jueves, 10 de mayo de 2012

+Notitas






-Es diferente escribir por la mañana, entonces todo parece un borrador, las palabras fluyen, las ideas se anticipan. Conforme transcurre el día los términos se van inflamando, se cargan, adquieren la ambición, rígida, de permanecer. Peor que la gota.

-Para romper con tanta sucesión bostezada nos sentamos a fumar en el cajero de la acequia, mirando pasar el agua, frente a un campo de amapolas, creemos que este año hay más y nos leemos un poema. La Arse lee muy bien.

-Con las votaciones de las citas que pongo en el facebook de la escuela creo que sucede lo mismo que con aquella amiga, profesora de francés, a la que le enseñé un montón de libros que podían interesarle. Se acercó los que conocía y los demás los fue alejando.

También observo a veces que el mecanismo del “me gusta” es parecido al del dinero: al que tiene se le dará más, al que no tiene se le quitará todo y la posibilidad de conseguirlo. Peligrosa herramienta para los que cifren en ella su autoestima. Y es que no hay que poner la autoestima en cualquier sitio, es un objeto delicado.

-Por las mañanas todo parece más ligero, como si al reencontrarnos con nosotros mismos nos diésemos cuenta de que tenemos menos importancia de lo que temíamos.

martes, 8 de mayo de 2012

+María Salgado





Que con frecuencia aparece a altas horas con sus exquisitas cosas en esta pantalla. Justo cuando doy el día por terminado suele aparecer María. Tengo muchísimas ganas de leer su libro.




jueves, 3 de mayo de 2012

Notitas











Estupefacción:

No parece un accidente, no parece lo normal que Putin se llame Putin, que la Pajín se llame Pajín, que el banquero se llame Botín, que un director de GM se llamara Perversi y el papa Ratzinger.
 (No pensaba escribirlo porque lo he repetido mil veces, pero que la ministra de sanidad se llame Mato me ha superado)

Alivios energéticos en otro registro:

Estoy desturcada, este pinche cerote  gobierno, híjole, vieras con este cavernícola de Ortega, rezando en cada acto y poniendo vírgenes en las rotondas.

Maje, si tuviéramos reales te mandamos a traer, no lo dudés, pero orita estamos esperando que recoja agua la nube

Pseudo-etimologías.

Es interesante quien tiene intereses, elegante quien sabe elegir y amateur el que ama.


Imagen Michael Batory

lunes, 30 de abril de 2012

Fijando paseos por adelantado




Lo mejor de la primavera son los paseos matinales. A veces viene Emma, otros días vamos solas. Cuando paso a las nueve de la mañana la Arse ya está informada y rabiando. Algunos días hasta se sabe los tres o cuatro chistes políticos de la jornada. Ayer me llevó a ver el cementerio nuevo, que es horrible y está muy lejos, y hablamos de la muerte. Es complicadísimo imaginarse la muerte de alguien que camina a esa velocidad. Me dijo que quiere que la quememos y que la enterremos también, y como estamos hablando de un hecho remoto se ríe y remata:

-Más completo ¿no?

Me siento una suertuda y casi una adolescente cuando veo a mi madre tan joven. Se lo digo.

-Para joven tu tía Carmen, que fuimos a buscarla preocupados porque no cogía el teléfono y subía del bar de jugar al guiñote con sus amigas a las once de la noche. Con noventa y uno. Bueno, que a tu abuela le gustaban a los ciento tres las películas de los Monty Pyton. Pero van a  mandar matarnos los del FMI. Ya sabes que han dicho que con tanta longevidad no les salen las cuentas.

Luego he estado pensando en la nostalgia, aún no tengo mucha de nada, pero sé seguro que la tendré de estas mañanas.


(he encontrado un montón de fotos que me parecen buenísimas pero ni idea de quién son)



jueves, 26 de abril de 2012

Una especiosa tarde con el gran aforista





Quizá Georg Christopher Lichtenberg sea uno de los hombres más influyentes en la historia de la literatura y el pensamiento; Kant lo anotaba en rojo y negro en sus últimos años, desairó más de una vez a Goethe y para Shopenhauer fue el pensador por excelencia. Lo nombraron embelesados Nietzsche,  Tolstoi,  Wagner y  Thomas Man. Freud lo cita hasta la pesadez. Bretón lo declaró padre de la patafísica. Sin él ¿cómo? parece que exclamó Kierkegaard, algo que luego repitieron Wittgenstein, Auden, Musil, Canetti y Cortazar.

Y él no parece que tuviera mucho interés por perdurar, se dedicó sobre todo a los cálculos y a coleccionar tormentas, en sus ratos libres anotaba las 62 maneras existentes de sostener el rostro con la mano y el antebrazo, por ejemplo

Si Kant lo subrayaba con dos colores y ninguno de sus admiradores me resulta indiferente, ¡cómo no voy yo a copiarlo!

El hombre es, después de todo, una criatura tan, pero tan libre, que no se le puede negar el derecho de ser lo que cree ser.

Creo que una enorme cantidad de los espíritus más grandiosos que hayan existido, no leyó ni de lejos la mitad de lo que lee un supuesto sabio promedio de nuestra época, y sabía muchísimas menos cosas que él. Cuántos de nuestros sabios corrientes hubieran sido grandes hombres si no estuvieran tan informados.

Es una verdadera lástima que no puedan examinarse los intestinos intelectuales de los escritores para averiguar qué comieron

En la ley que dice que 2+2=4 ó que 2x2=4, ya se aprecia algo del paralaje del sol y de la tierra en forma de naranja.

Daría años de vida por averiguar cuál es la temperatura promedio del Paraíso 

Si un hombre hace algo de muy buen grado es, en casi todos los casos, porque el acto realizado contiene un ingrediente que no es el acto por sí mismo. Un examen más profundo de esta observación nos llevaría a interesantes resultados.

Me hubiera gustado que fueran mi compañia: Swift en la barbería, Sterne en la peluquería, Newton en el desayuno y Hume en el café

Todo el mundo se asombrará de que yo sienta todavía el deseo de escribir cosas como éstas en el ocaso de este mundo envejecido.


Qué bueno hubiera sido escribir mis notas mientras soplaba el viento del Este

martes, 24 de abril de 2012

El sueño, un lugar de certidumbre




Empezaba a acobardarme, un poco por la sobredosis de soledad y otro poco por los desastres a los que asistimos todos los días, y decidí refugiarme en los sueños. Los sueños son dóciles, enseguida reciben el encargo de que vas a prestarles atención y acuden nítidos, encantados de relacionarse con tu vigilia.

Durante una temporada, hace muchos años, los escribí, luego no hizo falta porque adquirimos la saludable costumbre de contárnoslos durante el desayuno. Lo fui dejando, hasta que estas semanas he vuelto a anotar y es cierto, nos acercan a nosotros mismos con las indicaciones más serias.

También me puse a leer “El alma romántica y el sueño”, de Albert Béguin, que a veces busca detrás de los textos los hechos y personajes reales que los inspiraron. Hacer y deshacer todo es quehacer, pensé, imaginando en espiral la empresa filológica; un esfuerzo incesante de los autores por maquillar sus inspiraciones y el no menos constante empeño de los críticos por desenmascararlos (y si bien es cierto que en ese recorrido abunda la literatura creo que no andan por ahí sus núcleos, más bien sus cortezas).

El libro me ha gustado mucho, pero es tan sugerente que me invitaba cada diez páginas a dormir, a soñar: a pasar a la acción.

Siempre se han utilizado los sueños como inspiración, pero todos sabemos que son material de riesgo. Además cuando conocemos muchos sueños de alguien tenemos más información de la que nos da su rostro y todos sus gestos.

La foto es de Lissy Elle


martes, 17 de abril de 2012

Y otra vez el horizonte se ha puesto en el fondo de una novela rusa


Cuando eso ocurre no me queda más remedio que volver a Versión Celeste.


Orilla donde empiezan las conjeturas

Yo mantengo un silencio como un mapa de Oceanía
Tus cartas de calor me llegan sin hacer ruido
He viajado tanto que mis ojos tienen la pesantez de los frutos

El horizonte abre sus manos y alguna belleza se le vuela
moneda, moneda en sandalias de párpado frívolo
que luce y se gasta un poco en todas partes
Señor de cuarenta años ¿qué ve usted?

Yo soy un explorador
a quien un viento de otoño enjaula
Allí interpreto trozos de cielos y de nubes
empolvadas como botellas de un carácter soñador

Yo cuido de la lluvia que consagra tantas alas a tu paso
y el día que te sigue más leal que un tatuaje

En el interior de los seres hay numerosas avenidas
conduciendo a la misma estrella de mar golpeada
por donde la experiencia derrama sus tesoros a precio de coste

Las velas de la amargura se inflaman pero todavía nos queda un látigo de viento
para hacer una estatua bien orientada

La luna acaba de ser amada
en silencio
en silencio de claveles

Bello mármol oprimido de antaño

La tierra sumerje sus ojos en el origen de los árboles
pero yo te olvido según la dirección del viento.

Juan Larrea
traducción Gerado Diego.
foto Erik Johansson

jueves, 12 de abril de 2012

Mensaje




Entonces Barco dijo que la inclinación al humor siempre echaba todo a perder y que, al fin de cuentas, el contenido del mensaje no importaba, que lo fundamental era el mensaje mismo, porque lo importante de un mensaje no era lo que decía sino su facultad de revelar que había hombres dispuestos a escribir mensajes. Dijo que si un mensaje le daba tanta importancia al contenido no era en realidad un mensaje sino una simple información. "Lo mejor que puede decir un mensaje", dijo Barco,"es justamente, mensaje". Por lo tanto, aun cuando todo parece indicar que debiéramos escribir ¡Socorro!, propongo que escribamos Esto es un mensaje o lisa y llanamente mensaje.

Juan José Saer Cuentos completos.


miércoles, 11 de abril de 2012

A la Recherche del tamaño de la infancia.


“He intentado pensar en las cosas que tengo olvidadas y que están junto a las que recuerdo” había escrito Chesterton, y me pareció un buen propósito así que yo también lo intenté.
En realidad había empezado a intentarlo antes, el día que llego Tati en tren y nos sentamos a tomar un café en la terraza del que fue el bar de mis padres, en la puerta de la zapateria de mi tía y la casa en la que crecí, y todo me pareció muy pequeño.
Por eso la frase me deslumbró después, al día siguiente, y dicho y hecho, me puse a buscar.
Entre las cosas olvidadas encontré la escalera de caracol que subía al altillo de madera y que fue la imagen que acudió a mi cabeza cuando leí El Aleph, porque uno se apaña con las imágenes que tiene. Y apareció el altillo, lleno de cajas de zapatos en las que escondíamos nuestros tesoros, y ésta es la primera vez que me imagino cuántos botones, trozos de puzzle, cacerolitas, frasquitos y caramelos terminarían en casa del que sólo había ido a comprar un par de zapatillas. También recordé el orden en que se almacenaban los zapatos y el trabajo en equipo de subir y bajar los de verano o los de invierno. Volví a ver a la tía Emma, joven, leyendo Andalán, señalando cabreada un artículo con el dedo. Aquel lugar, eso yo no lo sabía entonces, era el hervidero político local. Y recordé minuciosamente la puerta de hierro pintada de negro y descascarillada. Y los coches rotos de mi padre aparcados enfrente, el pitido del tren, la bata blanca de la escuela, las coletas, y la luz, sobre todo la luz de todas las estaciones sobre la zapateria. Hasta he soñado con ella, me siento atrapada haciendo balance, vi el local tan pequeñ que me pareció una ofensa y necesito que recupere el tamaño real enumerando lo que había dentro.