lunes, 19 de noviembre de 2007

Calidoscopio



Así me parecian las casas de pequeña, como si estuvieran inclinadas por este viento que todo lo tuerce. La verdad es que intentaba subir la portada del Calidoscopio pero no sé cómo hacerlo.

Pero bueno, eso, avisar de que ha salido, otra vez, estupendo.

Nunca me acuerdo de poner aquí que ha salido el Calidoscopio o que ha salido Literaturas. ¡Con el esfuerzo que cuestan!. A partir de ahora prometo avisar.

Gracias Sonia.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Una buena semana a pesar de la tortícolis y del Windows Vista.



Recapitulemos: Sonia me dedicó una canción que no he podido dejar de oír (yo quiero una fiesta así para la inauguración del Molino, y ser la que se deja caer al final). Carmen adelanta con el logo y se fotografía la boca, Pilar investiga una coma, yo progreso con la base de datos. Luis me envió dos libros aunque ya le debo doscientas reseñas. Reaparecieron Vladimir y Antonio. He ido todos los días a nadar. He visto un par de películas de Jarmuch y he vuelto a disfrutar un montón de esos barridos de cámara lentos, minuciosísimos, y con los diálogos, y con los personajes, pensaba escribir aquí sobre Jarmuch, lo haré cuando tenga más tiempo. He leído a Kafka y a Svevo y a Sloterdijk, ya sé, a este último lo debo dejar. Empiezan a llegar los hiperbreves. Carlos nos invitó a cenar a Rafa y a mi y preparó una cena pantagruélica, parecía ensayo navideño. Nacho estuvo en el molino con los rubios y volvió a entusiasmarse con todo, con el Molino y con los rubios. El raqueteo diario de correos con Nacho tuvo sus momentos estupendos, siete años mandándose correos todos los días proporcionan destreza, además ¡qué decir! ¡la brevedad cuando tiene garbo!: este es un correo del miércoles que me encantó:

vas a venir?, el sábado tengo reunión con ARDE y el domingo cocido. N

Y eso me recuerda que me gusta mucho que los demás me dejen notas, gracias a todos.

Por cierto, que ayer me acordé otra vez de una nota que encontré pegada hace un montón de años en la nevera de Luis Cancer, a la mañana siguiente, después de haberlo invadido a las tantas de la madrugada:

El café está en el tercer estante, gracias por venir, ¡me di cuenta anoche de que tener un sofá para que puedan descansar los amigos es fantástico!, si comes galletas mira la fecha, creo que están pasadas, yo no como

Lejos de ser un desastre, no tener a dónde ir a las dos de la mañana, a veces, es una fiesta.

Anoche a esa hora me llamó Claudia después de una discusión y una huida, y mientras la esperaba en la plaza, con pijama y abrigo (ella también venía con pijama y abrigo, como si fuera el atuendo más normal) pensaba eso, que es importante tener un lugar en el que puedan descansar los amigos. Un placer para mi alojar unos días la prota, hasta que encuentre otra cosa. La voy a freír a preguntas y a besos a esa peruanita lista.

¿Más cosas?, que esté café me está sabiendo a gloria, es como eran todos los cafés, antes, cuando desayunaba con Don Eduardo: amargos, energicos, lúcidos, indignados, y lo es este de hoy gracias a la última entrada de
Jesús. Esa dosis de indignación necesaria me hace tener la sensación de que acaban de hacerme una limpieza profunda, a pesar de tener la fortuna de hablar todos los días con mi madre tengo la impresión de que se me va llenando de sarro el cerebro, de que todo intenta atascarme las tuberías de la rabia (por cierto otro día, en otra entrada, el día que mi madre y Haro Tecglen se conocieron).

Buen fin de semana. Yo curro, como siempre. De mañana. Veré a mucha gente y veré amanecer.

martes, 13 de noviembre de 2007

Amanda



Ya ves. Decides no tener hijos, porque eres obsesiva compulsiva y antes de engendrarlos ya estas pensando que volveran tarde a casa, como tú, pero adoptas sin más trámite a esa peduga cuando tiene tres años, encantada con ostentar el título de madrastra (pedazo título gracias a Amanda y a Marisa, y también a Carlos)

Sólo te das cuenta de que has dado una vuelta preciosa y larga para llegar al mismo sitio cuando dicen en el informativo que ha habido un muerto de 16 años en Legazpi.
¡Esa relinda que me heredará y Legazpi!, y doy un salto: ¡me suena!. Llamo a su padre, no a su madre ni a ella, que no quiero ser alarmista.

