viernes, 25 de octubre de 2013

Pero si no he puesto música con lo Krall que estoy





Si las cosas hablaran



Charland Caleb

Para escribir hay que crearse una buena neurosis, digo siempre. Cuando afinamos la atención nos esperan las sincronías por todas las esquinas.

Basta con que pienses en algo concreto: una llave, un camino, las escaleras, las sábanas, los espejos... para que se pongan a funcionar como un imán se sentidos 

Ya llevamos dos semanas la Berdor y yo pensando en las cosas y en los símbolos y tiende a infinito nuestra cosecha.


Si las cosas hablaran 
(de Wislawa Szymborska)

Si las cosas hablaran –
pero si hablaran, también podrían mentir.
Sobre todo las más corrientes y poco apreciadas,
para llamar finalmente la atención.

Da pánico pensar
qué me diría tu botón descosido,
y a ti, la llave de mi puerta,
esa vieja mitómana.

(éste nos lo regaló Olivia sin saberlo)


jueves, 24 de octubre de 2013

De historias, sillas, narradores y tatuajes.







Algunas historias se quedan sentadas para siempre en la silla del que las contó, como si hubiesen encontrado su formulación definitiva y dijeran: yo de aquí no me muevo. La de Inés una noche de estas navidades en el bar del Valle es de esas.

Arrancó con una fórmula clásica: estaba perdida en un lugar remoto de Guatemala y no tenía donde dormir cuando me  hablaron de una casita a las afueras. Tenía a su favor que estaba anocheciendo y el paseo, mover las piernas es una de las cosas que más ayuda a perorar, y el escenario, claro, no me atrevo yo a describir esa terraza colgada en ninguna parte y ornada con flores y flores, igual da naturales que de plástico. Siguió con una descripción de la casa y de los personajes que encontró en la casa, habló de la señora extraña que la regentaba y le fue situando un par de frases sobre cada inquilino alrededor, pero es una contadora, y se guardó al protagonista casi hasta el final. Ya  nos tenía tan entregadas que ni pedimos otra cerveza, y cuando todo el tiempo era suyo empezó a hablar de aquel hombre: el hombre con más biografía que conocerá, seguro. Había sido abogado, narcotraficante, pirata, asesor financiero, profesor, asesino a sueldo…aquí lo bordó, hizo una enumeración perfectamente desordenada, mucho mejor que la que yo dejo, un encaje de bolillos. No sé si fue todas esas cosas, pero narraba tan bien, a altas  horas y  delante de una chimenea, que me daba igual que fuera un fabulador, porque era buenísimo. Y ahí casi se pierde y nos pierde con una digresión que no sé si hacía falta, pero que va, volvió con herramientas cuando menos lo esperábamos.

-Después del incendio se había refugiado en aquella casa y no había vuelto a hacer nada. La historia que os quería contar aún no ha empezado. Empezó cuando se quitó la camiseta, primero la camiseta y  luego los pantalones. El incendio había sido en un barco y en el hospital más cercano no tenían más piel para trasplantar que la de alguien  totalmente tatuado. No se iban a entretener en organizar los trocitos, así que él, entero, era  una historia desordenada. Pasamos lo que quedaba de noche intentando reunir piezas: en el antebrazo la punta de una estrella que seguía en una axila, en la pierna un trozo de sirena que se había dejado la cabeza en el omóplato, anclas en cachitos y trozos sueltos de cuerda cubriendole la espalda…

En otros lugares puedes no saber qué historia te va a tocar porque todas las sillas son iguales, eso no ocurre en el bar de doña Elena. Yo sé donde me tengo que sentar si echo de menos a Inés, y sucede.



miércoles, 23 de octubre de 2013

El miedo que tengo



Regreso de la abstracción pasando por la dialéctica.





-Teniendo en cuenta que ahora el pensamiento se vende en supermercados, sólo podemos elegir en cuál  compramos ¿Tú a cuál irías?

-Yo al de Hegel, rubio, yo siempre al de Hegel,  y si puede ser bien acompañada, contigo por ejemplo.

