viernes, 4 de mayo de 2018

La gran seca o la gran remojada.



Lo único importante son los momentos de absoluto. En el corral de Emma con cuatro o cinco más,
después del inesperado y doloroso entierro de Luisa.

-Tienes muy bonitas las plantas, Emma.
-No te creas, estoy regando más de la cuenta.

Y me guiñó el ojo. Nunca lo hemos comentado, pero las dos sabemos, regar más de la cuenta es un
síntoma de ansiedad que asesina a millones de esquejes recién nacidos al año. Hoy he matado por
exceso de cuidados a la begoña más preciada. Aún estoy a tiempo de multiplicarla.

Luego volví con Silvia y Vladimir, ese corralito de la tía es un predio imantado, y el relindo del Vladi
se sacó del zurrón unas nueces emocionadas:

-Pues te han engañao, las españolas son más pequeñas, estas son californianas-dictaminó mi
infalible y vegetal tía.

Nada peor se le puede hacer a un hombre que prestarle demasiada atención, decía Musil.
Y a las plantas les pasa lo mismo.


jueves, 3 de mayo de 2018

Mirta Rosenberg




Radiografía de una rosa




Vas a verme
Me ves
y no sé lo que verás.
Sea lo que sea,
más allá de lo que veas
siempre estoy yo además

Sentarse y dejar entrar.





miércoles, 2 de mayo de 2018

¡¡¡Cuánta amistad es necesaria para poder pensar en solitario!!!




Del Bajo Lempa hasta la Ribera del Ebro transcurrieron veintitrés o veinticuatro años y unos 17.800 kilómetros si tomamos en cuenta también el trayecto Baeza-Madrid-Zaragoza. Intento buscar la distancia exacta en Google Maps, pero ¡no tiene ni idea!

Vladimir y yo  cumplimos y  ya nos hemos presentado a nuestros ríos.

Su encuentro con el Ebro fue breve, porque volverá para ver como se transforman los chopos y el tamarit con los meses. Fue breve pero no fue baladí, ese poeta agricolari nunca ha sido en vano. Vino hasta aquí para salvar a un cangrejo. Silvi y yo intentamos deducir si aquel bicho casi deshidratado que había dejado la riada en el camino era un cangrejo español o americano, y no dimos con el chiste.

¡¡¡Cuánta amistad es necesaria para poder pensar en solitario!!! 
Que decía Canetti.



martes, 1 de mayo de 2018

Omega




Ese disco sigue siendo el vehículo más veloz.

jueves, 26 de abril de 2018

También de pequeños estuvimos en peligro o epidemia de cólera.







Sigo disfrutando mucho de la teoría de las tres edades. Estoy cada vez más convencida, con Musil, de que tiene que haber más permutaciones, para todo. 

La teoría de las tres edades se la debo a una de esas noches llenas de comer. Juan Cruz Móctezuma siempre decía que yo tengo 6, 30 y 110.

He estado hablando con mi absoluto coetáneo, Bernal, de lo que nos ocurrió en el año 71, a los seis años, hemos reconstruido lo mejor posible, hasta destilar una imagen: la del terrón de azúcar que nos dieron después de vacunarnos porque había una epidemia de cólera.

Vivir una epidemia a los seis años deja secuelas hipernemotécnicas, fijo que sí.

Porque hay que dispersarse, que sino, nos escribimos una novela esta noche sobre ese año. ¡La cara  de Javi en la bici lo dice todo! ¡Epidemia! David y yo mirando a la derecha, como si de allí manaran los virus.

Como dice el interlocutor coetáneo, siempre exacto:

-¡Qué miedo! Pero ahora, entonces aún no teníamos miedo



viernes, 20 de abril de 2018

El tiempo y los premios.


