miércoles, 6 de enero de 2010

¿Cuál es el colmo de un narrador?


Que su lector no lo crea. Porque el trabajo de un narrador es, precisamente, interrumpir la incredulidad del lector:

Si el espectador o el lector recuperan su incredulidad antes del final de la obra, ésta ha fracasado.

Dice el erudito Bioy Casares recordando a Colerigde

A la ficción se le exige mayor coherencia o verosimilitud que a la realidad. Los mundos posibles, para ser creíbles, tienen que estar temporal y espacialmente ordenados; la ficción es, antes que cualquier otra cosa, reorganización.

El narrador tiene la función notarial, autentificadora de los actos del habla, lo que dicen sus personajes puede ser erróneo o directamente falso, pero el escritor y su representante en el texto, el narrador, no pueden permitir que el lector los cuestione. Con la literatura somos más exigentes que con la vida real, queremos más coherencia o bregamos de otra manera con lo improbable.

“Lo imposible verosímil es preferible a lo posible pero no convincente”

Dijo Aristóteles.

Para U. Eco el juego de la ficción exige del Lector-Modelo que no se plantee dudas sobre la verdad o falsedad de lo que el narrador le cuenta: en caso contrario, el mecanismo de la interpretación se bloquea y la vivencia de la ficción no llega producirse.

Fue Kant quien dijo que “hacer como sí” era una condición necesaria para entender. Luego Paul Ricoeur retoma la idea y la convierte en el centro de sus teorías :

El mundo del texto no es un dato empírico, sino que, en cuanto producto de la imaginación se inscribe en el ámbito de lo posible; se trata de un mundo regido por la lógica del “como sí”.

Con el hagamos como sí, una propuesta de lógica interna, el narrador construye los puentes entre los universos de ficción y los lectores-.Luego la orilla del mundo representado, del mundo posible, se aleja o acerca de la del mundo real, pero ese es otro tema, y es que desde ésta pregunta se pueden disparar otras y en muchas direcciones.

¿La realidad es también una construcción mental?

¿Por qué los seres humanos están necesitados de ficciones aún sabiendo que son pura simulación?

¿Cómo se influyen el mundo real y los mundos posibles?



Imagen
William Kentridge

jueves, 31 de diciembre de 2009

¿Los niños tienen menos disciplina desde que no existen las lecherías?

No sé.

Ir a por la leche fue para mí la primera obligación y el primer ritual, un día sí y otro no, un día mi primo David y otro yo. El camino hasta la casa de Santas, visto desde aquí, es el camino de mis iniciaciones: donde por primera vez tuve miedo, donde por primera vez pasee con amigos, desde donde llegue a casa tarde, donde varias veces se me cayó la leche y donde por primera vez mentí, con tan mala suerte que me pillaron, una nochevieja.

Esta mañana, en esos diez minutos ingratos del rezagarse, he empezado un balance de la década, pero enseguida me he dado cuenta de que no es recomendable para el ánimo medir con esos trancos y he preferido ir a resguardarme en la lechería, el camino ahora es más corto y además no tiene pérdida; sigue marcado por mugidos tranquilizadores y olor a vaca.

La mentira fue tonta. Yo quería cenar con mis primos, en casa de la tía Emma. Santas me preguntó que dónde cenábamos y yo le conté el deseo, poco después llego mi madre que descubrió que era mentira. Tenía unos seis años, ninguna de las dos se dieron por enteradas, pero a mi me recorre un escalofrío de lo bien que me acuerdo.

Por cierto, que aún me hace ilusión cenar con mis primos, en casa de mi tía Emma, que ahora está donde estaba la de mi abuela, y hoy sí cenamos con la prole enorme de los Peña.

Buen día, buena noche, buen año y buena década.

domingo, 27 de diciembre de 2009

¿Qué es preciso para que un libro exista?


Se lo preguntaron a Juan Eduardo Cirlot en una entrevista en 1968 :

…para que un libro exista no es preciso ni siquiera editarlo, ni aún escribirlo. Basta haberlo pensado verdaderamente. Hay placas de resonancia y de registro en el universo que tienen más valor que los oídos o las miradas del oyente y del lector, aunque éste no sea jamás desdeñable.

