buen rato fija radio clásica y a lo lejos veo a un paisano haciendo un muro de piedra. Como todos los hombrecillos auxiliadores que aparecen de la nada  para ordenarme las carreteras, me dice que voy de culo, que no me entero de nada, y me manda a la casilla de salida.

En El Salvador trabajé una vez en esto, viajábamos averiguando qué emisoras invadían a las otras y midiendo cuanto. Lo único que había que hacer era manejar suavecito paseando un aparato que registraba al milímetro las fronteras del aire.

Busco al alemán porque ayer regué también el router y me quedé sin Internet.  Por fin tengo un motivo para conocer el valle de al lado, que es parecido a este. No veo un alma pero la gente está y el primer ser humano que encuentre sabrá exactamente dónde vive el alemán de Internet.

-Pero no son alemanes, son ingleses

Discuten la madre y el hijo que aparecen en la penúltima indicación “casa al lado de un corral de cabras”.

Cada vez tengo más curiosidad por conocer a Udo. Las emisoras se dejan de interrumpir porque ya estoy muy arriba, paso a otro calidoscopio: cómo nos vemos, cómo los vemos, cómo nos ven, cómo nos mostramos, cuánto nos ocultamos, dónde se ocultan.

Me vuelvo a casa con el router nuevo. Y es distinto el molino con ondas y sin ondas.

La music es la banda sonora de Dead Man de Jarmuch, uno de los placeres enormes de esta semana. Vienen bien las ondas.

viernes, 27 de julio de 2012

Unas colombianas, que es viernes




Mi abuelo de padre, al que no conocí, era de Málaga. Exportado a Aragón parece ser que encontró más espacio para las saetas que para las alegrías. Quien lo oyó dice que cantaba como los ángeles. De ahí viene la tradición  del flamenco en mi casa. Algunas veces nos vamos los cuatro a un concierto. No deberíamos llevar a mi madre, que disfrutar, disfruta, porque ella es de su natural disfrutadora, pero no se entera de nada. O, mejor que restar, sumar a la Tía Pili, que anda enamorisqueada del Poveda



Redacción sobre el domingo pasado





El domingo madrugamos más, habíamos decidido bajar por la mañana a la playa y dejar las clases para la tarde, pero nos sentamos a desayunar y dos horas después hubo casi unanimidad, sólo Santiago y Lola se fueron, nosotros seguimos desayunando, y desayunando, y desayunando, y leyendo textos, y comentando citas, y contando chistes, y contando historias, y analizando costumbres aragonesas y salmantinas (Celia, buena narradora, buena observadora, es salmantina). Llegamos a la conclusión de que los usos y costumbres en orden moral son mucho más progresistas en nuestra comunidad, y todo gracias a una de nuestras exclamaciones favoritas: Bahhhhh. Maria José quería disentir, me gustan los polemistas, pero Pilar, Eva, Zoe y yo entonamos una loa al Bahhh y no la dejamos (hay una versión más terminada del mantra: “bah, no será pa tanto”)

Luego se levantó Gonzalo, la señal de que los demás pasamos al vermouth, y un rato después a la paella de Zoe, y al café, y a los Gin-tonics. Con el segundo nos empezamos a extender por la porta, en las hamacas, en la otra mesa, Gonzalo se fue a su silla, pero la conversación seguía aún a esa distancia. La sobremesa política heavi metalera fue derivando hacia lo platónico con el tercer gin. Sospecho que fue entonces cuando a María José se le convirtieron las hamacas en paréntesis.

Es difícil saber cuándo empiezan o cuándo terminan las clases, casi imposible adivinar dónde se imparten y quién las imparte. Con gente así siempre se está aprendiendo.

Sobre las ocho se me ocurrió decir “patatas asadas” y salimos disparadas a por leña, de paso encontramos aguacates altísimos, y Pilar, siempre rauda, los transformó en cucañas:

-Dale, piensa que es el ministro de educación

La jaleábamos, y el aguacate caía. Y cayeron por lo menos media docena.

También encontramos un aguacatero acogedor para sentarnos dentro a contar más cosas. Y subimos del huerto (que este año no hay)  cantando jotas castellanas y aragonesas. Por supuesto para las patatas no había tiempo, pero para una cervecita en el bar sí. Y allí que nos fuimos, cantando, nos lo debió notar doña Elena, que se sentó con nosotras y se arrancó con unos fandangos cortijeros y dos o tres de El Cabrero. Pudimos salir de allí porque nos despertó Pilar, una de las pocas personas a las que la profesión sustituyendo al apellido, es maestra, le sienta como un guante.

Entonces sí, después de cenar hubo clase. La primera de muchas que daremos juntos Gonzalo y yo.


Más tarde todos se fueron ensimismando y mi compi me leyó otra vez el tarot, es una lectura que utilizamos como disparadero, por si quedaran obstáculos en  los canales nuestra la intimidad.

