martes, 10 de diciembre de 2013

Los otros días centroamericanos.




Estaba terminando de leer “Los militares y la élite que gano la guerra”, acababa de terminar “Cambios para no cambiar” , con lecturas así he pasado el puente (bravo por las gentes que hacen Plaza Publica) cuando ha llamado mi madre y le he estado contando la última barbaridad que había leído

-Cuando Carter prohibió mandar armas a Guatemala, en el 82, los ricos del país pusieron sus helicópteros y aviones al servicio del ejército (80 aviones, 20 o 30 helicópteros) y no contentos con eso iban personalmente a bombardear. ¿A quién? A los campesinos ixiles que huían. Esos mismos respetables empresarios, con nombres y apellidos, temiendo ser juzgados después de Rios Mont, son los que han presionado para que se suspenda la pena al genocida.¡Este año!¡En mayo! Son los que siguen gobernando el país y matando campesinos.

-Anda, anda, Marta, yo creo que tú exageras, como va a ser eso posible.

Entonces me he puesto a pensar en esa incredulidad que nos causa el horror.En hasta que punto se han convertido los Polochic, desplazados en el 2010, ayer nomasito, en conocidos míos estas semanas, pero cuanto más leo más aumenta mi perplejidad, y repito en automático un “no es posible” que los convierte casi en ficción y me permite seguir leyendo mucho rato.

-Qué sí, que te creo, cómo no te voy a creer. Tu padre vio ayer un documental sobre El Salvador y está malo. Dice que no lo veas.

-No, no, por hoy suficiente.

Le he dicho, pero un rato después he vuelto a llamar para preguntar en qué tele lo vio.

Y menos mal que me lo he puesto porque me ha parecido esperanzador. Está lleno de historias hermosas, de buena onda, entre tanto dolor, y  me acuna el cantadito guanaco y está precioso el paisito, y sale Chalate y Sisiguayo. Además ya han pasado muchos años y la gente está más serena que cuando nos lo contaba a nosotras. Y no manda Arena.

El volcán majestuoso, el Izalco, y el documental se titula La cigüeña metálica.

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