
sábado, 18 de junio de 2011
Proyectando

miércoles, 15 de junio de 2011
¿Y de leer?

Venía pensando que hay cosas que están bien repartidas, por ejemplo los cumpleaños (ese estilo de monólogo me asola después de hablar con mi padre)
Para celebrar mi turno anual, cuando me he quedado sola me he puesto un gin-tonic y la luz de “se acabo el día”, entonces he oído que me decía ese otro yo que generalmente me lleva la contraria:
-Y de leer
Y le he contestado
-Cesar Vallejo
Y aquí estamos, y va a ser la una y media, es bien difícil elegir, así que dos:
Hubo un día tan rico el año pasado...!
que ya ni sé que hacer con él.
Severas madres guías de colegio
asedian las reflexiones, y nosotros enflechamos
la cara apenas. Para ya tarde saber
que en aquello gozna la travesura
y se rompe la sien.
Qué día el del año pasado
que ya ni sé que hacer con él,
rota la sien y todo
Por esto nos separarán
por eso y para que no hagamos mal.
Y las reflexiones técnicas aún dicen
¿no las vas a oír?
que dentro de gráfilas oscuras y aparte,
por haber sido niños y también
por habernos juntado mucho en la vida,
reclusos para siempre nos irán a encerrar
Para que te compongas.
He aquí que hoy saludo, me pongo el cuello y vivo,
superficial de pasos insondables de plantas.
Tal me recibo de hombre, tal más bien me despido
y de cada hora mía retoña una distanciA.
¿Queréis más? Encantado.
Políticamente, mi palabra
emite cargos contra mi labio inferior
y económicamente, cuando doy la palabra a Oriente,
distingo en dignidad de muerte a mis visitas.
Desde ttttales códigos regulares saludo
al soldado desconocido
al verso perseguido por la tinta fatal
y al saurio que Equidista diariamente
de su vida y de su muerte, como quien no hace la cosa.
El tiempo tiene hun miedo ciempiés a los relojes.
(Los lectores pueden poner el título que quieran a este poema)
La repetición y los aniversarios
calvo se queda el faisán
con los molinos del vino
los titanes se hundirán
Navaja de la tonsura
es el cero en la negrura
del relieve de la mar
Naipes en la arenera
Fija la noche entera
La eternidad
Y a fumar
lunes, 13 de junio de 2011
Syngue Sabour, piedra de la paciencia
domingo, 12 de junio de 2011
Los autos de choque y la negación del viaje

He vuelto a acordarme, después de treinta y algún año, de aquella pista de autos de choque que durante el invierno metían en un pajar al que había que ir por obligación los domingos por la tarde, después del cine.
Había goteras y ahora me parece que siempre llovía, o por lo menos siguen nítidos en mi memoria los charcos de la pista, que me daban miedo porque imaginaba que nos íbamos a electrocutar. Daba tiempo para imaginarlo todo en aquel pajar animado, allí descubrí el aburrimiento, por eso no me extraña que esta imagen de la eternidad vuelva con tanta contundencia.
Me sigue dando pena casi todo lo que recuerdo de aquellas tardes; toda aquella gente con guantes y bufanda dando vueltas alrededor de la pista para no quedarse helada, las pollitas ateridas esperando que un príncipe azul las invitara a subir en su coche, que la primera certeza de que a un chico le gustabas fuera que te daba más de un golpe, que a mis primas no las dejaran hablar con chicos y a mí sí, y las fichas, gordas, a cinco pesetas, que de tanto uso ya no eran ni amarillas.
Pero ahí no terminaban mis desasosiegos, además me empeñé en que los dueños de los autos de choque sufrían mucho y eran muy pobres, tan pobres que no podían emprender el viaje. Pasé la infancia imaginando que dormían en la diminuta caravana desde la que vendían las fichas y sufría un montón cuando veía a la madre con el pelo desteñido, y la imaginaba desesperada por aquel sedentarismo tan anormal.
En mayo salían del pajar, el día del traslado todo eran ruidos de hierro. Yo aprovechaba el verano para mirar el pajar vacío.
Pasaron los años y seguían aquí. A los diecisiete o dieciocho me resultaban intolerables los ricardin. Todos aquellos decibelios enfrente de casa y la misma canción cien veces. No solo no se habían ido, no solo tenían casa de campo y mercedes, además no me dejaban ni oír el tren.
viernes, 10 de junio de 2011
La confesión

