martes, 20 de noviembre de 2012

La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia



Caleb Charland


O bien podría decir, abducida por Roberto Juarroz.


¿Por qué las hojas ocupan el lugar de las hojas
y no el que queda entre las hojas?
¿Por qué tu mirada ocupa el hueco que está delante de la razón
y no el que está detrás?
¿Por qué recuerdas que la luz se muere
y en cambio olvidas que también se muere la sombra?
¿Por qué se afina el corazón del aire
hasta que la canción se vuelve otro vacío en el vacío?
¿Por qué no callas en el sitio exacto
donde morir es la presencia justa
suspendida del árbol de vivirse?
¿Por qué estas rayas donde el cuerpo cesa
y no otro cuerpo y otro cuerpo y otro?
¿Por qué esta curva del porqué y no el signo
de una recta sin fin y un punto encima?





El centro no es un punto
Si lo fuera, resultaría fácil acertarlo
No es ni siquiera la reducción de un punto a su infinito

El centro es una ausencia
de punto, de infinito y aun de ausencia 
Y sólo se acierta con ausencia.

Mírame después de que te hayas ido,
Aunque yo esté recién cuando me vaya
Ahora el centro me ha enseñado a no estar,
pero más tarde el centro estará aquí.





Detener la palabra
un segundo antes del labio
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.

El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita de otros,
para que las cosas sean
su destino de aire

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia

viernes, 16 de noviembre de 2012

Pienso a pedazos porque me distraen muchas cosas


Guiseppe Penone




La madurez verbal también era esto

Las palabras que con los años van perdiendo el sentido, se vuelven primero mates y luego van poniéndose transparentes hasta el punto de no significar absolutamente nada. Le ocurre a “cobarde”.  Le he preguntado a “valiente”  tantas veces qué significa “cobarde” que se están borrando las dos.

También me pasa con fuerte y débil, pero menos, a esas las eché al lavabo para quitarles la mugre cualitativa y han quedado llevables. 

Higiene mental.

Para combatir el estúpido nacionalismo hay que procurar sentirse extranjero en cualquier lugar, en cualquier país. A todas horas.

Urgencias

O llegan  metáforas nuevas o el paciente se nos muere.


Me persigue la belleza.

Ayer me llamaron porque había sido afortunada con un lote de mil euros en tratamientos, luego Avon llamó  a mi puerta treinta años después, y mis contemporáneas, de un tiempo a esta parte, repiten con mucha ternura:

-No mujer, entiéndeme, si yo sé que eres muy cuidadosa y te cuidas mucho por dentro, digo por fuera.

Puedo entenderlo porque me avisó M Jesús, menos mal, así me voy por los cerros de Úbeda y esquivo la pregunta amarga ¿tan mal me ven?  La nunca bien ponderada avisadora me contó:

-Empezaron a cambiar, se empezaron a poner muy nerviosas, tendríamos tu edad ahora. Yo volvía siempre a casa ,después de mucho té en la plaza del juzgado,  un poco acongojada. Tenía una intuición desagradable, pero era algo que no sabía concretar hasta que un día, eureka, me miré al espejo y caí en que el problema era el pelo blanco. ¡Claro, coño! yo seguía teniendo mi edad y a ellas les empezaban a desaparecer arrugas, algo fallaba, como espejo  yo era un horror.

La Chanson

La reencontré anoche, hacía tiempo que no me dormía tan alegremente acunada. La voz de Iggy Pop es una de las dos voces que mejor me acarician las entretelas. Hasta da igual lo que digan.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Trasciende toda geometría




Juan José Aquerreta


Ni idea de donde leí las declaraciones de una viuda que contaba que lo que más compañía le hacia era leer los  libros que leyó el finado, llenos de subrayados y anotaciones. Debe ser una pulsión muy vieja la de dejar herencia, aunque no se sepa aún a quien. Lo de la viuda me reafirma en la ilusión de que, cada vez que empuño el boli y subrayo, estoy hablando con alguien dentro de un tiempo

Lo de los planos,  escribí al margen de una anotación de Canetti titulada Acerca de la metamorfosis, en la que habla de esos momentos de absoluto. Cuando no sucede nada y todo cambia. En este caso Canetti se encuentra a la repartidora del gas que pasa a su lado a gran velocidad con una camioneta y de pronto descubre que es él quien ha pasado a gran velocidad con una camionerta al lado de la repartidora. Habla de cuando se trastornan los planos en los momentos de muda y se anclan de un modo indeleble en la memoria todos los detalles.

Uno quisiera escribir tanto como sea necesario para que las palabras se presten vida unas a otras, y tan poco como para poder tomarlas uno mismo en serio. Decía un poco más abajo.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ruidos, reencuentros, reseñas, extrañezas y obviedad





Para empezar, pensar no es llegar a conclusiones, es más bien todo lo contrario.

