viernes, 6 de noviembre de 2009

Los viernes con otra música y algún jardín






 

Sonia ha vuelto a casa
-¿Teléfono, Skipe?
Hoy tiene una pregunta concreta, pero todavía no me deja desvelarla y mientras  propone:
- ¿ buscamos personajes…?
Resumen de la mañana del viernes: dos horas de búsqueda y pasión para un monográfico en el calis y una clase en mi temario.
Luego me ha mandado en pdf Muesca de Benito, que empieza con una cita que no se deja maquetar:

Todos los jardines empiezan por sanarte. 
Te mueves,
y la luz se enturbia.
Juan Larrea

Creo que nos ha cortado telefónica por abuso de tarifa plana.
-¿Te acuerdas de cuando las madres decían "cuelga, que corre"?

Sonia no ha leído Merma y yo me he quedado con el libro en la mano, abierto por dónde Benito del Pliego, dice: 
54
Día de la lealtad en que lo admirado es complaciente. La
tensión se desanuda y toma la luz los orificios de la red.
cuajándola.
55
Inhalación y hábito. Recrea la codicia su condición diaria.
El tiempo agolpado en la remesa del futuro no lo colma,
no lo afina, no lo retiene. Silencio y fechas.

La imagen es también de Benito

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sobre lo verosímil: de la guía del Trotamundos a La vida loca


La guía del trotamundos es una de las lecturas más humorísticas que he encontrado leídas in situ, al menos la que cayó en mis manos en un autobús de vuelta de Chalatenango un viernes. Eso iba leyendo cuando llegue a la troncal del norte, esa estación en la que los cobradores te meten a empujones en el primer autobús, vaya a donde vaya, y tienes que subir y bajar de tres o cuatro antes de coger el tuyo. Avisa, avisa, visa, visa. Entre mis pequeñas transgresiones estaba la de sentarme detrás, eso allí es una trasgresión: todo el mundo se apiña en las primeras filas porque los mareros toman el fondo. Habíamos desarrollado una teoría, quizá suicida, creíamos que la vulnerabilidad era proporcional a la cantidad de miedo, el miedo emite un olor que obstaculizaba la comunicación y había que vencerlo desde dentro, detrás de aquellos tatuajes había una persona y en décimas de segundo deberías ser capaz de que te viera o te oyera, y para eso verlo y oirlo.

Aquel día que me cayó un marero en la estación de autobuses, en el último asiento, también funcionó el invento. Funcionó siempre para nosotros, pero no le funcionó siempre a Christian Poveda.

Los atracos en El Salvador no son así nomasito, son con pistola, con machete como mínimo, pero siempre hay un método para que no te roben, no llevar nada. Yo aquel día llevaba unas gafas de sol, un vestido de flores de Marian, en el que no se podía ocultar nada y la guía del trotamundos. Vaya cuadro guiri. Le di el bolso, con nada, el libro y las gafas y le dije:

-Que ondas maje si yo no ando pisto, que vas a creer que porque sea chele. Mirá, mirá, para vos el bolso chavo, enteriiiiiiiito, tres colones ando, gana es lo que traigo de un tamal y una Pilsener pero no hay con que.

Hasta cierto punto, sólo hasta cierto punto, le estaba engañando. Suspiré y sonreí cuando Juan, se llamaba Juan, me dijo con aquel cantadito:

-¡No te pueeeeeeeeeeeeeedo creer! Serás huevona vos.

De ahí arrancamos la plática hasta la parada de mi casa en la otra punta de la ciudad, cuando llegamos ya me había contado su vida, era hijo de emigrantes, había crecido en Chicago, allí se había hecho pandillero, "en los estados porque ni modo, no había de otra, todo el mundo necesita tener su gente men, su grupo, y los mismos cheros de allá y ahora aca”. Luego lo deportaron, había llegado hacía tres años a este país, en plena postguerra, y “se había cargado de bichitos que querían comer todos los turnos”, luego me contó sus dudas, sus miedos y sus miserias, ya éramos cheros, ¡pues!, cuando llegamos a Ayutuxtepeque se vino a casa, a la San Antonio, a tomar un café.

