sábado, 27 de noviembre de 2010
Gonzalo Escarpa
viernes, 26 de noviembre de 2010
+ Music
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Sobre el desencanto y la desilusión

Creo que en aquel copiar se reveló mi pasión compilatoria, el deseo de ordenar y clasificar la realidad que más tarde me impulsaría a estudiar a los Musil y los Svevo, esa gran literatura que trata de catalogar la vida y muestra cómo ésta escapa a las redes de cualquier clasificación y hace relampaguear su sentido anárquico e insondable ante quien pretende reducirla al orden (...)
Pero la cita que iba hoy aquí es:
Desencanto y desilusión no niegan, sino que filtran como un tamiz las mentiras gelatinosas, la retórica sentimental, la papilla del corazón con la que tan complacientemente se engañan los otros y se engaña uno a sí mismo: quizá éste sea un signo común a los libros que, desenmascarando el vacío sobre el que se apoya la realidad y los oropeles con los que quiere velarlo, ayudan a mirar sin miedo en ese vacío y también darse cuenta del amor que existe pese a aquella vorágine. Libros así han sido para mí “El hombre sin atributos” de Musil y “Las amistades peligrosas "de Laclos y sobre todo "La educación sentimental" de Flaubert, ese libro sobre la insignificancia que es también el fluir de la vida. Y "La conciencia de Zeno" de Svevo, odisea moderna por excelencia, irónico, huidizo e insondable confrontación con la nada.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Graffimero

miércoles, 17 de noviembre de 2010
Y sin embargo o las últimas notas de una libreta
Con los años estériles que nos quedan por detrás y los años sin esperanza que nos quedan por delante, y seguimos dedicándonos a practicar incompatibilidades inútiles.
(por eso creo que el presente es el tiempo que necesita más los relatos, porque contarse previene de los excesos: de énfasis, de sofismas, de dispersión, incluso de la locura)
29/10/2010
Sí, como hemos convenido, una de las claves importantes es contarse bien, a uno mismo y a los demás, la mejor versión es la más breve; por ejemplo la que le he contado después de mucho tiempo sin vernos a R y que ha durado como mucho un cuarto de hora, con sus preguntas, certeras, incluidas.
Cinco minutos de pasado, cinco de presente y cinco de futuro. Suficiente.
10/11/2010
-Escribir otro Musil para el calidoscopio analizando una de sus fórmulas preferidas de pensamiento: el “y sin embargo”.
Por ejemplo: “Y sin embargo en la vida ocurre casi siempre lo contrarío a lo que un espíritu cultivado esperaría”.
Los graffitis son de Suso 33
viernes, 12 de noviembre de 2010
Coincidencia: Carlos Edmundo de Ory se ha muerto al mismo tiempo que la Y griega

