domingo, 12 de septiembre de 2010

Bocas somos todos


Así se titula una entrada del blog de Paco, a quién vuelvo a leer a como si me lo bebiera. Porque Paco sabe contar y tiene qué.

La desintoxicación de un mes sin información rezada, el periódico sí lo leía, me devuelve con fuerza y ganas. Uno está muerto si no se indigna y no se duele. Si no imagina.

Inés viene unos días y estando aquí se entera de que han balaceado a cuatro compañeros, pero se vuelve, están en el hospital con protección para que no los rematen, pero se vuelve. Me deja un reportaje sobre el trabajo que la tiene atrapada, algo así como la defensa de los defensores de los derechos humanos en Guerrero. Después de verlo sigo convencida de que hay situaciones que están empeorando rápidamente, y también sigo convencida de que hay un arma en la denuncia y una necesidad urgente de cambiar esta información maniquea que, lejos de contarnos lo que pasa, nos programa para que no lo entendamos. Nunca hubo tantas imágenes del otro y tanto desconocimiento del otro, tan pocas posibilidades de imaginarlo.

Viendo el reportaje de Inés recobró una confianza vieja por lo que se está incubando entre cartones de huevos, ¡vaya metáfora! ¡qué rica imagen! ¡todas las emisoras de las radios locales del sur están forradas con hueveras!

En El Salvador las maras han convocado una huelga de dos días, El colatino dice que ha sido secundada por los empresarios y aprovechada por la extrema derecha, pero que la gente ha ido a trabajar andando, ni modo, más cornadas da el hambre. ¿Quién va a entender desde aquí que las maras, la salvatrucha y la dieciocho, los delincuentes bien organizados, planteen una huelga?

“242 mujeres y niños que fueron humillados y violentados entre el 30 de julio y el 3 de agosto de 2010 en una aldea en el Kivu Norte, a menos de 30 kilómetros de la base de los cascos azules. En otra aldea de Kivu Sur 250 personas fueron violadas en el mismo periodo. La ONU ha perdido perdón. No es suficiente” Lo copio de El País, Las Lolas llevan años desgañitándose para advertir.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Un viaje interior y un transporte otoñal


Ahora te vas a dormir, ha dicho la enfermera, pero dormirme me parecía imposible, no la he creído, es más, no había sentido una incredulidad tan rotunda en mucho tiempo. Cuando me he despertado en la pantalla estaban retransmitiendo primeros planos de mis tripas y hasta he visto como cortaban cachitos con un lazo.

Y a mi estas cosas, esas otras rutas del viaje interior, me siguen llamando la atención.


Lo de Louis Amstrong tiene que ver con la sensación de otoño, con el intenso placer de ponerme chaqueta, y con que es viernes.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Una regresión inducida por las judías verdes


Conclusión

Por algo, no tengo ni idea de por qué, pero he sido premiada, supongo que por cuidar con tanto esmero raicillas en macetillas todos los años de mi vida.

Después de aislar momentos de absoluto creo que lo menos previsto ha sido lo más intenso: coger judías. La memoria cada mucho nos vierte un minuto entero en otro, sin avisar y sin que intervengamos, después de una de esas raras sinapsis bajé a las siete de la mañana al huerto, la hora a la que todas las mañanas de verano iba al puente de la caña con la abuela Raimunda, y desde ese día me puse a repetir el rito de los veranos en casa de los abuelos, comíamos durante tres meses judías verdes recién cogidas y siempre estaban en la mesa a la una en punto.

Lo de la foto es presunción de huerto, ya sé, no se ve pero yo estoy mirando el calabazar, nadie lo fotografía pero las calabazas penden de aguacateros y olivos.

Y Puestos a presumir presumiré también de yuca y de fachada:






Las fotos son de Carmen Herrera

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Semanas, sola, en el jardín.


III

Es relinda la certeza, y aún más si crece.

No es fácil encontrar un lugar en el mundo, hasta resulta complicado averiguar que lo estamos buscando. Yo supe que lo buscaba cuando ya había tenido y perdido otros epicentros: la casa de mi abuela, la ponderosa, y esas noches más reales de Chalatenango.

