jueves, 25 de octubre de 2007

Rafols Casamada

Me encanta Rafols Casamada, y aquí hacía falta color

Cansancio




Esto que cuenta Oliveiro Girondo en este poema a mí me pasa mucho. Siento cierto cansancio por ser la misma todos los días, y envidio a los que celebran el hecho inevitable de levantarse y volver a ser "sí mismos", sin cesar.


CANSANCIO

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

martes, 23 de octubre de 2007

Mi tío.(I)




Antes, lo que más recordaba el tío José María del fuerte de San Cristóbal era, claro, el día de la fuga. Ahora, que ya lo ha olvidado todo, sigue acordándose de la monja.

Él trabajaba en la enfermería del penal, tenía formación y ciertas ventajas aun siendo un preso, contaba con la fortaleza que daba venir de los pueblos colectivizados en Aragón, era de la FAI, (he tenido el privilegio de conocer a través del tío José María y de Don Francisco Carrasquer un poco esa época en aquel lugar, sé que hay que tomarla en cuenta), y claro, tendría un impulso para resistir, a pesar de todas las contradicciones o gracias a ellas, en los amores con aquella monja.

Me contaba siempre que no dudó ni un momento para salir corriendo a pesar de conocer los riesgos, pero que tampoco tuvo tiempo para dudar cuando encontró malherido a un guardia al que conocía, lo cargó a las costillas y se volvió a la enfermería con él con la intención de echarle unas medias suelas y salir después huyendo otra vez, pero el hombre sangraba mucho, y luego paso lo que paso.

Siempre me lo repitió con las mismas palabras.

-En aquel momento todo era azar y ese horror no te lo puedes imaginar: ¡veníamos de una vida tan valiosa que había durado tan poco!. Nos mataban como a conejos después de la fuga, leían una lista todas las noches, ¡sois libres!, gritaban otra vez, y eso es lo peor que te podían decir, ¡qué ironía!, cada noche nos mataban a diez o a quince, mientras íbamos saliendo.

El azar o la empatía le salvaron la vida al tío José María, y menos mal, porque no me puedo imaginar como sería la mía sin que él me hubiera educado.

Luis Alvarenga




De vez en cuando taloneo en el google a los chicos de la Mara Salarrue, la única mara por centroaméricana que es poética. Hoy le tocaba al Tibu, aunque sigo siendo, como decía ayer, "más pesada que un diccionario abierto por la palabra tortuga" cuando tengo que elegir un poema, más si es de los amigos.



Cine Dario

La viruta de la tarde
fluye reina
por el alambique del cine

sos el único
entre los que fuman su lluvia
el único
amo del silbido y el salto mortal de la palabra
el único
que retuerce sus venas
con las de la pantalla
el único el de la saliva
el unico
el que gritaaaaaaaaaaaaaaatrapado
en la pupila de Alguien
que acaba de salir
orientado por las luces a medias

lunes, 22 de octubre de 2007

nec-otium.







"Acaba de suceder algo que leí ayer en el periódico"

decía Buñuel.

sábado, 20 de octubre de 2007

Te vi



¡Estoy melómana!

El otro día se preguntaban los Marlango qué canciones les emocionaban siempre.
Me parece una buena pregunta así que me la hice

Ayer encontré en el periódico a Caetano que se ha transformado en rokero, con su armonía se puede transformar en lo que quiera, me seguira embriagando. Y me acordé del emcionante y lejano concierto al que pertenece esta canción

viernes, 19 de octubre de 2007

¿Dos anécdotas?


1

No sé si era ansiedad, pero a media mañana no podía soportar el hambre y ya me había comido mi almuerzo, a veces, después de reunir mucho valor, abría un poquito el papel y me comía un cachito diminuto del bocadillo de alguien. La trasgresión ya me colmaba, soy de transgresiones pequeñas, unas cuantas todos los días, pero diminutas. Teníamos quince años ¿quién no iba a saber de mis maniobras?. Aunque lo recuerdo milimétricamente todo no me recuerdo apenas a mi misma, solo sé que la chaqueta era muy gorda, y gris, y que se me caía de los hombros, me recuerdo como una silueta desordenada que leía Rayuela y a José Donoso tirada en el porche siempre muerta de hambre, y nada más.

