miércoles, 3 de octubre de 2007

Aviso

No tengo claro por qué, pero yo siempre quise romperme una pierna o un brazo de pequeña, para que me escribieran en la escayola supongo, para sentirme escindida, quizá, espero que no era fuera afán de protagonismo. Nunca lo conseguí, la primera vez que me han vendado un brazo en mi vida ha sido hoy, eso si, un señor vendaje.

Hace un año o por ahí todo el mundo me comentaba lo peligroso que era beber cerveza en la lata por si había meado encima un roedor, (atención todo el mundo decía cerveza, la coca-cola y la naranjada permanecían fuera de sospecha) me repitieron la anécdota mil veces, pero a nadie se le ocurrió advertirme de los riesgos del microondas. Hace tiempo que sospecho que en nuestra época uno se puede matar, o cosas peores, comiendo un filete o tocando un frasquito por azar. Pero miré usted por donde no se me había ocurrido la posibilidad de morir escaldada preparando un té.

Así las cosas:

¡Atención!, qué a nadie se le ocurra calentar dos veces seguidas el agua en el microondas, se convierte en una bomba.

El microondas es un aparato infernal: nadie sabe qué sucede ahí dentro. Conozco a un electrónico sabio que lo utiliza, dice, porque no le importa morir. Pero hasta hoy yo no sabía hasta que punto era el citado electrodoméstico inmediatamente peligroso.

En el centro de salud me han dicho que es un accidente frecuente. ¡Menos mal que existe el Nolotil!. Y yo que pensaba que eran una tontería improbable los accidentes domésticos. Mierda, precisamente ahora que había vuelto a nadar mi kilómetro diario.

martes, 2 de octubre de 2007

Repetición y diferencia





Hace un mes o así Ababol me preguntaba por qué etiqueto todo en este blog como repetición y diferencia, y la mayor parte de las veces seguro que es por dejadez (incluso tengo dos repeticiones y diferencias, una con acento y otra sin acento)

Repetición y Diferencia son obsesiones viejas para mí. Me asaltaron por primera vez esos dos conceptos, brillantemente formalizados, en un libro de Gilles Deleuze con prólogo de Foucault que se titulaba así (estaba en Cuadernos Ínfimos, en Anagrama, parece que aún lo estoy tocando). A los veintiséis o veintisiete años deserté del mundo literario y me matriculé en filosofía pura, llegué hasta tercero. Ese librito me rescató y me devolvió a lo que creo que es mi territorio natural, aunque aun disfruto de las excursiones. Esta mañana estaba leyendo un libro de Foucault sobre Raymond Russel y he encontrado esta cita que no puedo dejar de copiar por lo familiar que me sigue pareciendo:


“Repetición y diferencia están tan íntimamente imbricadas una en la otra, y se ajustan con tanta exactitud, que no es posible decir qué es lo primero y qué es lo derivado; este ordenamiento meticuloso da a todos estos textos tersos una profundidad repentina allí donde su chatura y superficial aparece como necesaria. Profundidad puramente formal que abre por debajo del relato todo un juego de identidades y diferencias que se repiten como en espejos, yendo sin cesar de las cosas a las palabras, perdiéndose en el horizonte pero volviendo siempre a sí mismas: identidad ligeramente diferente de las palabras inductoras; diferencia enmascarada por palabras adyacentes idénticas; identidad que cubre una diferencia de sentido; diferencia que el relato se encarga de abolir en la continuidad del discurso; continuidad que lo lleva a esas reproducciones un poco inexactas, en las cuales el efecto permite que la frase idéntica se escurra; frase idéntica pero ligeramente diferente…Y el lenguaje más simple, el de todos los días y todas las conversaciones- el lenguaje rigurosamente chato, cuya función es la de repetir con exactitud y para todo el mundo el pasado y las cosas-, se encuentra preso de entrada en el desdoblamiento indefinido del doble, que lo cautiva mediante el espesor virtual y sin salida de un espejo. El retorno mismo se hunde en un espacio laberíntico y vano, puesto que se pierde en él; vano también porque, en el momento en que se encuentra, se le notifica que lo mismo ya no es lo mismo, ni en este lugar; sino que es otro y está en otra parte, allá de donde viene. Y que el juego siempre puede recomenzar.”

