martes, 19 de enero de 2010

Sobre el queso duroblando

Últimamente me viene con frecuencia a la memoria aquel queso salvadoreño, el queso duroblando. Ahora mismo le decía a Ester, una alumna, que la vida es fácil-difícil. Nos hemos encontrado con un problemilla-argumento- agujero negro, de los que abarcan todas las gamas y que podría convertirse en una historia como las de Arthur Miller. Como el queso duroblando

Comiendo con Javier, después de dar dos vueltas al ruedo revisando menús en su peculiar barrio, que a mi no me parece un barrio sino un escenario con función interrumpida, me ha contado los problemas laborales de Mila con la riqueza semántica y la propiedad que lo caracteriza. Da de sí lo la entomóloga y el poeta:

Mila es investigadora y está especializada en escarabajos, por eso no la dejan pasarse a la procesionaria, aunque es una experta. Llegan sus sesudos proyectos y todos se los rechazan:

-Es la de los escarabajos, fuera-

Imagina Javier que dicen los del tribunal

Y como yo venía del Inem los problemas de Mila, que no dejan de ser serios para todos, porque cuando ves cómo le brillan los ojos si encuentra una procesionaria sabes que se puede cargar ella sola una plaga, me han vuelto a recordar el queso duroblando.

Imagen Frantisek Kupka

jueves, 14 de enero de 2010

El peso del cartón



Al principio he pensado que era contradictorio acordarme de esta canción viendo las imágenes de hoy en Puerto Principe, pero qué va, es lo mismo siempre, y todos sabemos que no se muere nadie en Japón ya por un temblor de esos grados, ni de más, claro que son pertinentes las casas de cartón hoy, sobre todo porque esa canción casi se susurraba, se cantaba quedito, como un rezo, y no hay que cambiar la letra para entonarla hoy por los Haitianos.

¿Alguien puede describir un barrio de casas de cartón?, siquiera imaginarlas desde este lado:

Yo ya no.

P. D. Un enlace muy interesante sobre Haití que ha publicado hoy Paco Gómez Nadal:

Haití, de la catástrofe a la hecatombe

Gracias Paco


Actualité a l´affiche



¡Para aliviar!: más racismo y un terremoto terremoto en Haití. ¡Nada menos que en Haití!, he pensado por la mañana

Y luego me he acordado de mi sobrino, Tomás, que tiene siete años y una crisis de fe y ha pasado las navidades diciendo ¡vaya dios, siiiiiiii es que existe, que lo dudoooooo!¡vaya dios que no va a África ni cuida a nadie!. Mientras su hermano gemelo, Alejandro, se declaraba católico sin dudar: ¡es que si no cree en dios no puede creer en los reyes magos!, lo hace por eso, me sopló el otro, enfebrecido en su cruzada atea. Y así va todo.

Me he puesto a rebuscar al final de la tarde, con suerte porque me he reencontrado con un tipo que me fascinó hace mucho tiempo, el de las dos manzanas bailando, se llama Michael Batory, poco he podido averiguar sobre él, que hace los carteles del Theatre Chaillot y na más.









martes, 12 de enero de 2010

Hablándome a mi misma en última persona


Encontré la bolsa de agua por casualidad y desde entonces se ha convertido en mi compañera inseparable. La caliento una y otra vez, y no hace frío en casa, pero me resulta interesante reconfortarme los fragmentos. Sólo al calentarme la tripa descubro que tengo los pies helados y así me voy localizando.

Eso me ha recordado que hacía mucho tiempo que no leía a Beckett.

(…)Nos refugiábamos en la aritmética. ¡Cuántos cálculos mentales efectuados de común acuerdo doblados por la cintura! Elevábamos a la tercera potencia números ternarios completos a veces bajo una lluvia torrencial. Bien o mal grabándose progresivamente en su memoria los cubos se acumulaban. En vistas a la operación inversa en un estadio ulterior. Cuando el tiempo habría hecho su obra.

(…)Para poder gozar del cielo de vez en cuando se ayudaba de un espejito redondo. Después de velarlo con su aliento y frotarlo contra el muslo buscaba las constelaciones. ¡Ya la tengo! Gritaba refiriéndose a la Lira o al Cisne. Y muy a menudo añadía que el cielo estaba como siempre.