-Localiza a Amanda, rapidito, que puede andar cerca de esa movida.

Menos mal que al poco rato, enseguida, me llama Carlos contando que están en el pueblo, que son fiestas, y también que Amanda estaba al cabal, que sabía la que se avecinaba y conocía al hermano del muerto.

Amanda ahora es un enigma intenso.

Y esta foto bonita ¿a qué si?. La hizo Carmen y estamos bien escoltadas por Jesús y Mercedes.

viernes, 9 de noviembre de 2007

A quien me esta leyendo.


No te lo creerás pero esta noche me has deslizado una nota en sueños, en un papelito roto, cuadriculado, y yo quería contestarte con un sms, ¡que tontería!. Es viernes y me voy a tomar fiesta porque, después de dos cafés, no se me han ido las ganas de contestarte a esa nota que, estando despierto, nunca me pasaras.

A veces sospecho que nos encontramos en otro sitio un par de veces al año, cuando sueño contigo y te mando un correo sofocado contándotelo; cuando me urge saber si ha nacido tu hijo, saber si después de ¿cuántos?, diez años sin vernos, sigues estando en algún sitio concreto en un mapa, o cuando necesito decirte que sigo deseando ininterrumpidamente que estés alegre (aunque no sea tan alegre como tú me imaginas a mi)

Yo sé que a mi edad debería decidirme, ser escritora o empezar un diario íntimo para los desahogos matinales, pero ya me ves, sigo en caminos poco ortodoxos, inconsciente y entregada pero indecisa. Lo que no voy a hacer hoy es enviarte otro correo, aunque no deje de escribirte sabiendo que me lees, no necesito respuesta, además sospecho que a todos nos agobia ese otro que dejamos atrás y nos desconciertan quienes siguen siendo lo más conocido cuando se han vuelto ya tan extraños. No es necesario ver a quién ya es un trecho tú.

Así las cosas haré literatura. Sé que esta nota solo tiene sentido en el terreno literario del que proviene, como tú y yo: y ahora caigo en la cuenta de que el pasado que compartimos empezó a volver el viernes pasado, cuando leí en El País que iban a publicar la segunda parte de aquel relato de Cortázar.


Luego todo se terminara convirtiendo en una guiño hermoso, con poesía, con su sustancia, cuando le cuente a Javier que soñé contigo (cuando le cuento que alguien me gusta, poquisimas veces, creo que solo una, se lía a defender tu espectro con furia: "no encontraras a nadie con aquel misterio y aquella enjundia", me dice). Ya sabes, Javier sigue jodiendo, Javier violencia y ternura. También gracias a ti, y como en un cuento, Javier, ahí, cerca.

Siempre tuve la impresión de que era sobre todo para escribirla nuestra historia, bueno, mi cara de la medalla. Tengo el principio, no creo que recuerdes aquel día, comíamos en el clínico y viniste a tomar café. A partir de entonces cuando iba a la biblioteca de la facultad me sentaba en el pasillo a leer, no te decía nada, me bastaba verte subir las escaleras, tú no me veías mirarte porque era la novia de tu amigo y tú, que entonces eras el filólogo aplicado que venía de repartir pollos, siempre tenías prisa. Y luego aquellos otros diez, quince años, de encuentros y desencuentros. Volví a llamarte yo, entonces aún no sabía por qué había guardado tu teléfono, bajé cuatro pisos corriendo para pedirte que me desintoxicaras: acababa de echar de casa a ese critico literario gordo que convertía en polvo todo lo que importaba con solo mentarlo y que ahora ya tiene prestigio. Luego, cuando tuve un vestido rojo y me iba a casar, el otro novio, el despechado, que conocía mi secreto, te invitó a cenar para intentar desbaratarme; lo logró. O en Asturias, yo venía de una boda en Santander y creo que es la única vez en mi vida que he tenido una aparición: estabas en las escaleras del horreo, ¿o era panera?, leyendo a Tabucchi (no serían Las tentaciones de San Antonio ¿verdad?). Si lo escribiera contaría sobre todo las tardes en las que empezaban las vacaciones en los institutos y tu aparecías en la librería al final de la tarde, con un pastel dulce y otro salado. ¡Cómo no me voy a alegrar de mi cara de la medalla si por aquella pirueta para seducirte conocí a Landero! (y ya ves, lo que son las cosas literarias, a mi vuelta fui primero abducida y luego adoptada por el Circulo Faroni). Tambien había sido por ti, huyendo de ti, en otro alarde literario, lo de cruzar el charco.


