viernes, 18 de enero de 2013

Diálogo.

Valie Export


"Formulaciones que me obsesionan" podría titularse otra etiqueta:

-¿Te duele?
-Si no me lo toco no.

jueves, 17 de enero de 2013

De lo cotidiano: la modulación invisible y la casi palpable están entre la intangible y la casi visible.




1

Y Miss Amelia seguía haciendo lo peor que podía hacer; es decir, que tomaba varios caminos a la vez. 

2

Debería abrir una etiqueta nueva, utilizar las etiquetas. Voy a empezar a rescatar “Chats con Tatiana”  esos fragmentazos espontáneos.

-bien, pero pienso continuamente en los platos congelados que metes al microondas y salen hirviendo por un lado y siguen helados por el otro.

3

Anduve buscando caracoles. ¡Han prohibido coger caracoles! Alguien me lo dijo el lunes. Averiguan que me gusta hacer y lo prohíben, por inocente que sea. 

Necesitaba transgredir y salí a buscarlos por el barranco del barroco, por allí sabía que iba a encontrarme las sabias revelaciones del caracol sonoro, al caracol de luz y al caracol nocturno en un rectángulo de agua.

4

También he vuelto a jugar al ajedrez contra nadie, para tener sólo sueños geométricos

domingo, 13 de enero de 2013

La traza: la baba del caracol


Eugenia Balcells

...¿dónde dejamos al erizo?¿Y al ermitaño?¿...y al ermitaño aún?
-¡Qué difícil es despegarse de las metáforas fuertes!
O bien, la baba del caracol: la traza brillante, sendas luminosas dejadas por un ser pequeño, insignificante. Trazas de luz sobre la piel. Superficie estriada, no surcos, no hendiduras, no heridas, sino trazas, vías, accesos para el acontecer.

El caracol es uno, también, con su concha; crece con ella, al mismo tiempo, al mismo ritmo, La construye al tiempo que se construye a sí mismo. Y se refugia en ella, se refugia en sí mismo en tiempos de sequía, para preservarse, para preservar la humedad que necesita para seguir vivo hasta que las condiciones sean las adecuadas.

Nosotros decimos que su concha es la representación natural del número áureo y utilizamos su opérculo, la sustancia con que sella su concha, en la fabricación de incienso porque despide un olor agradable al quemarse. Así muchos también utilizan los poemas; les gusta el olor que desprenden, así que los utilizan y, así, los destruyen. También hacen con ellos ediciones lujosas porque, según de dice, la espiral logarítmica de su concha y el número áureo que representa es algo importante.

Pero el caracol no se siente importante. No lo es. Él es el otro que respira bajo las hojas de acanto. El pulmón del caracol ocupa la mayor parte de su concha; un pulmón enorme para un ser diminuto. Así, el que nos hace respirar entre todos. Aquella respiración es el otro, el que dicta, el que exhala. El otro que somos todos bajo las hojas de acanto. El saber no sabido por el mí, sólo adivinado, y en la traza, reconocido.

Si el poema fuese otra cosa, si fuese la dicción elaborada y pretenciosa de un mí cualquiera que se pro-pone, no lo escucharíamos, o quedaríamos insatisfechos después de oírlo. Voces erráticas hay que pueblan el aire.

Sí, bien pensado, prefiero olvidarme de lo dicho hasta aquí. Dejar al gato acompasando a una presa imaginaria, y al ermitaño en su lucha por conseguir una concha vacía antes de que la ocupe otro.
Recoger al erizo, desvalido e hiriente, en medio de la calzada y dejarle a salvo, en el campo. Luego buscar alguna umbría y, allí, poner la mano, extenderla, los dedos haciendo puente para los caracoles.

Más pequeño que el erizo, inadvertido, sin pretensiones, el caracol pasa sin defenderse. Transita. En la mano, apenas sentimos una ligera humedad que luego cristaliza.

 Chantal Maillard
En la traza. Pequeña zoología Poemática

sábado, 12 de enero de 2013

Me dice Tatiana esta mañana, con palabras de Char.


Steven D. Foster


Ce n'est pas simple de rester hissée sur la vague du courage quand on suit du regard quelque oiseau volant au déclin du jour.


viernes, 11 de enero de 2013

El verbo mira nos tiene "entodaos" diz la del nombre ruso.






Cada estación está siendo tomada por un poeta. En verano se expandió por todos los confines, de los físicos a los subconscientes, Caeiro. ¡VIVA CAEIRO! Pone en la nevera. Las navidades fueron para René Char.