Sabía que buscaba un sitio irregular, inconquistable, infinito, en el que me salieran al paso ranas, saltamontes y gecos. Un lugar donde todos los días se hiciera fuego y siguiera siendo posible el olor de la tomatera.

Lo encontré, y han crecido desde entonces tanto los árboles que tengo la impresión de haberme vuelto chiquita aquí.

Fracaso autonómico

El recipiente de 25 kilos de pintura que compré ayer terminó con mi ilusión de autonomía. Había tenido esa ficción tan importante momentos de amenaza en los últimos meses: cuando me dio por considerar, erróneamente, demasiado viejo mi coche o cuando asumí, erróneamente, que me daba miedo quedarme sola aquí. Después de siete días sin ningún miedo, muchos placeres y pocas dificultades, se cruzo ese cierre imposible de la pintura en mi vida y he tenido que agachar un poco las orejas.

Y hablando de orejas también me la estuvo crispando la polisémica frase de mi madre:

-No te quedes sola “allá arriba”

(más Musil)

¿Lo ves?

“Hay algo que no marcha; en el límite de lo que pasa dentro de nosotros y lo que pasa fuera, falta hoy alguna mediación, ambas cosas se mezclan y transforman sólo con inmensas pérdidas; casi podríamos decir que nuestros malos deseos son la parte oscura de la vida que llevamos realmente, y la vida que llevamos realmente sería la parte oscura de nuestros buenos deseos”

“La única característica sustancial de nuestra moral es que sus principios se contradicen. El más moral de todos los principios es: ¡la excepción confirma la regla!”

Robert Musil El hombre sin atributos vol III

Despejados algunos enigmas.

Una no sabe que hará consigo misma durante siete días seguidos sin interrupciones. Da tiempo a todo, pero no tenía previsto bailar y ¡vaya si he bailado! Esta cocina es para bailar, y esa italianada de abajo la que más me ha levantado de la silla

IV

Es tan difícil cerrar la casa como abrirla

Aunque después de aplicarle noventa kilos de pintura blanca, veinte litros de lejía, cuatro de amoniaco, dos tambores de jabón de lavadora, dos kilos de barniz, cuatro de pintura azul y el aspirador a todos los rincones puedo decir que la conozco mucho mejor que cuando llegué, y como también yo me conozco mejor después de esta etapa del higiénico encefalograma blanco, la fortaleza emocional hará que vaya cerrando habitaciones sin sensación de despedida, nostalgia o abandono.

Vino Carmen con su perra

Siempre me hace las mejores fotos Carmen, sea cual sea el atrezzo, también arregló el botiquín, la gusanillo es médico en secreto, y menos mal que lo ordenó: tenemos material suficiente para operar de lo que sea y sobran vendas para hacer un par de momias. También fuimos a la playa, y tuvimos un conflicto complejo con las dos perras que se habían venido a vivir aquí y la suya, no sólo territorial, una de las perras, aterrorizada por el tamaño de la visita, pasó más de seis horas escondida en el hueco del lavadero mientras la otra, la tuerta, fingiéndose masoquista (reaccionaba hacia los escobazos tirándose tripa arriba y moviendo el rabo con gusto) decidió aprovechar su menudencia para desquiciarnos, hasta se cago en la cama de Carmen y después, cuando se fueron, ella también desapareció. Complejo el mundo canino. Aunque a mi me canse tanto que me hablen de perros.

Se cayo Amanda del programa

Pero llegaron Alberto desde Berlín y Luján desde Madrid para estar un rato, volvió a sonar Albereto, es buenísimo el repertorio de su invierno berlines, me encantó volver a oír el ventilador en el porche mientras cocía las judías. Antes visitamos los árboles que pusimos juntos el año pasado y bajamos el huerto a por la comida. Luego nos fuimos a dormir a la playa, que había concierto de flamenquito. Dormir fue incómodo a pesar de la música de fondo, pero fue merveilleuse bañarse al amanecer para subir temprano a plantar, por fin, jazmines, un barranco de lavanda, romero, santolina, parsiflora, buganvilla, glicinas y muchas cosas más, con José, claro, con José.

José, el hombre

Yo siempre le digo “el hombre”, está también enamorado de este sitio, cuenta que cuando venían los molineros, que tenían ocho hijos “todos con carrera” subraya, el padre les daba clase en el porche, y al él también. José nació en unos cuantos barrancos más arriba y su mujer al otro lado del valle, entre las dos casas estaba el molino y ha vivido viendo crecer la yuca. Por eso manda mucho José aquí, porque sabe que sabemos y él elige dónde va a ir cada árbol y cada matita o una escalera.

Siempre hemos tenido dos casas cerca y la gente se trasladaba

Ahora tenemos un molino y una playa, se ha convertido en una sucursal de la casa la playa del muerto, no en vano es regentada por Justo Bagüeste, un gran saxofonista aragonés que monta allí conciertos.

Después de tanta superficie blanca ha venido la resaca inevitable, ahora veo gotitas sobre todos los colores, es lo que tiene la experiencia mística de blanquear tanto, que luego ves un sendero de minucias donde no son recomendables los entretenimientos.


La foto es de María Jesús Romero de Urbiztondo

La canción del verano molinero



para volver, pero poco a poco.

jueves, 19 de agosto de 2010

Semanas en el jardín




I

Hago lo que hacían los que tenían casa en el pueblo, dedicar las vacaciones a limpiarla, a enjalbegar, a investigar por donde se coló el ratón e intentar desterrar a las hormigas. Si fuera un poco más animista tendría el ego inflamado, desde que me he quedado sola y en silencio, bandadas y bandadas de pájaros se arriman al anochecer. Además: un gorrión entró mientras estrenaba la bañera y logró salir de ese bunker sin tropezar, dos perras de Julio, el vecino, se han venido a vivir conmigo, y lo último que vi ayer fue una rana diminuta, en la cocina, dándome las buenas noches.


Del mismo modo que otros no conciben los proyectos colectivos, yo no concibo los individuales ¡me moriría de angustia si esto tan grande fuera sólo mío! Además no tendría sorpresas a la vuelta, por aquí sucede que cada socio se obsesiona con un rincón y no para hasta conquistarlo. Coincidí con Martín una noche, hablamos de obras, de alarmas y de su trabajo, pero sobre todo de flores, llegó el momento de las flores y no pensamos en macetitas ni en arrietes, calculamos lomas enteras y barrancos, detrás de la casa Jazmín, en el rincón recién descubierto Jazmín y Glicina, blanca y azul, y desde la Glicina, Parsiflora, en la cuesta de arriba la Buganvilla, que es una planta con buena fama pero muy marrana y atrae a todo tipo de bichos, tiene que estar lejos. Aún no sé que hacer con la Hiedra roja que José se niega a poner en la fachada de atrás...


En los proyectos colectivos hay inteligencia colectiva, María Jesús que tiene desde hace treinta años una casa en el campo dijo tres cosas:


-Si el hombre que cuida el huerto decide que algo se va a morir, se morirá. Todos los hombres que cuidan huertos y jardines tienen siempre razón y si no la tienen la provocan.


-En esta casa necesitáis urgentemente una aspiradora, mañana vamos a comprarla, yo os la regalo.


-Pinta la fachada.


Luego exclamó en Frigiliana:


-¡Si no veo un barranco de jazmín no lo creo! ¡Vamos rápidamente a un vivero! ¡Y yo que creía que exagerabas!


Lo de la fachada traía cola, durante ocho años yo he dicho muchas veces: - ¿Y si pintamos la fachada? A lo que mi interlocutor, fuera quién fuera, siempre respondía levantándose de la silla, golpeando la pared por abajo con los nudillos y, cómo si con aquel sonido a hueco la casa hubiera respondido que no, que no quería que la pintaran aún, el intérprete negaba con la cabeza y aseguraba enérgico: ¡Antes hay que sanearla! Al final todo quedó en que después de un rato de rasqueta aparecieron rojos y verdes pompeyanos. Luego, con el primer brochazo blanco me desdoblé: ¿pero cómo iba a imaginarme yo el futuro encalando fachadas y oyendo flamenco y a la chicharra en Andalucía?