Como aún no es replicante, no ha puesto la posibilidad de replicar su entrada, pero como es un oráculo yo me tomo la libertad de cortar y pegar, allá va Silvia Alfayé, la lucidez reconfortante de la Silvi, con una foto de cuando era humana que le birlo por el morro de su muro.
Ay L´amour.
Nos habían hablado durante años a la una de la otra pero no nos queríamos conocer:
-Menudo huevo si después de tanta publi nos caíamos mal-dice sensatamente.
Ya mi tío Teódoro comentaba:
-He visto a la mozica de Paco el del cine mirando correr el agua sentada en el escorredero. Sabes qué, esa chica piensa, es muy especial la chica del Alfayé. Da gusto hablar con ella.
Que hable pues:
"Auténticas replicantes"
Ahora que está tan de moda entre quienes practican la autenticidad y la alternatividad, he decidido que yo también quiero molar y ser una de esas nuevas mujeres humanas trascendentes y superlativas. Así que voy a hacerme ecobruja postmoderna, viajera y mochilera cósmica, meditadora libre, amiga de niños y animales -a ser posible no europeos, que quedan más exóticos-, artista poética de la pista, y oenegeista. Ponerme un piercing falso ha sido solo el primer paso.
Para eso, y después de unos cuantos cursillos amables sobre la trascendencia y el infinito -la terapia de verdad no da caché en las redes sociales-, y de varios viajes a otros continentes bien rentabilizados fotográficamente, voy a dar paseos conscientes por la naturaleza -vamos, como he hecho toda mi vida sin enterarme-, voy a celebrar alegremente mi menstruación, voy a adoptar un chucho o un gato -lo de correr con lobos está demodé-, voy a petarlo con el mindfulness y el wellness, y voy a compartir con vosotros mi sensibilidad y mi sabiduría condensándola en frases filosóficas súper sofisticadas -"yo soy yo"-, acordes con la tipa alternativa y profunda en la que me habré convertido.
El siguiente paso va a ser mostrar mi renovado ser a todo el mundo -ese que no me importa nada porque YO ya me he liberado de mi ego-, poniendo fotos mías muy glam en blanco y negro como perfil de Fb, con parte del pelo tapándome la cara y mirada intensa, y quizás un hombro o una espalda desnuda e insinuante -pero solo lo justo-, como si todo fuera muy casual después de 200 tomas. Y no es porque me sienta tan auténtica e interesantona que ya solo quiera follarme tántricamente a mi misma, sino por una mera y desinteresada función didáctica y social: mis imágenes os van a educar y os van a mostrar el camino a seguir, y yo lo haré por vosotros, y para cambiar y salvar el mundo. Porque soy así de generosa, así de original y de genial. Imaginad lo que puedo hacer con vuestras fantasías anti-sistema. Eso sí, no me busquéis más por nombre y apellido del DNI, que es muy mainstream y no es de guapas; a partir de ahora, llamadme Nuwanda Yo te Cielo.
Y, si me queréis, no me digáis nunca que soy una replicante, no sea que despierte de mi autocomplaciente ensoñación.

miércoles, 11 de abril de 2018

Llueve








Hay veces que imagino que se ha puesto a llover en todo el planeta. Estoy descubriendo a qué se refería mi madre cuando decía "dolor de huesos", y, trozo que me duele, trozo que me envuelvo. Soy un desastre con las vendas, parezco una momia desordenada.


Primavera Provisional

Deja fluir mis huesos entre las hojas
entre las hojas nacidas de haberte conocido
un día de lluvia
cuando los barquichuelos de tus orejas
cortaban las flores ocultas bajo los nombres de mis calles.

De Ailleurs Juan Larrea

jueves, 1 de marzo de 2018

Pero también hay que hacer huelga por los hombres








Por la mayoría de los hombres. Ellos también padecen “el mandato masculino”(1) y, generación tras generación, están condenados por unas censuras sociales, impuestas por los propios hombres y por las mujeres feminizadas, que les dificultan desarrollar capacidades como cuidar o verbalizar los sentimientos.

Hay que hacer huelga contra la feminización y la masculinización, esos son los auténticos enemigos de los hombres y las mujeres.

Después de mucho reflexionar y de hablar con mucha gente he llegado a la conclusión de que la masculinización (madre del machismo) y  la feminización (hija del mercado) son el problema: imponen un ritmo a las mujeres y otro a los hombres. Eso genera una perturbación en sus relaciones, una disrritmia, difícil de solucionar. Esa disrritmia no existiría si pudiésemos desarrollar nuestras capacidades sin la castración que significa para ambos géneros tener que elegir entre dos modelos, dos únicas tonadas, siguiendo con la metáfora musical, que suenan una contra otra.


  1. Siempre aparece alguien capaz de explicar su época, eso alivia mucho, creo que es imprescindible para entender la nuestra leer a Rita Segato, pocos logran recolocar tantos conceptos y nombrar con tanta exactitud. Por ejemplo el concepto de “mandato masculino” que es el más esclarecedor que he encontrado en mucho tiempo.
  2.  https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/map45_segato_web.pdf


domingo, 25 de febrero de 2018

El roce hace el cariño





Por eso acaba uno tan autoreferencial.