(…) Si publico pocos ejemplares es porque creo que, en la actualidad, es muy difícil, o casi imposible, interesar por una poética nueva, sobre todo si ésta versa sobre experiencias espirituales y no sobre problemas de la masa. La humanidad quiere convertir a los poetas en periodistas, agentes de publicidad o sacerdotes, géneros muy distintos y respetables en distinto grado. Pero el poeta no es nada de ello. Es sólo alguien que responde a preguntas formuladas por algo que se asemeja extrañamente a la nada. Y su voz tiene una resonancia que él no podría evitar, aunque quisiera. A eso se le llama hermetismo.

Tuvimos suerte, Cirlot escribió muchos libros y su obra, sobre todo el ciclo deBronwyn, es cada vez más conocida y valorada.

Pero, ¿quién es Bronwyn?

Una tarde de verano Cirlot conoció a Bronwyn en una pantalla, en la película de Franklin Schaffner El Señor de la Guerra. Bronwyn es un nombre de mujer, el nombre de una doncella céltica que vivió hacia el año 1000 de nuestra era en Brabante y a la que en la película da vida la actriz Rosemary Forsyth.

“Nada sucedió después del visionado de la película”, dice su hija, Victoria Cirlot, en el prólogo de la editorial Siruela, ni siquiera una crítica, “pero Juan Eduardo Cirlot vio la luz de Bronwyn”. El amor de Cirlot por Bronwyn fue fértil y diverso. “Nos amábamos como ahora sólo en sueños soy capaz de amar”, dijo.

Cirlot concibió su poética como una investigación del ser y también como la exploración del espacio de lo antirreal, de lo que no acontece jamás.Experimentó con permutaciones, músicas al estilo serial de Schoenberg, Berg y Webern, y practicó una poesía hermética, pero también escribió poemas diáfanos:

Mira, son las nubes

¿te subes?

El ciclo Bronwyn está formado por dieciséis libros que poco parentesco formal tienen entre sí, pues van del soneto a la poesía fonética.

Como investigador escribió estudios sobre simbología y hermenéutica medieval. Pocos libros de consulta son tan recomendables para pensar, para reconocerse o para escribir como su Diccionario de Símbolos.

Imagen: fotograma de El Señor de la guerra.

Lecturas recomendadas:

- Bronwyn.
- Diccionario de los Ismos.
- Diccionario de símbolos.
Juan Eduardo Cirlot. Editorial Siruela


P.D. Estas son mis últimas articulaciones, un ratito después suelen llegar las de Gonzalo, todas las semanas en http://articulacionescuela.wordpress.com/

viernes, 25 de diciembre de 2009

Demasiado cuorum


Los melómanos cercanos, mi hermana y Miguel, parecen estar de acuerdo por una vez.

Así las cosas he tenido dos regalos, pero iguales.

Tendré que oír detenidamente a Zenet.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Hoy dieta: silencio, Cirlot, manta y sofá


Y dice Cirlot:

Dispuesto en cierta inclinación entre el espacio y el tiempo, entre lo inmensamente grande y lo infinitamente pequeño, está lo que no acontece jamás. Ese espacio de lo antirreal existe, no obstante, y es tan evidente en la intuición de lo dado como el mismo universo demostrable por los sentidos o por lo que llamamos razón.

Y también dice:

Bronwyn
sé que me estás oyendo desde un ámbito
que sesga dimensiones

En lo nunca ya me has reconocido:
mera estatua de hierro arrodillado,
entre las transparentes vibraciones
de un mar en abandono de sus aguas

Juan Eduardo Cirlot
Bronwyn,
Editorial Siruela

la imagen es de Rafols Casamada

XVII Premio Internacional de Relato Hiperbreve Círculo Cultural Faroni 2009




Me la comería con los ojos

Cada vez que me cruzo con mi vecina se me van los ojos. Hasta ahora siempre regresaban con el botín, pero esta vez se han fugado tras sus vaqueros ceñidos escaleras arriba y por mucho que ella les atizaba con el periódico enrollado no ha habido manera. Al principio intentó devolvérmelos, pero por lo visto la mirada se les ponía como de perro apaleado y terminó por cogerles lástima. Al fin y al cabo -se excusaba adoptando con disimulo posturas incitadoras- que a una la miren con esa dedicación resulta tan halagador. Me pidió que se los prestara para un viaje por Europa y yo, ciego de amor, accedí. Cuando volvió, sola y maldiciendo a cierta zorra florentina, traté en vano de consolarla jurándole que yo sólo tendría ojos para ella

Pedro Peinado Galisteo Madrid

jueves, 17 de diciembre de 2009

Rafols Casamada



Se ha muerto otro grande, de los que siempre me han hecho compañía.

