jueves, 12 de abril de 2012
Mensaje
lunes, 26 de marzo de 2012
texto de antonio: presentación de prótesis en zeta

Este libro, Prótesis, de Pepe Maiques llega de improviso tras el volumen colectivo, Piedra, papel, tijera, perpetrado junto a otros dos cuatreros, Mariano y Òscar. Este libro rojo es ya de plenitud tras esos poemas primerizos o de juventud de hace cuatro años. Los libros de texto dirán que a partir de aquí, Maiques entró en la repetición y la decadencia, así que aprovechen para leer este magnífico poemario, nacido al calor, mejor al frío de una vida que puede ser la de cualquiera, vida a veces con gran amor, a veces con desolación.
Se ha comparado, a veces, la poesía con el juego, por esa característica de suspender el tiempo y la realidad cotidianos, pero se ha de decir también que es un juego muy serio. Sí, manipular las palabras, buscando melodía y sentido, es la raíz de la poesía, y no importa desconocer posibles referentes o datos biográficos. Los detalles que importan están aquí, en los poemas y en el rotundo título. Así debemos seguir estos poemas, estas migas de pan, y nosotros a solas con el libro. Deslizo la palabra exorcismo, aparece la purga del corazón y prefiero no saber más.
Para mí leer estos poemas ha sido una experiencia en su sentido etimológico: pasar por peligros. Como lector atraviesas parajes rurales y urbanos acompañando a una voz muy escondida que lo ha pasado y pasa mal. Por esto, quizás, el lector se siente enseguida solidario con el solitario ser que respira y se duele en los poemas, acabando con una sensación también de dolor que se transforma en sufrimiento. Lo que parecía una ventana desde la cual vemos a un ser sufriente termina siendo un espejo. El dolor, dicen, es particular e íntimo, pero el sufrimiento es comunitario, colectivo.
La selección de palabras, metáforas y también la disposición o construcción internas provocan en el lector una primera sorpresa, que se convierte al avanzar en una cariñosa compañía aun en el dolor y en el esfuerzo por sobrevivir. En constante paradoja, lo terrible se conjuga con un enorme calor. Como si la voz nos acompañara cogida del brazo y mostrara los paisajes de la soledad y del derrumbe particular y colectivo. Sí, es y ha sido duro, pero mira qué bien estamos yo leyendo y tú, al fondo, habiendo escrito.
La materia es lo que todo poeta usa para expresar, sacar fuera, el mundo interior en perpetua comunicación y esta mecánica habitual se refuerza de tal manera, que a los pocos poemas, los objetos y los colores crean un mundo propio y con denuedo avanzamos entre abrojos, óxidos y desechos, también casi masticando una arena que se repite y se repite (Ana M. me lo chivó: sigue el rastro de la arena).
Sigo el libro linealmente, dejadme explicar lo imposible, la poesía. Ya lo dijo el filósofo: de lo que no se puede hablar, mejor es irse de bares. Pero yo sigo.
Carne, sombra, error, piel, adentro, tendones de sal, costra en las rodillas: es el inicio, la infancia, me parece: instantáneas difíciles de captar, porque de lo individual salta a lo universal, como en los buenos libros.
La materia amenaza convertida en trasunto de la vida interior (‘astillas de vidrio hundidas en la nuca’) y ya solo queda ‘esperar otra tarde sin ventanas’ entre ‘el sonido de una esponja metálica’ y ‘un pájaro de lata’ (aquí recuerdo que aplaudí con las orejas al autor).
En el libro las palabras pesan mucho, cada una de ellas, su presencia es inquietante y hasta los sintagmas emiten señales de duelo por acumulación, con esa curiosa manera de nombrar sin comas, y así acogotan, en el buen sentido:
Sangre bondad caricia
Si estamos ante un naufragio, vamos todos en él, vamos todos a subir la roca con ‘lluvia de musgo sólido’, y en mitad del camino-libro nos invita a ‘hablar de lo que nos atañe’ y nos arrastra hacia la segunda parte. En una lucha sin nombre estamos todos, “peces perdidos / dentro de la piedra” y vemos cómo “se encarama el náufrago afuera en la noche / para subir a pulso la roca sin edad”, nosotros, “ligera multitud asomando sobre el tiempo / encendido”. Delgado hilo narrativo, ese naufragio, esa ascensión de todos para salvarnos.