miércoles, 21 de febrero de 2018

La palabra lilas casi tan alta como ancha

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Germaine Roussel, 52 años, nacida en Amiens, obrera en una fábrica metalúrgica de la región parisina, vive en Romainville desde hace once años. No sabe leer, ni escribir. Se educó en La Asistencia pública, luego se colocó en casa de unos granjeros de Somme, y terminó obrera en una fábrica, madre de dos niños y sola para criarlos. Nunca tuvo «ocio» para recuperar el tiempo perdido. Hemos intentado vencer nuestra timidez ante Germaine Roussel para lograr que nos describa su universo o, si se quiere, como ella misma lo llama, su enfermedad.
-¿Hay palabras que usted reconoce sin saberlas leer?
-Hay tres. Las palabras de las estaciones de metro que tomo todos
los días: Lilas y Chátelet, y mi nombre de soltera: Roussel.
-¿Las reconocería usted entre muchas otras?
-Entre una veintena, creo que las reconocería.
-¿Cómo las ve usted, como dibujos?
-Digamos que sí, como dibujos. La palabra Lilas, es tan alta casi
como ancha, es bonita. La palabra Chátelet, es demasiado alargada,
me parece menos bonita. Es muy diferente a la vista de la palabra
Lilas.
-Cuando se ha encontrado usted intentando aprender a leer, ¿le
ha parecido difícil?
-No puede usted hacerse una idea. Es algo terrible.
-¿Por qué principalmente?
-No lo sé muy bien. Quizá porque es tan… pequeño. Perdóneme
usted, es natural, tampoco sé expresarme.
-Le resulta muy difícil vivir en París, ¿verdad? ¿Desplazarse?
-Cuando se tiene lengua, se puede ir a Roma.
-¿Cómo se las arregla?
-Hay que preguntar mucho, y pensar. Pero, sabe usted, reconocemos
muy deprisa, más deprisa que los demás. Somos como los ciegos,
vaya, tenemos rincones donde nos orientamos. Luego se pregunta.
-¿Mucho?
-Diez veces más o menos para hacer un viaje a París, cuando dejo
Romainville. Están los nombres de los metros, y uno se equivoca,
hay que volver atrás, volver a preguntar, luego el nombre de las calles,
de las tiendas, los números.
-¿Los números?
-Sí, yo no sé leerlos. Los sé contar muy bien en mi cabeza para mi
paga y mis compras, pero no los sé leer.
-¿Nunca dice usted que no sabe leer?
-Nunca. Siempre digo lo mismo, que he olvidado las gafas.
-¿Alguna vez se ve obligada a decirlo?
-Alguna vez sí, para las firmas, en la fábrica, en el Ayuntamiento.
Pero fíjese usted, siempre me pongo colorada, cuando tengo que
decirlo. Si usted estuviera en mi caso como otros, lo comprendería.
-¿Y para su trabajo?
-En el contrato, no lo digo. Cada vez pruebo suerte. En general
funciona, excepto cuando hay las fichas de horas que hay que rellenar
todas las tardes. Aparte de eso, finjo.
-¿En todas partes?
-En todas partes, en el trabajo, en las tiendas, finjo mirar las básculas,
las etiquetas. También tengo miedo de que me roben, de que
me engañen, desconfío siempre.
-¿Le crea dificultades incluso en su trabajo?
-No, trabajo bien. Me veo obligada a prestar atención más que los
demás. Reflexiono, presto mucha atención. Va bien.
-¿Para las compras de su casa?
-Sé todos los colores de todas las marcas de productos que utilizo. Cuando quiero cambiar de marca, una compañera me acompaña.
Luego, me acuerdo de los colores de la nueva marca. Tenemos
mucha memoria, nosotros.
-¿Cuáles son sus distracciones, el cine?
-No. El cine, no lo comprendo. Va demasiado deprisa, no comprendo
cómo hablan. Y, sobre todo, hay demasiadas escrituras que
bajan. La gente lee letras. Luego, ya están emocionados o contentos,
mientras que yo no entiendo nada. Voy al teatro.
-¿Por qué al teatro?
-Da tiempo a escuchar. Las personas dicen todo lo que hacen. No
hay nada escrito. Hablan lentamente. Comprendo un poco.
-¿A parte de esto?
-Me gusta el campo, los deportes para ver. No soy más tonta que
otra, pero al no saber leer, se es como un niño.
-¿Le molesta la gente que habla por la radio, por ejemplo?
-Sí, lo mismo que en el cine. La gente utiliza palabras que están
en los libros. Si no estoy acostumbrada a esta gente ni a estas palabras,
luego hay que explicarme lo que dicen con mis palabras.
-¿Olvida usted alguna vez que no sabe leer?
-No, pienso en ello siempre tan pronto como estoy fuera. Es cansado,
hacer perder tiempo. Con tal de que no se note, esto es lo que
uno piensa todo el tiempo. Se tiene miedo siempre.
-¿Cómo?
-No sabría cómo contárselo. Me parece que esto debe verse, no
es posible.
Marguerite Duras
France-Observateur 1957