domingo, 30 de septiembre de 2007

Dice Raymond Roussel, y lo demuestra,



que en cada sílaba hay caminos posibles.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Merche, una interlocutora con bemoles

Merche ríe mucho, aunque en esta foto no lo parezca, esta enamorada de todo: De su pueblo, (me contó muchas historias preciosas: sobre todo aquella de su abuelo y sus hermanos, que se fueron a vender los melones a Madrid con un carro, y como era agosto y no tenían comida, antes de llegar se los habían comido todos, y de lo que paso a la vuelta). De los encuentros en Picos de Europa durante veinte años, de la espeleología, de sus amigos, de Nicaragua, de Cuba, (que contó magistralmente auxiliada por Javier, que vino con Blanca a pasar el fin de semana y me encantó), de Maite, su nieta, de Héctor, su hijo, de Maria, su complice, de Lauri, ¡ese Lauri!, del tomate, de la salud, de la vida y de Javier.

Se lo puede permitir: ni un sólo día he visto a Merche esquivar el dolor.
Además ella no es clara: ha decidido ser transparente.

Estábamos leyendo las dos en la cama, en la habitación de Martín, con el frontal. Ella leía una historia longuísima de chinos que me iba contando, y me dí cuenta de que
Mercedes siempre está escalando, conoce muy bien la importancia de cada detalle del terreno y me estaba diciendo todos los días eso: como había que clavar la pica en este momento para seguir subiendo. Ella, por ejemplo, en un momento clavó la pica en la UNED y estudió psicología para buscar sus recursos y los nuestros donde estaban, y en otro momento se fue a Nicaragua, y ahora ha estado reuniendo tranquilidad para descubrir lo que hará.

Gracias
Merche, lo utilizaré todo (también pienso en mis bronquios), ah, y muchísimas gracias por lograr que empezara, por fin, a llorar (ahí solte el moco con Blanca el sábado, ¡para aumentar el cauce del rió seco!, decía intentando justificarlo entre hipos y gin-tonics: todo muy transparente).

He decidido mantener el



que tenía que ser simbólico
encendido



Y gracias
Cancalara. Vos si me conoces.Vos si sabes cuidarme.

No tengas más dudas:

¡NADARÉ!

(y el Joselin me dijo que también, ya no nos damos más consejos que ese, vaya trio, ¡nada!)

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Pregunta


Cuenta Penélope Glamour en su blog las cosas que dice una niña prodigiosa, que viene del campo, cuando llega a Santander. Entre todas esas perlas yo me he quedado prendada de la pregunta que soltó, extrañada, al ver el asfalto:

-¿Por qué han tapado lo verde?

lunes, 24 de septiembre de 2007

Joan Margarit




Hacía años que no había vuelvo a leer a Joan Margarit. Compré
Casa de Misericordía antes de irme y ayer vine leyendolo en el tren (lleva dentro aún los dos trozos del billete), esta mañana he visto en el periódico que leía poemas por la tarde y allí me he ido. Reconozco que a más a más, que dicen los catalanes, como persona me seduce mucho, sobre todo por su voz. Soy una hiperestésica con las voces, puedo llegar a adorar a alguien o a odiarlo por la voz. Intento no ser injusta, pero la voz no es así no más un asunto solo de timbre. Me he alegrado mucho de ir porque me ha conmovido y me he encontrado con Maria Tena que también se iba a casa emocionada.

Aunque no me siento bien eligiendo poemas hasta mucho tiempo después, (no sé por qué, eso no me pasa con la prosa, que la puedo cortar en cachitos sin pudor), voy a intentar quitarme esta manía, voy a copiar uno.

APILANDO LEÑA

El hombre suele recoger del bosque
troncos caídos con la tempestad
Va apilando la leña tras la casa.
De cada uno sabe qué lo hizo caér, dónde lo recogió.
En las noches más frias contempla las llamas.
Va quemando los restos de lo que ama.

(la foto de nuestra yuca, yo prefiero llamarlo izote, no tiene un porqué aquí, la yuca ni arde, es un cactus, ustedes disculparan que presuma)

Retourne



Han venido Tatiana y Blanca a pasar el fin de semana y esta mañana he decidido volver. En algún momento tenía que hacerlo y siempre actúo así, no encuentro la manera de programarme, tengo que retomar rutinas, supongo, y nunca sé qué decide el momento.