Es ver un cuadro de Rafols Casamada, aunque esté entre muchos, y ya se me ha ido el ánimo a otro sitio.


Gambito de caballo


Cuando mi padre salía de viaje, que era con cierta frecuencia, siempre nos dejaba claro que no iba traer ningún regalo, que prefería que lo esperásemos a él. Cada vez que se iba repetía lo mismo porque dice que desgastan mucho las falsas expectativas. Como una compensación por el no regalo la noche anterior jugábamos al ajedrez.

En mi casa jugaban al ajedrez mi padre y mi tía Emma, que son los talentos rectores de la tribu, los racionales, y yo miraba las partidas. La última partida fue en Asturias, cuando nos fuimos todos a conocer el mar en invierno, hace ya veinte años. ¡Y duró tanto que ya no han vuelto a jugar!

Cuándo tenía 22 o 23 años me regaló mi padre un ajedrez electrónico, primitivísimo, que emitía muchos pitidos y con el que casi enloquezco. Tengo tendencia a soñar con abstracciones: esta noche, sin ir más lejos, no he parado de perseguir a un cero, ¿damos un paseo hasta ese cero?, me he oído decir, y me he despertado. Aquella temporada fue peor, soñaba con peones que avanzaban y era un alfil acorralado, soñaba que era un caballo y mataba a la reina, que era yo también, soñaba que era una torre y apenas podía moverme. Al ajedrez se le rompió un circuito y yo me recuperé de la neurosis.

Nunca he sido una buena jugadora, ahora llevo mucho tiempo sin jugar, pocas veces ganaba: bastantes expertos coinciden en que lo mío es un problema incurable, no ya de falta de competitividad, sino de ignorancia, que carezco del mínimo conocimiento sobre qué significa. Lo que me gusta del ajedrez es que cuando juegas mucho con alguien terminas conociendo su espacialidad mental, sus arrebatos, sus repeticiones y desarrollando otras que las tienen en cuenta. A veces se me ocurre que jugué demasiado al ajedrez con mis parejas.

Todo esto viene al caso porque ya tengo los planes hechos para estas navidades. Mi padre se ha cansado de jugar con el ordenador, necesita humanos, y nos ha propuesto recuperar el duelo a su cuñada y a mí.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!


Nos sentamos en la mesa de la esquina, una caja de cristal que daba al estanque de los patos. Esa tarde éramos los tres briznas de un accidente cósmico, miajas bien ensambladas, ápices imprescindibles, volutas tejiendo un tiempo que nos amalgamaba, nos dimos cuenta y empezó el futuro.

La foto es de Inés Giménez

por supuesto el título no es mío, es de Cesar Vallejo

domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Con qué se piensa?


Cuenta Rafael Sánchez Ferlosio en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos que, según Jean Piaget, cuando a un niño se le pregunta con qué se piensa contesta sin dudar:

-Con la boca

Él hizo la prueba cuando su hija tenía tres años y recibió la respuesta prevista, que no dejó de asombrarle -lo previsto también asombra- y le azuzó las ganas de averiguar más:

-Sí, pero ¿cómo se piensa?

A lo que la niña, otra vez sin dudar, le respondió:

-Mira, así: mmmmmmmmmmmmmm

Estoy convencida de que el arte de la conversación es el de recuperar la capacidad de pensar con la boca, de concederse el tiempo del mmmmmmmmmmmmm en el que batir extrañamientos con el otro, para que las palabras no se agrupen en un caparazón de rezos.

A cierta edad se siente el pudor de la onomatopeya: nos cuesta pronunciar esa eme prolongada que es el borbotón en el que se cuece el pensamiento, pasear es el mejor remedio para compensar esa carencia.

Cuando nos hacemos adultos son los pies los que ayudan a la boca a pensar.

Imagen Alfredo Jaar