No se trata de insistir, todos nos sabemos reactivos, rebosan nuestros ebooks de sublimes promesas, que bastante nos atoran y acusan de indiferentes, como para que ahora los amigos también nos frían.

La estrategia es dejar los libros por ahí, rulando, por las mesas, con la confianza plena de que se activaran. Mencionar una frase, intentar trufarla y ya estuvo suave de presión

-He estado leyendo a Vallejo mientras íbais a buscar a Amanda y ¡no ha pasado un minuto desde que escribió esto! ¡Mira!¡Mira!

Dice Tatiana, que se ha salido esta vez del guión, quizá porque Char es “su poeta”

-Mientras os tronchabáis de risa  con santiago de compostera  he leído un poema de René Char, mira:

EL ORDEN LEGÍTIMO
A VECES ES INHUMANO

A quienes comparten sus recuerdos
La soledad los recobra, enseguida impone silencio.
La hierba que los roza brota de su fidelidad

¿Qué estabas diciendo? Me hablabas de un amor tan lejano
Que se junta con tu infancia
¡Cuántas estratagemas emplea la memoria!

Dice la otra, y dejamos que nos den,  el sol  y el poema, un rato.

-Ven Amandurrís, que mientras recuperas la respiración con los vahos made in molino te leo el poema de las claras.

Suena por la mañana en la mesa de la portá.

Y por la noche estoy delante de la chimenea en un cónclave único, suculento: Amanda, Inés, Blanca y Tatiana. Tatiana oficia, está proponiendo traducciones para un poema de Char. Y entonces empezamos a recordar las cosas sueltas que nos dijimos cuando no estábamos. Y a tejer a gentes sueltas de las que cada una guarda un cabo.

Los chicos, René y Luis, discretos pero contundentes, llegan con la cena.

-Martítaaaaaa, deja de mirarte las manos y escribe joder, diz la  Blanch. Y pasamos a otro tema.



-

miércoles, 9 de enero de 2013

etc, etc, etc





-Después de seis meses preparando el cumpleaños, él cumplía cincuenta, después de más de quince años juntos independientemente del país en el que cada uno de los dos viviera, aquello, inexplicable. La independencia de un brazo cargado de tarta que con velas encendidas y todo se va contra la cara del festejado. Una sinsustanciadez que no viene al caso. Las caras de cien personas organizadas en fila, que no entienden nada. Las gafas del ínclito, chorreando chocolate en la cocina y preguntándole a T: ¿Pero yo qué le he hecho? Los cercanos, que se ponen a hacer el payaso y a embadurnarse  para que parezca una broma, yo, incapaz de entender absolutamente nada, siguiendo la broma hasta el paroxismo y diciendo, por decir, que todavía quedaban cinco tartas más, por no tirarme por el barranco. Y el brazo, me miraba el brazo y su independencia me daba terror. Supongo que algo así sentiste al utilizar la palabra contraria a la que necesitabas, ¡y para más INRI no poder dejar de repetirla! Lo siento. Al menos tu momento de desbarranque fue íntimo.

Y así, despacito, unas historias se van explicando con otras. La niña Blanch me acompaña con la de la tarta y Tati me cuenta otra gruesa que va de blues. Concluimos que no son sólo meteduras de pata, descomunales despropósitos, son ataques de pánico. Estamos de acuerdo en que hay algo más en esa necesidad de salir corriendo, coger aire, y entonces volver. Corriendo.

lunes, 7 de enero de 2013

De años y preguntas.

Gary Barwin

Sin embargo, nadie podrá negar que estamos en 1927 y que las condiciones acústicas, externas e internas, de la vida, difieren de aquellas que hace un cuarto de siglo, en que se produjo Chantecler. ¿Habrá aumentado, acaso, el ruido, desde 1905 a esta parte?¿Habrá disminuido?¿Habrá más ruido en el universo o menos que hace veinte años? Pero, he aquí que me parece haber preguntado mucho ¡Casi le he dado al señor Einstein en las orejas con tamaña interrogación, que, sin darme exacta cuenta, me ha salido tan grande! No. Lo que yo quería saber es solamente si la vida se hace, con el tiempo, más ruidosa o más silenciosa. Los materialistas responderán que la vida marcha hacia el silencio, los espiritualistas, hacia la apoteosis del Verbo inmortal y los del centro sostendrán que el sonido existe en una cantidad constante en el universo y que lo que cambia es la proporción en que éste se mezcla o alterna con el silencio, según el tiempo y el espacio.

 Cesar Vallejo

lunes, 31 de diciembre de 2012

Un trozo de monólogo que no sé si viene a algún caso.



