miércoles, 10 de julio de 2013

Excepto yo




Alfredo de Stefano



Me iré lejos, allá donde el desierto me grabe sus him­nos de ago­nía
en la palma de la mano
y donde las muje­res que per­die­ron su tiempo ante el fuego de arci­lla
maqui­llen mis meji­llas con aceite de amor.
Me iré hacia ti como un espa­cio que vive en el exi­lio de su cuerpo

Fatena Al-Gurra

martes, 9 de julio de 2013

El poema que me persigue noche tras noche.







Mosquitos

Nacen en las pantanos del insomnio.
Son negrura viscosa que aletea.
Vampiritos inermes,
sublibélulas,
caballitos de pica
del demonio.

José Emilio Pacheco

viernes, 5 de julio de 2013

Tengo un huerto, estoy releyendo Rayuela, y me suena todo lo que pienso a homilía.




Podría encontrarme a dos o tres a la vuelta de la esquina haciendo  lo mismo que yo. No hay que pegarse la vida huyendo de los comportamientos gregarios, pensaba estos días, ésa es otra de las tonterías que tienen que ver con el divide y vencerás. Con esa pervertida idea de que hay que crearse una individualidad compleja.

Querer ser especial es tan dañino como querer ser importante. Ambos son síntomas de una patología inoculada por intereses piramidales. Nos pegamos la vida queriendo ser únicos y bebemos en los mismos vasos de duralex que nuestro vecino, tenemos los mismos muebles de Ikea y oímos las mismas canciones. Yo creo que únicos eran nuestros abuelos, que se fabricaban los vasos y los muebles y cantaban y contaban por la noche.

Cuánto más me resisto a mis teorías cogidas por los pelos más me acosan. Yo no quería contar pendejadas sino hablar del huerto y de la relectura de Rayuela, ¿de qué sino? si acabo de terminar el capítulo de la muerte de Rocamadur.

-Parecemos extraterrestres

Dijo ayer Mila cuando nos quedamos apabiladas viendo la flor que se ha convertido en berenjena.

Y me dejó reflexionando, porque sí, es un poco extraterrestre tener tan poca participación en la propia vida y, en una o dos generaciones, se nos olvidaron demasiadas cosas fundamentales. El progreso, esa línea recta, nos fue alejando de lo que de verdad importa: la autonomía, la sorpresa renovada, el ciclo.

La agricultura forma parte de esas experiencias casi místicas que no pueden explicarse y creo que los huertos están devolviendo a mucha gente a la sana casi no actividad de la contemplación (lo peor que se le puede hacer a una persona o a una tomatera es demasiado caso). Además, si hay una palabra clave que nos pueda sacar del abotargamiento es potencialidad, y nada hay tan potencial como la tierra y las semillas.

De Rayuela poco nuevo tengo que decir aún, lástima recordar tan bien, subrayar, rescatar la letra pequeña ,y eso es mucho,es lo que toca.

miércoles, 3 de julio de 2013

Tres minutos en París.





Esa es la constricción que puse a la vuelta. Rescatar tres minutos de esos pocos días.Y ahí anduve, contándome a mí misma lo que ya sabía sin decidirme a escribir porque, a veces, me encripto. 

-No te entiendo nada, anda desencríptate

Decía ayer un correo. Y no sé si voy a conseguirlo. Pero lo intento.

De esos tres minutos que tenía que elegir el primero estaba clarísimo porque fue construido de antemano por tres personas. Había sido complicado convencer a Tatiana para que no fuera al aeropuerto, la pobre oyó continuamente noes rotundos o evasivas. La noche anterior estuvo en una cena que al final no fue aburrida, me lo contó en un chat, y yo le decía: la cena de mañana será magnífica, todo se compensa. Y claro, ella no sospechaba nada, pensaba que era una parte de mis homilías.  Los minutos que imaginas de antemano nunca suceden,  el guión era: yo llamo a la puerta, Ángel graba su cara de sorpresa y detrás está Blanca escondida. Mas no

Tati abrió el pestillo cargada de ropa planchada, se dio la vuelta y nos dejó con unos cuantos palmos de narices. Se retraso la secuencia hasta que llegué a mitad del pasillo y le dije

-Me invitarás a un café, después de haber venido hasta aquí.

Está entre las cosas más hermosas que me han sucedido convertirme en un regalo de cumpleaños.

