lunes, 20 de mayo de 2013

Mina Loy









Algunas veces, pocas, se puede hacer el camino inverso. Del fb al blog. Corto y pego esto que acabo de encontrar. 

Y me voy para seguir anotando plomizas reflexiones que esperan emparejarse con ligeras ocurrencias y tener sentiditos.


CANTOS A JOANNES

Podríamos haber vivido juntos
en las luces del Arno
o haber ido a robar manzanas bajo el mar
o jugado
al escondite entre amor y telarañas
y tocado una nana con una cacerola.

Y conversado hasta quedarnos sin lenguas
para conversar
y no haber sabido nunca hacerlo de otra forma.


III

Podríamos haber copulado
Durante el monopolio encamado de un momento
O habernos roto las carnes uno al otro
Sobre la mesa de comunión profana
Donde el vino se vierte en labios promiscuos

Podríamos haber dado a luz una mariposa
Con las noticias del periódico
Impresas con sangre en sus alas.



Mina Loy - Mina Gertrude Löwry - (Londres, Inglaterra, 1882/ Aspen, EE.UU., 1966) Nacionalizada Norteamericana
de Antología poética, Edición bilingüe, Colección La Rama Dorada Poesía, Huerga & Fierro, 2009
Traducción y edición crítica de Esther Sánchez-Pardo

miércoles, 15 de mayo de 2013

De Kafka a Ayutuxtepeque.





Quizá no haya nada tan difícil como quedar con cuatro mujeres para ir a comprar plantero. Cuando por fin decidimos plantar en medio de una inundación se rajan y deja de llover. Quizá por eso, o porque era San Isidro labrador, me he tomado la tarde libre, libre, libre, incluso de lecturas obligatorias, me he dejado llevar por un azar que de azar no tiene tanto como yo quiero creer, y me he puesto a releer las cartas a Mílena.

Recuerdo perfectamente la última vez que las leí, en Ayutuxtepeque, en uno de aquellos ejemplares tan subrayados por tanta gente que aún debe tener el niño José. En casa de José Luis.

Nos habíamos ido a su casa porque aquellos días empezábamos a estar acorraladas por la magia, negra, oscurilla en todo caso. ¡Dos racionalistas acoquinadas por el sonido de un columpio! Pues sí. Aquel columpio del corral estaba horas y horas moviéndose de un modo tan regular que ningún viento, ni ningún humano… Y habían quemado el jardín con sal, y había un muñequito con alfileres enterrado en el patio. La cuestión es que  la niña Blanch le contó a Nora, ya asustada. Y Nora, aquella  lúcida, nos recomendó una limpia con un chamán. Y yo ahí empecé a tener miedo. Como Kant pesaba en nuestras cabezas bastante decidimos que mejor un antropólogo. El Pepe. Y a casa que se vino, recién aterrizado de una casa ocupa en Barcelona, aquel bondadosísimo antropólogo salvadoreño. ¡Puchica si aprendimos sobre el ser humano y su capacidad para cometer destrozos psicológicos aquellos días!  

En tres parrafitos ya me he dejado a dos muertos por el camino. José Luis. El hombre de las camisas coloradas, aquel andaluz preclaro de la radio Izcanal y Nora, la bregada periodista, la maestra argentina.

Lo de la magia negra era verdad. ¡Qué hacían dos chelitas quitándoles los novios a las salvadoreñas después de una guerra! Generalmente usa esos ardides quien te conoce y sabe cuales son tus puntos flacos, no tiene nada de misterioso lo de la magia negra..

¿Cómo filtrará la cabeza esas mezclas?¿Cómo se compatibiliza leer las angustias de Kafka y desenterrar un muñeco de vudu en tu casa? La juventud, que todo lo puede. 

Estaba recordando eso y pensando que una puede hacer las cosas más comunes del mundo, tener la vida más ortodoxa, pero levantarse todos los días extrañada, por eso mismo. Entonces me he encontrado ese párrafo en el blog de Rafa:

“Empezar a viajar compulsivamente fue un paso más en este proceso de escapar de la domesticación  de la mirada. Y, por descontado, de huir de uno mismo. En el viaje se produce una disolución del individuo en el paisaje y en la gente, es lo más antibiografico y antipsicologico que se me ocurre. 
Durante años lo abdujo una fiebre por devorar kilómetros  Coleccionaba paisajes, personas, novedades, aventuras. Un día se canso. Necesitaba parar y se lanzo al otro extremo; a la inmovilidad, al silencio, a la repetición. Había estado atesorando espacios y ahora quería ser dueño del tiempo."

Sylvain Tesson
La vida simple.

martes, 14 de mayo de 2013

Malos humores.