jueves, 11 de noviembre de 2010
En el desierto

Todos nos estamos imaginando desdoblados en turistas encima de los dromedarios, el silencio es sepulcral, sólo se oye el clic de las cámaras de T y W inmortalizando el momento. Por fin R empieza a meterse conmigo convencido de que voy a ser la que se raja, pero se ha equivocado, es L la que dice que a ella la chorradita del camello ya le costó un dolor de culo y que se va en el cuatro por cuatro.
El desierto es idéntico a como lo imaginas. Si hay algo que se parezca a una duna es otra duna. Desde la duna en la que estamos de ven perfectamente las luces del pueblo desde el que hemos venido en dromedario y el paseo resulta aún más ridículo, además ¡para una vez que voy al desierto llueve! siempre al revés.
Por la noche no logramos que nuestros guías, que ahora son cuatro, entiendan que no queremos que hagan de Tuaregs porque estamos cansados de hacer de turistas. No se relajan y nos comemos el repertorio completo de canciones y juegos de manos. Ay, la cortesía cruel.
Cuando nos quedamos solos reconstruimos la situación: estamos en manos de una empresa familiar y A, el chófer, es primo y jefe de esta tropa. Dos de los chicos se quedan a dormir fuera. Los oímos hablar en árabe y alguien se pregunta qué dirán
-Pues ¿qué van a decir? que el primo es un cabrón y no ha movido un dedo en toda la noche, o se quejaran de como les habla, o de que no les paga a tiempo.
En fin que tiene su encanto que dos grupos de gente tan distinta se observen.
A la mañana siguiente entre bostezos entregados alguien suspira:
-Qué bien el desierto ¿no?, ¿y si nos vamos los días que quedan a la costa?
Ésta foto y todas son de T Miralles. No sé si es un premio o un castigo verse de esa guisa, pero la tengo que poner ¡con lo que le costó hacerla desde el dromedario de delante!
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Vamos hacia Zagora
¿Y de qué me suena Zagoza? ¿de qué? le pregunto a B insistentemente, hasta que creo recordar que es una de las ciudades invisible de Italo Calvino y, aunque luego sea mentira, los ecos de ese libro nos imantan el trayecto hasta Zagora a las dos.
En el camino vemos los primeros Oasis, por aquí todo parece un capricho discreto del barro y las palmeras. Me encandilan las casas, que sea difícil adivinar cuales son las que se siguen construyendo y cuales las que han empezado a disolverse, que se prolonguen en una tapia que no acaba, pero que por detrás se reúnan con las demás y compongan entre todas un laberinto. Miro como si marcara con una tiza kilómetros de casas y tapias para distinguirlas del suelo, y no hay un plano que se repita.
Paramos en un mercado y nada más bajar del coche notamos que nos hemos trasladado de verdad en el tiempo. Apenas hay mujeres, ni comprando ni vendiendo, las verduras no son de diseño y abundan los burros. Los niños, como siempre, miran la cabellera rubia de esa mujer tan alta. L está acostumbrada. Uno se atreve a preguntarle de qué tribu es y ella responde, sin titubear:
-De la tribu vasca.
Ya tenemos chiste, pero además tambien tenemos especias, algo ha hecho que nos pongamos a comprar por primera vez. Yo compro semillas de cilantro, T y la niña B han llenado una bolsa gigante de todas las especias que puede llevar un tallín, además de unas judías secas para comernos en el molino a la vuelta mientras intentamos distinguir el pimentón y la cayena e identificar el jengibre
martes, 9 de noviembre de 2010
Viajar es muy difícil o hacia el desierto transformados en turistas
Dice Elias Canetti en Voces de Marrakech:
“No había leído nada sobre el país. Sus lugares me resultaban tan ajenos como sus gentes. Lo poco que a lo largo de una vida le llega a uno por los aires, de cada país y cada pueblo, se pierde en las primeras horas”
Si es que siguen existiendo los viajeros, a veces lo dudo, son esos que saben lo importantes que son las primeras horas y dejan que el lugar se los trague.
El turista podría aprovechar esa fortuna del recién llegado, pero suele estar demasiado informado, un gran inconveniente, además padece de poco tiempo y del síndrome del que va de paso; dolencia que consiste en mirar y mirar de una manera enfebrecida, con una mirada voraz que busca constatar exotismos, almacena oropeles repetidos y le hace creer que atrapó la esencia, cuando lo más que pudo alcanzar es a documentar con muchas imágenes el mismo prejuicio.
El viajero es raro, porque en nuestra época es muy difícil viajar. Para empezar porque no hay sorpresa, y todo lo que vamos a ver ya lo hemos visto. Viajaban quienes llegaban no muy lejos de su casa hasta el siglo XIX pero, a partir de entonces, aunque el traslado sea a la esquina más remota del globo, no sé si se puede decir con propiedad que se viajó: en todos los países existen espacios neutros e idénticos que nos harán sentir como si no hubiéramos salido, y el viajero siempre fue un terco que practicaba anacronismos impropios del individuo civilizado, como la incomodidad El viajero es quien se puede permitir que sucedan cosas no imaginables de antemano, pero estos viajeros que me acompañan han decidido tenerlo, por una vez, todo previsto.
Los buenos viajeros son despiadados, recuerdo que decía Canetti, mientras salimos de Ouarzazate con un chofer Tuareg y transformados en turistas.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Marrakech-Ouarzazate. El texto.

En el camino a Ouarzazate se nos llenó el coche de gente. Viajar con tres narradoras de armónicas voces que van hilando detalles de tantas vidas, cercanas y remotas, es otra de mis enormes fortunas.
Pero enseguida nos callamos y volvimos a mirar el camino; T conoce muy bien Marruecos y señala las primeras cabras subidas a los árboles de argán. El argán se ha convertido en el oro líquido de la región y lo recolectan las cabras. T nos cuenta que la producción y explotación del aceite está en manos de una cooperativa de mujeres bereberes, la Cooperativa Amal. Paramos en uno de esos lugares de carretera, en medio de la nada pero abarrotados de autobuses. En la entrada de la tienda unas chicas sentadas en el suelo machacan las semillas, del tamaño de una nuez, rojizas o amarillentas. Mientras cantan. Y miran a los turistas. ¿Cómo será triturar semillas de argán cantando y mirando turistas? La gente que vive a la orilla del progreso hace todos los días desde su casa al trabajo un viaje larguísimo.
T. compra un frasco de aceite para los masajes, tenemos una interlocutora táctil que en algún momento de bienestar, o malestar, o no estar, en medio de cualquier silencio o conversación, se levantará como un resorte y dirá la frase mágica:
-Os voy a dar un masaje en el cuello.
Luego silencio de ventanilla, y el paisaje, que me resulta muy familiar. Supongo que ser de un secarral ayuda a distinguir aquí más matices, y disfruto mucho de estos roquedales desiertos entre los que aparecen niños inesperados y señoras cuidando cabras con vestimentas de colores fulminantes. Rodeado de este ocre hasta el azúl del cielo se vuelve escandaloso.
Llegamos a Ouarzazate, la puerta del desierto es un plató, lo primero que encontramos son unos estudios de cine y el resto de la ciudad, de un neocolonialismo desértico, se contamina de la imponente imagen de los estudios, toda la ciudad parece un decorado. Encontramos a un guía Tuareg que, por supuesto, parece un extra, y a quién enseguida llamaremos Gadafi. Después de negociar, poco, quedamos para el día siguiente y nos vamos a comer una pizza. En Ouarzazate, como en todos los simulacros de ciudad, todas las opciones, restaurante con cerveza incluida, están en la puerta siguiente.