Para elegir los otros minutos tuve más dificultades. Son muchos los que se disputaban el puesto, los desayunos, Ángel explicándome a Puccini y  mandándome correos con estupendos poemas, el croissant más mantequilloso de la república saboreado oyendo hablar a las chicas de Congo en la cocina, la pereza de salir porque suena Jaroussky, y luego buen jazz, y más tarde un aperitivo dodecafónico, y además de aquí estamos en un contenedor de Sudán evocando al rubio, y el día está gris en la ciudad de la luz y sube la vecina.  O la primera tarde, en la puerta de un supermercado poniéndonos al corriente de todo lo que nos ha sucedido en los últimos seis meses con la niña, porque cuando estamos separadas no nos contamos salvo que sea importantísimo, porque necesitamos a la otra para entender del todo y las piezas tienen que estar sin desgastar para que nos salga el puzzle a la primera. O  la caminata, guiados por bandas de música. O cuando entre las conversaciones urgentes se me coló Cortázar, claro. Ya sé, fue en el autobús. Y entonces supe que me lo encontraría igual que él encontraba a la Maga. Porque en esa ciudad siempre se siente la presencia de su ausencia. Para aparecer esperó a que estuviera bien despistada, fue exactamente en la puerta del Museo de Tokio, y  tuvo algo que ver un árbol. O el Sena, que me guardaba montones de recuerdos de Roberto. Y Tati me fue haciendo todas las fotos típicas mientras le narraba esa parte remota y fundacional de mi biografía. Y redescubrí que gusta empezar a narrar desde esa impresión de que de todo ha pasado el suficiente tiempo y ya nos hemos reencarnado muchas veces. Forzada esa certeza de ser otra es hermoso reencontrar a esos dos jovencitos que vienen, en dirección contraria, por la orilla, dos desconocidos que llegarían a caerme bien. O la fiesta, la visita de Manuelle, ella es lo único que queda de aquell entonces. O el gusto de ver a Blanca querer ya mucho a Sara, oír el rumrum de su conversación y ver cómo se van deslizando sus almohadas y ellas hasta la horizontalidad. Y la alegría de Monica, que también viene a verme. Y conocer el espacio de Ángel y Tatiana, el rincón desde el que me hablaban, minutos antes de que desaparezca.

Pero los dos minutos elegidos no son esos. Ni siquiera la conversación con Tati en la cocina mientras preparaba la cena. Ni siquiera el de la Isla de los Parisii cuando, como a la Maga, se me rompió un zapato y llegamos al suspiro final de una conversación y decidimos no repetir nada . Uno de los elegidos es el de siempre, cuando en una velada eterna y cargada de gin-tonics se levanta la niña Blanch vuelve con algún aceite y nos da un masaje en el cuello a cada uno. Y el otro fue en el avión de vuelta, entre nubes, cuando encontré en el bolso un folio doblado empaquetando confianza.

viernes, 28 de junio de 2013

¿Se puede aprender a sentir?



Lajos Nagy


No tenía intención de ponerme a escribir, pero nada más levantarme he encontrado al camarada Escarpa pistola en mano apuntándome a la confianza.

-Articula

Me ha dicho

Y yo oigo y obedezco, así que, apropiándome de su pregunta, he escrito esto que no sé si pasará el estricto consejo de redacción:


¿Se puede aprender a sentir?

Se debe,  esa es la  tarea de lo serio. Sentimos casi siempre con palabras y lo que llamamos realidad no es más que un relato. Aprender a sentir es aprender a contarse bien a uno mismo y  contar bien a los demás.

Todo verdadero aprendizaje comienza por un desaprendizaje. No sólo se trata a explorar  territorios, aunque también,  lo imprescindible para iniciarse en esta disciplina es renunciar a los caminos trillados: ¿cuántos psicólogos y psiquiatras habrán tenido que hacer horas extras para  desfacer los entuertos creados por esas letras de canciones, que todos hemos  tarareado,y que se resumen en: “eres mío””soy tuya” o “sin ti no soy nada”?

A todos nos troquelan las emociones desde chiquitos, y eso se hace con palabras, con palabras pues habremos de curarnos: mirando con lupa las que están envenenadas, las que, para conducirnos a la nada, exageran, las que pretenden tener en la barriga demasiado sentido, las abstractas. Para empezar el tratamiento yo pondría a dieta  “soledad” “cobarde””miedo””envidia””celos” o “impotencia”,”todo” y ”nada”, y también los posesivos. Además, como siempre hay malos momentos en los que nos vence la tentación de simplificar, deberemos hacer acopio y utilizar con frecuencia esas frases, hay muchas, que nos disuaden cuando nos tienta ponernos autolesivos:

-"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo"

Aristóteles

-“Minutos después de que alguien me defraude me da un ataque de amnesia y desaparece para siempre”

Mi madre.

-“Los que están no estorban, los que no están no hacen falta”

Decía un anacoreta al que conocí en una playa del Pacífico, mereció la pena ir hasta allí sólo para oír eso.

