Mi abuelo de padre, al que no conocí, era de Málaga. Exportado a Aragón parece ser que encontró más espacio para las saetas que para las alegrías. Quien lo oyó dice que cantaba como los ángeles. De ahí viene la tradición del flamenco en mi casa. Algunas veces nos vamos los cuatro a un concierto. No deberíamos llevar a mi madre, que disfrutar, disfruta, porque ella es de su natural disfrutadora, pero no se entera de nada. O, mejor que restar, sumar a la Tía Pili, que anda enamorisqueada del Poveda
La adolescencia y la mediana edad: Somos aquellos que otros ven
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*(Silvia Herreros de Tejada)*
Las redes sociales han terminado de pulimentar ese suelo descargando sobre
quienes participan de ellas una ideología asentad...
Hace 23 horas
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