Lo que nos atañe es el tiempo comunitario, una vida en la Historia de todos, “un arañazo en medio / de la nada”, “un espejismo mordido de alquitrán” “en un creciente solar de la memoria deportada”, esa dura realidad que respiramos es sutura abierta, así nos lanza el autor al comienzo de la segunda parte del libro.
Aparece una gota de esperanza: “edad de hierro amor paciencia en hueso” y en el enorme poema de la página 52 “un terco amor rodea sufrimientos”: de esta manera y aunque es de noche “todos los gatos son /santos”. De nuevo, aplaudí con las orejas.
Todo lo que se presenta bajo apariencia de noche, silencio, ruptura, separación y derrota también se conjuga con ‘hebra de paraíso’, pero por ahora este se esconde; estos poemas del inicio de la segunda parte son más tercos, más agudos y su lectura en voz alta multiplica el sentido al sumar música y ritmo mental.
Ejemplo el enorme poema de la página 55: la r y la s suenan como silbidos y roeduras, sonidos que se llaman unos a otros en un juego muy serio de asociaciones, ese inicio y ese final, uf, lo leo ahora…(lectura p. 55).
En todo el libro los nombres suelen carecer de artículos y la gramática dice que así amplían su universalidad de significado; aquí, en donde la materia y los sentimientos alcanzan máxima potencia y eliminan toda delimitación, están dispuestos para transmitir más intensidad: ‘mudanza arranca luz’ y muchos más, marca de la casa.
Aunque quiere el yo que sus poemas sean arena, tierra yerma como el mundo (“desde aquí puede oírse / cómo palpita la boca turbia del poema/ la lengua calcinada de la tierra que habla”), hay una lucha por superar el dolor de forma colectiva: la vida aprisionada se levanta “harta de sufrimiento” dice, todos con “desamor en la lengua”, y al modo de Quevedo estamos aquí para “sobremorir”.
Vamos acabando el libro y el sufrimiento se hace extensivo, “cualquier barrio decrépito/ es el mundo”. Se convoca a todos, a los que padecen con “desamor/ en su lengua”, ahí es nada y se queda el autor tan tranquilo.
Al final, en las dos últimas páginas, el autor da todo, la sorpresa es máxima, así como el riesgo léxico. Si no, quién puede poner juntas las palabras “polen e hidráulica” con “nostalgia”.
Volvemos al dolor, todos rodeados de “violentas moquetas”. Quizás todos juntos, haciéndonos compañía con esos miles de dolores pequeños. Me quito el sombrero y el cráneo, Pepe.
Antonio Ezpeleta
lunes, 19 de marzo de 2012
Pánico en los mayos

Disfruto mucho conduciendo, y más si voy sola, es como meterme en una capsula en la que todos los paisajes y los tiempos se entremezclan, me oxigena ese totum revolutum. O bien podría decir que pienso clarito en el coche, para pensar así me resulta imprescindible poder gritar si es necesario, pero, sobre todo, necesito imaginar las réplicas de mi copilota vital que, menos mal, siempre se deja la Imago en el asiento de al lado. Con frecuencia, cuando paro a tomar un café en una gasolinera, me siento alguien con una biografía recién reordenada a quien no me desagradaría conocer.
Pero tengo un excedente de pánico acumulado que encuentra en los viajes su punto de fuga.