Quiero agradecerle estos días a todos, a Juanma, que tenía la cocina siempre como un oro y tiene el secreto del tiempo, a Pilar y Juanma en comandita, compartiendo preocupaciones y profesión desde hace 27 años, se encuentran pocos equipos matrimoniados así. A Lola, que soportó estoicamente mis minutos de muñeco diabólico y me cuidó cuando menos lo esperaba. A Santiago, que hizo un montón de compras, un montón de fotos, y encontró un huequito una noche para hablar de sí mismo con nosotras. A Maria José, que habla, y se ríe, y se compenetra, y polemiza, y acompaña, y  escribió el diálogo entre la yuca y el chirimoyo el día del incendio. A Zoe, que se reveló como poeta,  que vive dentro de un rico silencio del que extrae  palabras exactas. A Celia, que llegó el viernes con noticias del exterior: un policía le había pedido que le pintara con el carmín la identificación del casco en una manifestación, no tenía y entonces el señor dijo: “no importa, es igual”. A Celia, por reírse tan bien, terminar de aclarar el jabón de vasos y cubiertos cuando friego y ser tan buena adivinadora.

Pero me dejo una gran prenda para el final. Muchísimas gracias Eva. No voy a decir cosas tan horribles como que eres una gran logista. Ese palabro tiene origen militar y deberíamos evitarlo. Porque la poesía es llamar a las cosas por su nombre, entonces venga: hacedora de armonía en las esquinas difíciles, te vamos a nombrar. No puede usted imaginar el alivio que significa trabajar con alguien que tiene la parte del cerebro que te falta y a quién es tan fácil querer.

Y a Gonzalo, claro,por decirle a Eva que conmigo no hable de dinero que me pongo mala. Yo también oigo todas las conversaciones niño.

 A Gonzalo siempre, por la libertad y la confianza.

La foto saturada por María José es de la noche en que me secuestraron dos parientes holandeses y me llevaron al mejor restaurante de la ciudad.

jueves, 26 de julio de 2012

Antes de la azada


El lunes, cuando se fueron todos,  bajé sin querer a la civilización. Cuando volví tuve la impresión de que estaba recién llegada. Fue un gusto enfrentarse al caos porque reordenar, limpiar, es dialogar con la casa, y tenía esa conversación pendiente desde hace casi un año, además no tenía nada mejor que hacer.

Hasta ahora sólo he conquistado el ala norte. También he lavado muchísimas sábanas que no paran de aletear. A veces creo que el patio y yo vamos a salir volando.  Este porche le hubiera encantado a Buñuel que adoraba la ropa tendida.

El miércoles bajé a la civilización otra vez, a por plantas y herramientas.

En el jardín cada plantita emite metáforas, no son todas hermosas. Llevo dos días evitando estrangulamientos: la parra se enrosca en el  jazmín y la ipomea, que se defiende. Como no cambie la dirección de su desmesurado crecimiento, la estoy ayudando, José la matará de sed, que es como mata el José. Ya advirtió. La duranta se asfixia de hierbajos. A la flor de la pasión, a la roja, la cerca un ejército  de heterogéneos enemigos.

Gonzalo me hizo un diagnóstico jungiano teatralizado sobre esta pasión de quitar hierbas la noche que llegamos, y aunque todas las carcajadas son buenas, esas son las que prefiero de esta semana.

Como diría Ester este blog en verano parece un blog de jardinería. Pero Blanca siempre dice que nunca me ha visto tan feliz como cuando juego con la tierra. Antes de este compartimos varios jardines que, ahora lo sé, eran un ensayo: el de Ayutuxte 44, el de la San Antonio, y aquel tan efímero de Ámsterdam: lo pusimos por la mañana en el patio de la casa y por la tarde bajaron dos vecinas para decirnos que lo quitásemos, que era horrible y  que hacía daño a la vista. 

En el campo se tiene, todos los días, la certeza de haber terminado una tarea infinita, para celebrarlo por las noches preparo fuego.  Y al día siguiente vuelta a empezar.

Ayer puse en remojo la azada, se tiene que hinchar la madera, en cuanto baje el sol empezaré la con la selección de los motivos, de las escenas vivas sobre las que debo escribir. Por ejemplo la cena con el rubio, que versó sobre las dificultades para ser ser pesimista y alegre. Porque como diría mi nunca bien ponderado Gonzalo “la tristeza es justo la alegría del enemigo” Y también porque hay que intentar siempre lo más difícil.

La foto, también la de abajo, son un regalazo de Celia, esa bien hallada salmantina.



miércoles, 25 de julio de 2012

La soledad debería ser esto.



Tengo  skipe de trabajo con Esther y Eva mientras tiendo las sábanas de todos estos días. Luego atardece, y se posan en la cuerda dos o tres pajaritos tan tranquilos como si nunca hubiera habido nadie.



miércoles, 18 de julio de 2012

Vestigios del infierno y un primer plano desde el paraíso



El incendio nos llegó hasta el lindero, lamió las plataneras, quemó el Tamarit que a la caída del sol hacía que sonara la terraza de arriba como si cien personas se hubieran escondido detrás para comer pipas (eran las semillas, que se contraían con el frío de la sombra). Las llamas le pegaron lenguetazos a las seis plataneras, al olivo, a los chirimoyos,  a la menta, a la salvia, a dos limoneros, al pomelo gigante, y cuando los iban a engullir, pararon.

