viernes, 7 de marzo de 2014

Ay, la alegría, qué rica




"La retórica de Marcos combina el realismo mágico, la teología de la liberación, las leyendas del Popol-Vuh, la vulgata sociológica y la ironía desmitificadora. Su triunfo es un triunfo del lenguaje”

Octavio Paz

miércoles, 5 de marzo de 2014

Hojas y más hojas



Mi amiga de la infancia se llamaba Mercedes y por las tardes íbamos a por la leche a dos sitios que estaban de punta a punta. Como estábamos decididas a acompañarnos todos los días intentamos que su madre o la mía cambiaran de vaquería, pero esas cosas eran entonces muy delicadas, cada cuadra tenía su parroquia y cada parroquiana sus motivos. Así que íbamos todas las tardes de casa de Tere a casa de Santas y contribuíamos a mantener estable el ecosistema lácteo del pueblo.




Mercedes y yo compartíamos una pasión: las hojas. Durante dos o tres años estuvimos haciendo  un herbario en su casa, después de salir de la escuela. Sólo puedo recordarnos hablando del Planeta de los Simios. De la terquedad de la memoria seguro que aún no hablábamos. De eso no se sabe casi nada a los nueve, a los diez, a los once o a los doce. Pero ¿de qué más hablaríamos?




Cuando empezamos el herbario volvíamos a casa con ejemplares valiosísimos,  pero pronto se empezaron a repetir, entonces decidimos incluir también las hojas repes, no hay dos hojas iguales. 

El año pasado,  paseando entre las lecherías me dije: Martita, deberías hacer otro herbario. 



Et voila. En mi habitación se ha instalado un otoño permanente. Por la mañana hay que recolocar las hojas que se han caído con el aire de la colcha, así que van cambiando de lugar; se van alejando, acercando y reagrupando. A veces práctico con ellas cierto animismo de los ratos libres y me sugieren historias.  Son frecuentes en casa las quejas por el robo de alfileres.


Hace años que Gonzalo intentaba convencerme de las posibidades de instagram, hoy me he puesto a enredar porque me ha regalado mi padre otro teléfono y le voy a dar la razón, idealiza hasta el gotelé esa vaina. A lo mejor incluyo lo de hacer fotos en mis nuevas rutinas.





domingo, 2 de marzo de 2014

Tingatinga Sayuki y Lenrie Peters



Tingatinga Sayuki



HEMOS LLEGADO AL HOGAR

Hemos llegado al hogar
Desde la guerra sin sangre
Con el corazón abatido,
Nuestras botas llenas de orgullo
De la verdadera matanza del alma,
Y nos hemos preguntado
“¿Cuánto cuesta
ser querido y después abandonado?”

Hemos llegado al hogar
Y traído la promesa
Escrita en colores de arco iris
A través del cielo – para enterrar,
Pero no es el momento
De colocar coronas
Por los crímenes de ayer.
La noche amenaza,
El tiempo se disuelve,

Y nada conocemos
Del mañana.
Los tambores borboteantes
A la estrella hacen eco.
El bosque aúlla
Y entre los árboles
El oscuro sol aparece.
Hemos llegado al hogar
Cuando vacila la aurora
Cantando canciones de otras tierras,
La Marcha Fúnebre
Que nos viola los oídos,
Sabiendo que toda nuestra tradición y nuestras lágrimas
Se juegan al cara o cruz de una moneda.

Hemos llegado al hogar
Al pie de las verdes colinas
A beber el grito cálido
Y suave del canto de los pájaros.
A las playas ardientes
Donde los botes salen al mar
A desgranar la cosecha del océano
Y las tenaces gaviotas se hunden
Y deslizan volcando besos sobre las olas.
Hemos llegado al hogar
Donde a través del relámpago
Y la lluvia atronadora,
La peste, la sequía,
El espíritu empapado
Se demora en el camino arenoso
Sosteniendo los torturados restos
De la carne,
Ese espíritu que no pide
Al mundo favor alguno
Sino la dignidad.

Lenrie Peters


P.D. Entre mis nuevas rutinas he incluido fugarme yo también un poco a África, a partir de ahora dedicaré todos los domingos por la mañana (como mínimo)  a atender el arte de los africanos, esos grandes desconocidos.  Podía ser buena idea distribuir los días de la semana entre los continentes y en los dos que sobran volver al limbo.

sábado, 1 de marzo de 2014

Batida de alas y posterior planeo de un ave terrestre de gran tamaño





Estoy haciendo planes de futuro a corto, medio y largo plazo,  como me enseñó mi pequeño comandante. Ya sé que me saldrán paternostes, pero no pierdo nada. 

