domingo, 8 de julio de 2012

Briznas y balances





Una novela me manda leer Violante.

Y si la niña Blanch me manda leer una novela sucede la excepción y sus 548 páginas se imantan de enigma. Oigo y obedezco enseguida, sabiendo que el tiempo que invierta es un tiempo que también pasamos juntas. No sólo alivia, también nutre la ausencia parar exactamente en las mismas líneas en las que ella se paró.

Esta vez se trata de una biografía novelada intitulada Ella, tan amada, de Melania G Mazzucco, y cuenta la vida de Annemarie Schwarzenbach que, entre otras cosas, fue de profesión amiga: de Carson McCullers, de los hijos de Tomas Mann y de algunos otros que la inmortalizaron con otros nombres. Un largo y rico viaje a muchos rincones, una revisión de profundis aprovechando las palabras y las vidas de otros.

Vidas contadas


La libertad de horarios


Ya advertía Ferlosio de la enorme diferencia entre ir a comprar (a buscar algo concreto y necesario) e ir de compras (exponerse ante los escaparates para que algún objeto te encuentre).


Los caminos de la alienación son polisémicos e insondables.


La insatisfacción


Ha de ser la suficiente, como la sal. El punto exacto para potenciar el sabor. Menos no sirve de nada, más arruina cualquier guiso.


Las briznas del pánico


Ha caído una minucia de tabaco en el agua cuando rellenaba los cubitos y hasta me ha reconfortado dejarla allí.

¡Cuántas vidas sacrificadas para que todo aparente ser geométrico, idéntico y sin mácula!



La vuelta


Una semana antes de volver al molino empiezo a anticipar el momento emocionante. Cuando bajo corriendo del coche y como un perrillo voy recorriendo matas y matitas para ver quien sobrevivió y quien se ha muerto.


Tarea


Seguir tejiendo silábicos cordones umbilicales.

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