El sábado subí a Riglos a cenar, no miré el mapa. Las chicas me habían estado repitiendo por donde tenía que ir los días del congreso, así que, sin titubear, me dirigí hacia Ayerbe disfrutando de ese misterio que comparten las carreteras comarcales por la noche, degustando veintiocho kilómetros que podían estar en Andalucía, en la Panamericana o en Asturias. Haciendo otra vez balance de las expectativas que impulsaron los otros viajes. Pero creo que me relajé más de la cuenta, porque fue mirar el reloj, eran las ocho y veinticinco, pensar “cinco minutos me quedan” y entrar en dos agujeros negros; el de la duda y el de una carretera de montaña.
Una vez abierta la espita del pánico, y por injustificado que sea, no hay quien pare la hemorragia. Me estaba diciendo en voz alta “siempre te pasa esto y te sales en la anterior” cuando se encendió la luz de la reserva por la inclinación, para hacer más miedo, y sentí sobre el coche la sombra de los Mayos, aunque podía ser la de las nubes de la tormenta o la de un túnel. Dejé de preguntarme cual era cuando desemboqué en un puente de hierro despintado que parecía que te cruzaba a otro tiempo y donde el único cartel decía “prohibido camiones” . No fueron muchos, unos quince kilómetros a veinte, que me parecieron miles, hasta que llegue a una encrucijada en la que había luces. Casi me subo a San Juan de la Peña, pero dí la vuelta a tiempo y encontré a un paisano que parecía salido de Oregón televisión y que me dijo:
-A Riglos vas, pues vas de culo. Y eres de Zaragoza, Me cago en san dios, anda que la lleváis buena. Con el rato que llevas rodeando los Mayos. Y lo que se ven.
martes, 24 de enero de 2012
De música y locomoción

martes, 17 de enero de 2012
Los ojos de Argos
jueves, 12 de enero de 2012
Reminiscencias; de la niña Rina y de un bote de mermelada, y del puerto.

-Claro, ¡cómo se va a llamar siendo hija vuestra!
-¡Qué no!¡que Amanda no se llama Amanda por Víctor Jara! Se llama Amanda como mi madre
-¡Pero tu madre se llama Rina!
-Lo que ocurre es que mi madre tenía una hermana gemela que murió y se llamaba Rina, al hacer el acta de defunción mis abuelos, con el sofocón, se equivocaron de papeles y la mataron a ella. Como Amanda Aguirre estaba oficialmente muerta no tuvo otro remedio que llamarse a partir de entonces Rina Aguirre.
-O la cólera de Dios. ¿Y a qué edad fue el cambio de nombre?
-A los seis o siete años.
-Toma, de lo que se entera una a estas alturas
Rina es una india chelita y sabia. Podría haberse disfrazado de señora, porque era la mujer del práctico de un puerto, pero ella procede de mucho antes de que hubiera puertos y nunca ha querido ponerse zapatos o aprender a leer.
El día que nos conocimos llegó a Ayutuxtepeque con una cesta enorme de fruta en la cabeza. Salimos a desayunar al patio, que era un paraíso colgado en mitad de una montaña, yo arrimé una mesa pequeña al limonero, preparé tostadas, café, huevos revueltos, plátanos fritos con crema, tamales y quesadillas. Ella se sentó enseguida, parecía complacida, sonrió un poco, pero poco. Había olvidado la mermelada, volví a buscarla y al ponerla en la mesa se escapó rodando. Las dos miramos como bajaba el bote por la ladera dando saltitos durante una eternidad, las dos fruncimos el ceño cuando se vio venir el encuentro del coche con la mermelada, y las dos dimos un paso atrás cuando tropezaron. Apenas hablamos y apenas comimos después del mal presagio.
La niña Rina lee otras señales. Prueba no superada. A los pocos días se lo conté a Marisa, que dieciocho años después sigue ejerciendo maravillosamente de nuera porque la entiende y sabe hablarle, y no tira botes de mermelada, y renuncié oficialmente al relevo.
La palabra puerto siempre me había parecido literaria, pero no perteneció a mi campo semántico hasta que llegué allí; puerto, muelle, atracar, práctico, estibador y hasta bauprés se volvieron términos familiares. Además de buenos narradores los chicos del puerto, Carlos y el Chele, son ciudadanos del mundo. “Recoged los perros, que ha llegado un barco chino” era en su pueblo una broma habitual.