En otoño empezaré a ir a clase de cerámica. Siempre he tenido ganas. Y también siempre he sabido que lo haría. Que llegaría el momento. Además imagino un horno en el molino, David Gómez Blaya me ayudará.  No creo que me convierta en una artista con estas manos como adobas, pero podré hacer tinajas y macetas y platos. Necesitaremos un horno enorme si voy a hacer tinajas.  Pondremos la rueda de alfarero en la puerta de mi habitación, cuando exista, la puerta, la que se abrirá al campo. Entonces ya habrá crecido el emparrado de glicina y habrá una fuente y muchas calas en ese rincón que queda de la almazara.

Luego me he ido de una a otra porque estaba empezando a romper ciclos, no es que sea inconstante pero no me colma decir "eso lo hago siempre, desde hace treinta años", así que he borrado el congreso de periodismo digital este año, y por eso me he acordado de cuando Edita estaba en el ciclo, y también del día que conocí a Benito, que ha venido evocado por uno de sus poemas y el barro.

Mientras inauguraba Gonzalo el Me cago en tu puta madre, menos mal que la gente ha olvidado ese poema porque llegue a temer que redujeran a Gonzalo como redujeron a Tania al Ñatazo. Bueno, pues mientras Gonzalo fulminaba la sala con rayos y centellas, estaba yo tomando un gin-tonic con Benito, a quién había conocido gracias a Enrique Mercado aquella tarde. Benito del Pliego, que tenía Fábula y más cosas en hojas sueltas, me regaló un poema, el que saliera, corría el 2007 y salió este :

Inútil evitarse. No hay nada bajo el cielo, ni sobre el cielo tampoco; nada que no haya yo trazado.
No digo que lo contenga todo, ni que pueda hacer surgir de la nada las cosas con el célebre “abracadabra!”. Soy lo que tienes frente a ti. No como el cristal que se interpone entre tu vista y la calle; como el barro que transforma la mano que lo estrangula; ¿lo entiendes?. Te pienso, y a través de ti, yo mismo resulto comprensible.

Supongo que lo de acariciar el barro será tan placentero como comer fresas con rúcula en el huerto, es  irle poniendo habitaciones a la vida. En cuanto a esa noche, que recuerdo entera, está entre las que prefiero recordar.

viernes, 28 de febrero de 2014

Entretenimientos

Sara Illenberger


Lo más importante en este mundo es ser una señora, oígo en la charcutería.

O un antílope, o un microondas, o una manzana, o un cenicero,  o una zanahoria, o una copa, o un niño, o una estanteria, o un comino,o un clarinetista, o un perro, o una codorniz ,o una uña, o un ebook,o una hortensia, o un padre, o una melena,o un hijo, o un puerro, o una hoja temblona, o un marido, o una canción, o  una sardina, o un árbol, o una cigûeña, o un olivo, o una señal de ceda el paso, o una canción, o una patata, o una diéresis, o un pájaro.

Pienso para hacer tiempo.

Así me he acordado de la cigueña que había hecho el nido en la señal de ceda el paso. No tenía cámara yo por entonces, qué lástima.

jueves, 27 de febrero de 2014

La tribu in media res





Debe haber un punto intermedio entre enorgullecerse de lo propio o denostarlo

-Esa novela está escrita in media res, no.
-¿Qué quiere decir in media res? ¿en medio ternasco?

Contesta Javier, como si fuera un ignaro aunque sea catedrático de literatura. Siempre andamos revisando el cómo se dijo, críticando que se dijera así si había un modo más entendible.Y hay que ponerse a revisar no sólo el in media res, también el medio ternasco.

-¿Será en media vaca?
-Lo que tú digas, pa ti la perra gorda.

Ésta mañana me he sentido  muy bien por estar aquí ahora , aunque estemos esperando a la parca hija de puta  lo hacemos en comandita. He encontrado a mi primo Heriberto en el banco,  y como iba a ver al tío Marino saltándose el turno, yo también he ido. Somos tantos que tenemos que aguantarnos las ganas.  Marino tenía también una buena mañana, hoy no me ha confundido con alguien más feo que yo, y ahora que se está muriendo me está regalando las mejores sonrisas y me dice Martica y me agarra la mano. Como sé que lo que más le gustan son las plantas y los extranjeros le compraré una maceta el sábado, se lo he dicho y le ha hecho ilusión, extranjeros no tengo ahora a tiro.

