domingo, 19 de agosto de 2012

Un domingo molinero




Más onírico que muchos sueños

He amanecido en mitad del barranco incendiado, calzada con chancletas e intentando entender el lenguaje de linderos naturales que me explicaba José, esta tierra se mueve, no es del todo mensurable, quien marca lo que es nuestro y qué de la indescriptible vecina son los granados, el tamarit, el pomelo y las adelfas. Sobre todo las adelfas

Durante días noto que me fallan las palabras cuando intento expresar cualquier pensamiento

Entonces me pongo a hacer cálculos. Pienso con números y luego los exagero:

El número de coincidencias incomprobables se aproxima al más elevado que se puede escribir con tres cifras. Me digo. Y dejo de sentirme balbuceante e ilusa.


Cuando oigo a los demás dejo de oírme a mí misma.

Gonzalo nombra caballero a Yeray, que pasa a llamarse Lord miércoles, mientras preparo el fuego. Juliana y Zoe planifican meticulosamente una tarde de playa mientras corto las migas. Gonzalo y Ester se entregan a los relatos judiciales mientras sofrío la cebolla.

Luego llega Iraida a comer y en la sobremesa queda inaugurada como sede de confidencias la casa de aperos.

El cambio de destino de Lola

Lola es la perra tuerta por picotazo de pato con la que he compartido los últimos veranos,  sal de aquí y vete las palabras que más repetía. Este año ya sólo quedaban de ella pulgas y garrapatas y yo había conseguido tener cierta autoridad. Desde que llegaron Ester, Eva y Juliana la perra se acercaba más y empecé a encontrar cuenquitos de agua debajo del coche. Aunque se oye todo en la casa entera, no intuí que había un complot, excluyendo a Eva, todos estuvieron contraviniendo mis órdenes y perfectamente organizados para convencerme.

-¡Cómo te vas a llevar a esa perra! ¡Cómo la vas a meter en un piso! Además tiene dueño. Haz lo que quieras, es el carnicero del mercado, habla con él.

Entonces intervino Ester, que es la que me conoce con más contundencia.

-Mira que eres original, te molesta la propiedad hasta sobre cosas, no digamos con las personas, ¿con los perros haces una excepción o es que no lo tienes pensado? Es un maltratador además.

Y claro, cedí.

La llevaron al veterinario y a una peluquería canina, cuando volvió ya ni siquiera cojeaba. De pronto se convirtieron en ven todos los vete. No he visto a un ser vivo más contento. Además no era de nadie, que diga misa el carnicero, no llevaba chip.

Pronto me encontraré a esa princesa de Éboli paseando con arnés por Zaragoza. Era penosísimo verla últimamente. ¿Se le olvidarán las garrapatas y todos los olores del valle? Desde anteayer no han parado de pasar perros buscándola.

¡¡¡Bien!!!

Gonzalo y Tatiana son las dos personas con las que más me comunico durante el año en diferido, no se conocen, dentro de una horita, cuando Gonzalo termine de fotografiar todas las flores, vamos a buscarla y nos vamos los tres a cenar.

viernes, 10 de agosto de 2012

Tú ya sabes que tengo un corazón muy especial





Después de lo que me pasa leyendo la biografía de Kafka y de reorientarme gracias a la compañía de Gonzalo y de Caeiro, sentada a la puerta de mi casa, a medio día y tras un buen manguerazo:

Trato de imaginar a alguien que le diga a Shakespeare: "¡Relajesé!"

Elias Canetti

El título me lo regaló ayer José, que es quien me cuida y me mata las plantas, estábamos hablando de...¿de qué estábamos hablando?

miércoles, 8 de agosto de 2012

Alberto Caeiro





Pobres flores, las del arriate del jardín geométrico.
Parecen temer a la policía...
Pero son tan buenas que todas florecen igual
y tienen la misma sonrisa antigua
que tuvieron para la primera mirada del primer hombre
que las vio y las tocó levemente
por ver si también hablaban.

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(...)
Me consolé volviendo al sol y a la lluvia
sentándome otra vez a la puerta de mi casa.
Los campos, al final, no son tan verdes para quienes se sienten
    amados
como para los que no.
Sentir es estar distraído.

lunes, 6 de agosto de 2012

Más semanas en el jardín






Me desperté pensando que todo había sido mentira.

Durante el café decidí dedicar el día a averiguar qué significaba todo y qué significaba mentira en esa frase.  Hay que poner a ralla esas agrupaciones recurrentes de términos que sólo pretenden cambiarme el estado de ánimo. El lenguaje, a estas alturas de nuestra relación, no debería intentar deprimirme con generalidades chocarreras.