Ya no estábamos tú y yo en ninguno de los dos cuentos de Cortázar, ni siquiera con los papeles cambiados. ¡Yo que estaba tan convencida de que siempre nos iba a encontrar en Las caras de la medalla!. No estábamos en ningún sitio pero en el que menos en el tono dolorido. Al menos desde este lado no hay ningún desasosiego, (aunque no me preguntes por qué casi no he vuelto a pisar Barcelona, no entendería verte y tampoco no verte, ¡al tiempo!). Eso si: tiene más sentido mi vida sabiendo que eres alguien que anda por ahí.


¡Vaya nota larga!. Cuando lo único que quería decirte para responder a la tuya es que por favor te cuides mucho.


martes, 6 de noviembre de 2007

Fina estampa



Comparto con Matías progresiones y regresiones sin parar. Mi padre se empeñó en que me apropiara de su biografía, y como es lento y tenaz, todos los días pone a prueba mi paladar con algo que le gusta a él, y después me observa, sin esperar reacciones, solo por mirarme.

Ahora estamos los dos empilados con los Mp3. Mi madre me cuenta que algunos días vuelve de pasear a la perra con la misma cara que si viniera de viaje. Es la música, que lo lleva a Argentina, a Chicago y después nada menos que a África. Y también le van viniendo a la memoria canciones que quiere volver a escuchar, no muchas.


-¿Me harás una transfusión, un poquito de María Dolores Pradera? .

Como esto de los blogs permite decir lo que nunca se hubiera dicho, y hay cosas que deberíamos contar siempre, contare que ahorita mismo, después de escuchar esta canción, el Fina Estampa, con mi padre, y comentar el cambio de lenguaje, el mudar de modos, le he dicho:

-Nacho. A Nacho se le puede cantar esto aún. Él es el fina estampa del mundo literario.

Y me ha respondido

-Pues entre lo que me cuentas y lo que he visto a través de los años, parece que si.

-Además es un vals peruano, encaja, y esta versión le va a gustar.




¿O no es Nacho Fernández para los que tenemos la suerte de conocerlo esa veridita alegre y el caballero también?

(me matan si me ven perder el tiempo mi socio y mi padre precisamente ahora: voy. ¿lo pongo?¿lo pongo ahora o callo para siempre?)

Cirlot




Si tuviera tiempo, si no tuviera dos ordenadores encendidos y mil retos técnicos, además de las tareas normales pendientes, hoy me pondría a contar cosas sobre Cirlot. Sobre su Diccionario de Símbolos, una de mis compañías, sobre sus amores con Bronwyn y las secuelas que tuvo para él ir al cine, y contaría aquel día estupendo en Punta Umbría, la grandísima sorpresa, el banquete de Pere Sousa recitando a Cirlot, fue un placer oír a Cirlot en su auténtica dimensión, la de poeta del sonido, y contaría también como era la cara de Laura cuando me preguntó bajito:
-Pero ¿de verdad te gusta?.

Pero no tengo tiempo. Como aperitivo he elegido dos poemas cortos y retumbantes, de Bronwyn:

Uno con pregunta:

"Mira, son las nubes

¿te subes?"


Y otro para la antología de los pronombres personales:

Tuyo no huyo

Fluyo tu yo

viernes, 2 de noviembre de 2007

Una flor de la mara Salarrué en la casa de la calle Trocadero

Hoy he ido a trabajar de noche, me gusta, leo mucho y hablo mucho con quién está de turno en la limpieza o en la cafetería, cámara en ristre además; esta noche estaba Carolina, que es colombiana y me ha contado historias violentas, terribles, de maras.

Luego, si me espero un poquito, veo amanecer.

