viernes, 11 de abril de 2014

Recompensa


 
Tengo un parque infantil en la puerta y salgo al balcón a hacer oreja con frecuencia, pero poco cosecho. Cualquier constancia termina por recompensar, hoy le ha dicho un abuelo a su nieto que se columpiaba arrebatado

-Otra vez volando hacia la luz, ¡ala maño! ¡qué ya vale!

P.D.  Columpiarse es bandearse en aragonés,  y tobogán se dice esbarizaculos




miércoles, 9 de abril de 2014

Un peu de bon chance.




 Aïda Muluneh


Me alegra la mañana encontrar a Marcia, es la reina de la escalera, y hablamos siempre con tres versiones:

-A quien por su gusto duerme en el suelo, no hay que tenerle duelo

he dicho hoy yo

-A quien por su gusto muere su pena le sepa a gloria

me ha contestado ella

-A quien por su gusto muere, que lo entierren parado

dirían los salvadoreños.

Cuando me encuentro a Marcia subiendo la escalera pongo siempre a la Rita Mitsuko al entrar en casa, hay que celebrar tener un trocito de la República Dominicana animando. Cuando las bajamos, que también pasa, no pongo nada. 

Hoy bajábamos, yo iba al banco, ¡me ha parecido escalofriante la firma del chico que me ha atendido!¡pensar que con un garabato tan simple nos podemos suicidar!¡a lo que hemos llegado como especie!

Me ha sacado de la pesadilla María Jesús, ha llamado para contarme que se le ha cruzado entre mil gestiones mi imagen placentera leyendo en su casa. Ya tengo destino, me voy a reencontrar con mi imagen, hace un día estupendo.

domingo, 6 de abril de 2014

¿Se puede aprender a escribir? ¿y a vivir?



 Workman Ryan
 


Esta semana me he encontrado con dos prejuicios sueltos que me apetece rebatir.

Alguien dijo ¿escribes o enseñas a escribir? Y no contesté, aunque tengo argumentos, porque ese día estaba de muy buen humor y lo dijo alguien que me cae bien, pero me quedé rumiando.

Otro día, otro, me dijo que la vida sólo merece la pena hasta los treinta años. Y la afirmación, que provenía de alguien de cuarenta y tantos, también me ha estado persiguiendo.

¿Por qué se supone que no se puede aprender a escribir y a vivir? A cocinar, a pintar, a programar, a coser, a hipnotizar, a hacer el pino, se aprende, pero mire usted por donde, a escribir y a vivir parece que no es posible.

Cada vez me gusta más enseñar a escribir. Recorrer minuciosamente las palabras de otro con otro tiene algo de sastrería, hay que meter la tijera entre lo que quería decir y lo que dijo y conseguir ,primero que no duela, y luego que no se vea la costura. Este trabajo también consiste en diagnosticar las partes del lenguaje que cada uno tiene dañadas y recomendar libros buenos para curarlas. Aprender a enseñar a escribir ha sido un camino largo, he buscado recursos durante 30 años, decidí pronto que eso era exactamente lo que quería hacer(¿el día que me dijo mi madre “deja a la gente en paz, si no quieren leer que no lean”?) Eso de que en las escuelas de escritura se castra a o los alumnos y se les impone un estilo quizá suceda, por aquí es justo al revés, lo que pretendo es encontrar lo que hay de único en cada uno, sino me aburriría.

Últimamente todo apunta desde todos los rincones a la palabra narrar, supongo que de tanto uso van a marearle los sentidos. Alma, la bosnia a la que conocimos estas navidades, terminó de cuajar nuestra certeza de que la narración puede ser una curación y encajaron muchas piezas del proyecto de toda la vida. Cuando oigo hablar de las nuevas narrativas me acuerdo de Walter Benjamín y me hago esa pregunta tan exacta de Carlos Fernández Liria : Qué era preciso conservar, para que siguiera mereciendo la pena cambiar

Por escrito o verbalmente no dejamos de narrarnos. Desde luego no tenía razón el que dijo que la vida no merece la pena después de los treinta, pero hará todo lo posible para tenerla. Lo mismo que yo, que estoy empeñada en contradecirle con hechos. Y es una afirmación pendeja la del titular del país de ayer: La felicidad empieza a los 50, pero yo, que me acerco, no cambiaría por nada lo que he averiguado. Además práctico un revoltijo de relaciones que van de los 20 a los 90 y a todos los quiero mucho, pero no tengo duda: con la edad se aprende a contarse mejor. En cuanto a los dolores, ya sabemos, no hay quien se libre, de los jóvens prefieren  el ánimo y de los viejos el cuerpo.