Pejac


Desde la ventana

Estaba casi callada ayer la plaza, a pesar de que el día era esplendido. Hay tardes enloquecedoras, los chicos, y algunos padres, chillan como conejos. Tanto que hasta prefiero que llueva para disfrutar de un poco de silencio. Pero ayer estaba raro el sonido ahí afuera. Se oía una voz rectora de vez en cuando  y sonó al menos diez veces la palabra ganador. Ni me asomé para ver quién era el del ordeno y mando. Ya le había pillado suficiente manía sin ponerle cara. Me obsesionó después la impresión de que, con tanta competición, la mayor parte de los niños se habrían ido a casa convertidos en fracasados prematuros.


¿Qué deseo reproducir, proyectar, conservar?

Ordena esa pregunta, venga, que es como lo de parar, templar y mandar, que siempre se te desbarata.

Hay que empezar por elegir. Ahora es lo más difícil, todo está programado para hacernos creer que elegimos, pero qué va, como Viridiana, entre garbanzos iguales.

Fobias

Unos cuantos me resultan tan desagradables que cuando dicen o escriben algo con lo que estoy de acuerdo me pongo a cuestionarlo. Usan un tonito que es como si amurallaran para uso propio cada idea.

También están los otros, los que me devuelven las convicciones robustecidas, menos mal.


Prácticas de riesgo

Cené con mis padres el sábado. Ven los debates de la cinco y de la sexta. Los dos al mismo tiempo.

Me empezó a parecer que estaba en un planeta extraño. Creo que esto ya no es ni un país, se ha convertido en otra cosa, tosca, torpe, torticera. Autista

-Cómo no se va a entender que se merezca un sueldazo un registrador de la propiedad

Dijo uno, y empezaron a pitarme lo oídos, pero de verdad, y tuve que irme.

Sueldazo se merecen los basureros. Los que hacen lo que nadie quiere hacer. 

Está todo al revés

Mecánica onírica

Por culpa del teléfono nuevo paso los sueños con el dedo, y algunos no se abren.

jueves, 9 de mayo de 2013

Ma chambre.



Ayer mi padre trajo dos androides de esos, uno para mi madre y otro para mí. Actuamos como lo que somos, dos tiparracas

-Ya me has vuelto a complicar la vida Matías, ¡lo que me faltaba!¡tener que controlar el consumo de megas!

Dice la Arse.

-¿Preferirías tener un padre experto en lechugas?

Me pregunta Miguel cuando se lo cuento.

-Pues no. Pero es que nadie está satisfecho. Y yo tampoco.

Después de tocar mil botones, ya en la cama, miré a la izquierda y me gustó más lo que veo todos los días. Pero no se ve todo aquí, cuando pongo el ventilador del techo en marcha tengo casi un murmullo de bosque al alcance.


martes, 7 de mayo de 2013

Totum revolutum




Autoconsejo.

No hay que manosear las palabras, se les borra la imagen.


Pero hay que fijar los hechos

Domingo, sol radiante. Una danza de gente, veinte personas donde generalmente no hay nadie. Ellos vuelven de ver el huerto cuando nosotros volvemos del vermouth. Lío de saludos. Yo era la única que los conocía a casi todos.

Primero saludé  a alguien con quién conviví mucho y a quién no tenía ningún deseo de volver a ver, aunque hayan pasado veinticinco años, y después a Alberto,  a quién llevaba esperando conocer desde que empecé a oírle nombrar, casi desde la infancia. Que estuviera el segundo borró la existencia del primero, o algo así. No queda tiempo para todo.

Tuvimos solamente cinco minutos. Su presencia era tan armónica como me imaginaba. Me despedí diciendo:

-Cuando nos volvamos a ver te contaré cómo has influido en mi biografía.

Esas cosas no se dicen todos los días.

Lo que  me produce guacala

El domingo, también el domingo, me desperté con una sensación pastosa, atrapada en una palabra, luego le dí la tabarra a mi madre en el paseo: “los pijos”, “el pijerío” los inconfundibles tonos "pijos" ,ese radar que me localiza siempre la sinsustanciadez elevada a estética. Ese submundo inane del que hace tanto que salí por patas pero con el que inevitablemente me reencuentro

¿Qué van a hacer ahora?

Y esos textos, que no son ni textos, son alaridos suplicantes que supuran un dramatismo ajado. 

Preferiría no asistir a esos saltos desgarbados, ¡Venga!¡que me tiro! parece que dicen: desde la adolescencia hasta la decrepitud. De un solo.

No le habían dejado ni un cachito pequeño al espíritu, ahora que lo necesitan braman.  

