martes, 5 de marzo de 2013

lunes, 4 de marzo de 2013

Vuelta a Lezama o en la languidez de un verde transparente


Imogen.Cunningham

Amanecí barroca y copista.

III

Cautivo enredo ronda tu costado,
pluma nevada hiriendo la garganta.
Breve trono y su instante destronado
tiemblan al silbo si suave se levanta.

Más que sombra, que infante desvelado,
la armadura del cielo que nos canta
su aria sin sonido, su son deslavazado
maraña ilusa contra el viento anda.

Lento se cae el paredón del sueño;
dulce costumbre de este incierto paso;
grita y se destruyen las escalas.

Ya el viento navega a nuevo vaso
y sombras buscan deseado dueño
¿Y si al morir no nos acuden alas?

IV

Pero sí acudirás; allí te veo,
ola tras ola, manto dominado
que viene a invitarme a lo que creo:
mi Paraíso y tu Verbo, el encarnado.

En ramas de cerezo buen recreo
o en cestillos de mimbre gobernado;
en tan despierto tránsito lo feo
se irá tornando el rostro del Amado.

El alfiler se bañará en la rosa,
sueño será el aroma y su sentido,
hastío el aire que al jinete mueve

El árbol bajará dicción hermosa
la muerte dejará de ser sonido.
Tu sombra hará la eternidad más breve.

José Lezama Lima
Enemigo rumor


domingo, 3 de marzo de 2013

Nos sostenemos entre todos.



Durante casi toda la comida hablaron de cuánto les molesta que suban fotos suyas a Internet.Pero luego hubo fotos, y eso que saben que tengo espíritu de contradicción y además soy la pequeña y encima escribo algo parecido a un diario de poca monta.

Hace un par de domingos reuní a mis íntimos dispersos. Siempre me ha gustado mezclar, si alguna vez  salió mal la pócima ni lo recuerdo. Además a Javier lo heredé de Antonio, a María Jesús de mi madre y a Miguel de Nines.

¿Por qué habré tardado casi treinta años a presentar a M Jesús y a Javier? ¿Cómo no voy a guardar la foto?

Y que no crea Mila que se va a escapar. Además de ser la más fotogénica y la más dulce es un ser misterioso por su profesión. Y eso que los otros son poeta, jardinero y una mujer justa, pero a mi me gustan las cosas raras y siempre quise conocer a un entomólogo.

Me encantaría encontrar el equilibrio entre mostrarse y esconderse, supongo que es algo que va cambiando continuamente y ahora mismo nos tiene a todos (bueno, a los maduritos) radicales, reactivos y con la lengua afuera.

El título es de Antonio que me regaló ayer uno de los más poéticos y energéticos finales de conversación.

-Nos llamamos

Dije yo

-Nos sostenemos

Dijo él.




viernes, 1 de marzo de 2013

jueves, 28 de febrero de 2013

El laurel: hermosuras telepáticas intercontinentales o lo que yo entiendo como sabiduría.




El laurel es más difícil, está cargado de literatura y simbologías. Pero la verdad es que llegó por causas bien prosaicas. Llamaron unos molineros, hace tiempo, asediados por los ratones, y la tía Pili dijo que ramas de laurel en las ventanas, que no soportan el olor. Luego ya fue cogiendo su aquel poético el asunto. Plantamos dos en la portá, Gonzalo y yo, y tuvimos ese rato estupendo de revisar de que sentidos se habían imantado aquellas hojitas. Diz que también espantan el rayo, y son el símbolo de la sabiduría.

Volvimos unos meses después y ni idea de qué laurel era el de cada uno.

No lo puedo evitar, ni quiero, os identifico a cada uno con una matita, el animismo. 

Había que repartirse el botín. No  tanto por la propiedad, que allí siempre es ficticia, como por las posibilidades de observación arbitraria que el azar ofrece. Estaba claro que el mío era el más gordito de los dos y que se van a hacer compañía mucho tiempo. 

Por seguir con ese hilillo de la vegetación y los supermercados no hay cosa que me cabree más que ver a la gente comprar laurel en el supermecado en este pueblo, tenemos laureles para que toda la población coma patatas con bacalao todos los días del año, y lo compran viejo y en bolsitas.

Y hablando de compañía, ¡qué lujo la onírica!

Por seguir con ese hilillo y también con el otro, el de la sabiduría y los que merecen ser laureados, ahí va un un chat de ayer con la niña B.