Anoche hicimos memoria histórica delante de la chimenea y nos fuimos a la cama asustados. Yo me dormí muy tarde, siempre me pasa, sigo mucho rato después, rumiando. Entonces me acordé de  Pierre Drieu de la Rochelle y, cómo tenemos wifi hasta en las habitaciones desde que llegó el "sin cables en la selva"! busqué esto que escribí a los 23 años y que fue mi primera reseña, y nada más, que lo releí a las cuatro de la mañana y aquí lo dejo.

Hasta me voy a poner narcisa y voy a poner una foto con la cara que tenía entonces, el azar, no sé qué hacía en esta memoria.

Y me voy a barrer y a encender el fuego antes de que vuelva esa poca gente, los tengo palabreando paseos por el valle.

Que ustedes cenen bien y bailen, si es posible, para que les pille con fuerza el 2013. Nos va a hacer falta.


domingo, 30 de diciembre de 2012

Tres respiraciones


Andy Goldsworthy


Existe una primavera inaudita desparramada por las estaciones
y hasta bajo las axilas de la muerte. Transformémonos en su calor:
llevaremos sus ojos.

Levanta tierra el sepulturero, pero más levanta la palabra

Nunca estaremos lo suficientemente atentos a las actitudes, la crueldad,
las convulsiones, las invenciones, las heridas, la belleza, los
juegos de ese niño que vive cerca de nosotros con sus tres manos, 
y que se llama presente

René Char

viernes, 28 de diciembre de 2012

Desde Holandalus




Dalton Ghetti


Los reencuentros

Ese género,  la constatación de que lejos de ser una ilusa tienes cachitos tuyos gozando, sufriendo y viviendo por ahí. Tres expediciones al núcleo en muy poco rato: difícil ponerse a escribir. Ando felizmente aturdida, pienso seguir un buen rato así, inmersa.

Los regalos

Hacía mucho tiempo que no me regalaban nada, mejor dicho, que no aparecían objetos no efímeros en mi vida.  Llegaron todos de golpe: un anillo, un collar, un carretillo y una azada.

Apareció el peine.

El anillo

Me hizo recorrer mi memoria de los anillos, los dos de oro de la abuela Pilar, el miedo de niña de que llevara a su marido en el índice, el que a mi padre se le disolvió con mercurio, el de la bisabuela de Roberto y el día que lo perdí…El día en que decidí quitarme todos los anillos y comprarme uno de autocompromiso que aún me dura. El otro, que llego pocos meses después, en Ámsterdam. Los dos juntos, que llevan unos diez años  siendo omnipresentes.

De los anillos pasé a las manos. La distancia que sienten las dos manos, del encuentro de las manos,de las manos parlanchinas. Tengo muchas historias de manos y de anillos y me producen la suficiente extra;eza como para considerar interesante empezar una colección.

Entonces ya he encontrado un cabo. 

A la niña Blanch le voy a empezar a contar esta tarde mientras ordenamos armarios,contestando a su pregunta de ayer. Reconozco que hay preguntas que debería hacerme yo, pero a veces dejo que se formulen solas, o que me las hagan los demás, que les llegue el tiempo.

Este anillo nuevo es resistente, y es un anillo de camuflaje, ideal para alguien que se dedica a arrancar hierba.

El collar

Es negro, elegantísimo, tiene tantas cuentas que aún no las hemos podido contar.Podría servir en el más decadente París de los veinte, pero está hecho en Sucumbíos por una indígena. No una indígena cualquiera, sino por la prestigiosa prostituta del lugar, la señora que se sienta, porque se lo ha ganado, en la primera fila entre las autoridades.

El peine

La otra noche los tres nos quedamos mirando mucho rato y al unísono el peine amarillo.Va para veinte a;os que el también nos mira. Entonces la memoria me sopló esa frase rotunda. Pero no tengo admiraciones: 

Pedazo de plástico, y nos sobrevivirás.

Hacer

Hacemos diez años aquí. Hemos tenido una semana hiperactiva: una compostera, recolocar internet, poner baldas en la despensa, ordenar unos dos millones de objetos por gremios, conseguir leña, coger fruta, iluminar la sala de moler,arrancar hierba, pensar donde van a ir la cabaña africana y el hamman, ordenar la casa de perros, deslindar trepadoras en las bacas de plantas, hablar del Congo, ver películas sobre Congo, pensar en los Wayu. Cocinar rico. Contarnos lo que aconteció hace diez años. Contarnos, contarnos bien y callarnos mucho rato, también. Ahora esos dos molineros nucleares se han ido a la civi. 

Mañana empieza a llegar la tropa.
Postdata para cazadores de gazapos: el teclado holandés y además me da el sol en la pantalla.