Amanda ha pasado las navidades en Acajutla y nosotros al teléfono, su retorno nos ha despertado a los tres unas ganas enormes de recordar.
Y de encontrar al Chele, quizá escribiendo aquí Miguel Angel Orellana y Acajutla juntos algún buscador nos lo devuelva.
lunes, 26 de diciembre de 2011
La primera historia del invierno

miércoles, 21 de diciembre de 2011
La lotería y la canción que me persigue.
Inma tiene dos certezas y una superstición: cree que adivina el futuro y que le va a tocar la lotería. La superstición es que no le tocará hasta que no haya repartido el premio correctamente, y por eso reflexiona mucho sobre el asunto.
Ayer tuvimos mañana euromillón, está llena de dudas sobre un pariente a quien recibir una cantidad así y de golpe no le haría ningún bien. Precisamente ahora, cuando estaba convencida de que lo tenía todo en orden y el premio era inminente, aparece ese personaje con una conducta capaz de poner patas arriba los códigos éticos de una de las chicas más dadivosas del planeta.
Por cierto, a mi me va a dar bastante dinero y me va a comprar un tractor.
El viaje de vuelta tuvo poco de viaje, no da tiempo a que asome ni una idea pequeña en el AVE hasta Calatayud, donde me bajé para toser un par de clases. Mucho menos si estas siendo perseguida desde hace tres días por la misma canción pero ¿cómo evitar las regresiones popis en casa de Fernández?
Además, me siguen encantando los esclarecidos y tengo la sensación de que es viernes.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Una ternura rabiosa

Es tan larga la novela que cuando tuvieron un accidente los personajes principales, en la página cuatrocientos y pico, tuve la esperanza de que se mataran todos. Además, por alcahueta cuquera, como todo el mundo hablaba de Bauman encargué 44 cartas desde el mundo líquido para reseñarlo y ahora resulta que no es un libro, es una vomitona de obviedades inconexas que me espera agazapada en la otra esquina del salón. Por si fueran poco esas dos obligaciones, un alumno me ha dejado algo titulado La práctica del relato, na menos.
Menos, menos mal, que llegan los lunes por la noche y hay clase, esta semana estaban sembradas Tati y la Morgana y me dejaron rondando alrededor de las imágenes nítidas de sus planetas. Además tener tanto tiempo secuestrado me está sirviendo para refrescar la indignación:
-Me parece horrible que alguien pretenda hacerme leer para entretenerme. Yo leo para dudar, para cambiar, para obsesionarme con una frase, para establecer analogías, para sentirme acompañada, no entretenida, para ampliar el horizonte de mi pobre cabeza y de mis tontas emociones.
-Es decir, que el entretenimiento se sobrentiende.
Sintetiza el maestro, que siempre contesta al teléfono con un disuasorio -¿quién es?-para ir deslizándose, poco a poco, hacia la bronca dulce bajo cuyo paraguas llevo guareciéndome treinta años.
A veces utiliza una protesta que me encantaría robarle, pero no me atrevo aun, cuando dice:
-¿ y mi sensibilidad qué?
Lo de siempre, Javier, violencia y ternura.
-Ese sí es un libro fundamental. Habría que leer ininterrumpidamente a Rof Carvallo porque lo que nos hace falta, de verdad, es una ternura rabiosa.
Repite.
Y la foto viene al caso porque es de la que me he acordado al volver a oír "ternura rabiosa", y porque la tengo que guardar en un sitio seguro. No sé por qué, pero creo que este es un sitio seguro.
Se disfruta mucho extrañando a Amanda.
Hasta de extrañar se disfruta por aquí.
martes, 29 de noviembre de 2011
Los deseos de inventar ardides admirables

La mujer del tiempo plantó el culo entre Málaga y Granada y me perdí la única noticia que me interesaba. A veces llueve mucho allí, en un allí que me recuerda al allí de los cuentos de Cortázar, porque es a donde voy en sueños y está cerca y lejos al mismo tiempo.