P. D. Un ejemplo.María Jesús que tiene 60 no tenía fuerza para subir las persianas y estaba aterrorizada. Ahora que Concha es su médico ya puede, los médicos que son amigos curan más rápido. Y sufre porque no podrá segar la hierba, pero su sabiduría ha convertido la casa en la casa de la hortaliza y la palabra, hortelanas sobran para cortar el césped a cambio de oírla perorar.

miércoles, 2 de abril de 2014

De no epitafios.







Acaba de llamarme mi prima Sandra, quiere que piense un epitafio para la lápida de su padre. A ella le parece muy soso lo de “no te olvidaremos” pero, según me cuenta, y luego compruebo con mi propio teléfono, el entorno es un alarido:

-Eso se pone, ¡eso se pone en todas las lápidas! no vengáis con originalidades.

Repite la parentela alborotada.

No abunda la buena lectura en nuestros cementerios. Aquí es pecado distinguirse en vida y después. Que no se te suba más de la cuenta la autoestima, que tienes a toda la tribu enfrente para bajártela aunque sea a bofetadas. Todo eso me ha recordado que oí decir en una entrevista a Labordeta:

“¡cómo seremos los aragoneses que nosotros ganamos un diputado y del susto disolvimos el partido! “

lunes, 31 de marzo de 2014

Pocos le sacaron más partido a la geometría: mi pequeño homenaje a O. Paz.




Yo recuerdo siempre a Octavio Paz como a alguien que me abría la ventana; me descubría conceptos fundamentales y oreaba el ambiente. A lo largo de la vida te vas quedando en sitios de los que nada te puede arrancar: en la caseta de la feria del libro una tarde lluviosa en la que compré “Las ruinas circulares”, en un poema de “Piedra de sol” mientras esperaba que José Marí trajera un té en el interfacultades, en una revelación que provenía de “El laberinto de la soledad”cuando ya era demasiado tarde. También le debo a Paz haber tenido como héroe a Marcel Duchamp a los veinte y pocos. Y los números de la revista “Vuelta” que me mandaba el tío Clemente desde Monterrey: Paz era lo que prefería después de cuarenta años en México y estaba contentísimo de tener una cómplice. Y “La Llama doble” y el Amor Cortés, y Sor Juana.

Pero sobre todo recuerdo muchas veces que Paz habla de un árbol que crece dentro de su habitación. No encuentro el texto, ni encuentro las ruinas circulares, estará allí, pero esa imagen me persigue. 

Habrá que elegir un poema:


Más allá del amor

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.




domingo, 30 de marzo de 2014

Abdellatif Laâbi y Angèle Etoundi Essamba

 

 

  Angèle Etoundi Essamba

 

LOS INVITADOS

Mi mesa está servida pero los invi­ta­dos se han retrasado.
¿Olvi­daron mi invitación, perdieron la direc­ción mien­tras venían? ¿Qué mal pudo ocurrirles?
Espero desde hace horas, “con la oreja pegada a la puerta”. Tam­poco sé cuán­tos serán, si usarán ropa de invierno o de ver­ano, en qué lengua me salu­darán al entrar.
Mi mesa está servida. Esper­aré el tiempo que haga y el que no haga falta. Y si fuera víc­tima de una ilusión, insi­s­tiría. Inven­taría amis­tades extrañas, de caras fran­cas y fáciles de leer como libros para niños, con voces de acen­tos deli­ciosos y bocas pequeñas que com­par­tirían hasta un grano de cuscús.
Mi mesa está servida. La preparé con todos mis conocimien­tos, con amor. La música me ayuda a sopor­tar la espera. Con­mueve mis guisa­dos, hace bril­lar mis aceitu­nas, lib­era los per­fumes de mis especias.
Por fin, oigo ruido de pisadas. Me levanto para abrir. Pero la puerta vuela en peda­zos. ¿Están allí mis invi­ta­dos? Irrumpen unos hom­bres sin ros­tro, arma en mano. No me tienen consideraciones.
Le dis­paran a la mesa hasta reducirla a polvo y se reti­ran sin decir pal­abra. La música termina.
Después de todo, no me queda más que recoger y preparar una nueva comida.

Abdellatif Laâbi 

sábado, 29 de marzo de 2014

Hallazgo.



Se llama Orchis Itálica.

viernes, 28 de marzo de 2014

De vecinos, diversidad y pensamiento colectivo.







Anoche se le escaparon mis vecinos gemelos a su madre y se colaron en mi casa, tienen seis o siete años y nunca habían estado. Estuvieron correteando por cada rincón con los ojos como platos, se colaban en las habitaciones y al salir decían: ¡ala!. Las casas de los vecinos, que generalmente pertenecen a la misma época que sus dueños, son los mundos trascendentes en la infancia. ¡Qué hubiera sido de mí sin las casas de los vecinos y en un época en que las casas eran todas diferentes! Me hubiera perdido la alfombra del salón de Lourdes, que era un mapa mundi grandísimo por el que reptábamos de Sudán a Marruecos o bajábamos desde Honduras hasta Tierra de Fuego. Me hubiera perdido el columpio del patio de Pilar, que apenas cabía a lo ancho, no habría visto un patio tan largo y tan estrecho en movimiento nunca y me faltaría una cicatriz en la frente. Y ya de adolescente no hubiera podido llevar a mis amigos al salón de casa de la tía Emma, que era la vecina de abajo y tenía libros y un tocadiscos.

Pienso con lo que leo y estoy leyendo un libro que sabía que no me defraudaría. Se titula “El naufragio del hombre” y lo firman Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria. Se puede descargar en la red. Hay gente a la que todavía no has conocido pero sabes que vas a conocer porque son amigos de amigos y están en eso estupendo que está pasado en medio de tanto infortunio, hay inteligencia colectiva y muchas ideas simultáneas demuestran que estamos pensando juntos.

La foto es del molinillo de mi casa, que dice mi tía que cumple 52 años este mes, como el café llega molido lo uso para las especias.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Casi notas






La única manera de parecer alegre es callarse cuando se está triste. El único procedimiento que conozco para recuperar la alegría es fingirla e insistir en el silencio hasta que se te olvide la mufa.

Mentiría si dijera que no piso los supermercados por solidaridad con los pequeños tenderos, que también. El primer motivo para preferir las tiendas es que sólo tienen una marca de cada cosa. Hay una crueldad refinada en ponernos cuarenta marcas de arroz delante y hacernos creer que estamos eligiendo.
(tener en cuenta los parecidos con Fb)


El próximo que hable mal de la soledad delante de mí me va a oír. ¡Venga ya! tanto presumir de propiedades y propietarios.



90 euros vale una bombona de butano como estas en Kivu, tómese en cuenta antes de decir alguna gilipollez sobre la pobreza en África.


Unas tapitas de obviedad para terminar la conversación con la niña:

-El que no mejora empeora
-Y el no se acerca se aleja
-Y el que no se aclara se ofusca
-Y todos envejecemos.
-Pues venga.




domingo, 23 de marzo de 2014

Antjie Krog y Victor Ekpuk




 Victor Ekpuk (Nigeria)


DESDE QUE NOSOTROS

desde que empezamos a andar
por este camino los lirios
florecieron del todo los globos oculares
quietos y abandonados
de los azul claros las afelpadas
paletas dobladas de la fila púrpura desde

que empezamos a andar por este camino
la hierba ahora jadeaba semillas
los ranúnculos han dejado caer
sus hojas como uñas cortadas
la bata de baño de la camelia
entre los cedros se secó y cayó

de las ramas desde que empezamos
a andar por este camino las duras
colas de caballo de las glicinas
se desprestigiaron la caída de agua
de las banksias terminó su salto mortal desde

que empezamos a andar por este camino
volvieron las golondrinas y podemos
oler el jazmín desde su
yugular la nieve
de las montañas se derritió
desde que empezamos un hombre cayó

hacia atrás en todo este aire
que respiramos es el aire

de todo este mundo el cielo
abrumado en escritos sobre
el dolor al atardecer nos volvemos
oscuros de habla al traducir

la desintegración nuestros
talones huelen a algo mortal pero
dios qué fuertes se han vuelto nuestros
muslos desde que empezamos a andar
por este camino qué feroz qué salvaje
nuestra filigrana al batir de terror el corazón

 Antjie Krog (Sudáfrica)