jueves, 21 de enero de 2010

¡Y del bibliobús!


Me llego el día de coser y estoy pletórica. Durante diez años he ido anotando punzaditas, matizando bodoques, abriendo interrogantes y repitiéndome que tengo que hacer otro temario.

Cuando hice los dos temarios de la escuela era otra mala época, pero yo me recuerdo exultante, rodeada de pegatinas de colores, reencontrándome con palabras que no había vuelto a leer juntas desde hacía mucho tiempo pero que recordaba inevitablemente emparejadas. Y aparecían notas útiles al margen que me había escrito a mi misma sin saber para qué, y citas y desvaríos en cuadernos viejos a los que parecía que les habían drenado sentido. Sólo iba a casa de amigos que tenían escaner y mi vida era como un hilo tenso de un párrafo a otro.

No haré lo de Perec con su escritorio, que aunque sea Perec y Oulipiano me aburren las descripciones tan, tan, tan minuciosas, pero afilar lápices, ordenar la mesa, eliminar adornos y obstáculos, pillar una buena neurosis, estar en algo, que decía el Chele, es bien emocionante. Me dije anoche cuando decidí como se titula todo:


Laboratorio de textos: teoría y recreación


TEMA 9: Estrategias de escritura

9. 1 El gimnasio verbal

9.2 Las máquinas espasmódicas de la era digital: un recorrido por la literatura en la red

9.3 De la retórica al Oulipo


TEMA 10: De lo real a lo inverosímil

10.1 Notas del natural, el efecto de realidad.

10.2 Los mundos posibles

10. 3 El narrador II: la autoridad autentificadora


TEMA 11: De lo lúdico a lo fantástico

11.1 La literatura como juego

11.2 Viaje a la narrativa fantástica

11.3 El personaje II: Los tema del yo y los temas del tú


TEMA 12: La importancia de la brevedad

12.1 Del borrado al estilo

12.2 Historia de la literatura hiperbreve

12.3 Literatura sin palabras


P.D. Siempre bajaba a la escuela con Merche que andaba muy deprisa, yo no podía seguir su ritmo, aguanto mal la regularidad, enseguida prefería correr un rato para poder sentarme un poco, ella pasaba por delante con sonrisa suficiente mientras yo intentaba dejar de resoplar, y volvía a correr hasta cogerle ventaja y dejar que otra vez me adelantara. Y de eso me he acordado luego, de los ritmos. ¡Y del bibliobús!

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