Annette von Droste cuenta cosas insignificantes en las cartas a su preceptor sólo con la intención de convencerlo de este apego desdichado a todos los lugares en los que no está y a todas las cosas que no se encuentran en ella. Cuando lo leí entendí demasiado bien a la Von Droste. Ese fue un espaldarazo solvente, me convenció de que necesitaba un lugar en el mundo.
Me gustan los relatos que intentan esclarecer ese minuto en el que no sucedió nada y se decidió todo: el minuto en el que alguien baja de un autobús delante de una pastelería en la que hay un cartel que dice “se busca camarero”, y decide conseguir aquel trabajo, dejar de estudiar económicas y matricularse en filosofía. Por ejemplo. El minuto en que alguien mira la vajilla sin fregar y decide hacer la maleta. El minuto en que otro descubre que se ha borrado una novela enterita y se alegra al saber que significa que nunca más. El minuto en que después de colgar el teléfono, era René, llamaba desde Congo, estábamos en Ámsterdam, recuerdo hasta en que posición estábamos sentadas, la niña Blanch exclamó:
-El rubio, ¡qué dice que hemos comprado un molino en Andalucía! que lo ha encontrado Martín ¡A saber qué ondas ese rubio! Pero nosotras a lo nuestro, vámonos, ¿una cena rica niña Marta?
Llamé a José, el hombre. Me contó que había llovido muy bien y que su novia se había llevado un ramo de flores muy bonico el día anterior, que huele de maravilla y que todo medra, que están espléndidas las vacas de plantas. La novia de José trabajó cuando era joven en el molino machacando almendras, me dijo en que rincón estuvo sentada horas y horas, recordaba, todavía en uso, la almazara que estamos desenterrando. Me gusta que ahora vaya allí a buscar flores.
Pensar en lo de allí desde lejos es una gilipollez (palabra que eligió Tatiana entre sus diez favoritas y que a mi también me gusta). Martín se pego el invierno sufriendo porque creía que estábamos matando la parra de sed por haber puesto terrazo y lo que pasaba es que se estaba aguachinando.
Yo meto la pata igual, pero me rodeo de agricultores viejos, el padre de Miguel, el tío Teodoro, aprendo lo que puedo y noto cuánto sufren sin la tierrita. El padre de Miguel plantaba calas alrededor de los campos y todo apunta a que heredaré sus bulbos. El primer plan que tengo cuando regrese al mundo es aprender a podar.
(el título un verso que siempre recuerdo de Paul Eluard)
domingo, 27 de noviembre de 2011
Una entrada sosa que me encargó una bloguera graciosa

Cuando llegó el sms de María José diciendo: “todo saldrá bien y escribirás una entrada muy graciosa” me sentí como si me pusieran una de mis constricciones, luego descubrí que la entrada graciosa la estaba escribiendo ella. Aprovecho para recomendar sus "escritos daltónicos"
Rebusqué, pero no era inspirador lo que acontecía, era de un agridulce que me recordó a Azcona. Por ejemplo, con el setenta por ciento escrutado, la enfermera guineana que me puso el enema dijo:
Media hora después los hechos empezaron a despeñarse; la compañera de habitación ya estaba sobreexcitada- ¡y que hace una negra trabajando aquí! -dijo, al oír aquello me dio una contracción de las que precisaban gotero y los del PP salieron al balcón. La compañera de habitación sólo tenía un interés: cómo era la mujer de Rajoy, le pareció muy fea y después de repetir dos o tres veces “vaya mierda de melena” apago la luz y se dio la vuelta. Cuando aquella gente gritaba en Génova “soy español” intenté imaginar como sonaría coreado “soy suizo””soy lituano” o ”soy alemán”, probé con cuatro o cinco nacionalidades más y concluí que sigo sin imaginación, como se me empezaba a pasar el dolor apagué también mi luz y me concentré en cómo suena un hospital por la noche y en cómo aplanar el galimatías en que había convertido la cama articulada. Otro juguetito al que tenía ganas de echarle el guante.
