martes, 4 de marzo de 2008

Poemas elásticos y Poemas encogidos



Tenía yo un amigo, casi una sombra, llamado Fran Litzs, que compartía con Blaise Cedrans la obsesión por el Canal de Panamá, en el caso de Fran su padre había trabajado allí y de allí provenían sus mil originalidades que, comenzando por el nombre, tanto lo habían condicionado.

He tropezado con Panamá o las aventuras de mis siete tíos (un libro más que recomendable) de Cedráns y me he acordado de cuando Franz escribió sus Poemas Encogidos y de lo que sucedió después.

Llegó el chamaco a casa, a Ayutuxte 44, y no estábamos, se sentó en la puerta y empezó a borronear en el cuaderno. Como Fran Lizs había sido guerrillero; y yo nunca conoceré a nadie más parecido a Gila contando: ¡puchica cuando contaba que llamaba a su madre mientras caían las bombas alrededor en la Zacamil para decirle que estaba bien!, pues no existían los obstáculos físicos y se subió al tejado. Ese es el momento del clímax, cuando empezó a llover y Fran estaba en plena faena poética, tan agustito. Entonces se le moja el papel, piensa en los Poemas elásticos de Cedráns y titula su gran obra Poemas Encogidos. Llueve y llueve pero él está paralizado por las musas, se da cuenta de que nada más fácil que saltar al patío y entrar en la casa. Ni se seca, se hace un porro y sigue escribiendo. Llaman a la puerta y sale hipnótico, se encuentra con la policía que, claro, lo viene a detener por allanamiento de morada, llamaron los vecinos. La PNC le pone las esposas en la reja y procede a saltar por el patio puesto que no hay llaves. Ni modo, no consiguen entrar, tienen que salir y quitarle al otro las esposas para que les abra la puerta del patio, momento que Fran aprovecha para rescatar su obra, esconder la marihuana y pillar un boli de más por si las moscas. Les abre, lo esposan y se lo llevan. Empieza a llamar a los colegas para que vayan a sacarlo. Glen: mira Fran mañana por la mañana eh, además que vaya el Muso que era su casa (el Muso era Carlos). Y los de la PNC allí mirando a Fran, que sigue y sigue pariendo poemas encogidos sin parar, hasta que se cansan de tanta tontería y ¡le dan un machete para que se ponga a pelar caña de azúcar!, eso consta en la oda. Siente que eso es demasiado, llama por teléfono a Isabel, pero la incondicional Isabel le dice que no esta San Salvador para pasearse de noche, que irá cuando la despierten los leones, vive enfrente del zoológico y son su despertador natural, eso también debe estar en el poema. A las seis de la mañana ya muy cansados del tipo que escribe y escribe, tres PNC y Fran se dirigen a la casa del Muso, también van hacia allí Glen e Isabel (con un termo de café para el preso). Carlos se encuentra con todos ellos en la puerta y le dice a la policía que es chero, que no se preocupen, que lo suelten que ya lo sembrará en maicillo. Fran termino sus Poemas Encogidos mientras desayunabamos, a esas horas ya mucha más gente, porque las grandes juergas en San Salvador son matinales, y le salieron buenos esos poemas al Fran Lizts Ulloa, fue buen final lo del maicillo, por algo le decian a este otro el Muso.

Los Poemas Encogidos deben estar por ahí, debajo de siete estados. Voy a copiar uno de los elásticos que me gusta.


Disonancias del arco iris

Disonancias del arco iris en la telegrafía inalámbrica de la Torre
Mediodía
Medianoche
En todos los rincones del universo se murmura: "Merde"
Rayos
Cromo amarillo
Nos hemos contactado
Los transatlánticos se acercan desde todas las direcciones
Desaparecen
Todos están en movimiento
Y los relojes marchan
Paris-Midi informa que un profesor alemán fue devorado por los caníbales en el Congo
Bien hecho
L´Intransigeant publicó esta noche poemas para tarjetas postales
Es idiota que los astrólogos roben las estrellas
Cuando ya no se pueden ver
Le pregunto al cielo
El servicio meteorológico indica que el tiempo empeorará.


Blaise Cendrars
de Poemas Elásticos

La imagen es una de las ilustraciones de el brasileño Fabio Zimbres para Panamá o las aventuras de mis siete tíos

lunes, 3 de marzo de 2008

Intentando pensar ahora que soy más delgada




Me fui a la cama pensando que iba a escribir un “no me gusta” (ya he dejado lo de hacerme entrevistas, mi otro yo me ponía preguntas cada vez más retorcidas). Empecé el no me gusta, pero me pareció aún más desasosegante que lo de las preguntas, ¡vaya final de jornada!, además cuando estoy débil me toma la voz de mi madre:

-Marta tú te pasas

Oigo, y veo una señal de stop. No quiero parecerme a Millás con lo de las voces, ni dejar que me influya tanto a estas alturas mi madre, pero me pasa. Aún así escribí mentalmente:

-No me gusta ser un animal político. No me gusta que me llame un empresario, preocupado ,porque en su empresa trabajan personas de 18 nacionalidades y en el último mes se han disparado los casos de racismo entre sus empleados (¿no tiene nada que ver la campaña electoral del PP?) . Hubiese preferido que todo siguiera como hasta ahora, aunque quizá es bueno que emerja la merde y los equívocos, para actuar, porque se puede actuar ( la prueba es que en la única estación donde no se dan situaciones racistas es porque se habla del tema, se reflexiona, hemos convertido el racismo, las supuestas diferencias, las leyendas urbanas, los falsos tópicos, en un tema de conversación habitual)

Hasta ahí mi madre no hubiera dicho nada, ahí paré. Que no hay que malgastar la energía en empresas menudas y perecederas, sobre todo cuando se tiene tan poca, y en campaña electoral.

Podría haber seguido contando que no me gusta la debilidad. Pero la verdad es que esta sensación de estar flotando,de ser incorpórea, tiene algo agradable, como si fuera la justa recompensa a los nueve días en los que he sido alguien delirante a 40 grados. Claro que yo hoy tenía previsto salir chutando hacia Madrid, hacia los demás, hacia los proyectos, los amigos, los trabajos y los días. Entonces escribí mentalmente:

-No me gusta la urgencia, no me gusta mi manera de moverme, parezco un zompopo.

(los zompopos se quedan quietos mucho rato, parece que se han muerto, de pronto empiezan a volar enfebrecida y circularmente hasta que chocan contra algo, vuelven a caer al suelo y se quedan ahí quietos otra vez, haciéndose los muertos, ¡qué horror los zompopos!)

Menos mal que me puse a leer, con la propia cabeza a solas se va pocas veces lejos. Y me puse a leer a Peter Sloterdijk, con quién tengo una relación compleja, y que formuló una pregunta anoche:

-¿Tenemos una tradición o una tradición nos tiene a nosotros?

que más que pregunta me pareció una puerta que abría mil sentidos, aunque si digo la verdad funcionó como una nana, y es que con esta debilidad una pregunta así te tumba.

jueves, 28 de febrero de 2008

El racismo y las moscas




-Es que tu eres, no sé, más indio, más primitivo.

Le decía Rafa, que es español, un día a Carlos, que es salvadoreño.

-¿Rafa te has puesto a reflexionar sobre las semejanzas en la cadena de ADN entre los humanos y las moscas del vinagre?

Le contestó Carlos.

-Anda, pues ponte: ¡que no tienen tanta importancia nuestras exquisiteces!

martes, 19 de febrero de 2008

Hoy, un poquito de Lezama


Himno para la luz nuestra


(...)Aunque el oído me dá la fe
la visión como un mastín rastrea
lo que el Arcángel flamea
en el punto donde no se ve


(...)La música divide las hojas
el otoño condecora al organillero,
de pronto, el hormiguero
sonríe, para que escojas


(...)Amargo fue, su ondulación extraña
medir la luz en su balanza,
ser y ser lo que no se alcanza,
resplandecer y ser huraña

lunes, 18 de febrero de 2008

Últimas preguntas










Hablando de poetas con Carmen me ha preguntado:

-¿No trabaja la eternidad esta gente?

El otro día una gitanilla preguntó en la gasolinera:

-¿Funciona la máquina de llamar?





domingo, 17 de febrero de 2008

Brooooooooooooooooooonwyn: al filo de lo incomprobable

Cuando me regalaron ese escandaloso y enorme libro naranja, Bronwyn, lo escondí. No tenía ninguna gana en aquel momento de volver al complicadísimo Cirlot, aunque nunca he tenido lejos ni cerrado su diccionario de símbolos, pero había dado demasiadas vueltas ya a su poesía y huía de sus efectos. Creo que hasta me molestó un poco que me regalaran esta edición tan vistosa. Lo metí en el armario del pasillo, que tiene llave.

Poco a poco le ha llegado el momento. Ya no es entonces y me he sumergido (¿o he emergido?) en los extraños amores y en Bronwyn:

Una tarde de verano Cirlot conoció a Bronwyn en una pantalla, en la película de Franklin Schaffner El Señor de la Guerra. "Nada sucedió después del visionado de la película" dice su hija, Víctoria Cirlot, en este estupendo prólogo (Editorial Siruela), ni siquiera una crítica, pero Juan Eduardo Cirlot vio la luz de Bronwyn. El amor de Cirlot por Bronwyn fue fértil y diverso "Nos amábamos como ahora sólo en sueños soy capaz de amar", dijo. El ciclo Bronwyn está formado por dieciséis libros que poco parentesco, formal, tienen entre sí (van del soneto a la poesía fonética)

Ustedes, lectores fieles, saben que siempre me tiembla el pulso eligiendo poemas, y que siempre digo que hoy me tiembla más. Bueno, queda noche y estoy bien despierta después de estas siestas. Copiaré tres, es un número que agradaría a este pitagórico, mejor cuatro: ¡uno de los libros de Bronwyn se titula precisamente 44 sonetos de amor!