Su historia era la historia de casi todos cuando empezó esta vaina demencial en los noventa, cuando aún era un virus recién inoculado que sonaba a comic: la dieciocho contra los salvachucha. Cuando era redonda la jugada para los Estados Unidos, que incubaban bandas para deportarlas luego; además de librarse de ellos resultaban un arma más poderosa que ninguna de las bombas en las que tanto pisto se habían gastado. Las vidas en El Salvador empezaron a estar de saldo, se pusieron aún más barats, todas, las de los sindicalistas, las de los cooperativistas y las de los políticos de izquierda sobre todo, se engancho una guerra con otra. Mi pequeño comandante tuvo doce atentados o asaltos en un año, uno al mes. ¿Increíble? , créanlo, es absolutamente cierto.

Anoche vi La vida Loca, antes lo había intentado un par de veces pero no podía pasar de los planos aéreos de Soyapango sin ponerme a llorar, hay objetos que milagrosamente se escapan de la repetición y sirven para construir el propio imaginario, todos los picap Toyota rojos son el picap de David. Además todos los colmaditos son la Tiendita el Calvario y todos los habitantes de Soyapango Vladimir y Priscila.

Es casi imposible creer lo que estamos viendo en La vida loca, para los lectores occidentales de la guía del Trotamundos el documental da muchos saltos por encima de lo verosímil, el último el asesinato de su director.

No me olvido ningún día de las gentes como él a las que conozco, su impotencia porque siempre nos cuentan algo que no podemos creer. Gracias chicos por vuestra paciencia con nosotros.

P. D. Estoy pensando en mucha gente, pero estoy pensando sobre todo en tí, gracias Paco.

viernes, 30 de octubre de 2009

Avishai Cohen




Hoy la recomendación corre a cargo de la gran Tatiana, que me ha estado mandando estupendas nanas.

Gracias sol

jueves, 29 de octubre de 2009

Apología de lo breve


He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta

Blaise Pascal

Imagen Martín Pereira

miércoles, 28 de octubre de 2009

La barrera del sonido


La lavadora del tercero ha pasado al programa de centrifugado, es la hora del informativo regional y Pili, la vecina, que es sorda, ha puesto la tele. En la cocina se sofríe algo, va demasiado deprisa, a veces aviso de oído si lo del fuego se quema, lo oigo aunque esté a muchos metros. A Elena, que también es sorda, le pasa lo contrario; es capaz de medir el tiempo con el olfato. Por las noches oigo el clic de la luz de la mesilla de mi vecina, que tiene insomnio, y las cisternas, y a los gemelos de abajo, distingo cual llora, y me desvelo con el despertador del cuarto piso, alguien se levanta a las tres, ¡qué desatinos! Por el día no me pierdo los pitos de los hornos ni de las ollas y los estertores de las neveras, ininterrumpidos, como las siniestras abuelas de los gemelos, tan poco versadas en cantos: oír a las ocho de la mañana, un día tras otro “si te ha pillao la vaca jodete” le destroza el animo a cualquiera. Estoy extrañando al loro de los del primero, ni siquiera sé si se murió, desapareció poco antes de que aparecieran los niñitos.

He de reconocer que no vivo en un edificio ruidoso, todo lo contrario, el problema es mío, y como es una particularidad de la que no había oído hablar a nadie, pues nunca lo había comentado más de la cuenta. Todo el mundo entiende las manías de un sordo, pero no todos están dispuestos a ponerse en la piel del que atraviesa las barreras del sonido.

-Anda, ¡has oído el teléfono antes de que haya sonado!

Me dijo el otro día alguien observador, y no es magia, los teléfonos emiten un gruñidito antes de sonar que seguro que Paloma oye. Empecé a darle importancia al asunto después de hablar con Paloma, y recorde que esto le pasaba a alguien más, me lo contó hace años, a Pilar Adón, que vivía con tapones.

No es que no fuera consciente de que tiene su importancia, ante un asunto tan poco habitual tienes que alertar, por lo menos a los de casa. Durante años utilicé un llavero con un cascabel y les pedí que no hablaran de mí hasta que dejaran de oír el cascabel. Una medida con desiguales resultados porque ellos dejaban de oír el cascabel enseguida y yo tenía que cargar con un sonidito más. También está bien advertirles a los amigos: menudo disgusto el día que oí como me criticaban, poco, dos amigas en un concierto, las pobres no dijeron nada grave, pero ¡cómo iban a imaginar que las estaba oyendo con aquel estruendo!