Se me chupó un buen trozo de vestido la aspiradora y por eso soñé que se me tragaba entera, terminé en una bolsa, rodeada de cadáveres de insecto y un amasijo de telas de araña. Las pesadillas son menos si al despertarse sigue ahí la yuca o izote.


Grandes avances hacia el pasado, no sólo hago cada vez más ordenado el fuego, ahora también fabrico hielo en cacerolas y me aseguro todo el día agua helada.


(y tal es mi obsesión con que todo lo bebestible esté helado, en invierno y en verano, que la otra noche me desperté, rellené una botella de tónica y la metí a la nevera ¡a qué tipo de persona se le puede ocurrir semejante desatino a las cinco de la mañana! Al día siguiente Gonzalo nos preparó ocho gin tonics, dos sin agua)


II


Lola, la perra tuerta por agresión de pato, se ha vuelto loca por Curro, el perro de Ana, y ha pasado la noche rondándole la ventana, eso sí, se ha puesto una almohada para estar cómoda. Mientras el otro lloraba en el alfeizar y despertaba a Ana o a Marisa para que le abrieran. En el desayuno ha ganado la sensatez campestre y su protectora ha cedido. Se han ido a la playa pero me han dejado con la algarabía descontrolada del reencuentro canino en el porche. La perra es de Julio, que baja a buscarla con su corte de animales, pero la Lola nada, ni los dogos, ni los caballos, ni las águilas la arredran. Supongo que hay otro motivo para que prefiera ésta casa: aquí no hay patos.


Durante unos días hemos convivido representantes de todas las décadas, desde los veinte hasta la de los cincuenta, por pelos se fue la de sesenta. Las de a partir de cincuenta se quejaban porque las de veinte les decían mamas, se quejaban pero no dejaban de partir pollo, preparar ensaladas, y estar en todo. Sin la presión del parentesco suelen fluir bien las relaciones, luego iban comentando largo y tendido de dos en dos. Hasta oí a esas maduritas reírse a carcajadas cuando Ana dijo: pero ¿por qué nos molesta? Es verdad, podríamos ser sus madres y además actuamos como tales.


Como en Paradiso: “toda la casa se puso al servicio de la abuela Munda”, aquí todos nos pusimos a preguntarle cosas a Marisa. Mama china pasa la semana respondiendo a cuestiones tan dispares como: ¿Están listas las brasas? ¿Cómo se cierra el candado? ¿Cuándo se ponen las plantas? ¿Me tomo hoy alguna pastilla? ¿Han comprado vinagre? ¿Cómo saco la bombilla? ¿Me recomiendas yoga o tai-chi? ¿Le habéis echado sal? ¿Queda vino ecológico? ¿Has visto el carretillo? ¿En que va a terminar la crisis? ¿Por qué no se traga el suavizante? ¿Cuántos años tiene tu hija? ¿Es inmoral tener bañera? ¿Cuáles son las urgencias más frecuentes en tu centro de salud? ¿De qué es esta picada del pié? ¿Cómo se llama esa estrella? ¿Tú qué harías si fuera tu perro? ¿Pero podrán?


Escarpa, el único hombre de la casa, esta perpetuamente desaparecido.


-Sanuy, nos reuniremos al atardecer


Me dice ceremoniosamente, durante la comida


Pero llega el atardecer y no lo encuentro. Empezaba a preocuparme que se hubiera aislado en la habitación, pero no, lo suyo es intuir y se nota, está domesticando el rincón, la parte recién conquistada, y nos reunimos allí. Claro. Pudiendo inaugurar se inaugura.


Mientras Marisa ha liberado un carretillo y puesto en marcha un operativo de limpieza: en pocos minutos el porche queda impoluto.