-Voy de culo, sólo para preguntarte,  ¿estás bien? Anoche soñé contigo
-Sí
-Dime la verdad, apenas pude verte, estabas metida en una niebla espesísima.
-Entonces, ¿era yo o no?
-Es importante que no digas pendejadas, ya sabes que te hablo en serio.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Una semana especiada






Es por azar, aunque parezca decisión. Pero he mirado las fotos anteriores y las constricciones también llegan solas.

Sólo sé una historia sobre el cilantro. Una amiga iba con su compañero en moto por autopistas inhóspitas cuando él se volvió y le dijo:

-Voy a parar, tengo algo importante que decirte.

¿Hay alguna frase que asuste más que esa? Tengo que decirte, tenemos que hablar. Sí. Hay una. Voy a serte sincero/a que es sencillamente espeluznante. Después de “voy a serte sincero” viene siempre una catástrofe: una mancha, un defecto, algún horror.  Yo ya me niego a seguir escuchando cuando alguien empieza así. La sinceridad es brutalidad la mayor parte de las veces e intento por todos los medios que sea o natural, sin introducción, o innecesaria.

Por lo visto tardó muchísimo a parar, tanto que ella ya se había hecho a la idea de que la dejaba. Si no ¡a qué tanto aviso! Le dio tiempo hasta a recomponer el ánimo ante el inminente abandono. Por fin él paró.

-No soporto el cilantro

Es lo que le dijo.

Yo siempre estaba escasa de cilantro, me pasa como a la  prota de la historia, que lo pongo en todos los sitios. Hasta que compré una maceta en el supermercado y también pegó. Es bien rocambolesco pero tiene algo de robarles el fuego a las grandes superficies.

La mejor, mejor, mejor receta es la ensalada de mango, un poco verde, con cilantro, limón y tabasco. Esa es de Amanda.


martes, 26 de febrero de 2013

Interrogantes leves de una evadida








Si se escribe cuando se esta triste el texto provoca tristeza, si cuando se está enfadado, irritación etc, etc ¿Y si se escribe con dolor de cabeza ?

Hay que escribir lo que no se puede contar hablando, decía Doña María. Por lo tanto ¿habrá que hablar de lo que no se puede decir escribiendo? Hay temporadas en las que todo acontece en los márgenes del texto.

Estaba triste como una taza cuando algo me ha arrancado una carcajada, y ahora: ¿qué hago?¿quién soy?

Otros recurren a las caminatas, al yoga o a la cruceta. Mi método,  ya lo he contado, es la sopa juliana. Nunca estoy tan segura de lo que siento como cuando estoy cortando cachitos microcósmicos de patata, cebolla, zanahoria, perejil, ajo, apio, pimiento, tomate, ¿qué más lleva?

¡Jengibre! La historia del jengibre y el absurdo de algunos  círculos: no encontraba por ningún sitio y tuve que plantar el que compré en el supermercado, tomó.


lunes, 25 de febrero de 2013

Los lunes





se necesitan más las sonrisas, los colores vivos y los buenos días.

He empezado este limpiando correos viejos y he encontrado una joyita de Marta Fernández, alias Mapache, que, además de su tromba de energía, conservaba una recomendación estupenda para empezar las semana:

escoger las palabras como filos de azafrán
ínfimos     gestos     valiosos

viernes, 22 de febrero de 2013

Si una noche de invierno un viajero, fuera del poblado Malbork, asomándose desde la abrupta costa sin temer el viento y el vértigo, mira hacia abajo...



Sophie Calle


Las páginas que buscaba estaban del 85% en adelante: 

"No puedo dejar de pensar en mi conversación de ayer con el tal Marana. También yo quisiera borrarme a mí mismo y encontrar para cada libro otros yo, otra voz, otro nombre, renacer; pero mi meta es capturar en el libro el mundo ilegible, sin centro, sin yo.

Pensándolo bien, este escritor total podría ser una persona muy modesta: lo que en América llaman ghostwiter, el escritor fantasma, una profesión de reconocida utilidad aunque de no mucho prestigio: el anónimo redactor que da forma de libro a lo que tienen que contar otras personas que no saben escribir o que no tienen tiempo, la mano escribiente que da palabras a existencias demasiado ocupadas en existir. Quizá mi auténtica vocación era ésa y he fracasado. Habría podido multiplicar mis yo, anexar los yo ajenos, fingir los yo más opuestos a mí y entre sí.