Por mucho que las cámaras se obstinen en situarse dónde debería estar la cabeza del paciente mientras atraviesa raudo tantos pasillos, y por mucho que haya intentado acompañar a mi padre en cada uno de sus paseos en camilla, yo sabía que ese ángulo es intransferible. No me dio tiempo a pensar “mamá mírame”, pero mamá me miró y no para de repetir que entré al quirófano riéndome y salí riéndome, y sigo así, feliz y liberada.
Merci beaucoup a todos los que han escrito, llamado y venido a verme. El cariño acelera a una velocidad de vértigo mi recuperación.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Otra extraña votación

Puso Antonio Ezpeleta en su Facebook una entrada del blog de Alberto Olmos de las que da gusto leer y con la que estoy en casi todo de acuerdo: yo también leo para encontrarme tropezones.
Desde hace dos o tres meses pongo citas en el facebook de la Escuela y me he encontrado con una especie de “votación".
Gana por goleada Oscar Wilde, no he sido capaz de llegar a más conclusiones.
En todo caso ahí van los resultados por si otro puede (la primera cifra son los “me gusta”, la segunda la de los que lo pusieron en su muro y la tercera de comentarios)
Esas almas de gusano, ¡cómo podrían comprender que es importante despreciar el dinero, aunque sea necesario! Elias Canetti (12)(2)(1)
Cultura es el acopio de conocimientos que permiten a un hombre establecer relaciones, por encima del tiempo y del espacio, entre dos realidades semejantes o análogas, explicando una en función de sus similitudes con otra que puede haberse producido muchos siglos atrás.
Alejo Carpentier (18)(1)(2)
Los buenos escritores son aquellos que conservan la eficiencia del lenguaje. Es decir, lo mantienen preciso, lo mantienen claro.Ezra Loomis Pound (22)(2)(1)
Se aprende antes a escribir con grandilocuencia que con sencillez. Ello incumbe a la moral Nietzsche (21)
En el arte, no hay progreso sino continuidad. Ninguna página de cierta validez fue escrita jamás con el fin de ser diferente Alberto Girri (14)(2)(1)
...los poetas adoptan una actitud doble ante la inspiración: la sufren pero también la observan Octavio Paz (20)
En la oscuridad, las palabras pesan el doble Elias Canetti (20)
Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos Henrí Poincaré (18)(1)
Pero, en general, uno podría construirse una buena norma de escritor con aquel comentario de Ortega sobre un episodio bíblico donde alguien sale a buscar unas asnillas que ha perdido y, andando andando, se aleja, se enreda en peripecias y acaba conquistando un imperio. Los clásicos son los que salen a buscar unas asnillas que perdieron y terminan conquistando un imperio; los románticos son los que salen a conquistar un imperio y regresan con unas asnillas. «Sal a por tus asnillas»: sí, ésta podía ser una buena norma para el escritor.
"El manantial secreto" Luis Landero (16)
"El escritor se mueve en el mundo de lo concreto. Del mundo de lo abstracto no se puede esperar nada. Eso para los filósofos. Se lo digo siempre a mis alumnos, fijaos en los detalles". ¿Y cuál es el espacio de la literatura? "El arte de escribir es el arte de observar. Hacer que lo que miras valga por veinte y que tu mirada convierta en novedad las cosas. Gran parte de la literatura del siglo XX, y en eso Chéjov es un adelantado, es contar qué pasa cuando no pasa nada, qué pasa en nuestra vida, qué pasa una anodina tarde de domingo. Se pueden inventar muchas cosas, pero contar lo más inmediato es un reto. Chéjov decía que hay que hacer poderosas las palabras humildes e interesante a la gente vulgar. El escritor es un observador más que un pensador, tiene que observar y sentir" Luis Landero (19)(3)(9)
Si dices carro un carro pasa por tu boca Zenón de Elea (15)(0)(4)
"De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empieza a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se avergüenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro…Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.
