jueves, 4 de noviembre de 2010

Marrakech



Trasegamos algunos asuntos hondos y todas las cervezas en la terraza del primer hotel que encontramos, a la vuelta disfrutamos de la conversación con el taxista y, para acabar la noche y empezar el whisky, nos citamos en la azotea del Riad.

Unos días más tarde, a la vuelta, descubriríamos que aquella atalaya con velas de barco dentro de la medina era perfecta para espiar Marrakech; desde allí vimos el cortejo, con su coro y su cabra, de una boda, muchas golondrinas, a los niños jugando en otras terrazas, la alegría con que se abrazaron dos vecinas y a la gallina de al lado, que arrastraba un pesado ladrillo del que creía que podía huir. W nos avisó entusiasmado porque había visto un mono, pero nos pilló en pleno berrido flamenco, capitaneadas por “la vasca de las tres mil viviendas” y no le hicimos ni caso.

Por la mañana seguíamos reencontrándonos. Yo cruce la medina hasta la plaza con L y las dos íbamos en tal climáx narrativo que las frases se apretujaran después en la memoria con los cueros, las especias y las telas de colores que no vimos. Ni siquiera vimos, hasta unos segundos después, a las dos ardillas que se nos cruzaron, ni a la culebra. Y por supuesto no vimos al camello con rabia que tanto impresionó a Elias Canetti.

Luego, después de comer, ya nos pusimos a mirar como era una tarde de domingo en la plaza Djemaa el Fna.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Tanger-Kenitra-Marrakech



Desde Tanger hasta Kenitra por autopista no pude dejar de pensar que el progreso, esa infección, había bajado desde el estrecho, que era la garganta. Nada se parecía desde allí al Marruecos que yo había visto hacía más de veinte años. Hasta el desvío a Kenitra podíamos estar en cualquier parte del mundo uniforme. Pero un poco más adentro era viernes y la ciudad olía como huele la alegría del sur y su generativo caos.

Dormimos en una barriada a las afueras, a la orilla de la playa y, como leeríamos en la guía unos días después, las gentes “pasean frenéticamente” desde bien temprano. Algunas jovencitas con velo se sentaron en la terraza del hotel a desayunar después del paseo, siempre me reconforta ver mujeres en los bares.

Desde Kenitra a Marrakech pasando por Casablanca me llama la atención la simetría absoluta en el orden de llegada y el de partida de los viajeros, si me diera por escribir novelas a esta no tendría que buscarle la estructura, bastaría con convertir lassumas y restas en armazón.

B-M,

B-M-T

B-M-T-R

B-M- T- R-W

B- M-T-R-W- L

B-M-T-R-W-

B-M-T-R-

B-M-T

B-M

Llegamos, ya reunidos y a la hora punta, a Marrakech. A tiempo para disfrutar de los ciudadanos corriendo en todas las direcciones, esquivándose lo justo, ciñendo hasta las ruedas, sin tropezar. A tiempo para ver el hervidero de bicicletas, autobuses, motos, carretillos, camionetas y taxis danzando en las rotondas. Y con R al volante, que además de encontrar nuestra puerta de memoria, no frena ni acelera en falso, se desliza al ritmo de todos y se divierte.

Atravesando los primeros suks aromáticos y cruzando un par de puertas más encontramos pronto “Riad Les inséparables”, el lugar que había reservado L. La rehabilitación más fiel del pasado árabe empaquetada con inspiración francesa. Tentador, pero salimos raudos, ya volveremos.

Acabábamos de reencontrarnos y se hacía tarde. Había que elegir y entre mirar fuera o mirarnos, cenar o cervezas, y nadie dudó


martes, 2 de noviembre de 2010

La secuencia ha sido:


Quería escribir pero no encuentro el cabo, además estaba leyendo a Twain; por lo tanto convencida de que sólo hay que leer y a los mejores. La memoria estaba servida y me he vuelto hacia Vallejo.


Intensidad y altura


Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay voz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

Urceloy




Vagabundeando por blogs he encontrado este poema que me ha gustado y que yo dedicaría a B.D. y a R.R. Tengo ganas de conocer al autor, no sé por qué nunca coincidimos.

Algunos poemas casi tristes 23

Para A.R., J.C. y J.A.R.


Ser en la noche oscura el que os espera,
quien os alumbre, mis amigos, ría
cada historia a la vuelta, eso me basta.

No quien cuida del fuego, no quien duda
y es sabio por dudar, no quien sostiene
en el amor la sangre y sus derrotas.

Ser quien se queda, quien respire el humo,
quien salga al campo y fuerce la mirada
hasta ver una luz que se aproxima.

Entonces nada es importante, y el
abrazo es la más noble de las armas:
ser quien muere abrazado a sus amigos.

Jesús Urceloy / septiembre 2010

viernes, 29 de octubre de 2010

Cuestiones que se que se almacenan en mi discernidero



"Se trata de saber si la literatura favorece o arruina el acontecimiento que relata: el espíritu y su hallazgo, el pensamiento y su cambalache"

Giuseppe Ungaretti

Rock The Casbah



La versión que tarareaba René



Y la que tarareaba yo.

martes, 26 de octubre de 2010

Un peu de poesía marroquí: Ahmed Barakat


Dialéctica del hombre experimentado

Si la idea no nada en ti dos veces
o más
las orillas no reflejaran tu sombra

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Sigue siendo posible sólo en un caso:
cuando lo que nos rodea desaparece
no en la oscuridad
sino en la vigilia
y bajo el látigo de la luz

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Ella le preguntó
si había en su jardín
lo que aún le seducía
Sobre el perchero
colgó su pregunta
y salió

lunes, 11 de octubre de 2010

miércoles, 6 de octubre de 2010

Lo que no cuento es lo que imaginas


Es el título del blog de Ester Berdor Corrales. Los que tenemos la fortuna de leerla todas las semanas la disfrutamos un montón, siempre es estupenda su escritura, y mucho más que sugerentes sus borrados.

No sé quién decía que el estilo es la palabra que falta, que la que queda importa poco, y eso, Ester, lo sabe.


El cuadro es de Robert Delaunay

martes, 5 de octubre de 2010

Golondrinas dibujadas


Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben y cada vez que se encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.

Julio Cortázar