sábado, 2 de febrero de 2008

Una laguna: la otra noche olvidé cómo se llamaba Virgilio Piñeira




He aprendido a nadar en seco[...] No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. [...] Al principio mis amigos me censuraron esa decisión. [...] Felizmente ya pasó la crisis. De vez en cuando hundo mis manos en las losas de mármol y les entrego un pececillo que atrapo en las profundidades.
Virgilio Piñera



La imágen es de
William Kentridge

4 comentarios:

SATSUMA dijo...

Lo más maravilloso de todo es que, aun en los secarrales más áridos encontramos a veces un pez (o dos) y que poco a poco vamos aprendiendo, incluso a disfrutarlo.
Un abrazo. Feliz domingo.

Sonia Fides dijo...

Marta lo mejor de nadar en seco es que ni puedes ahogarte ni pueden ahogarte. Es una ventaja ¿no?.

Un abrazo.

Miriam G. dijo...

Pues lo más maravilloso de todo es que creamos que podemos encontrar esos peces, que los encontremos o no, importa menos.

Un beso, Miriam G.

Jesús Alonso dijo...

Menos mal que te has acordado. Muy bueno y lo Shua también.