sábado, 21 de febrero de 2009

Grandes Oulipianos






Esas dos piececitas resumen perfectamente la impresión que me causason, cuando los conocí, esos dos: Maria Salgado y Gonzalo Escarpa, los chicos que encuentran siempre como expresarse exactamente.

Una buena compañia, para una tarde de sábado, la delicadeza de Gonzalo:



P.D. ¡Se me olvidaba! recomienden ustedes Red Fósforo.
(y gracias, gracias Miriam si pasas por aquí, tú ya sabes)

viernes, 20 de febrero de 2009

Jueves, ciclos,metáforas y huidas



Ayer fue Jueves Lardero, me gustan esas muescas en las costumbres, me parece sano celebrar los ciclos. No fui a merendar, aunque merendé, claro. Estuve viendo pasar desde la ventana bandadas de adolescentes, una peregrinación cargada de bocadillos iguales. Sólo una vez al año aparece ese pan redondo, un pan solar pensado para empapar bien el jugo de la tortilla de  longaniza, una merienda especial porque sólo un día se puede comer. 

Señalar los días es cómo poner baldas en las estanterías de los recuerdos, vas a la J  y eliges el ejemplar que te apetece, dices -a ver… jueveslardero…y ahí están,  ordenados, los años de la infancia, cuando íbamos hasta el río con el remolque de Maite todos los del barrio del saco, y antes, cuando no llegábamos ni al río, cuando nos quedábamos en aquel campito escoltado de cipreses al lado de una acequia, y también están los jueveslarderos del instituto, más barrocos, y uno en el que me dieron los resultados de un análisis de sangre (¡qué importantes me han parecido siempre los análisis de sangre!, aunque luego nunca me salga nada) y también un peculiar jueves lardero, en el que elegimos, después de comernos la tortilla en el coche, el precioso, enorme, sofá blanco, ¡quién iba a pensar entonces que aquel sofá siempre tendría encima el cuadro de un gato blanco durmiendo la siesta en una silla, de piscina, también blanca! y antes, y después, y trufados, los jueves larderos en la ponderosa. 

Ayer saque un ejemplar que sospeché que iba a tener importancia. Jueves Lardero es una fiesta del presentimiento, del presentimiento de la primavera, pero puestos a presentir se pueden presentir más cosas. 

Aquel año  no tenía muy buena pinta a priori, tenía que trabajar, daba clase en Pedrola, los de Pedrola no celebran esos jueves. Los demás, Raúl, Roberto y la otra Blanca se fueron al río. Quedamos en que cuando volviera pasaría a recogerlos y eso hice. Ya era de noche y cuando llevaba mucho trozo pensé que, o bien ya habían vuelto, o me había equivocado de camino ¿era derecha o izquierda?, aniquiladora pregunta,  infinita.

Llegaron muertos de frío tres cuartos de hora después. Dicen que vieron unas luces y pensaron-ya viene Marta, por fin- y me vieron llegar y dijeron- ¡ya era hora!- y entonces vieron que daba la vuelta, y creyeron que era para ganarle tiempo al frío. Y vieron como me largaba, y ya no pensaron nada. 

Estaba lista la metáfora para masticarla tantos años después, hoy. Sé que lo sigo haciendo con frecuencia, lo de salir corriendoen dirección contraria cuando estoy llegando, o algo así, y hasta un rato después no me imagino las otras caras, que serán, claro, de estupor.


El cuadro es de Soledad Sevilla

miércoles, 18 de febrero de 2009

Tercera improvisación


Hoy salen ruiditos que ayer no estaban.




martes, 17 de febrero de 2009

Segunda Improvisación



He saqueado a todo el mundo, me he equivocado en alguna vocal, y bueno, es una prueba pero aún así me he divertido muchísimo.

Aún falta.

jueves, 12 de febrero de 2009

Bajo el signo de Orfeo o lidiando con la extrañeza



Yo qué sé si descanso leyendo a Lezama, intentando hacer algo con la sensación de extrañeza, o es el vicio de la verborrea llevado a la quintaesencia, sin más. 

La noche se ha reducido a un punto, que va creciendo de nuevo hasta volver a ser la noche.  La reducción-que compruebo-es una mano. La situación de la mano dentro de la noche, me da un tiempo. El tiempo donde eso puede ocurrir. La noche era para mi el territorio donde se podía reconocer la mano. Yo me decía, no puede estar como en espera de la mano, no necesita de mi comprobación. Y una voz débil que debía estar muy alejada de unos pequeños dientes de zorrito me decía: estira la mano y verás cómo allí está la noche y su mano desconocida. Desconocida porque nunca veía un cuerpo detrás de ella. Vacilante por el temor, pues con una decisión inexplicable, iba lentamente adelantando mi mano, como un ansioso recorrido por un desierto, hasta encontrarme con la otra mano, lo otro. Yo me decía, no es una pesadilla, más lentamente, pues puede ser que esté alucinado, pero al final mi mano comprobaba la otra mano. El convencimiento de que estaba allí, hacía decrecer mi angustia, hasta que mi mano volvía otra vez a su soledad.

                                                                                                                   José Lezama Lima Paradiso

miércoles, 11 de febrero de 2009

En el cuaderno más legible




anoté, al menos tres veces,  que Ferlosio decía que la caligrafía nos podía salvar de la locura. 

martes, 10 de febrero de 2009

Otra profilaxis menuda y perecedera





Antoni Tapies


Cuando termino de organizarme me siento igualito que después de una limpieza de boca, empiezo a encontrar huecos enormes que no existían y hasta una textura distinta en la superficie más familiar. La última fase siempre es la más dura, revisar cuadernos es cómo cuando te dan la radiografía, te señalan las caries, y te informan de que raíces te van a quitar. Releer los cuadernos de los últimos años me produce una irritación menuda, en la punta del ánimo, como la que se produce en la punta de la lengua después de los largos paseos por el nuevo paisaje. También sé que son regresos necesarios, para irritarse, además las lesiones son pequeñas y casi voluntarias.

Los dos optimismos


Existen dos tipos de optimismo. El optimismo de la cobardía, del entrecerrar los ojos, del falsear la verdad, y el optimismo heroico, cuyo valor se mide con la suma del pesimismo vencido y revelado. 

                                                                                                             Bruno Shultz  Reseñas

El cuadro es de Paul Klee

viernes, 6 de febrero de 2009

ommmmmmmmm ¡ tengo que pensar en la radio!



Tengo que seguir ordenándome. Me gustaría hablar de los libros con los lomos rotos, y de los que directamente quedaron demolidos, los ricos libros que se han convertido en una baraja. Pero Matías me interrumpe y me hace pensar siempre en otras cosas. 

¡Cómo si él no supiera que meditar es dejar la cabeza en blanco!

Voy a seguir dándome forma con Marisa Monte y otra canción de Pixinguinha.

De la edad no es


Creo que no podría sobrevivir sin chistes malos, peor es mi padre, que se deja orientar por ellos. 

Hoy se ha ido a comprar ropa sin mi madre por primera vez en cincuenta años. Ha vuelto con dos jerséis preciosos, uno verde menta y otro rojo. Dice que mientras estaba eligiendo: 

-por primera vez en mi vida sin la influencia siniestra de tu madre para los colores 

se ha acordado del chiste: 

-Un señor va al médico porque le duele una pierna. Y el médico le dice que es de la edad, y él dice que no, que de la edad no es porque sino la otra, que tiene los mismos años, también le dolería.

-¿Y?

-Cómo que Y, pues que he cogido estos dos porque de la edad no es.

-¿No es qué?

-Pues qué va a ser, anda no me hagas hablar