(…)Todos estos conceptos son suyos. Yo no hago más que combinarlos a mi modo. Dadas cuatro o cinco vidas como ésta yo hubiera podido dejar un rastro.

(…)Pero hablo de hace cinco o seis años. Estas indicaciones de duración, y las que han de venir, para que nos sintamos dentro del tiempo.

Samuel Beckett Relatos Editorial Tusquets

La imagen es de Soledad Sevilla

viernes, 8 de enero de 2010

¡Las preguntas son tan adictivas!



Que hay que buscar antídotos

...o muchas preguntas que neutralicen a las otras:

¿Cuál es la pregunta por antonomasia?.

Me estoy preguntando desde temprano.

Hasta ahora va ganando

-¿bailas?

será porque es viernes

jueves, 7 de enero de 2010

Hoy, por destacar un día, la nieve y unos versos que me gustan mucho, pero no se dejan maquetar, de Francisco Pino


O mejor:

Suavísimas miríadas
de palabras
moviéndose
sin deslizar ideas


El poema al que pertenece creo que se titula se titula Tiempo-Intimidad

La imagen es de Francisco Aliseda

miércoles, 6 de enero de 2010

¿Cuál es el colmo de un narrador?


Que su lector no lo crea. Porque el trabajo de un narrador es, precisamente, interrumpir la incredulidad del lector:

Si el espectador o el lector recuperan su incredulidad antes del final de la obra, ésta ha fracasado.

Dice el erudito Bioy Casares recordando a Colerigde

A la ficción se le exige mayor coherencia o verosimilitud que a la realidad. Los mundos posibles, para ser creíbles, tienen que estar temporal y espacialmente ordenados; la ficción es, antes que cualquier otra cosa, reorganización.

El narrador tiene la función notarial, autentificadora de los actos del habla, lo que dicen sus personajes puede ser erróneo o directamente falso, pero el escritor y su representante en el texto, el narrador, no pueden permitir que el lector los cuestione. Con la literatura somos más exigentes que con la vida real, queremos más coherencia o bregamos de otra manera con lo improbable.

“Lo imposible verosímil es preferible a lo posible pero no convincente”

Dijo Aristóteles.

Para U. Eco el juego de la ficción exige del Lector-Modelo que no se plantee dudas sobre la verdad o falsedad de lo que el narrador le cuenta: en caso contrario, el mecanismo de la interpretación se bloquea y la vivencia de la ficción no llega producirse.

Fue Kant quien dijo que “hacer como sí” era una condición necesaria para entender. Luego Paul Ricoeur retoma la idea y la convierte en el centro de sus teorías :

El mundo del texto no es un dato empírico, sino que, en cuanto producto de la imaginación se inscribe en el ámbito de lo posible; se trata de un mundo regido por la lógica del “como sí”.

Con el hagamos como sí, una propuesta de lógica interna, el narrador construye los puentes entre los universos de ficción y los lectores-.Luego la orilla del mundo representado, del mundo posible, se aleja o acerca de la del mundo real, pero ese es otro tema, y es que desde ésta pregunta se pueden disparar otras y en muchas direcciones.

¿La realidad es también una construcción mental?

¿Por qué los seres humanos están necesitados de ficciones aún sabiendo que son pura simulación?

¿Cómo se influyen el mundo real y los mundos posibles?



Imagen
William Kentridge

jueves, 31 de diciembre de 2009

¿Los niños tienen menos disciplina desde que no existen las lecherías?

No sé.

Ir a por la leche fue para mí la primera obligación y el primer ritual, un día sí y otro no, un día mi primo David y otro yo. El camino hasta la casa de Santas, visto desde aquí, es el camino de mis iniciaciones: donde por primera vez tuve miedo, donde por primera vez pasee con amigos, desde donde llegue a casa tarde, donde varias veces se me cayó la leche y donde por primera vez mentí, con tan mala suerte que me pillaron, una nochevieja.