Acabo de volver a oír, integra, en algún rincón de mi cerebro, una rica conversación de este verano con el dialéctico.

Soy una perdularia, de vez en cuando, siguiendo una sendita que empieza bien adentro de la literatura, camino, camino, camino y, de pronto, estoy en la filosofía otra vez. ¡No se puede pensar solo y sin armas!¡hacen falta asideros!¡por qué desaprovechar las ventajas de todos los que pensaron antes! Me digo, y sin darme cuenta me empapuzo unos cuantos libracos gordos y abstractos, sin duda agentes de mis episódicos desconciertos.

Anduve con Hannah Arendt y Simone Weil, que ya en los años treinta veían claramente que se acababa el trabajo y sabían que habría que pensar en modelos redistributivos. Algo que todavía no he oído fuerte en ningún medio. Vigencia, la escalofriante vigencia.

(¡Bien pronto rompo mis mutismos! Luego pongo a parir a los poetas que mandan correos de cien páginas contando que se retiran. Todo está en todo. ¡No! ¡Ahora panteísmo no! ¡que es muy tarde! Pero bueno, da igual, por aquello de la dialéctica y de mi natural contradictorio me apetecía decir que sí, pero ¡¡¡¡no!!! Antes de irme a dormir)

(Aún no, otra postdata, sobre el futuro y el "trabajo": "15 millones de méritos" de la serie Blak Mirror)

lunes, 21 de octubre de 2013

domingo, 20 de octubre de 2013

viernes, 18 de octubre de 2013

Vencredi, la nuit.



Estoy encantada con ese apaño que me he preparado con el atril y la lámpara de los chinos, ¡aún más copista me voy a volver con tantas comodidades! Aprovecharé la infraestructura para tomar muchas notas e intentar distinguir un poquito entre poder, potencia, fuerza, autoridad y violencia, que es lo que me he puesto como preocupación esta noche (estoy a punto de descubrir por qué y para qué)

¿Les irá bien el jazz a esos extraños parientes?

martes, 15 de octubre de 2013

Sombrero, abrigo, guantes.




Me he ido debajo de un árbol con Vallejo, por fin hacía frío. Una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo es abrigarme.


Sombrero, abrigo, guantes.


Enfrente a la Comedia Francesa, está el Café
de la Regencia; en él hay una pieza
recóndita, con una butaca y un mesa.
Cuando entro, el polvo inmóvil se ha puesto ya de pie.

Entre mis labios hechos de jebe, la pavesa
de un cigarrillo humea, y en el humo se ve
dos humos intensivos, el tórax del Café,
y en el tórax, un óxido profundo de tristeza.

Importa que el otoño se injerte en los otoños,
importa que el otoño se integre de retoños,
la nube, de semestres; de pómulos, la arruga.

Importa oler a loco postulando
¡qué cálida es la nieve, qué fugaz la tortuga,
el cómo qué sencillo, qué fulminante el cuándo!


César Vallejo

Alguna cosica sobre las cosas. O de la polisémica cosa.




-Sanuy
-Berdor
-Preparamos alguna cosica sobre las cosas o qué.
-Venga.

 Por la mañanita nos hemos puesto tarea la Berdor Corrales y yo, vamos a dedicar todo el día a buscar cosas sobre las cosas porque a partir de ahora daremos las clases juntas. ¡biennnnnnnnnnn!

Se aprenden un montón de cosas con Ester.

Empezaremos fuerte, con Borges:
Las cosas
El bastón, las monedas, el llavero,
La dócil cerradura, las tardías
Notas que no leerán los pocos días
Que me quedan, los naipes y el tablero,
Un libro y en sus páginas la ajada
Violeta, monumento de una tarde
Sin duda inolvidable y ya olvidada,
E1 rojo espejo occidental en que arde
Una ilusoria aurora. Cuántas cosas,
Limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
Nos sirven como tácitos esclavos,
Ciegas y extrañamente sigilosas
Durarán más allá de nuestro olvido;
No sabrán nunca que nos hemos ido.