martes, 22 de abril de 2014

Carlos Edmundo de Ory

 

 

                                                Victor Ekpuk

 

En un café

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste más triste que un tintero
Triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste en las calles de mi raza
He vuelto a estar más triste que un quinqué
más triste que una taza

Estoy sentado ahora en un café
y mi alma late late
de sed de no sé qué
tal vez de chocolate

No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde.

lunes, 21 de abril de 2014

Una correntada de memoria me dejó al loro cocido y la foto del malecón.





El loro.

Mis tíos tenían una mercería grande, en el centro del pueblo, de la que mi madre era la dependienta, y otra diminuta en su casa, expendiduría más que sucursal. Cuando tenía 14 años me dejaron a cargo de la tienda pequeña durante sus vacaciones, esa confianza fue un honor enorme que se convirtió en inolvidable.

La primera tarde se atascó la cinta de la máquina registradora y, no sé por dónde metí los dedos, que no sólo me los machacó, sino que me tatuó un 444 en el índice que duró meses. Para recomponerme me preparé un té, y el loro patoso, que aún vive y siempre ha ido suelto, se metió en el agua hirviendo.

Nadie se enteró, porque nadie me supervisaba, pero pasé un mes de aupa con aquél bicho cabizbajo perdiendo plumas por el pasillo. ¡Y cómo se cura a un loro! Dejó de hablar, sólo ruidos angustiosos graznaba, y yo empecé a hablarle continuamente, pero en ningún momento dio señales de haberme perdonado.


La foto

Más, más, un poco más, más atrás, un paso más, le dijo el que iba a ser mi cuñado a mi hermana haciéndole una foto en un malecón. Y la otra, que por educación y por genética respeta hasta el extremo las distancias que le ponen, tuvo la habilidad de darse la vuelta en el aire y sólo se rompió el brazo, una pierna, siete piezas dentales y la mandíbula.

No creo que la quisiera matar, sería un malentendido. Las ilusiones ópticas. O que ya no lo oía desde tan lejos.

p.d Nunca pensé que el asunto del loro fuese literario, pero muchos años después leí de otro loro cocido en las memorias de García Marquéz, allí mismo dejé de leer y se las pasé a mi madre. Seguro que si contaba lo mío me iban a decir que era plagio.

domingo, 20 de abril de 2014

Y los flamboyanes están en llamas.




Iba por un andurrial de los que me invento para apaciguar los domingos, buscando un poema africano para finiquitar esta semana santa griposa y funeral, y he caído en una de esas páginas que organizan la lírica por países, por eso me he dado cuenta de que viví en el que más poetas tiene por km cuadrado, el paisito es chico en serio.

Y entre tanto poeta se me ha aparecido la voz del que prefiero, del que me enseñó los nombres de todo lo que era verde. Chateo muchas horas al año con él, pero no había vuelto a oír su voz ni a ver su sonrisa.










viernes, 18 de abril de 2014

Agur Nati




Eugenio Ampurdia




No la reconocí, bueno fue peor, supe que del impacto se me había olvidado como era. Su madre me estaba abrazando y las dos la miramos con las cabezas muy juntas mucho rato, me parecía imposible que dos cabezas tan próximas compartieran tanto dolor sin transmitirse ninguna imagen, pero no logré rescatar ni un sólo gesto de Nati delante de aquella mujer que estaba en la caja. Nada más llegar vi a su su marido, Elisardo, que me dijo, “entra a verla, que está muy guapa” también me dijo “yo sé que la querías mucho” Por el camino encontré a mi prima Elisa, que se niega a ver a los muertos y hasta nos disuade, y claro, me acordé de mi sobrino de diez años, que un mes antes, cuando lo encontré mirando por ese mismo cristal a su abuelo, también dijo que lo veía muy guapo.

Fuera estaban los de siempre, los que te preguntan ¿estás aquí ahora?  El que te besa, el te ignora, el que te quiere, el que te quiere saber, el que te pregunta directamente y la que te odia, a ti y a un par más, porque supongo que el odio es una vaina insaciable, que aprovecha a los espectadores para erizar hasta a las flores de las coronas. Sería prota de una novela si hubiera terminado la que estuve a punto de escribir y que iba a tratar sobre esa potencia aniquiladora.

Y en la antípoda de los retorcimientos Nati, mi queridísima Nati. Esa chica alegre que tenía dos años más que yo y de la que, mucho antes de que estudiara magisterio, ya sabíamos todos que era maestra. Y el peor escozor, el de tantas cosas por contar, el de todos los abrazos que se nos han quedado pendientes.



lunes, 14 de abril de 2014

Paseo



Laberinto de  Reignac




Después del polisémico banquete decidimos buscarnos en el laberinto,  para hacer la digestión, por el camino encontramos muchos trilobites.

domingo, 13 de abril de 2014

Kikí Dimulá

 
 
 
 
 
 
SIN TÍTULO
Llueve con total sinceridad.
Luego no es un rumor el cielo.
Existe.
Y no es la tierra, pues, la única solución
como sostiene todo muerto perezoso.

Hacia el neolítico ilustrado






Claudia Lindner

De-espacio vamos bien Martita, me decía yo, y siempre me acordaba de que Aurora Egido había dicho en clase que ella quería ir al limbo pero lo habían quitado en el Concilio Vaticano Segundo.

De espacios vamos bien, me decía desde que apareció El Molino. Me había pegado la vida pasando nostalgia del campo. (Pobre Roberto, que es un cosmopolita, yo quería vivir en aquel terreno que tenían sus padres, lujo era una acequia y fuego. Siempre tuvo más paciencia conmigo que un santo, llegaba este tiempo y hasta terminado septiembre me lo llevaba arrastras a la ponderosa)

Rebobino, que de espacio voy bien. Me siento muy afortunada por haber encontrado mi lugar en el mundo pronto y compartir lugares tan importantes como el Romeral. El problema serio era entender el tiempo. La única pista que tenía es aquello que dice mi madre de que debería haber nacido hace cien años, cifra que duplicó el día que llegó al molino:

-Cien años es una minucia, tu hija debería haber nacido hace doscientos años Matías-recitó- mientras estemos aquí vamos a ser coherentes, viviremos como antaño, ella manda que es la mayor.

Leyendo El naufragio del hombre y recordando esas cosas de la Arse he descubierto también, por fin, en qué tiempo quiero vivir: en el neolítico ilustrado.

viernes, 11 de abril de 2014

Recompensa


 
Tengo un parque infantil en la puerta y salgo al balcón a hacer oreja con frecuencia, pero poco cosecho. Cualquier constancia termina por recompensar, hoy le ha dicho un abuelo a su nieto que se columpiaba arrebatado

-Otra vez volando hacia la luz, ¡ala maño! ¡qué ya vale!

P.D.  Columpiarse es bandearse en aragonés,  y tobogán se dice esbarizaculos




miércoles, 9 de abril de 2014

Un peu de bon chance.




 Aïda Muluneh


Me alegra la mañana encontrar a Marcia, es la reina de la escalera, y hablamos siempre con tres versiones:

-A quien por su gusto duerme en el suelo, no hay que tenerle duelo

he dicho hoy yo

-A quien por su gusto muere su pena le sepa a gloria

me ha contestado ella

-A quien por su gusto muere, que lo entierren parado

dirían los salvadoreños.

Cuando me encuentro a Marcia subiendo la escalera pongo siempre a la Rita Mitsuko al entrar en casa, hay que celebrar tener un trocito de la República Dominicana animando. Cuando las bajamos, que también pasa, no pongo nada. 

Hoy bajábamos, yo iba al banco, ¡me ha parecido escalofriante la firma del chico que me ha atendido!¡pensar que con un garabato tan simple nos podemos suicidar!¡a lo que hemos llegado como especie!

Me ha sacado de la pesadilla María Jesús, ha llamado para contarme que se le ha cruzado entre mil gestiones mi imagen placentera leyendo en su casa. Ya tengo destino, me voy a reencontrar con mi imagen, hace un día estupendo.

domingo, 6 de abril de 2014

¿Se puede aprender a escribir? ¿y a vivir?



 Workman Ryan
 


Esta semana me he encontrado con dos prejuicios sueltos que me apetece rebatir.

Alguien dijo ¿escribes o enseñas a escribir? Y no contesté, aunque tengo argumentos, porque ese día estaba de muy buen humor y lo dijo alguien que me cae bien, pero me quedé rumiando.

Otro día, otro, me dijo que la vida sólo merece la pena hasta los treinta años. Y la afirmación, que provenía de alguien de cuarenta y tantos, también me ha estado persiguiendo.

¿Por qué se supone que no se puede aprender a escribir y a vivir? A cocinar, a pintar, a programar, a coser, a hipnotizar, a hacer el pino, se aprende, pero mire usted por donde, a escribir y a vivir parece que no es posible.

Cada vez me gusta más enseñar a escribir. Recorrer minuciosamente las palabras de otro con otro tiene algo de sastrería, hay que meter la tijera entre lo que quería decir y lo que dijo y conseguir ,primero que no duela, y luego que no se vea la costura. Este trabajo también consiste en diagnosticar las partes del lenguaje que cada uno tiene dañadas y recomendar libros buenos para curarlas. Aprender a enseñar a escribir ha sido un camino largo, he buscado recursos durante 30 años, decidí pronto que eso era exactamente lo que quería hacer(¿el día que me dijo mi madre “deja a la gente en paz, si no quieren leer que no lean”?) Eso de que en las escuelas de escritura se castra a o los alumnos y se les impone un estilo quizá suceda, por aquí es justo al revés, lo que pretendo es encontrar lo que hay de único en cada uno, sino me aburriría.

Últimamente todo apunta desde todos los rincones a la palabra narrar, supongo que de tanto uso van a marearle los sentidos. Alma, la bosnia a la que conocimos estas navidades, terminó de cuajar nuestra certeza de que la narración puede ser una curación y encajaron muchas piezas del proyecto de toda la vida. Cuando oigo hablar de las nuevas narrativas me acuerdo de Walter Benjamín y me hago esa pregunta tan exacta de Carlos Fernández Liria : Qué era preciso conservar, para que siguiera mereciendo la pena cambiar

Por escrito o verbalmente no dejamos de narrarnos. Desde luego no tenía razón el que dijo que la vida no merece la pena después de los treinta, pero hará todo lo posible para tenerla. Lo mismo que yo, que estoy empeñada en contradecirle con hechos. Y es una afirmación pendeja la del titular del país de ayer: La felicidad empieza a los 50, pero yo, que me acerco, no cambiaría por nada lo que he averiguado. Además práctico un revoltijo de relaciones que van de los 20 a los 90 y a todos los quiero mucho, pero no tengo duda: con la edad se aprende a contarse mejor. En cuanto a los dolores, ya sabemos, no hay quien se libre, de los jóvens prefieren  el ánimo y de los viejos el cuerpo.

P. D. Un ejemplo.María Jesús que tiene 60 no tenía fuerza para subir las persianas y estaba aterrorizada. Ahora que Concha es su médico ya puede, los médicos que son amigos curan más rápido. Y sufre porque no podrá segar la hierba, pero su sabiduría ha convertido la casa en la casa de la hortaliza y la palabra, hortelanas sobran para cortar el césped a cambio de oírla perorar.