También oigo la plaza en invierno, con la ventana cerrada, el niño que está sentado en el banco, que tiene unos tres años, dice, grita, exclama:

-TÓnicA, tónIca, tónica, tónica, TóNica

Su madre, de pié. con su amiga, y además apoyada en la palmera, suspira angustiada.

-Lleva toda la mañana diciendo tónica, no tengo ni idea de dónde lo ha sacado pero me está volviendo locaaaaaaaaaaaaaaaaa.

La imagen es de Joan Rabascall

viernes, 23 de octubre de 2009

Viernes y Vainica.




Las semanas que Sonia trabaja en casa son semanas más acabadas, con más anotaciones, con un tejido más fino, los grumos se nos disuelven en ocurrencias, nos cargamos las desazones a machetazos verbales y creemos que no, pero nos cunde el doble el trabajo. También son semanas más melómanas y la joven Santon no ha oído esta canción de las Vainica

Las Vainica Doble no me parecen una regresión. Siempre son las más modernas. Va por Vos

jueves, 22 de octubre de 2009

Las citas de Musil para Sonia



Que por la mañana han saltado solas del libro:


-Me has preguntado lo que creo-empezó-. Creo que todos los preceptos de nuestra moral son concesiones a una sociedad de salvajes.

-La moral que nos han legado es como si nos hubiesen puesto en una cuerda floja tendida sobre un abismo-dijo-sin darnos otro consejo que el de "¡Manténte derecho!"

-¡Me has preguntado lo que creo! Creo que, aunque me demostraran mil veces con las razones al uso que algo es bueno y hermoso, me daría lo mismo, y que me guiaré única y exclusivamente por una señal: la de si ese algo me eleva o me hunde

Robert Musil El hombre sin atributos Vol III

La imagen es de Mayte Vieta

miércoles, 21 de octubre de 2009

No habiendo conseguido superar el desorden




Esta mañana le he leído por teléfono un par de citas a Sonia, para apuntalar la conversación que versaba sobre la moral, luego han desaparecido. Es una de mis ocupaciones más frecuentes pasar y pasar página leyendo en diagonal, buscando aquello que estaba subrayado y requetecontrasubrayado, y que aún así, quizá por eso, se esconde mejor.

En los dos o tres intentos he encontrado otras perlas, pero esas dos citas no, me he encorajinado-y eso que me siento como una cirujana fina, porque es difícil: la escritura de Musil crece en todas las direcciones y es casi imposible podarla; sus secuencias , que son un poema y también un ensayo, funcionan solamente cuando está cada palabra en su sitio, al cortar las frases, sin el drenaje de las otras, se encogen sin sentido...y hay que volver para copiar también la frase anterior y la que sigue, y así seguir zurciendo hasta encontrar la apertura y el cierre

dije yo misma, en otro momento, seguramente parecido

Las perlas:

Porque lo que distingue a una persona sana de un enfermo mental es precisamente el hecho de que el sano tiene todas las enfermedades mentales, y el enfermo no tiene más que una.

O

Si hay que explicarlo todo, el hombre jamás cambiará nada.

O

Existe un asombro que olvida toda pregunta

O

Mira, en la vida entiende uno muchas cosas sin estar de acuerdo con ellas; de ahí que la posibilidad de estar de acuerdo con alguien antes de entenderlo es una insensatez tan bella como un cuento de hadas, es como cuando, en primavera, el agua baja hacia el valle desde todas partes.

Mañana busco las que eran Sonia.

La imagen es de Alfredo Jarr

sábado, 17 de octubre de 2009

Los diálogos de después de tanto anotar o sobre el trayecto



-La literatura es siempre una expedición a la verdad

dice Kafka

-Y antes las distancias eran mayores, porque el espacio se mide por el tiempo

apostilla Borges.

viernes, 16 de octubre de 2009

Versión o neurosis




A mi lo de las versiones me sigue gustando.
Y Bebel Gilberto también
Y que los viernes toque música.

y que vuelva Miriam,

¡anda vuelve!¡aunque sea los viernes!