Martín quiere unas campanillas azules en la fachada, lleva años hablando de esas campanillas azules, también quería salamandras y han llegado, parece que no son recomendables más trepadoras porque competirían con la parra, no se puede hacer nada que perjudique a la parra, son imponentes estos 130 metros verdes desde abajo y desde arriba (acabo de saber cuanto mide para elegir el terrazo). Buscando alternativas se nos ocurrió que Paloma pinte las campanillas en la cerámica del lavadero, ya está todo listo, y tenemos un pájaro precioso para el grifo.


Estuvimos viendo estrellas fugaces, ya no puedo dejar de bromear:


-me pido un microondas


Les miento cuando cae una gorda.


Las noches de gran estrellada no vimos ninguna, estaba nublado, parece que este año no tocan deseos chiquitos.

viernes, 30 de julio de 2010

jueves, 29 de julio de 2010

Gazpacho de memoria, sin libreta


Preguntas pendientes para Amanda:


¿Qué es un retardador de cuerpo? ¿por qué una individua de 19 años necesita una crema que se llama retardador de cuerpo? ¿qué llega antes que el cuerpo si utilizas esa crema? y ¿a dónde?


Al hilo de la pregunta para Amanda:


Me corté el pelo siendo bien pequeña porque no soporto el dolor, y el pelo duele, al menos aquella mata desorganizada y tupida. Los tirones siguen siendo uno de los peores recuerdos de la infancia, ese dolor pequeño y repetido, obligatorio, desquiciante, pero aún así me dio tiempo para hacerme algún moño. Llevando uno descubrí unas orejas enormes en el espejo que no podían pertenecerme. Cómo una golosina metamorfosica, cómo un bebedizo, encontré entre los potingues de mi tía una crema para disimular las orejas y me las embadurné. Era para las ojeras y parece un chiste fácil, pero aún así no me he quitado la desconfianza, ni con semen de galápago virgen me persuaden.


Yo ya estaba superada por los recuperadores de rizo y ahora esto del retardador de cuerpo me tiene plipada.


Me cuenta mi madre:


Se ha despertado tu padre en décimas de segundo, no como siempre, me ha mirado con ojos de culebra y me ha dicho

-No sé como puedo tener una hija así, es igual que tú

-¿Cuál?

Le he contestado. Y parece que le he ganado la batalla, se ha dado la vuelta y se ha vuelto a dormir.


Un niño a otro en el parque después de un empujón:


Cuida que soy un ser vivo


Y los premios por otra semana tórrida en Madrid han sido


muchos y todos bien conversados, pero fue buenísima la cena con Gonzalo y Blanca, plática lúcida y sin embargo risueña, rica en matices, nada maniquea teniendo como reto al personaje y el país más conflictivo del momento. ¡Qué rico que te cuenten dos buenos observadores templados lo que ven mirando con atención Venezuela (desde allí) y qué fino el análisis sobre el poder narratológico de Chavez ! Luego hablamos sobre todo lo demás, y ya nos resultó hasta fácil.


También tuvimos una fiesta de celebración no-proyecto


Lewis Carrolliana y premolinera.


Síntesis y en el camino

sábado, 24 de julio de 2010

Esencia y Hermosura


Como me gustan las transgresiones pequeñas voy a pegar aquí, antes de hora, una reseña que es para Literaturas y aún no se ha publicado. Privilegios de saber que pasas desapercibida.

Me tomé a pecho esa reseña en la que intentaba decir sobre preocupaciones fundamentales aprovechándome de Ullán y la Zambrano.

Ahora estoy leyendo Automoribundia, lo empecé hace muchos años y tanto me gustaba que no lo pude terminar. Eso me ha pasado con frecuencia, no poder terminar libros que me estaban apasionando. En breve me aplico un psicoanálisis literario. De momento estoy disfrutando muchísimo con ese disparadero verbal infinito de Gómez de la Serna. Quizá sean mecanismos ahorrativos, incluso puede que sea una tacaña y haya estado guardándome para ahora esas lecturas inconclusas, buen tema para la gran cena de mañana.

Ya, ahí va, la reseña:

Galaxia Guttemberg acaba de publicar Esencia y Hermosura, la antología de textos de María Zambrano que nos legó José Miguel Ullán. Para sus lectores de siempre no será mera relectura, es distinta la expedición hasta la Zambrano cogido de la mano de Ullán. Para los que no la conozcan será un viaje al numen de otro viaje, el de una mujer muy ambiciosa, tan ambiciosa que dedicó su vida a buscar la razón poética.