(…)Y después del “sí” ¿qué voy a poner, cómo voy a clausurar correctamente la oración? Pero si empiezo a hacer preguntas no contaré nada; mejor contar, quizá contar sea como una respuesta, por lo menos para alguno que lo lea" Julio Cortázar
Lo que confiere mérito a un libro no son ni sus cualidades ni sus defectos. Reside enteramente en esto: que sólo su autor podría haberlo escrito. Todo libro que pudiera haber sido escrito por otro que no fuera el autor puede tirarse a la papelera. Paul Léautaud (28)(5)(3)
"¿Qué pasa con las palabras que has utilizado con demasiada frecuencia?.¿Deberán recuperarse de ti?". Elias Canetti (14)
Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica.Jorge Luis Borges (15)(1)(1)
Una buena novela nos dice la verdad sobre su protagonista; pero una mala nos dice la verdad sobre su autor. Gilbert Keith Chesterton (22)(5)(1)
No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde (73)(18)(10)
Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas. Ernesto Sábato (33)(2)(4)
He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta Blaise Pascal (19)
Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros. Jacinto Benavente (22)(0)(1)
Existen dos tipos de optimismo. El optimismo de la cobardía, del entrecerrar los ojos, del falsear la verdad, y el optimismo heroico, cuyo valor se mide con la suma del pesimismo vencido y revelado Bruno Shultz (26)(1)(1)
La historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar a un sólo escritor
Paul Valery (15)(1)(1)
"La verdadera distinción consiste en evitar la distinción. Es decir, la diferenciación. Es verdad que solo los tontos quieren ser únicos y llamar la atención" Ramón J. Sender (16)(0)(1)
“no ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible” Antonin Artaud (32)(1)(4)
Si hay que explicarlo todo, el hombre jamás cambiará nada. Robert Musil (19)
“Realidad y ficción son, en definitiva, dos actitudes ante una única realidad que deben complementarse: no hay que exigir al relato el desprecio olímpico de la belleza, ni a la belleza inmortal de la literatura negarle esa otra belleza, la de la fugacidad del tiempo”
Anke van Haastrecht(18)(0)(2)
miércoles, 9 de noviembre de 2011
+Puentes entre blogs

Leyendo a Jesús Alonso, mientras pensaba en esa estupenda idea del día de todos los vivos, se me han disparado las glándulas salivares. ¡Qué bien si se acercase un día el tío José María y preparara buñuelos de bacalao!
Gracias a esos estímulos ahora mismo volveré a intentarlo.
-Que no eran buñuelos, él decía pelotas de bacalao.
-¿Entonces tú qué dices?
-El secreto está en la patata, ni pasa purés ni mucho menos batidora, ¡es poco delicada la patata! José María las aplastaba con un tenedor.
-Bien chica, ¡cómo las iba a aplastar con el tenedor con la cantidad que hacía!
-¿Echaba las yemas de los huevos o no?
-¡Las yemas no! ¡Eran las claras a punto de nieve! Y hay que moverlas sin hacer círculos, arriba y abajo
-Pues así no es. Así es como probamos la última vez, entonces la patata se pone babosa y no hay quién la maneje. Salen las bolitas muy chulas de la sartén y luego se desinflan. Estamos como siempre, lo único que sabemos seguro es que lleva mucho ajo y mucho perejil.
-Eso sí, daba miedo verle echar tanto.
-Parece mentira que no os quedaseis con la receta ninguna. Entre tantas. Con las veces que hacía lo que fuera, porque ahora ya ni son buñuelos.
-Yo me estaba preguntando el otro día ¿les echaría levadura?
-Y mira que comentamos veces que le teníamos que pedir la receta.
-Espera, no, levadura no, pero por una vez puedes probar. ¿Y si la tuviera escrita en algún sitio? La próxima vez que vaya voy a rebuscar. Pero seguro que no lo tiene anotado, lo último que se le podía ocurrir es que se le olvidara.