jueves, 9 de junio de 2011
Elegir, irse, quedarse, mirar como crecen los frutales, y un soneto ecológico

Walter Benjamin dice que es tiempo de plantar árboles hasta que se muere tu madre.
Contando con que la esperanza de vida en la época de Benjamin era más corta a veces tengo la impresión de llegar tarde. En todo caso me toca elegir, y aunque elegir siempre me pone nerviosa, cuando dudo decido enseguida que todas las propuestas me son indiferentes, en este caso es un placer cada titubeo.
Laurel
Sauce llorón
Castaño
Abedules
Jacaranda
Kiwis
Alcaparra
Algunos pinos
Tamarindos
-¿Y te vas a quedar aquí viendo crecer los arbolitos?
-Creo que sí
-Pues yo creo que yo no
-Ándate pues, alguien se tiene que quedar mirando como crece este tutti-fruti, complementarse es la vaina. En aquel rincón voy a poner árboles de fuego para que leamos con una sombra roja cuando seamos viejas.
- Acuérdate, se murieron los mandarinos y no tenemos lima.
la foto es del Soneto Ecológico, Gonzalo lo cuenta en Articulaciones
martes, 7 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
Un poema de Javier Barreiro

miércoles, 1 de junio de 2011
La E-coli o de como aprovechar una alerta sanitaria.

Tuve problemas intestinales el miércoles, el jueves por la mañana mi madre llamó temprano y dijo en este orden:
-No te asustes, no quiero decir que te vayas a morir, pero ya se han muerto tres de lo tuyo en Alemania
-¿Y qué es lo mío?
-Pues un atracón de pepino.
Y puede ser grave la hipocondría, pero también es precoz, folclórica, imaginativa, y hay que considerar que el entorno me ayuda. Tres horas después llegó un correo de Ester:
Y le contesté más o menos:
“aquí estoy, ocupadísima esperando una parálisis renal, tengo lo de los pepinos”
Ella a esas horas no tenía ni idea de qué se trataba, así que se quedó patidifusa.
Luego hablé con Inma, le estoy dando clase de lengua a Javi ¡pobres, qué abstractas torturas! No es que sea una profe chivata, pero tenía que contarle a la madre que por la mañana el niño, que tiene diecisiete años, me había dicho que no se quería aprender los acentos porque había oído que los iban a quitar.
Aproveché para contarle mi muerte inminente y la conversación discurrió como sigue:
-¡Porque matarte comiéndote un chuletón! pase ¡pero matarte comiéndote un pepino!
-¿Y cómo te lo comiste?
-Sopa de pepino, con yogourt, pimienta, menta, ajo y cebolla. El pepino rallado, que batido se queda muy líquido
-Te lo pregunto por cambiar de receta, que solo hago gazpacho, precisamente me apetecía gazpacho pero algo en mi cabeza me avisaba: ¡déjalo, Inma! Y concretamente sentí aversión hacia los pepinos. ¡Nunca os vais a creer que adivino el futuro!
-Lo tuyo son chollos de narcoléptica, que no estás ni despierta ni dormida y después todo te cuadra
-Por cierto ¡a mi madre le encantan los pepinos! ¿Se lo digo o no se lo digo?
Yo ya estaba como una rosa al día siguiente, pero hoy parece que me quiere doler la cabeza.
¡Qué belleza de bacterias! no sabía cuál elegir, ni sé:


