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miércoles, 14 de enero de 2009

Consejos para utilizar cofres literarios



Habrá siempre más cosas en un cofre cerrado que en un cofre abierto


Gastón Bachelard La poética del espacio
Ed Fondo de Cultura Económica

La imagen es de Luis Buñuel.


viernes, 14 de marzo de 2008

Cuadernos sin acabar y artículos sin vaqueros.



Faltaban cinco minutos para que saliera el autobús y yo me había dejado la libreta. El monólogo arreciaba. Umbral publicaba todo lo que escribía, dice el periódico. Yo quiero montar un taller de borrado, pero muchos días no puedo vivir sin un cuaderno.

¡Ay de los cuadernos inacabados!.
-¡A mano Marta!, mejor a mano
Me dice siempre la niña Blanch,
-Queda más rastreable, y ¡que me gusta que escribas a mano!. Que entre el cerebro y mano se cuecen otras ideas, que esa tensión es la salsa, con otro fuego lento, ¡o no escribimos cosas que no se nos ocurren en orden alfabético!, dice la peduga.
Y es que son muchas horas de escribir juntas. Hasta se enfada un poco cuando me ve con tanto teclado.

No he titubeado, hace tiempo que domino una suerte de hipnotismo muy ventajoso para salir de los bucles. He dejado de perderme mirando el mapa, el coche sabe llegar a cualquier sitio en el que hayamos estado una vez juntos, si no me interrumpo con dudas que no proceden, claro. Sabía que tenía tiempo y efectivamente: había un cuaderno esperándome en la primera tienda del pasaje de la estación. Hay un estado de ánimo en el que todo lo que necesitas se acerca, y muchos otros en los que todo, todo, se aleja.

Pero sigo creyendo que como se escribe mejor es lavando a mano, o haciendo cualquier otra cosa, pero manual, o peripatética.
En Ayutuxte 44 no había lavadora, en la San Antonio tampoco, ni el Molino hasta el último viaje. Al principio cada cual se lavaba sus cositas hasta que un día Blanca decidió que ella lavaría lo de todo el mundo ¡menos los vaqueros!, y ya ninguno nos volvimos a andar con miserias. Lo hacíamos por lo que lo hacíamos, sin darnos cuenta, pero fue ella quién nos lo mostró. Todos recordamos algo parecido a "una finalidad" a veces, o nos lo recuerdan.
Y fueron buenos algunos de aquellos artículos y aquellos conatos de qué se yo, sin vaqueros.
La imagen es de Dave Muller

miércoles, 11 de julio de 2007

Un consejo de Lezama







Cuando encuentro una palabra, no tengo que poner a su lado un abismo, sino otra palabra

sábado, 30 de junio de 2007

A noi, che non abbiamo un altra felicita que di parole




He leído a
Jesús antes de irme a dormir la siesta y algo se ha desentumecido en un rincón donde estaban, agolpándose y a punto de emprenderla a tiros, ejércitos de ideas confusas . Pero he parado el carro a tiempo, ¡galán!. Me he sosegado con un poema que José María Alvarez atribuye a Filadelfo de Alejandría:

Meditaciones sobre el cuerpo:

Dejo vivir mi cuerpo y lo contemplo.
Lo veo amar y lo veo escribir.
Lo veo vivir. Y a veces
somos uno en algún sitio
Acabaremos juntos.

Ya apaciguada me he dormido y he soñado que alguien me acariciaba la cabeza y me decía

-Baja, mira

Y bajaba, solo un peldaño, y aparecían un montón de tuberías que hacían charcos con palabras, todas manaban ininterrumpidamente y todas estaban etiquetadas, como en los museos de vino, las antípodas de las tabernas. He alcanzado a ver una etiqueta, ponía: "Tribada" Miguel Espinosa. Tengo un montón de enfermedades literarias con sus correspondientes manifestaciones oníricas. La farmacia de Tribada está en la plaza de detrás de mi instituto, aunque esto no sea Murcia. Allí me he ido en el sueño y se ha truncado la imagen. Lastima, porque, de haber seguido en el sótano, quizá hubiera terminado intentando recoger el preciado néctar con canastos, en los sueños las palabras son líquidas, aún más escurridizas que aquí.

Antes de dormirme, antes de encontrarme con el poema, he escrito casi una tesis, he recordado mil argumentos contradictorios, tres mil promesas, de escribir y de no escribir, y un montón de citas. He pensado en lo harta que estoy de meta-literatura, y de mi, y me ha parecido que esto es una agonía, la de una literatura que no es toda pero lo parece, una agonía prolongada y contagiosa, que sólo produce sufrimiento=aburrimiento, para los lectores y para los escritores.

Autores y autores preguntándose por si mismos. (Me he acordado también de esa novela de Vila-Matas en la que el personaje quería desaparecer y se iba a París, y a los dos días empezaba a preocuparse porque nadie le mandaba e-mails preocupandose por su ausencia, ¡si uno quiere desaparecer de verdad lo primero que hace es darse de baja en el servidor!, lo siento Sonia, prometo argumentar más, pero si el rey está desnudo, pues ni modo, o al Clandestino modo, porque es que luego se encuentra a una ex-amante y lo único que es capaz de preguntase es si le ha ido bien económicamente y si el brazalete que lleva es auténtico, vomitivo, ¿quiero ver?¿cómo se titula?)

Ah,
Las disociaciones entre "contar" y "escribir", (ser contador o escritor, más bien).Ese era el título de la tesis larga de antes de la siesta. Pero no la voy a escribir, no hace falta, generalmente me basta con pensar como si escribiera, es algo que hacemos los que no estamos muy satisfechos, para intentar percibir con más exactitud lo que vemos o lo que nos dicen. O para distorsionarlo del todo.

¿Carmen he escrito bien el título de este parto post-siesta?, esa es una de esas frases que nunca olvido pero nunca la he visto escrita y no sé italiano, la oiría en una película, seguramente, me siento una cazadora de frases, no me siento escritora sino anotadora, por eso me gustan los blogs, porque me recuerdan la delicia de las notas, esos guiños, que revientan llenos de posibilidades, esas piedrecitas blancas para la memoria, el hilo conductor, invisible.

Ah, gracias Jesús, por los acicates.

martes, 26 de junio de 2007

Consejos vendo que para mi no tengo o lo que aprendí de Rulfo.




Tuve una interesante conversación hace más o menos un mes sobre qué podía aportar un taller de escritura. Me siento satisfecha con las conclusiones, llevaba años rumiándolas pero me parecieron más claras, menos pretenciosas, después de comentarlas con Benito.

Creo que intentamos mostrar la necesidad de convertirse en lector después de escribir, la meta es modificar, alterar la relación entre el que escribe y el que se lee después.

Yo intento proporcionar estrategias al que se lee para que pueda alejarse del embrujo de la propia escritura:

-Creó, o así.
(como diría Koke Vega)

También creo, o así, que si algo podemos enseñar no es a escribir, sino a borrar. La frase que más aparece en mis anotaciones a los textos es:

-Innecesario, se deduce.

O bien

-Yo esta última frase la borraría entera.


Cuentan que Rulfo escribía un cuento todas las noches, lo escribía temprano y no paraba hasta que lograba, quitando y quitando lo prescindible, borrarlo del todo.

miércoles, 11 de abril de 2007

Consejos Literarios de una ágrafa




No es recomendable escribir “churrería” a secas.
Todas las churrerías están en una esquina y es menester repetirlo.