Mi abuelo de padre, al que no conocí, era de Málaga. Exportado a Aragón parece ser que encontró más espacio para las saetas que para las alegrías. Quien lo oyó dice que cantaba como los ángeles. De ahí viene la tradición del flamenco en mi casa. Algunas veces nos vamos los cuatro a un concierto. No deberíamos llevar a mi madre, que disfrutar, disfruta, porque ella es de su natural disfrutadora, pero no se entera de nada. O, mejor que restar, sumar a la Tía Pili, que anda enamorisqueada del Poveda
La poesia Avanza
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*(Pablo Garcia Casado)*
La poesía avanza cuando conquista territorios. Cuando abdica del miedo y
del confort. Cuando asume que su epidermis debe ser po...
Hace 3 semanas
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