domingo, 21 de diciembre de 2014

Potpurrí de memoria involuntaria y meditación faroniana mientras relleno los chipirones.






Otro recuerdo de otro molino.

Hacía muy poco que me habían llevado a ver “Moises” y seguía perpleja con la imagen en la que se abren los mares. Poco después estábamos cogiendo renacuajos cuando un brazo nos agarró por la cintura a los tres y nos sacó volando antes de que la inmensa ola se nos llevara debajo del puente, me pareció una boca gigante ese día la tajadera del molino. Y así fue como mi tía Emma se convirtió en mi heroína. Lo sigue siendo.

(Algunos días me sacan a pasear a las once de la noche, un día hablamos de alguien que nos caía mal y Elisa le pregunto ¿y a ti?
-Pues me caía fatal, pero ahora me caé como todos.
Ata cabos.)

Ayunos de cocinera.

-Mientras los Faroni fallan me he entregado a la pornografía, llevo desnudados cuatro huevos, cinco cebollas y por lo menos cincuenta cefalópodos. ¡Qué crueldad supera la de rellenarlos con sus propias patas! No he podido recordar ningún cuento de cefalópodos en los Faroni de estos años, pero seguro que hay. Me he acordado de uno de Bioy Casares muy bueno. “El calamar opta por su tinta” y de este de Ana María Shua:

Los calamares no me atemorizan. En señal de amistad, trenzo y destrenzo sus tentáculos. Después de todo, soy casi una de ellos: yo también sé jugar a esconderme con nubes de tinta

Y de

El calamar es el tintorero para los lutos de los peces.

Que decía Gómez de la Serna.

(Cocino por control remoto, la meta es que digan: está igual. Lo he conseguido un par de veces pero sabía que me faltaba un ingrediente, la radio, mi madre siempre escuchaba la radio en la cocina, subsanado.)


Sin epitafio.

-Mi padre ha terminado por fin la lápida de mi madre. No había ninguna que le gustará y eligió aquí el jarrón, allá las letras y por tradición una virgen del Pilar. Estoy segura de que lo ha hecho para seguirla oyéndo mientras agujereaba el marmol:

-Matías, te eternizas, no sé por qué te empeñas en hacerlo tú todo con esas manos que tienes.¡Ay que manera de complicarte la vida!

Cuatro meses después podré volver a entrar en esa habitación.


In London.

Don Antuan, en quién tanto confío, me ha recetado Iam McEwan para estas navidades. Inés y Luis también vienen de allí casi directos a merendar el martes, parece que la atención geográfica para estos días está echada.

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