Pasé el primer día pensando que la Pacha Mama y el pensador africano habían acordado defendernos, pero enseguida llegó José, el hombre, y me contó que había sido mucho más terrenal el milagro: el incendio lo pilló regando, manguera en mano, como no hacía viento estuvo defendiendo el barranco hasta que llegaron los bomberos.

En la loma quedan los cadáveres de unas pocas chumberas,  un esqueleto de almendro, y esa gama de grises amenazadores que intentaron cruzar el barranco que recuerda al mundo, delimita aún más el paraíso, evoca el calcinado afuera. No evitamos mirarlo, pero también miramos al otro lado: se ve el mar, además tenemos por sombrero una parra.

-La podía haber podado bien pero yo sé que te gusta así, bien salvaje

Imagen Eva Rueda


sábado, 14 de julio de 2012

Cadeau



Llega otro correo de Ángel, que comenzó a caminar la semana pasada y tiene previsto pasar un año entero caminando.

Son ricas las destilaciones peripatéticas:

Marta, hoy es día brassens!

Le jour du 14 juillet, je reste dans Mon lit douillet, la musique qui marche au pas, cela ne me regarde pas...




viernes, 13 de julio de 2012

Pájaros, pajaritos y pajarracas y + Carson McCullers











La insatisfacción y los posesivos


Me dice

-Él se lo quedó todo, pero lo peor es que se quedó con mis amigos.

Llevo un rato oyéndola sin entenderla, intentando saltar desde lo que dice hasta lo que necesita decir. Termino por no ver más que angustias viejas (en Almuñecar hay una calle que se llama así). Y  piedras.

 Al final me despierto: ¡yo soy una de las amigas con las que se quedó! ¡acabo de pasar a la categoría de objeto robado!

Quizá si le desato ese nudo ella sea capaz de dar con el cabo, me da tiempo a pensar. Pero sólo logro decir:

-Para el carro

Y entonces se despeña por un terreno aún más desquiciado y repite que ella me vio antes.

-Tú eras amiga mía, no suya

Luego las aguas amainarán, el venenoso discurso se irá olvidando y cualquier mañana nos reiremos tomando un vermouth. Seguiremos evolucionando y me volverá a decir que no me ponga Sarda cuando parodie esta nefasta conversación. En algún momento volverá a contarse su propia vida sin tantos posesivos y los telefonazos recuperarán la alegría.

Frases agazapadas esperando que llegue su  momento.

-Los que están bienvenidos, los que no están no hacen falta
-Y mi sensibilidad ¿qué?


Los microcósmicos Padilla.

El día que conocí a Amanda no paraba de berrear delante de un limonero porque quería un limoncito pequeño, el más pequeño.

Ayer vino Carlos a verme y me dijo que le había tocado la lotería y que se había comprado un coche, pero que además yo tenía también premio, que me había hecho una urbanización.  Carlos nunca miente. Le tocaron siete euros y el coche era de los de control remoto, mi urbanización son seis preciosas casitas para los pájaros molineros.


La McCullers me persigue y por lo tanto yo a ella y también al revés o no se sabe.

Encuentro en Antígona sus memorias y cuando me ve con ellas Pepito asegura que se las encargué hace exactamente un año. No tenía ni idea pero él ahí tiene guardada la nota, todas las notas, aunque no le hacen falta, nos conoce al dedillo. Casi nunca nos recomienda nada pero cuando lo hace nos deslumbra, además controla nuestras neurosis y siempre nos avisa cuando nos llevamos un libro repetido.

Vuelvo pletórica con el botín para todo el verano, este año me han ayudado a elegir, pero muy poco, Pepe, Ester y Javier, en medio de una juerga en la que hasta a Chejov se trató de tú. Sobre todo me urge leer esas memorias: la semana pasada Annemarie Schwarzenbach  hablaba de la McCullers y esta semana la McCullers me hablará, por azar, de Annemarie Schwarzenbach.

(Ya lo he leído, del tirón, en unas pocas horas seguidas, en una intensa zambullida sin ninguna interferencia, y me cae muy bien, cada vez mejor, va a tener más hueco en mi verano.  Hay detalles en los que mi vida se parece un poco a la suya, el que más me ha llamado la atención es el apego al hogar de sus padres, el bienestar que le proporciona estar cerca de casa)


 Imagen Yosa Nakamura



miércoles, 11 de julio de 2012

Los nueve monstruos









Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.
Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tanto cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto
!Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,la lagartija, en su cajón, dolor.
Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rosseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.
El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente,
hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.







P.D. Es tristísima la vigencia de  los más tristes poemas de César Vallejo. Como yo estoy, no muda, sino onomatopéyica , en algún sitio 
me tenía que refugiar.