Esta mañana, en esos diez minutos ingratos del rezagarse, he empezado un balance de la década, pero enseguida me he dado cuenta de que no es recomendable para el ánimo medir con esos trancos y he preferido ir a resguardarme en la lechería, el camino ahora es más corto y además no tiene pérdida; sigue marcado por mugidos tranquilizadores y olor a vaca.

La mentira fue tonta. Yo quería cenar con mis primos, en casa de la tía Emma. Santas me preguntó que dónde cenábamos y yo le conté el deseo, poco después llego mi madre que descubrió que era mentira. Tenía unos seis años, ninguna de las dos se dieron por enteradas, pero a mi me recorre un escalofrío de lo bien que me acuerdo.

Por cierto, que aún me hace ilusión cenar con mis primos, en casa de mi tía Emma, que ahora está donde estaba la de mi abuela, y hoy sí cenamos con la prole enorme de los Peña.

Buen día, buena noche, buen año y buena década.

domingo, 27 de diciembre de 2009

¿Qué es preciso para que un libro exista?


Se lo preguntaron a Juan Eduardo Cirlot en una entrevista en 1968 :

…para que un libro exista no es preciso ni siquiera editarlo, ni aún escribirlo. Basta haberlo pensado verdaderamente. Hay placas de resonancia y de registro en el universo que tienen más valor que los oídos o las miradas del oyente y del lector, aunque éste no sea jamás desdeñable.

(…) Si publico pocos ejemplares es porque creo que, en la actualidad, es muy difícil, o casi imposible, interesar por una poética nueva, sobre todo si ésta versa sobre experiencias espirituales y no sobre problemas de la masa. La humanidad quiere convertir a los poetas en periodistas, agentes de publicidad o sacerdotes, géneros muy distintos y respetables en distinto grado. Pero el poeta no es nada de ello. Es sólo alguien que responde a preguntas formuladas por algo que se asemeja extrañamente a la nada. Y su voz tiene una resonancia que él no podría evitar, aunque quisiera. A eso se le llama hermetismo.

Tuvimos suerte, Cirlot escribió muchos libros y su obra, sobre todo el ciclo deBronwyn, es cada vez más conocida y valorada.

Pero, ¿quién es Bronwyn?

Una tarde de verano Cirlot conoció a Bronwyn en una pantalla, en la película de Franklin Schaffner El Señor de la Guerra. Bronwyn es un nombre de mujer, el nombre de una doncella céltica que vivió hacia el año 1000 de nuestra era en Brabante y a la que en la película da vida la actriz Rosemary Forsyth.

“Nada sucedió después del visionado de la película”, dice su hija, Victoria Cirlot, en el prólogo de la editorial Siruela, ni siquiera una crítica, “pero Juan Eduardo Cirlot vio la luz de Bronwyn”. El amor de Cirlot por Bronwyn fue fértil y diverso. “Nos amábamos como ahora sólo en sueños soy capaz de amar”, dijo.

Cirlot concibió su poética como una investigación del ser y también como la exploración del espacio de lo antirreal, de lo que no acontece jamás.Experimentó con permutaciones, músicas al estilo serial de Schoenberg, Berg y Webern, y practicó una poesía hermética, pero también escribió poemas diáfanos:

Mira, son las nubes

¿te subes?

El ciclo Bronwyn está formado por dieciséis libros que poco parentesco formal tienen entre sí, pues van del soneto a la poesía fonética.

Como investigador escribió estudios sobre simbología y hermenéutica medieval. Pocos libros de consulta son tan recomendables para pensar, para reconocerse o para escribir como su Diccionario de Símbolos.

Imagen: fotograma de El Señor de la guerra.

Lecturas recomendadas:

- Bronwyn.
- Diccionario de los Ismos.
- Diccionario de símbolos.
Juan Eduardo Cirlot. Editorial Siruela


P.D. Estas son mis últimas articulaciones, un ratito después suelen llegar las de Gonzalo, todas las semanas en http://articulacionescuela.wordpress.com/

viernes, 25 de diciembre de 2009

Demasiado cuorum


Los melómanos cercanos, mi hermana y Miguel, parecen estar de acuerdo por una vez.

Así las cosas he tenido dos regalos, pero iguales.

Tendré que oír detenidamente a Zenet.