Como diría Musil, tanto individualismo ha producido pocos individuos.


Duda

¿Es más inteligente lo que se te ocurre en la cama, cuando apagas la luz, o es una falsa impresión que tiene que ver con alguna contracción neuronal, un achatamiento nervioso, imprescindible, de las puntas que sobresalen durante el día?


Sueños embuchados

Sueño mucho con un San Salvador abstracto, enmarañado, difícil, en el que me pierdo continuamente. Anoche soñé que se lo contaba al Tibu, me desperté cuando le decía, aun estando allí, que necesitaba ir para soñar la ciudad de otra manera.


+ Musil

“Alguien sugiere canonizar el dinero para afianzar mejor el respeto en el pueblo; Maier lo desaconseja, más vale conservar a Dios como presidente y al dinero como secretario general”

Otro colmo:

No tener ocasión de decir: te llevo al huerto.
Teniendo dos.

++Musil

Tal vez es que percibimos algo que apenas podemos soportar: lo íntimo contenido por el sentido de la elegancia-la gracia de la razón envuelta en erotismo.


Descubrimiento estacional:

Las agujetas: el cuerpo existe y me duele entero.

sábado, 4 de mayo de 2013

Escapadas con el hombre sin atributos y su autobiografía inconsciente



Pete Seaward


Clarisse deja de hablarle a Walter cuando toca a Wagner. Mantiene que le altera la esencia y le estropea el carácter. Yo también me convierto en otra cuando leo a Musil.

Después de veinticinco años  me pregunto por qué lo elegí, si me paraliza, si cuando lo leo me siento como si estuviera comiendo una nube de algodón, un aire dulce lleno de hilos sueltos que me dejan las manos pegajosas.

Cada año me lo explico de un modo diferente, empiezo a parecerme a él, o siempre nos parecimos y lo encontré por eso, o simplemente nos pasa lo mismo. Este año he decidido que compartimos una huida: don Roberto también corría delante de la abstracción, y ¡ay cuando lograba escaparse!

Una amiga judía decía que hay que dar muchas veces en la misma piedra. En eso sí he salido ganando. Sus 2000 páginas sin principio ni final crecen y crecen cuando se cortan en pedacitos, pedazos de boli azul, rojo, verde, negro, lápiz, sumados años tras año, que me dan muchas pistas, meticulosas pistas, sobre aquello en lo que estoy de acuerdo y en desacuerdo conmigo misma (y con los demás)

lunes, 29 de abril de 2013

Tiempo





Simultáneamente, todavía no, ya no (eventualmente todavía) son las tres formas fundamentales del tiempo. El decurso del tiempo, la apreciación del tiempo etc., son relativamente intrascendentes. Las formas fundamentales del tiempo no son puramente temporales.

Robert Musil

sábado, 27 de abril de 2013

Segundo diálogo en la sombra






Patrick Gonzalès


Segundo diálogo en la sombra




En la noche, tu mirada abolida
espía entre juncales de negrura:
no acepta de las sombras
su indiferencia, su aparente
estar ajeno a quien
las mira. Piensa
–como piensa el mirar, absorto
bajo los párpados–
si es nada lo que no ve, o si nada
son sus ojos porque no ven.

¿Hay diferencia?
Porque duda o no sabe
sigue buscando, y en la duda
una lumbre modesta se abre paso,
pone su cal
al fondo de los ojos.

Quien mira sabe
que algo le está mirando.

Porque la noche lo permite,
no buscas en su negrura siluetas
ni bultos para desmentir la nada,
buscas sus ojos que te están buscando
sobre un hilo que entonces se ilumina.

Jordi Doce.

jueves, 25 de abril de 2013

Diario: lugar para informarse a uno mismo formalmente de qué debería recordar anotándolo.






Pues venga.

(Constricción: la inmovilidad)

La onda del afrancesamiento no es más que otro modo de viajar que he añadido al único posible en este momento, recibir en mi pueblo.

Supongo que empecé porque me mataban las ganas de irme a París con las chicas. Pero no fue una decisión consciente. Atribuí la inmersión a lo rápido que bajaban las películas. Luego sumé a la dieta a Eluard, Bachelard, Renard y todos esos, y me dí cuenta de cuanto se puede descansar en otra lengua.

Entonces me avisó Ángel, que es gallego-parisino, de que venía a verme, y también pude viajar por mi pueblo. Porque cada visita que recibo rectifica mi modo de ver los mismos lugares y a las mismas personas, claro, y también porque aquí no tengo que elegir la ruta.