Secretamente eternos, pero solos,
entre restos oscuros que palpitan
rezan lo inconcebible y se mutilan
ignorándose siempre.

Noches entre los ojos, boca, frente
Amanecen los nadas rotos, rotos
doradísimos rotos, amor que
no

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Se apoyan mis horrores en el sol
reflejado en los ojos del pantano.
La soledad oscila entre las ramas
que nunca han dicho sí
Un círculo de lobos me aconseja
y mi guante de hierro los entiende

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Un nombre estaba escrito sobre el agua
fue dicho desde el agua, Browning,
entre cienos y miedo a los abismos
bajo las grandes aves transparentes.

¿Pudiste imaginar
en la noche del mar
que no respondería
sin hallar
la voz con que diría
dónde me has de encontrar?

¿Pudiste suponer
en la niebla del ser
que no contestaría
y que no encontraría
la voz para poder responder?

¿Y pudiste pensar
que jamás tornaría
tu nombre a concitar?

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Se
hoy

Soy
voy

sábado, 16 de febrero de 2008

Frustraciones





Esta señora es Katharina Grosse, quizá no sea una gran pintora, no sé, yo la disfruto ¡tanto!, y le tengo ¡tanta envidia!

Repito y repito, me sigo comprando acuarelas, ceras, pasteles, y los resultados son siempre igual de nefastos (estaba recogiendo la basura un día con una de mis acuarelas y me dio una mala gana, ¡qué cosa tan horrible!) Luego imagino otra vez que soltar colores con tanta abundancia y tanta libertad debe llevar al climax y vuelvo a intentarlo.

jueves, 14 de febrero de 2008

¿Cómo negar que fue una infancia dulce? (literalmente)

 
 
Estos días me he estado acordando, en general, a veces le pregunto a Blanca si sabe algo sobre eso de que se recupera la memoria de la infancia con la edad, me mira con cara de estupefacción y me doy cuenta de que empieza a suceder en los años que le llevo de ventaja, todavía no tiene ni idea.

Desde allá lejos, el último peldaño de la escalera, pensé mucho en "La mantequilla", y luego hablé con alguién que también creció por allí. Mis padres tenian una fábrica de mantequilla cuando yo era pequeña. Describíamos a dos voces José Luis y yo, y ni nosotros dábamos crédito a aquel espacio tan raro: ¡los tubos amarillos haciendo una digestión abrupta de fresa y chocolate sobre nuestras cabezas!¡qué temblores! Las batidoras, aquella cinta transportadora a la que me sentaba con el abuelo cuando había que "poner tarrinas", el olor dulce, las batidoras sin parar, el color de la esencia de fresa y la máquina que convertía el azúcar en un hilillo pegajoso que nos hipnotizaba a todos y que mi padre se quedaba contemplando noches y noches.

Pero sobre todo los sacos de azúcar, el escondite perfecto para leer después de salir de la escuela. Luego, cuando leí
El Siglo de Las luces, no podía sacar de la casa de los huerfanos y de Víctor Huges aquellos sacos, nunca he podido sacarlos.

Fuí una niña melindrosa, les tenía pánico a las escaleras del granero aunque me encantaban las palomas, sólo subía con mis primas y una vez arriba aún tenía miedo. Casi siempre me quedaba leyendo entre las montañas de sacos, o en el corral; había un jardincillo que me enseño a cuidar la abuela, ¡y lo recuerdo todo!¡qué memoria tienen las manos! Saltando la cata que hacía de jardín había una extraña puerta común, de madera. Al otro lado estaba "Teléfonos" y continuamente oíamos a Lidia decir:

-¿Número? ¿el 62? Te pongo.

Me sentía espía de una espía cuando la miraba por la cerradura mientras ella hacía oreja, me parecían una amenaza sus dos teléfonos negros de baquelita y sus dos piernas al sol. Aunque ahora es muy mayor sigue siendo atractiva y recupero un poquito la infancia cuando me la cruzo por la calle, me sigue pareciendo inquietante. No en vano ella fue mi viuda de Zorba, por ejemplo, y hasta un poco, algún rato, Madame Bovary.

Pero lo más nítido es la ventana, aquella ventana del tamaño de una caja de mantequilla que abrió Matías, una ventana con puerta de acero inoxidable. La ventana científica reaparece en sueños: su exactitud, el cierre perfecto, el ruido al cerrarse, el brillo del aluminio; siempre es esa ventana el agujero de tiempo que nos trajo hasta aquí.

martes, 12 de febrero de 2008

Y con palabras de otros














INÚTIL ESCRUTAR TAN ALTO CIELO

Inútil escrutar tan alto cielo
inútil cosmonauta el que no sabe
el nombre de las cosas que le ignoran
el color del dolor que no le mata
inútil cosmonauta
el que contempla estrellas
para no ver las ratas.

Manuel Vázquez Montalban

Loquillo hizo una canción que he subido
aquí
La imágen es de
Iñigo Manglano Ovalle

lunes, 11 de febrero de 2008