En el relato prologal, que José Miguel Ullán quiso que se publicara después de su muerte (esperar a la muerte para decir, esperar, una delicadeza alquímica que transmuta la biografía en relato), nos cuenta una historia de amistad.

Cuenta primero el encuentro, la revelación, cada gesto de ese día de absoluto de 1968, cuando llegó a su casa en la ladera del monte Jura con José Ángel Valente y otros amigos, bien retratados, pero menos conocidos (“yo entré en tu casa, no tú en la mía”, le diría luego doña María, y también le confesó que no se atrevía a regalarle La tumba de Antígona, “por temor a que en la dedicatoria le saliera un mamarracho”).

Con buen criterio, para seguir informando sobre el conocimiento mutuo, en el segundo capítulo Ullán elige un tema: la voz, el encanto de la flauta mágica. Cuenta que siempre sintió la necesidad con la Zambrano de “darla a oír”, algo que le fue posible, después de muchos intentos, en una entrevista que emitió Rne1 y Rne3 el 13 de junio de 1981 (y que no he logrado encontrar) y sin duda ahora, en este libro.

Pero en el prólogo no se habla sólo de María Zambrano, y no se reproduce sólo su voz: aparecen también aquellos a los que conocieron y que “sabían contar anécdotas porque les sobraba memoria de lo leído y de lo vivido”, y hasta algunos que no sabían. El prólogo-relato responde a muchas preguntas. ¿De qué hablaban José Miguel Ullán y María Zambrano? ¿De qué hablaba María Zambrano con Lezama Lima? ¿Y con Octavio Paz? ¿Y doña María y Juan Soriano? ¿Y con Ortega y Gasset? ¿Y con Araceli, con Valente, con Machado, con Lorca, con Ramón Gaya, con León Felipe, con Max Aub? ¿De qué hablaban? ¿De qué habrán hablado aquellos que alcanzaron la más extraordinaria, por rara, fortuna: una vida bien conversada?

Ullán nos acerca a los centros imantados de las conversaciones y los textos de la Zambrano, aquellas ideas, por ejemplo, que se articularon alrededor de algo que le dijo Octavio Paz: que hablaba como escribía, y que Doña María, para quien tan importante era el decir, negaba rotundamente, porque, “sobre todo, el que escribe quiere decir el secreto; lo que no puede decirse con la voz por ser demasiado verdad; y las grandes verdades no suelen decirse hablando. La verdad de lo que pasa en el secreto seno del tiempo, en el silencio de las vidas, y que no puede decirse. “Hay cosas que no pueden decirse”, y es cierto. Pero esto que no puede decirse, es lo que se tiene que escribir”.

Se cuentan cosas importantes tanto en el texto como en las notas a pie de página, unas notas que ni se juntan ni se separan del relato y que recogen, por ejemplo, lo que dijeron otros al conocerla. Cortázar, dijo: “es tan genuina que parece un fantasma”. El relato termina con el viaje que Juan Soriano y Ullán hicieron a Polonia. Allí cuenta Soriano que, en todas las semblanzas que ha leído de la Zambrano, ésta aparece “hecha un merengue”. Una razón más para leer este retrato que nos la presenta viva, imperfecta e increpando:

“Pero bien sé que ella, obediente al oído y al amor, fue enteramente libre en su singular decir, en el cual convivían, hermanados, la compasión, el humor y el enigma, entre muchas otras cosas aún a la espera de un nombre. Hablaba para ver por qué. Hasta reconocerse mediadora (“y no digo más”) al sacar a la luz y entregarnos ese sonido que sólo en sueños se deja oír”.

Porque la razón poética para María Zambrano, también para Ullán, era “la voluptuosidad del pensamiento bien movido e iluminado”.

En la antología se incluyen unas cartas inéditas a Juan Soriano y muchísimas joyas más; no hace falta seguir recomendando a María Zambrano.