Primero está la espera en esa estación. Hasta Utebo se llega en un tren que finge que te va a dejar por lo menos en Berlin. Después un café en la terraza del que fue el bar de mis padres, delante de la casa en la que crecí, y una visita a María Jesús: nada me produce más optimismo que la soledad radiante de esa mujer podando en pijama. Además en su casa está el huerto y la introducción narratológica para que en el paseo que resta se imagine mucho más de lo que se ve. Luego, claro, la torre. Quizá una paradita en el bar de la plaza de la iglesia para luego dar la vuelta por la calle del Hospital, donde están las casas de las que hablamos antes: en el cogollito de la plazoleta estuvieron las tres bibliotecas enormes de los amigos de mi madre, la de Luis, la de Carmen y la de los padres de María Jesús, las bibliotecas y los jardines, y la sala de proyección de Luis, que siempre me  endulzaba las películas con Amareto (de tanto en tanto me compro o hago que me regalen una botella de Amareto y  mezclo su gran recuerdo con el olor de almendras dulces)

Ángel inaugura un género. Es un amigo avant la letre. No hay nada tan placentero como recibir a alguien de quién sólo sabes que será muy importante en el futuro,  a quien ya es un miembro de tu familia, de quién llevas años oyendo decir. Ni nada tan fácil como hablar de lo que importa con el amigo de tus amigos. Imagino pocas cosas tan profundamente halagadoras como su visita. Por fin existe y está cerca ese lector superbe que encontró la Blanch en Ángola hace beaucoup de años.

lunes, 22 de abril de 2013

Aujourd'hui, un autre jour






Me he despertado pensando que somos eslaboncitos, que partimos de donde nos dejaron, y eso me ha recordado que mi madre tenía moto. Me ha hecho muchísima gracia la relación optimista de ideas, así que he buscado esa fotografía

Después he visto otro par de películas de Agnes Varda mientras me destrozaba el sistema nervioso arreglando el ordenador,  cuando he conseguido las dos cosas, porque soy una baturraza, aunque no me guste, me he reencontrado con una reconfortante griega: Kiki Dimulá.


HE PASADO 

Camino y cae la noche.
Decido y cae la noche.
No, no estoy triste.

He sido curiosa y he estudiado mucho.
Sé de todo. un poco de todo.
Conozco los nombres de las flores cuando se marchitan,
sé cuándo reverdecen las palabras y cuándo sentimos
   frío.
Sé con qué facilidad se abre la cerradura de los
   sentimientos
con cualquier llave del olvido.
No, no estoy triste.

Hubo días de lluvia,
me instalé detrás de este
alambrado acuático
con paciencia y discreción,
como el dolor de los árboles
cuando cae su última hoja,
y como el miedo de los valientes.
No, no estoy triste.

He pasado por jardines, frente a fuentes
y he visto muchas estatuas que se reían joviales
sin saber por qué.
Y pequeños cupidos, presumidos.
Sus arcos tensos
parecían lunas menguantes en mis noches de ensueño.
He soñado muchos y hermosos sueños
y estuve a punto de perderme.
No, no estoy triste.

He pensado en los sentimientos,
de los míos y de los demás,
y hubo siempre espacio entre ellos
para que pasara el dilatado tiempo.
He pasado y he vuelto a pasar por Correos.
He escrito cartas y las he vuelto a escribir;
he invocado sin tregua al dios de la respuesta.
He recibido breves postales:
una cordial despedida desde Patras
y ciertos saludos
desde la torre de Pisa que se inclina.
No, no estoy triste porque el día se inclina.

He hablado mucho. A la gente,
a los faroles, a las fotografías.
Y mucho a las cadenas.
He aprendido a leer manos,
y a perder manos.
No, no estoy triste.

He viajado, es verdad. He ido aquí, he ido allá…
el mundo siempre a punto de envejecer.
He perdido aquí, he perdido allá.
He perdido por ser observadora
y también por ser distraída.
He ido al mar.
tenía derecho a un espacio. Supongamos que lo conseguí.

Tuve miedo a la soledad e imaginé a la gente;
a unos los vi caer junto a un polvo tranquilo,
traspasado por un rayo solar;
a otros junto al sonido de una campana mínima.
Y me llegó el sonido del toque de la campana
de la soledad ortodoxa.
No, no estoy triste.

Jugué con el fuego, y me quemé lentamente.
tampoco me faltó la experiencia de las lunas.
Sus fases menguantes, sombrías, sobre mares y ojos,
me han nutrido.
No, no estoy triste.
He resistido tanto como pude a este río
cuando estaba crecido, para que no me llevase,
y cuando fue posible he imaginado los ríos secos
que tenían agua, pero me arrastraron.

No, no estoy triste.
A la hora precisa cae la noche.