Sobre las cuatro me he puesto estupenda y he anotado en el cuaderno:

Recuerda: El primer mandamiento lezamiano es que sea honda y cierta siempre la presencia de la ausencia (creo que eso lo hago bien, cumplo a raja tabla: no necesito ver a quienes más me acompañan). Otro mandamiento lezamiano es encontrar la vida misteriosa y expléndida, no parar de descifrar sus oscuros, hay que estar atenta.

Cuando he llegado a casa, a las siete, he encontrado aquí una nota del Luis Alvarenga,
no lo llamo porque él viene, he pensado, eso también lo decía Lezama, es su tercera pista. Me manda un enlace en el que se habla de la Mara Salarrue y termina así.

"Pero qué bonito fuera que a uno lo asaltaran mareros con pistolas metafóricas, cuchilladas de cerezo, de arroz y de queso , y ver de vez en cuando una pinta en las afueras de los edificios con pedazos de cuentos, versos y silencios desemantizados e inventados para más fregar"


(Bienvenido por aquí Barón Tiburonidas. Vuelve a venir. Tú que eres
el que ve y cuando me dices mirá lanzas tanta luz que leo un fogonazo (aún visito aquel borrador del Ayutuxtepeque 44 que anotaste, no por el texto, por tus anotaciones), ¡me sigues haciendo tanta compañía!. Abrazos gordos a Vladimir, ¡dile a ese maje qué que ondas!, que no sea güevon, que se dé un chance, que añoro oírlo nombrar todas las flores, se nos van a morir sin él a Blanca y a mi mangos, izotes y aguacateros, ¡dile que me pase a visitar, aunque sea por aquí!. Siempre sigo soñando qua nos encontramos los tres en la calle Trocadero y tenemos también otra vida, más y mejor platicada)

lunes, 29 de octubre de 2007

Transgresiones contra el frío


Confieso que robo calcetines a los parientes para que me hagan compañía. Ahora empieza el frío en serio y volveré a la carga. Suele suceder que míos son muy finos, o no llevo, porque siempre me arden los pies, y tengo que pedir calcetines prestados a mitad de conversación, luego me los quedo.

Blanch hoy me he puesto los de tu padre, me los pongo cuando lo extraño, se están desgastando por los talones. Me los dejó la última vez, me llamó con la excusa de aquella historia de aventureras del XIX en África, el último libro que leyó. Martín correteaba por allí. Bea, Mónica, Lucía, Conchita y tú estabais en la cocina. Me estuvo hablando del libro, y del cactus del balcón, que tiene casi tantos años como tú y un pedazo de biografía, daba igual de qué hablara, ¡qué gusto fue siempre oírlo!, Martín intervenía en inglés con lengua de trapo y su abuelo se lo comía con gestos. Yo tuve otra vez frío en los pies y Roberto me dio estos calcetines.

Mañana me tocan unos de Joselín de muchísimos colores. Cuando me los pongo termino como él, repitiendo lo de "canta y no llores".


Irene Rodriguez Aseijas















Hoy me toca tormentosa. Y nada más, eso, recomendar la novela de Irene.

sábado, 27 de octubre de 2007

Mauricio



Rafa, jovencito cantante de un grupo que será famoso, me persigue guitarra en ristre cantando esta canción, que no es de Bumbury, que es de Mauricio. No es infrecuente que Rafita me saque del ensimismamiento y me lleve a la concina a cantar la Apuesta Con El Rock'n'Roll , le alucina que asistiera a su nacimiento y a mi que hayan pasado veinte años y ahora la conozca todo el mundo. Recuerdo un concierto de Mas Birras en el que estuvimos tres personas.

El otro día me puse a echar cuentas y este mes ha hecho ya siete años que se nos murio Mauricio, porque Mauricio, el chico de la bici, se nos murio a toda la ciudad. ¡Era el mejor de los tipos Mauricio!. Cuando Carmen Paris y yo no teníamos para pagar la luz de la librería llamabamos a Mauricio y nos montaba un concierto para hacer caja, eran deliciosas las mañanas en las que pasaba por allí y se quedaba horas tocando el piano en la esquina. Y ahora ya tiene un busto ¡qué impresión cruzarse con el busto de un amigo!.


Claro que yo soy muy de saxo, y diga Rafa lo que diga,me siguen gustando las voces de tango.