Solamente se ha entendido algo cuando se es capaz de explicarlo de una manera sencilla. Para alcanzar esa aprehensión es necesario haber mirado todos los elementos que componen ese algo con extrañeza, por obvios que parezcan.

¿Lo de arriba es obvio?

Son suculentas las certezas

Teniendo en cuenta únicamente el placer de esta semana no me queda ni una sombra de duda: yo he nacido para escribir reseñas.

Menos mal que he vuelto a hacerlo.


Y luego que son incompatibles la exactitud y el cariño 

-Como no, en el Francisco II, claro, es nuestra pista de aterrizaje

-Tú nos esperas allí que nosotros iremos antes a comprar.

Me dice el rubiux todo serio desde Sudan. ¡Si tendremos ganas de vernos que fijamos día, lugar y hora  y casi la lista de la compra con casi dos meses de adelanto!
  


¡Quiero ser yo la sorda y que sea mi vecina la que oye mi televisión!

Sé perfectamente de dónde sale esa sonrisa beatífica de Elena, el silencio debe ser así, como su sonrisa: una bendición.

Elenita es mi sorda preferida, para empezar decidió dedicarse a la radio y en la ser ha ejercido durante un cuarto de siglo. Además es sinestésica, eso es un chollo para alguien que escribe, patidifusas nos dejan sus  metáforas.

Con frecuencia hablamos Elena y yo de su sordera y de mi exceso de oído, ¡si pudiera darle cuarto y mitad! Tengo que conseguir unos tapones. Es enloquecedor oírlo todo, el edificio entero. Sé cuantas televisiones hay encendidas,  cuando sube el café al final de un pasillo larguísimo, intuyo que algo va mal cuando las dominicanas del cuarto no arman quilombo, sé que el padre del otro bloque se ríe más con la hija pequeña, que el del tercero izquierda hace gimnasia en el salón desde que murió su madre, que es Iñigo el que empieza las sesiones de llorar y luego lo siguen sus tres hermanos …voy a dejarlo. Tendré que ver la misma película que Pili, hasta las doce menos cuarto no se va a la cama, no tengo alternativa.

martes, 6 de noviembre de 2012

Unos espárragos y demasiado siglo XIX.











...También es Charles Ephrussi quien compra a Manet un cuadro con un manojo de espárragos por el que el pintor pide ochocientos francos, él le envía mil y el pintor le corresponde días después con otro cuadro con un solo espárrago acompañado de una nota: Parece que éste se soltó del manojo. 


Estaba escribiendo la reseña de "La liebre con ojos de ámbar", un libro muy recomendable cuyo estupendo autor, Edmund de Waal, es de profesión ceramista, pero el párrafo de arriba y los espárragos se me querían venir desde hace un rato aquí.

Ya sé por qué me desmayé ayer, fue una sobredosis decimonónica, consecuencias de la pesada digestión Bovary: ¡Todo lo que se ha escrito sobre esa mujer! y lo que es peor ¡todo lo que me he leído las últimas semanas!¡cómo no va a afectarme!

El desmayo estuvo tres bien. Me dejó relajadísima y extrañada: no recordaba tanta paz. Sentí algo muy raro. Busco cómo describírmelo y me sale una simpleza: fue como venir de un lugar más hondo que el sueño y sin nada, y sin tiempo, en el que estaba muy a gusto. Quizá una petit mort sin connotaciones eróticas pero sí francesas.

miércoles, 31 de octubre de 2012

+Roberto Juarroz





Mensaje del azul entre las hojas,
lectura sin trampa de sentido,
sin el enturbiamiento de las significaciones.

Mensaje del silencio cuando no es espera
de ningún otro mensaje,
cuando es sólo una masa desnuda.

Mensaje del gesto más inexperto de tus manos,
olvidadas de ti, de mí, de todo,
de la combinación de sus funciones
que a veces soliviantan al mundo

Mensaje del azar que se despierta
o quizá del azar que se duerme
y abandona la última vigilancia,
para que lo que ocurre
ocurra como si no ocurriese.

Mensaje sin mensaje
No hay mayor libertad
no hay nada más opuesto a la muerte,
no hay encuentro más abierto

Imagen Felix Vallotton

domingo, 28 de octubre de 2012

Oda a Pepito.






-En esta ciudad vivís tres lezamianos, Pepito, Javier Barreiro y tú, deberías conocerlos.

Me dijo el Ezpeorientador hace veintipico de años. Y así conocí a mi maestro y también a mi librero.

Quería escribir esto desde que leí la entrevista que les hicieron a Pepe y a Julia en Jot DowAllí hablaba Pepito de Musil y de Lezama. ¿Cómo es posible que sin ponernos de acuerdo compartamos fijaciones tan diametralmente opuestas como Musil y Lezama? Me pregunté maravillosamente extrañada cuando lo leí en el molino. En el vis a vis no nos extraña nada, ya lo sabemos.

O quizá me entraron ganas de hablar de Antígona cuando encontré aquella cita de Calvino: La elevación consiste en, una vez detectado el infierno, señalar todo lo que no es infierno, y darle espacio.

¿En qué otro lugar en el mundo se puede oír algo como…

-Mallarmé, Mallarmé, ese es bueno, a ese no se le entiende nada. Fuera de bromas, para mí el mejor.

¿En qué lugar se puede una encontrar con Losilla y  todas las ediciones de Museo de Cera, incluido el que había debajo de la pata de la cama en Carabanchel, el mismo día?

¿Dónde presentan los libros los soperos?

¿Dónde preferiría quedarse encerrado Antonio?

¿A dónde sé que vuelve José Mari?

Lo que más me reconfortaba cuando me arruiné como librera era visitar a Pepito. Se me pasaba cualquier bajón de fracaso después de un rato por allí fumando: algún otro papel me reservara el destino en esta timba literaria, me decía, este flanco está bien cubierto.

¿Habrá influencia más suculenta que la risa de Julia escoltándote por la espalda cuando te pierdes en el rincón del ensayo?

La librería Antígona para los parroquianos es otro gran texto. Un  Aleph caótico en el que siempre hay ganancias, tanto si te orientas como si te desorientas.

Quienes la conocen saben que no exagero.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La tristeza infalible de los pies húmedos












Anoche comenté en clase que ir a nadar mientras llueve a chuzos me parece redundante. Les hizo gracia. Pero no lo intentaba. Tanta agua me provocó un estado de ánimo severo durante el fin de semana. Hasta estuve a punto de llamar a mi papa para que me viniese a buscar a la piscina. Menos mal que me di cuenta a tiempo de que tengo cuarenta y siete años:  edad de aguantar, ya y aún, fuertes chaparrones.

No fue suficiente secarme y tomarme un té hirviendo, miraba por la ventana y seguía teniendo frío. Entonces me puse tres fragmentos abrigadores de conversaciones con amigos  y casi todo se arregló.


Estiramientos:

-Perdona que hable de algo íntimo delante de desconocidos tuyos, lo hago porque  Marta es una prolongación mía y Sonia es una prolongación de Marta.

Extrañamientos llegando al límite:

-Y yo, y yo, y yo, tanto, tanto, tanto, que me traje tu chaqueta
-¿Cuál?
-La naranja, negra y granate, la de punto
-Choriza. No caigo, ¿de qué época es?

Estados parisinos.

-Quizá es que me siento sola
-No me digas eso porque si tú estás sola yo también, ¡no jodás!

lunes, 22 de octubre de 2012

Si pudiera elegir, escribiría...




Hoy, como tantos días, le tocaba ayudarme a pensar al camarada Escarpa:

Si pudiera elegir, escribiría...

Si pudiera elegir, escribiría
sobre las alas lentas del verano,
sobre ese caramelo escogido entre muchos
y su sabor poliédrico, 
la belleza torcida, las prescripciones médicas,
los gatos, el placer, el mar, la noche.
Resulta tan difícil creer en estas cosas.
A veces nos parece que es otro el que contempla
los milagros de lejos, subido a una cornisa,
que es otro siempre el que despierta a tiempo,
y el sol en la ventana nos recuerda de pronto
que la luz es posible.
*
Yo no comprendo nada. No por eso
me rindo. Una cuestión
de técnica, sin más. No comprender
apenas nada ofrece
nuevas y limpias posibilidades.
Ir ofreciendo el desconocimiento, hacerle
entrega al mundo de este interrogante,
que sea finalmente de todos tanta duda,
tanta perplejidad.
No comprendo siquiera
por qué, pero es inútil
tratar de resistirse a ese sosiego
que provoca partir
el pan del estupor
y, al repartirlo,
propagarlo, darlo
a luz, iniciarlo,
no poseer la sola
incomprensión de todos,
y no comprender nada,
y celebrarlo.
*
No hablaré de la muerte
porque no la conozco,
y cuando la conozca
no hablaré de la muerte
ni de nada. Ahora
es tiempo de vivir,
sencillamente. Luego
vendrá la muerte. O no. 
Quién sabe. Ya veremos.



martes, 16 de octubre de 2012

Más cortedades.









Esclarecedor final de una conversación veraniega al borde del barranco con el niño Escarpa:

-Eso es, ¡¡¡Eureka!!! Eso exactamente somos:  ¡barrocos borrados!

Vómitos auditivos

Cuando oigo a alguien autodenominarse artista siento unas tremendas arcadas que empiezan en el pabellón y acaban en el lóbulo de la oreja: como si les oyera decir de sí mismos que son sabios o que son genios.

Uno puede decir que es pintor, o fotógrafo, o director de cine, músico o escritor y hasta, si me apuran, poeta. ¡Pero artista!

El placer del titubeo.

O la ración de adrenalina necesaria que nos traen los pequeños misterios.

Propósitos higiénicos

Mantenerse a una distancia prudencial del yo, alejarse el doble cuando se encuentre con halagos: esas potentes máquinas de hacer el vacío.