viernes, 4 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Mis amiguitos
El chico que da esos berridos en el vídeo de arriba era el chico más tímido de primero de B.U.P. Desde entonces y para siempre nos convertimos en tres; Iguarbe, Bernal y yo.
Ahora hace muchísimo que no los veo, pero siempre están a mano, basta con ir a Alagón
Uno de los momentos de absoluto al que más vuelvo es al día que me despedí de ellos para irme a El Salvador, cuando íbamos hacia el coche. Aquel día ya habían pasado muchas cosas, Iguarbe había sido discípulo de José María Valverde y conocía a Wittgenstein bastante bien. Bernal se había desahogado con Los Furtivos y había hecho Historias ¡qué iba a estudiar Funes el memorioso! a Iguarbe ya lo habían ingresado unas cuantas veces, a alguien ya le habían roto una pierna currando en atades, yo ya había terminado con las clases en la ribera que eran la excusa para parar en Alagón, a Iguarbe ya le habían dado la invalidez, Bernal había conocido a Begoña y había empezado a trabajar, y yo ya me iba.
Bernal, a quién nadie llama José Antonio y que desde los catorce años me dice señora dijo:
-Señora, no entiendo que pinta usted precisamente ahora en El Salvador. ¡Te hemos imaginado toda la vida por el malecón, vestida de blanco y persiguiendo a Lezama! Das mucho trabajo.
Siempre ha sido difícil averiguar que esta pensando el Iguarbe, pero yo me oí pensar:
-Mis amiguitos.
lunes, 28 de febrero de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
De un chaquetón rojo a Changes
martes, 22 de febrero de 2011
Carnivale

miércoles, 16 de febrero de 2011
Alguien a quien escuchar: Tariq Ali

Ayer fui a ver a Tariq Ali, que nos contó otra versión de lo que ha ocurrido en Egipto y en Tunéz, matizada, con los detalles concretos de cual ha sido la posición de los gobiernos occidentales, especialmente del norteamericano, durante el proceso, y que en casi nada coincide con lo que ellos nos han contado y nos seguirán contando.
Estaba feliz ante lo que llamaba la resurrección de Oriente Medio y contaba lo feliz que estaría su amigo y mi adorado Edward Said. Me quedé con más de una pregunta en el tintero durante la ponencia porque no había tiempo, pero tuve suerte, Inés estaba en la organización, después nos fuimos de vinos con él y le pude preguntar.
No soy muy partidaria de admirar, un amigo decía que la admiración es como un perfume caro, que con dos gotitas es suficiente. Pero hay gente con una luz especial y que ha cambiado ya mucho el mundo, tuve la impresión de que ese Pakistani iluminaba el casco viejo, me pareció el mayor de los privilegios estar sentada a la misma mesa que uno de los diecinueve firmantes del Manifiesto de Porto Alegre, quien, por cierto, no cree que las redes tengan tanta importancia en lo que está sucediendo en el mundo árabe, puesto que solo llegan a las clases medias que hablan inglés.
p.d. Es un buen momento para volver a leer El mito del choque de civilizaciones.
martes, 15 de febrero de 2011
Anise Koltz

Existen palabras
rápidas y agresivas
como busardos
En lugar de elevarse al cielo
se lanzan a la hierba
para despedazar su presa
Te ofrezco un poema
como un vaso de agua
No quita la sed -
Te presenta un lago
donde te irás a pique
Cuando escribo
la página se cierra sobre mí
Vivo en la mala época
en el mal lugar
escribo en la mala lengua
Enloquezco en mi jaula de papel
Hoy
nada pasa en mi escritura
Como la nieve que se ennegrece
bajo nuestros pasos
el papel se cubre de huellas
que no llevan a ninguna parte
ni siquiera a la muerte
[Traducción de Juan Soros]
de 7 por 7
imagen Anouk Kruithof
jueves, 10 de febrero de 2011
El retrato de Joaquín Costa

La abuela decía que lo que más miedo le había hecho pasar en toda su vida era el retrato de Joaquín Costa y, aún de viejos, le recriminaba al abuelo que se hubiera empeñado en guardarlo durante toda la guerra. Luego contaba lo temprano y lo asustados que se iban a la cama, y que estaban muy quietos para oír mejor, pero que daban botes con cada paso y no podían descansar.
-Nunca vinieron a buscar a ese hombre que tanto se pronunciaba, el porqué no se sabe, pero lo que me daba miedo de verdad, la prueba, el peligro, era el retrato-decía siempre mi abuela.
Ayer se cumplían cien años de la muerte del jurista y me volvieron a contar la historia. Dicen que cuando alguien llamaba a la puerta lo primero era descolgar y esconder a Costa y que, pasado el peligro, el abuelo lo volvía a poner en su sitio. Mil veces los he imaginado subiendo las escaleras de granero para meterlo entre la paja, bajándolo con un cubo al pozo, o metiéndolo detrás de un espejo.
Y es un placer escuchar la misma historia con el mismo retrato, la misma lámina amarillenta que tantos tumbos dio, presidiendo.