-¿Quieres pasar y los hacemos juntas? Haz lo que quieras, yo me pongo ahora mismo. Si no quieres venir ya te pasaré luego unas cuantas pelotas o unos cuantos buñuelos, o lo que salga.
-Voy a llamar a Rosa Mari, creo que ella lo sabe.
Esa conversación, que ya se parece a un rezo, la mantienen continuamente mi madre, mis tías y mis primas. Hace tres años que se murió y desde entonces, cada poco tiempo, una de nosotras es raptada por la necesidad urgente de hacer sus buñuelos de bacalao.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Puenteando Blogs

Leyendo a Miguel Baquero he recordado una entrada sabrosa de Julio Reija que corto y pego:
Aquí un diálogo, aquí unos amigos
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x
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NOTA MALE
A veces, muchas veces, casi todas las veces, un poema nace, como el rascar del picor, en respuesta más o menos directa a otra obra de arte; en este caso el diálogo va casi en cadena, ya que don Nicanor Parra escribió una pequeña reflexión a la que Gonzalo Escarpa respondió con un poema al que un servidor no pudo dejar de contestar con otro [la idea de respuesta se usa aquí con algo de soltura, ya que es poco probable en estos casos que el autor del estímulo se entere de cuánto y cómo nos ha estimulado]
[1 · la campanilla de NICANOR PARRA:]
Dime cuáles son para ti
las diez palabras más bellas de la lengua castellana,
y te diré quién eres.
[2 · la salivación de GONZALO ESCARPA:]
Para mí
la primera barcarola
porque es mentira y además se puede
cantar en más de dos idiomas
la 2 podría ser
un adjetivo en femenino
blanca
la tres, tálamo,
no necesita explicación
4 cincel
5 amapola
epitalamio puede ser la sexta
aunque tal vez suena algo rebuscada
amor sería más fácil
pero también más tonto
la siete bocamanga
podría escoger ángel
pero prefiero feria
sí, feria la octava
la novena palabra es artefacto
(siempre me gustó)
la décima vergel
[3 · la segregación de jugos gástricos del que suscribe:]
Pues, porque habla del sol y en cierto modo
es onomatopéyica,
primero viene «sol».
ex sx px ax cx ixo
nxxxxxxxxxxxxxxp
óxxxxxxxxxxxxxxa
ixxxxxxxxxxxxxxxr
xxxxxxxxxxxxxxxa
ex lxfx ex r x ax l
«Reflejo» dice el cuerpo
general de las cosas
traducidas en luz.
(«Luz», sin embargo, no,
que suena pretenciosa.)
«No», que es firme, rotunda
y educativa
(por lo cual ilumina).
Me gusta también «habla», porque es afluente
y borbotea siempre.
No me entusiasma «objeto»:
parece que se coja el ser como con pinzas,
pero es mejor que «cosa», que truena despectiva.
«Peonía», lo confieso,
es mi debilidad en este grupo,
pues la traigo cargada
de perfumes leídos y de un orden
que guía las pasiones sin forzarlas
y conozco de oídas.
Ya que hablamos de esto:
a pesar de que sea un galicismo,
la palabra «jardín» me conmueve en lo hondo,
allá donde el anhelo del orden racional y volitivo
apaga el pensamiento articulado.
Y ya está. No conozco
tan a fondo la lengua de mi boca.
Tal vez, si se me apura,
admita que con «de» me siento siempre a gusto.
Aquí, pues, lo que soy,
la cosa de mi quién,
o de qué pie cojeo:
«Objeto reflejo de sol
jardín objeto de peonías de habla de jardín
habla habla de no
de habla
jardín de objetos reflejo de habla
Sol peonía
jardín de habla reflejo de no jardín de sol
reflejo no habla de peonía
sol habla
de»
x
x
[ Lógicamente, las críticas, los comentarios, las reescrituras, las per-versiones y las di-versiones serán bien recibidos siempre, aunque en algunos casos no coincidamos acerca de cómo sacarle la mayor cantidad de poesía al poema.]
JULIO REIJA