Pero si una verdad individual es la única que un libro puede encerrar, más vale que acepte escribir la mía. ¿El libro de mi memoria? No, la memoria es auténtica mientras no se la fija, mientras no se la encierra en una forma. ¿El libro de mis deseos? También ellos son auténticos cuando su impulso actúa con independencia de mi voluntad consciente. La única verdad que puedo escribir es la del instante que vivo. Acaso el verdadero libro sea este diario en donde trato de anotar la imagen de la mujer de la tumbona en las distintas horas del día, tal como la voy observando al cambiar la luz"

Italo Calvino
Si una noche de invierno un viajero.



jueves, 21 de febrero de 2013

Pero dime ¿Por qué tengo que leer Si una noche de invierno un viajero?




Empecé a releer Si una noche de invierno un viajero cuando supe que tenía dos nuevos lectores, pero sobre todo porque si las obras literarias tuviesen temperatura en Calvino sería siempre primavera y yo necesitaba un clima benigno. Empecé la novela pensando en ti, lectora que escudriña aquí después de diez años de desaparición, ¡por algo se rompen las hamacas! Creo que buscaba un tono con el que poder hablarte. Primero me puso muy triste no merecer siquiera tu saludo, y luego me hizo pensar en los escondites, nunca debería haber suficientes motivos como para esconderse, por eso me enfrenté a una palabra de la que siempre ando evadida: celos. Soy tan taradita que no me creerías, por mucho que lo dijeras: “no os puedo soportar juntas”, yo te quería un montón y  no te entendí hasta el otro día. También pensé en Javier que me lee y me disfruta  y le gusta que lo nombre y me lo dice, por eso yo también se lo digo, porque la reciprocidad es un gusto. Todo tiende a compensarse. Pero sobre todo estaba preguntándome, sigo haciéndolo, por el lector, y no sé de un sitio en el que se explique mejor qué es un lector en todas sus versiones que en esa novela.

Calvino me hizo otra vez la jugada, el capítulo que yo recordaba al principio no estaba allí, apareció cuando ya me había convencido de que era un capítulo que yo había inventado. Ahora ya no se lee por páginas, en los artilugios digitales se lee por tantos por ciento, y tuve que esperar hasta el ochenta por ciento por lo menos hasta que apareció Terminé de leer la novela en la sala de espera del médico y volvió a jugar conmigo ese italiano: se acababa la batería del ebook que además me había regalado Rafa, el médico, y yo necesitaba más historias, ¡se podía hacer oreja desde dónde estaba sentada de lo que ocurría en la consulta! ¡no iba a poder evitarlo! ¡me había transformado en la lectora, necesitaba seguir oyendo  y tengo oído de tísica!

Rafa salió a llamarnos por orden y me dejó para el final, para poder hablar, me dijo por señas. Aguantó la batería del asunto justitito hasta que salió la última paciente. La historia que seguía era la mía, me tenía que espiar, esas eras las reglas del juego, espiar al próximo cuando se terminara el libro (y ese era un buen lugar, la consultas son el lugar idóneo para desmayarse y para desdoblarse)

-Acabo de terminar de leer Si una noche de invierno un viajero.  Es un libro de Italo Calvino…dije.

Y los dos nos lanzamos contra la pantalla del ordenador para buscarlo.

-Y además quiero paroxetina, pienso incorrectísimamente y lloro inopinadamente, y me relato mal, estoy susceptible, deseando malinterpretar para hacerme la víctima.

-Te ha pasado algo

-No

-Algo te estarás ocultando.

-No te pongas lacaniano, soy crónica, hago café de recuelo, recapto y recapto, que lo sé, somos química y necesito descansar, hace quince años que no recaigo y no quiero recaer.

-Espera, miro. No hace quince, hace diez. Vale, pero media y no me creo que estés deprimida

-Porque no estoy, hace un montón que no estoy. Oigo  esta conversación como si la estuviera escribiendo. Y tengo el personaje de  la paciente probablemente deprimida de un médico estupendo del que además es amiga y a quien le encanta ver. ¡Cómo vas a creerte que estoy deprimida!  Pero me tienes que creer.

-Vale, media. Por cierto que a mi me quedan dos motivos: las buenas conversaciones y el buen tiempo. Y ahora dime ¿Por qué tengo que leer Si una noche de invierno un viajero?