-“¿Y mi sensibilidad qué?”

Dice un amigo cuando intuye que corres el riesgo de herirlo.

Todas ellas son fórmulas  breves, útiles y portátiles. ¿Se podrá aprender a ser breve y convincente?

martes, 25 de junio de 2013

Los mantras familiares.




Oigo mentalmente a los buenos poetas cuando quito hierba. Hoy he estado oyendo a Gonzalo Escarpa:

así que no me vengas a decir lo mismo
del compromiso, de la resistencia, de los abrazos, de la claridad
no vengas con tu máscara de jarcias arboladas, no vengas con tus albos jinetes del amor,
porque no queda tiempo y la tristeza
es justo la alegría
del enemigo

lunes, 24 de junio de 2013

Hay días en los que no hay otro poema posible, y hoy me lo ha recordado Ángel.



 Amistad a lo largo  

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
        Mirad:
somos nosotros. Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban las noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.Ahora sí.
Pueden alzarse as gentiles palabras
–esas que ya no dicen cosas–,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos a los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.
Ay, el tiempo! Ya todo se comprende. “
                           
Jaime Gil de Biedma
                            


miércoles, 19 de junio de 2013

De cuando tengo prisa y me da, aún más, por hacer listas.







He decidido hacer una lista con las frases cotidianas que me hacen feliz. Ojala sea muy larga. La haré cuando tenga tiempo, llevo dos días corriendo sentada. En un minuto de prisa se te desangra la contundencia alcanzada durante meses de inactividad. También haré una lista con las barbaridades de mis alumnos. A veces nos reímos mucho: juntos. 

La lista feliciana empezará con una exclamación de Imma en el supermercado, recién llegadas a Almuñecar:

-¡Pero no compres limones! ¿No te acuerdas de que tienes limoneros?

Y la de los terrores con un párrafo de esta mañana:

- Instintivamente abrió el frigorífico, deseaba tomar algo para desayunar, el paisaje que encontró en su interior era desolador, solo había un cartón de leche  retorciéndose en la bandeja de la puerta


martes, 18 de junio de 2013

Una semana después.





Agricultura = transcurso minucioso del tiempo.


lunes, 17 de junio de 2013

Unos buenos consejos de Agota Kristof




A Agota Kistof la conocí gracias a Javier, hace años, uno de esos días en los que le pido auxilio  para salir del bucle.

"De ti, espero que vayas a mejor y que reflexiones sobre esas lecturas abruptas que te empapuzas, para mí, agentes, tanto de la gripe como de tus episódicos desconciertos"

Me decía en un correo, también viejo, que está entre mis favoritos.


Volví a leer Claus y Lucas y ha vuelto a sorprenderme la originalidad y exactitud del plural  con el que está escrita.  Sin duda estas dos páginas son las que me han gustado (gustado no se debe escribir) más:

Nuestros estudios 

Para nuestros estudios contamos con el diccionario de nuestro padre y la Biblia que hemos encontrado aquí en casa de la abuela, en el desván. 

Damos lecciones de ortografía, de redacción, de lectura, de cálculo mental, de matemáticas y hacemos ejercicios de memoria. 

Usamos el diccionario para la ortografía, para obtener explicaciones y también para aprender palabras nuevas, sinónimos y antónimos. 

La Biblia nos sirve para la lectura en voz alta, los dictados y los ejercicios de memoria. Nos aprendemos de memoria, por tanto, páginas enteras de la Biblia. 

Así es como transcurre una lección de redacción: 

Estamos sentados en la mesa de la cocina con nuestras hojas cuadriculadas, nuestros lápices y el cuaderno grande. Estamos solos. 

Uno de nosotros dice: 

—El título de la redacción es: «La llegada a casa de la abuela». 

El otro dice: 

—El título de la redacción es: «Nuestros trabajos». 

Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema, y dos hojas de papel a nuestra disposición. 

Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del diccionario, y en la parte baja de la página pone: «bien» o «mal». Si es «mal», echamos la redacción al fuego y probamos a tratar el mismo tema en la lección siguiente. Si es «bien», podemos copiar la redacción en el cuaderno grande. 

Para decidir si algo está «bien» o «mal» tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos. Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». Pero sí está permitido escribir: «la gente llama a la abuela "la Bruja"». Está prohibido escribir: «el pueblo es bonito», porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas. 

Del mismo modo, si escribimos: «el ordenanza es bueno», no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: «el ordenanza nos ha dado unas mantas». 

Escribiremos: «comemos muchas nueces», y no: «nos gustan las nueces», porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. «Nos gustan las nueces» y «nos gusta nuestra madre» no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento. 

Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.