Sospecho que nadie me creerá si describo una sala de estudios de entonces. ¡La que pueden montar cincuenta adolescentes fumando al mismo tiempo!. Siempre envidie esa maestría con que Lezama hace crecer una raya de tiza, yo nunca sabré hacer nada con aquel montón de humo.

Entre la humareda aparecieron con un croissant caliente y me dijeron:

-Toma, para ti.

Y después de que lo engulliera con auténtica gula, no tanto de dulce como de aquella amabilidad tan extraña, nueva, deliciosa, dijeron a carcajadas:

-Estaba en un radiador, todo el mundo que pasaba escupía encima.

2

Creo que las clases acababan a las cinco, pero entonces salía el autobús del otro pueblo, nosotros nos quedábamos con el bedel, nos dejaban abierta una sala y allí nos sentábamos, en el suelo, en fila, a esperar 45 minutos. Nunca entendimos porque los traían más tarde y los devolvían antes, pero nadie se quejó.

El bedel era un despistado y yo sabía que el cliche del examen de francés estaba en el cesto. Me colé en la oficina mientras él iba a buscar algo, en los pocos minutos que dejó la puerta abierta me escondí debajo de aquella chaqueta enorme un buen puñado de cliches entre los que estaba, sin duda, el examen del día siguiente.

El pacto fue:

-Tu consigues el cliche y nosotras rellenamos las respuestas y te pasamos la copia, a las ocho, en el Ayuntamiento

Al día siguiente copie las respuestas, aunque había cosas que me sonaron raras. Saqué un cero, ellas un diez cada una. Como colmo me dijeron que no sabía ni copiar.

3

Cambié de instituto al curso siguiente, me fui a estudiar a Zaragoza. Y todavía ahora, casi treinta años después, sigue pareciéndome extraño que esas dos historias me impulsaran de un modo tan claro : fue la primera vez que me fui. Entonces tampoco sabía que me seguirían inquietando siempre.

Ellas son ahora profesoras de instituto, y supongo que serán buenas profesoras, aterrorizadas por la violencia escolar.

martes, 16 de octubre de 2007

Escaneando cerebros enamorados



Siempre me ha interesado, con motivos, la química del cerebro, pero además me divierto mucho con esta batería de sustancias explicativas y su montaje visual: los libros que se caen al principio, la dopamina como el quinto de caballería, el zoom, pasarse del pop a Mozart, el escaner de los cerebros enamorados. ¡Esa retórica!; "poco podemos hacer": ¿no es literaria?.

Salgo mal parada, creo me desaconsejan el colocón del amante porque tengo baja la serotonina, es crónico y hereditario, pero saberlo me da ventaja contra las neurosis y no suelo bajar la guardia. Eso si, a partir de ahora voy a desterrar el lenguaje amoroso de mi vida. Nada de veleidades poéticas, me preguntaré cuando proceda: ¿es la dopamina y la norepirefrina cabalgando sobre mi hipotálamo?¿me ha anegado un coctel químico y no es gin-tonic?

Ya en serio: esto termina con una pregunta que me apetece lanzar al aire. Ahí va.

jueves, 11 de octubre de 2007

Otro otoño


Otoño Antonio Gómez



El otoño me devuelve uno de mis ánimos preferidos, me concentró más, empiezó a acurrucarme.

En fiestas del Pilar llaman amigos que no han llamado en mucho tiempo. Como si estuvieran utilizando agendas viejas. O tuvieran el collar de los días trucado y les hubiese salido una cuenta que pertenece a otra vuelta. Como si quisieran hacer con cada día un espejo de otro y eligieran días remotos, difíciles ya de reflejar. Al final lo consiguen, me apunto a las regresiones; y sigue y sigue cambiando lo mismo.

Donde más otoño he visto en mi vida es en
La selva de Iratí, se congrega tanto otoño allí que me prometí volver todos los años, todavía no lo cumplo a raja tabla, pero este año iré. Iba a decir que es el lugar en el que más colores he visto, y no es cierto, pero casi.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Remedio contra la angoise para Sonia: Mon Oncle



Sonia esta canción es una receta infalible que he heredado de mi padre, oír esto de una a tres veces cuando la angustia aprieta es efectivísimo.

- Ya no tienes otro trabajo en todo el día que quitarte el sonsonete de la cabeza, pero la angustia se va.

Dice Matías.

Si no te vale con una dosis administrate la pelicula de Tati entera, merece la pena volver a verla en estos tiempos nuestros, de tantas y tantas tecnologías.