El tamaño de tres U-topos

1000 metros
500 Manzanas
1.6 Hectáreas

Los mil metros de la ponderosa, las quinientas manzanas de tierra que David pago y puso a nombre de la comunidad, el molino.

Visitas

Después de días y días sola podando y podándome, (ya que lo hacía física aproveché y  también metafóricamente, si a las plantas les sobran ramas viejas no digo a mí), llegaron Zoe y Yeray. El niño tiene ocho años y es un colmo de delicadeza, yo diría que padece un exceso de educación. La madre le cambia adivinanzas y ratos de lectura por ratos de la maquineta esa. Me gusta oírlos de fondo, además sé que en cualquier momento puede saltar la chispa, y salta:

-Mamá, ¿cuándo salen los dientes de oro?

Lecturas

María José trajo la biografía de Kafka de Citati. Voy por la mitad. Paro cuando me dan ganas de irme a Praga y a principios de siglo para darle al mejor de los autores una colleja antidubitativa, aunque con eso privara a la humanidad de su gran obra.

También leo, pero muy despacio, a Svetislav Basara, eso fue recomendación de Jesús en su blog. Degusto lentito su capacidad para saltar de vacío en vacío con tanta gracia

Luego están los poetas, que se han quedado en mi mesa jardinera y me acompañan en los riegos.

La foto 

La hizo Gonzalo. Nos visitó después de cenar una mantis que posó tranquilísima para cuatro cámaras un buen rato.
  

viernes, 3 de agosto de 2012

Explorando el aire



En cada curva cambia la emisora de radio. El tiempo justo para captar cuatro o cinco frases o unos cuantos arpegios, y enseguida a otra curva y a otra cosa: a un concurso absurdo, en el que regalan un fin de semana en un hotel, lo invade una canción de The Clash, que rápidamente es sustituida por un informativo en el que sólo tienen tiempo para rezar dos sobresaltos porque cruzo un túnel de esos que tienen las autopistas en las patas, y salgo de allí oyendo a Karina.

 El alemán, Udo, sólo me ha dicho que siguiera hacia arriba desde mi casa, pero no me ha aclarado si desde el camino o  desde la carretera. Como sólo he subido tres o cuatro veces a Peña Escrita elijo el camino. En apenas cinco kilómetros se abandona el trópico, van apareciendo pinos y olivares y, casi al final, cuando ya se ve sierra nevada y el mar, se queda un buen rato fija radio clásica y a lo lejos veo a un paisano haciendo un muro de piedra. Como todos los hombrecillos auxiliadores que aparecen de la nada  para ordenarme las carreteras, me dice que voy de culo, que no me entero de nada, y me manda a la casilla de salida.

En El Salvador trabajé una vez en esto, viajábamos averiguando qué emisoras invadían a las otras y midiendo cuanto. Lo único que había que hacer era manejar suavecito paseando un aparato que registraba al milímetro las fronteras del aire.

Busco al alemán porque ayer regué también el router y me quedé sin Internet.  Por fin tengo un motivo para conocer el valle de al lado, que es parecido a este. No veo un alma pero la gente está y el primer ser humano que encuentre sabrá exactamente dónde vive el alemán de Internet.

-Pero no son alemanes, son ingleses

Discuten la madre y el hijo que aparecen en la penúltima indicación “casa al lado de un corral de cabras”.

Cada vez tengo más curiosidad por conocer a Udo. Las emisoras se dejan de interrumpir porque ya estoy muy arriba, paso a otro calidoscopio: cómo nos vemos, cómo los vemos, cómo nos ven, cómo nos mostramos, cuánto nos ocultamos, dónde se ocultan.

Me vuelvo a casa con el router nuevo. Y es distinto el molino con ondas y sin ondas.

La music es la banda sonora de Dead Man de Jarmuch, uno de los placeres enormes de esta semana. Vienen bien las ondas.

viernes, 27 de julio de 2012

Unas colombianas, que es viernes




Mi abuelo de padre, al que no conocí, era de Málaga. Exportado a Aragón parece ser que encontró más espacio para las saetas que para las alegrías. Quien lo oyó dice que cantaba como los ángeles. De ahí viene la tradición  del flamenco en mi casa. Algunas veces nos vamos los cuatro a un concierto. No deberíamos llevar a mi madre, que disfrutar, disfruta, porque ella es de su natural disfrutadora, pero no se entera de nada. O, mejor que restar, sumar a la Tía Pili, que anda enamorisqueada del Poveda



Redacción sobre el domingo pasado





El domingo madrugamos más, habíamos decidido bajar por la mañana a la playa y dejar las clases para la tarde, pero nos sentamos a desayunar y dos horas después hubo casi unanimidad, sólo Santiago y Lola se fueron, nosotros seguimos desayunando, y desayunando, y desayunando, y leyendo textos, y comentando citas, y contando chistes, y contando historias, y analizando costumbres aragonesas y salmantinas (Celia, buena narradora, buena observadora, es salmantina). Llegamos a la conclusión de que los usos y costumbres en orden moral son mucho más progresistas en nuestra comunidad, y todo gracias a una de nuestras exclamaciones favoritas: Bahhhhh. Maria José quería disentir, me gustan los polemistas, pero Pilar, Eva, Zoe y yo entonamos una loa al Bahhh y no la dejamos (hay una versión más terminada del mantra: “bah, no será pa tanto”)

Luego se levantó Gonzalo, la señal de que los demás pasamos al vermouth, y un rato después a la paella de Zoe, y al café, y a los Gin-tonics. Con el segundo nos empezamos a extender por la porta, en las hamacas, en la otra mesa, Gonzalo se fue a su silla, pero la conversación seguía aún a esa distancia. La sobremesa política heavi metalera fue derivando hacia lo platónico con el tercer gin. Sospecho que fue entonces cuando a María José se le convirtieron las hamacas en paréntesis.

Es difícil saber cuándo empiezan o cuándo terminan las clases, casi imposible adivinar dónde se imparten y quién las imparte. Con gente así siempre se está aprendiendo.

Sobre las ocho se me ocurrió decir “patatas asadas” y salimos disparadas a por leña, de paso encontramos aguacates altísimos, y Pilar, siempre rauda, los transformó en cucañas:

-Dale, piensa que es el ministro de educación

La jaleábamos, y el aguacate caía. Y cayeron por lo menos media docena.

También encontramos un aguacatero acogedor para sentarnos dentro a contar más cosas. Y subimos del huerto (que este año no hay)  cantando jotas castellanas y aragonesas. Por supuesto para las patatas no había tiempo, pero para una cervecita en el bar sí. Y allí que nos fuimos, cantando, nos lo debió notar doña Elena, que se sentó con nosotras y se arrancó con unos fandangos cortijeros y dos o tres de El Cabrero. Pudimos salir de allí porque nos despertó Pilar, una de las pocas personas a las que la profesión sustituyendo al apellido, es maestra, le sienta como un guante.

Entonces sí, después de cenar hubo clase. La primera de muchas que daremos juntos Gonzalo y yo.


Más tarde todos se fueron ensimismando y mi compi me leyó otra vez el tarot, es una lectura que utilizamos como disparadero, por si quedaran obstáculos en  los canales nuestra la intimidad.

Quiero agradecerle estos días a todos, a Juanma, que tenía la cocina siempre como un oro y tiene el secreto del tiempo, a Pilar y Juanma en comandita, compartiendo preocupaciones y profesión desde hace 27 años, se encuentran pocos equipos matrimoniados así. A Lola, que soportó estoicamente mis minutos de muñeco diabólico y me cuidó cuando menos lo esperaba. A Santiago, que hizo un montón de compras, un montón de fotos, y encontró un huequito una noche para hablar de sí mismo con nosotras. A Maria José, que habla, y se ríe, y se compenetra, y polemiza, y acompaña, y  escribió el diálogo entre la yuca y el chirimoyo el día del incendio. A Zoe, que se reveló como poeta,  que vive dentro de un rico silencio del que extrae  palabras exactas. A Celia, que llegó el viernes con noticias del exterior: un policía le había pedido que le pintara con el carmín la identificación del casco en una manifestación, no tenía y entonces el señor dijo: “no importa, es igual”. A Celia, por reírse tan bien, terminar de aclarar el jabón de vasos y cubiertos cuando friego y ser tan buena adivinadora.

Pero me dejo una gran prenda para el final. Muchísimas gracias Eva. No voy a decir cosas tan horribles como que eres una gran logista. Ese palabro tiene origen militar y deberíamos evitarlo. Porque la poesía es llamar a las cosas por su nombre, entonces venga: hacedora de armonía en las esquinas difíciles, te vamos a nombrar. No puede usted imaginar el alivio que significa trabajar con alguien que tiene la parte del cerebro que te falta y a quién es tan fácil querer.

Y a Gonzalo, claro,por decirle a Eva que conmigo no hable de dinero que me pongo mala. Yo también oigo todas las conversaciones niño.

 A Gonzalo siempre, por la libertad y la confianza.

La foto saturada por María José es de la noche en que me secuestraron dos parientes holandeses y me llevaron al mejor restaurante de la ciudad.

jueves, 26 de julio de 2012

Antes de la azada


El lunes, cuando se fueron todos,  bajé sin querer a la civilización. Cuando volví tuve la impresión de que estaba recién llegada. Fue un gusto enfrentarse al caos porque reordenar, limpiar, es dialogar con la casa, y tenía esa conversación pendiente desde hace casi un año, además no tenía nada mejor que hacer.

Hasta ahora sólo he conquistado el ala norte. También he lavado muchísimas sábanas que no paran de aletear. A veces creo que el patio y yo vamos a salir volando.  Este porche le hubiera encantado a Buñuel que adoraba la ropa tendida.

El miércoles bajé a la civilización otra vez, a por plantas y herramientas.

En el jardín cada plantita emite metáforas, no son todas hermosas. Llevo dos días evitando estrangulamientos: la parra se enrosca en el  jazmín y la ipomea, que se defiende. Como no cambie la dirección de su desmesurado crecimiento, la estoy ayudando, José la matará de sed, que es como mata el José. Ya advirtió. La duranta se asfixia de hierbajos. A la flor de la pasión, a la roja, la cerca un ejército  de heterogéneos enemigos.

Gonzalo me hizo un diagnóstico jungiano teatralizado sobre esta pasión de quitar hierbas la noche que llegamos, y aunque todas las carcajadas son buenas, esas son las que prefiero de esta semana.

Como diría Ester este blog en verano parece un blog de jardinería. Pero Blanca siempre dice que nunca me ha visto tan feliz como cuando juego con la tierra. Antes de este compartimos varios jardines que, ahora lo sé, eran un ensayo: el de Ayutuxte 44, el de la San Antonio, y aquel tan efímero de Ámsterdam: lo pusimos por la mañana en el patio de la casa y por la tarde bajaron dos vecinas para decirnos que lo quitásemos, que era horrible y  que hacía daño a la vista. 

En el campo se tiene, todos los días, la certeza de haber terminado una tarea infinita, para celebrarlo por las noches preparo fuego.  Y al día siguiente vuelta a empezar.

Ayer puse en remojo la azada, se tiene que hinchar la madera, en cuanto baje el sol empezaré la con la selección de los motivos, de las escenas vivas sobre las que debo escribir. Por ejemplo la cena con el rubio, que versó sobre las dificultades para ser ser pesimista y alegre. Porque como diría mi nunca bien ponderado Gonzalo “la tristeza es justo la alegría del enemigo” Y también porque hay que intentar siempre lo más difícil.

La foto, también la de abajo, son un regalazo de Celia, esa bien hallada salmantina.



miércoles, 25 de julio de 2012

La soledad debería ser esto.



Tengo  skipe de trabajo con Esther y Eva mientras tiendo las sábanas de todos estos días. Luego atardece, y se posan en la cuerda dos o tres pajaritos tan tranquilos como si nunca hubiera habido nadie.



miércoles, 18 de julio de 2012

Vestigios del infierno y un primer plano desde el paraíso



El incendio nos llegó hasta el lindero, lamió las plataneras, quemó el Tamarit que a la caída del sol hacía que sonara la terraza de arriba como si cien personas se hubieran escondido detrás para comer pipas (eran las semillas, que se contraían con el frío de la sombra). Las llamas le pegaron lenguetazos a las seis plataneras, al olivo, a los chirimoyos,  a la menta, a la salvia, a dos limoneros, al pomelo gigante, y cuando los iban a engullir, pararon.

Pasé el primer día pensando que la Pacha Mama y el pensador africano habían acordado defendernos, pero enseguida llegó José, el hombre, y me contó que había sido mucho más terrenal el milagro: el incendio lo pilló regando, manguera en mano, como no hacía viento estuvo defendiendo el barranco hasta que llegaron los bomberos.

En la loma quedan los cadáveres de unas pocas chumberas,  un esqueleto de almendro, y esa gama de grises amenazadores que intentaron cruzar el barranco que recuerda al mundo, delimita aún más el paraíso, evoca el calcinado afuera. No evitamos mirarlo, pero también miramos al otro lado: se ve el mar, además tenemos por sombrero una parra.

-La podía haber podado bien pero yo sé que te gusta así, bien salvaje

Imagen Eva Rueda