-Me vuelvo con vosotras, -he dicho en el desayuno-. Anda Tati, sácame el billete que tu sabes cual es el tren.

Tres minutos antes de salir de Granada no aparecía mi localizador. Luego ha aparecido el peine. Tati se ha equivocado y ha sacado el billete para el mes que viene. He creído percibir una sonrisa de satisfacción entre los tres tipos que me atendían en reclamaciones y he pensado no había inconveniente, que hasta podria quedarme un mes más.

-Coméntalo con el revisor, pero no creo que puedas irte.

Decían, como si decidieran ahora ellos mi destino.

El revisor, gran tipo, ha dejado que el tren arrancara conmigo dentro. Va lleno `pero ya lo vamos a solucionar, me ha dicho. Luego lo he invitado a un café y al rato ha venido a darme el trozo que había cortado.

-Te vas a la estación y que te devuelvan el dinero, que es para el mes que viene.

Le he regalado unos mangos recién cogidos como agradecimiento

Martita fait du theatre. Voy a prepararme para ir a ver exposiciones mañana, o llamaré a alguien para tomar un café, tendré que adaptarme a esta velocidad. ¡Qué vértigo me ha dado llegar a Madrid!.

La tormenta




Hay tormentas tremendas desde que nos hemos levantado, todo parece mentira con esta luz mortecina. Entre tormenta y tormenta Wiep ha ido a recoger los mangos que se han caído, los hemos pelado y estamos preparando mermelada. Todo huele mucho y los árboles se cimbrean como pueden para no dejar escapar más fruta.

Hacía un rato que nos preguntábamos de dónde venía ese sonido nuevo, no era el aire, no eran los truenos, no era tampoco la lluvia. Nos hemos asomado al barranco y ¡gran sorpresa! era el río seco (que además de ser un río seco se llama así). De pronto ha dejado de hacer honor a su nombre, sospecho que tendremos río solo durante unas horas, pero es un gran placer oírlo por fin, aun sonará mejor cuando lo dejen los truenos.

El Molino es ahora holandés. O quien sabe. Nos manejamos como podemos en cuatro idiomas sin organizar. El rubio, que lo habla todo, anda entre didáctico y muerto de risa. Se está inundando la nave y seguimos la pista a los regueros de agua sin decir palabra: justo cuando se iban a inundar los baños que están en obras se ha abierto un boquete en el porche y el cauce ha preferido cambiar la ruta hacía el río.

Inevitablemente alguien recuerda Centroamérica, casi todos hemos vivido allí y aquí es como allí casi todo: el Izote, los mangos, las chirimoyas, los arrayanes, las guayabas y esta lluvia.

René contra los elementos; ha montado una expedición en lo peor de la tormenta y aquí me he quedado, con la linterna y la batería del portátil. Menos mal que no soy miedosa, pero no puedo salir, estoy cercada, solo tengo zapatillas de lona y no puedo arriesgarme a la tristeza infalible de los pies húmedos.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Platón desterró a los artistas por temor a que mostraran que lo-que-ocurre no tiene correlato ideal (Chantal Maillard)



20/Septiembre/2007

He estado leyendo a Chantall Maillard, cuando la leí, antes, noté que necesitaba releerla con más silencio.

No puedo ni quiero elegir un poema, lo que me importa es otra coherencia, poder dar saltos hacia otra continuidad, en otras direcciones.

La claridad es dura cuando esta al borde de lo inaprensible (cuando es lo que acontece).

No quiero elegir pero al final transcribo, selecciono, devaluo, interpelo, delimito, fracaso:

Mejor no diga nada
Seria inútil. Ya ha pasado
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir en los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien contruye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta sus impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.



(
Matar a Platon, Chantal Maillard)

Se rompe algo y todo cambia


17/Septiembre/2007

Anoche rompí la bombilla así que encendí muchas velas porque quería leer, al final terminé absorta con los hoyuelos de la pared y la marcas del pesebre.

-No sé si eres tonta o haces meditación, pero ¡que guai te sientes! ¿no?.

Me dice mi hermana con frecuencia. Y la verdad es que yo tampoco sé si soy tonta o hago meditación, pero me gusta que tiemblen las formas de cada letra sobre el cuaderno al ritmo de las velas, y me colman las sombras, y ya no escatimo el tiempo.