La casa del tío Marino, ya la de la abuela, fue siempre la ONU, dicen por aquí. Yo he llegado a comer allí con un militar americano que estuvo bombardeando en El Salvador y con Carlos, que era en el mismo sitio un guerrillero. Siempre hubo muchos italianos, porque unos italianos le preguntaron cuando era jóven que dónde podían dormir y se los trajo a casa, y hasta ahora. Por aquí anda Willi, haciéndole compañía a su amigo, es imposible no querer mucho a ese desatre estupendo, el tío Marino. Y ha venido la tía Aurora, con sus ochenta y seis flamantes años y unas doscientas pruebas de la derechización del periódico El País debajo del brazo, y la prima Marí Cruz, no paramos de comer bollos, hojaldres y tortas de chicharro, que algo nos entretienen mientras esperamos que pase con noticias a quién le tocó o la Arse y diga:

-Está muy majico.

No hay manera de pensar en otra cosa, ni lo intentamos, somos una tribu con pegazón estos días.  Después de la visita Heriberto y yo nos hemos ido a tomar vermout a casa de la prima Elisa y les he hecho una foto que voy a guardar aquí.  Por la tarde toca merendar en casa de Emma, aprovecharemos para volver a juntarnos con la excusa de que es jueves lardero.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Para vivir la vida con los pulmones llenos


Kathie Kollwitz


Me prometí que me iba a curar, esa es la primera frase que dice Alma en esta entrevista que le ha hecho Leire Otaegi y  que enseña más que muchos viajes y muchas lecturas. La conocimos en navidad y seguimos boquiabiertas con su sensibilidad y su fuerza y su inteligencia. Con su capacidad para contarse Nadie debería tener nada más importante que hacer que escucharla con atención estos diez minutos. Además, Alma tiene recursos que necesitamos todos.

Somos como nos contamos. Cada vez estoy más segura.

Felicidades para ti también, trabajazo Otaegi.

martes, 25 de febrero de 2014

Empezando a amasar



Claro que ví diez o doce paquetes de harina en la cocina, y un montón de levadura, pero no le dí ninguna importancia, esta otra compra así, diez pollos, ocho conejos, un ternasco, tres salmones. Lo que más le gusta hacer son paquetitos de comida. También cocina así, veinte litros de caldo, cinco kilos de pimientos asados.  Hay comida congelada en esta casa para meses, así que no me asombré nada con la harina.
Pero ayer me dijo las palabras más temidas, "he estado esperando a que tuvieras más tiempo porque tengo que hablar contigo".
-He pensado que te va a pasar conmigo como con tu tío José María, que se murió y aquí estamos todos locos con las pelotas de bacalao, te va a pasar lo mismo pero con más cosas, con los hojaldres, con los bollos, con los roscones, con las mantecadas, con el pan, con la torta de chicharro-¿sigo?
-No, no, pero lo dejamos para más adelante, que tú no estás para morirte y yo no soy de dulces.
-Sobre todo si no hay. Ahora mismo a la cocina, lo tengo todo calculado, hoy haremos bollos, pasado mañana holadre, bueno eso, haremos cosas un día sin otro.
-Y dos a la par. Pero nos vamos a poner como vacas
-No mujer, si las repartiremos

sábado, 22 de febrero de 2014

A Jung no le iba a parecer del todo tontería




que alguien crea que concentrándose mucho, mucho, puede mandar fuerza a cualquier otro punto del mundo. Por probar nada se pierde, ahí va lo que he podido reunir, hacia Malakal. Quién sabe.

Machado y otros viernes por la tarde.



 Teníamos clase de religión los viernes por la tarde y un buen día se me ocurrió no ir. Estaba segura de que no iba a pasar nada. Decidí no ir porque había cogido un libro de Machado en la biblioteca de la tía Emma después de comer y quería seguir leyendo, además  Mosén Andrés me irritaba, siempre me ha irritado mucho que me hagan perder el tiempo. Si lo pierdo yo porque quiero, pues bueno.  De tres a cinco tenía que volverme invisible, así que tiré hacia el campo y encontré una noguera  debajo de la que estuve sentada años, hasta recibía debajo de aquel árbol.  No fuí a una sola clase de religión ni en séptimo ni en octavo. El Mosén no dijo nada, lo debió aliviar mi ausencia, y yo seguí leyendo allí debajo todos los viernes por la tarde. Qué raro tanto respeto. Cortaron aquella noguera cuando tenía diecisiete años y aún recuerdo el disgusto la tarde que fuí y no estaba.

También recuerdo que mi madre me recitaba mucho a Machado de niña, así que para acabar el día, cómo no, Machado.


Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño...

Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño
laberínticos, sendas tortuosas,
parques en flor y en sombra y en silencio;
criptas hondas, escalas sobre estrellas;
retablos de esperanzas y recuerdos.
Figurillas que pasan y sonríen
-juguetes melancólicos de viejo-;

imágenes amigas,
a la vuelta florida del sendero,
y quimeras rosadas
que hacen camino...  lejos...